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Mi exesposa de pueblo es una heredera millonaria

Mi exesposa de pueblo es una heredera millonaria

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles / Amante arrepentido
Popularitas:154
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Capítulo 19

Ahora hablarás con Valeria Duarte

—Valeria Duarte… Siento que ya había oído ese nombre.

Alejandro se apretó el entrecejo.

—Investigué un poco más sobre ella —dijo Andrés.

Por fin, pensó Alejandro. Su secretario había tomado la iniciativa sin esperar una orden.

—¿Qué encontraste?

Andrés dejó caer los hombros.

—Nada.

La expresión de Alejandro se enfrió.

—Creo que mañana puedes pasar por Recursos Humanos a cobrar tu liquidación.

—¡Señor, no se enfade! No es que no quisiera investigar. Sus datos están protegidos como si fueran secretos de Estado. No hay nada que pueda encontrar.

Andrés se secó el sudor.

—Lo extraño es que ella es la única hija que Arturo tuvo con su primera esposa. Una heredera de verdad. Pero no hay información suya en internet. Busqué en todas las redes. ¿Dónde se ha metido todos estos años?

—¿Tienes una foto? Quiero verla.

—Sí. Conseguí una, aunque me costó bastante.

Andrés puso el teléfono frente a él.

Alejandro miró la pantalla y estalló.

—¡¿Estás jugando conmigo?!

La imagen era vieja y borrosa. Arturo sostenía en brazos a una niña de cuatro o cinco años.

No servía para reconocer a una mujer adulta.

—Es la única foto que encontré, señor. La tomaron hace veinte años, en el funeral de su madre.

Andrés pensó que tendría que llevar algo para calmarse cada vez que hablara con su jefe.

Veinte años antes.

Entonces Valeria debía de tener una edad parecida a la de Clara.

Alejandro miró la foto sin parpadear.

¿Por qué los rasgos de aquella niña le recordaban a su exesposa?

Maldita sea. Desde que se habían separado, Clara no dejaba de aparecer en sus pensamientos.

Se oyó la voz de un empleado desde la puerta.

—Señor Alejandro, su padre quiere hablar con usted.

* * *

En la sala, Beatriz lloraba recostada contra Esteban.

Tenía más de cuarenta años, pero seguía haciéndose la indefensa en brazos de su marido.

—Mi hermana ha sufrido tanto… Siempre se dedicó a su esposo y a sus hijos. Apenas empezaba a estar tranquila y ahora pasa esto.

Se secó las lágrimas.

—Me llamó por la noche. Tenía la voz ronca de tanto llorar. Dijo que ya no se atreve a verme. No quiere avergonzar a nuestra familia.

Esteban le acarició el hombro.

—No tiene por qué sentir vergüenza. Pronto seremos familia. Cuando llegue Alejandro, buscaremos una solución.

Su voz era tierna.

Con aquella apariencia de bondad y fragilidad, Beatriz había desplazado a la madre de Alejandro y conseguido quedarse con Esteban.

Él nunca había dejado de caer rendido ante ese papel.

—Papá, me mandaste llamar.

Alejandro llegó con el rostro inexpresivo.

—Tienes que ayudar a la familia de Emilia —dijo Beatriz.

Se secó los ojos con un pañuelo de seda.

—Su padre no tiene buena salud y ella tampoco. Desde que salió la noticia, no come, no bebe y volvió a enfermarse. Si la quieres, tienes que hacer algo.

Esteban seguía consolando a su esposa.

—¿Ya sabes qué pasó?

—La información la difundió una gerente nueva del Grupo Duarte. Se llama Valeria Duarte.

Alejandro bajó la mirada para no ver la escena de cariño entre su padre y Beatriz.

Esteban jamás había tratado así a su madre.

Quizá ya ni recordaba su rostro.

—¿Los Duarte de Puerto Claro? —exclamó Beatriz—. ¡Son la familia más rica de la ciudad! ¿Cómo pudieron los Rivas meterse con ellos?

Esteban habló con gravedad.

—Nuestras familias llevan generaciones enemistadas. Hubo un conflicto serio entre nuestros antepasados. La bisabuela de los Duarte juró que ninguno de sus descendientes se casaría con un Montenegro. Quien lo hiciera sería expulsado de la familia.

En otro momento, Alejandro no habría prestado atención. La mujer con la que quería casarse era Emilia, no una heredera Duarte.

Pero aquella historia le provocó una inquietud inesperada.

—¡Entonces atacan a los Rivas porque saben que van a unirse a nosotros! —dijo Beatriz—. Quieren perjudicar a los Montenegro. Qué mala intención.

Retorció el pañuelo entre las manos.

Esteban miró a su hijo con severidad.

—Mañana ve a hablar con esa mujer. Tienes que conseguir que deje de atacar a los Rivas. Esto también afecta nuestra reputación.

—No le hables así —intervino Beatriz con suavidad—. Alejandro siempre ha sido un hijo obediente. Entiende lo que tiene que hacer.

Le apretó el hombro a Esteban.

Alejandro la miró con frialdad.

—Si ayudo a los Rivas, será por Emilia. Por nadie más, Beatriz.

Se volvió para marcharse.

Ella palideció.

Era la esposa de Esteban y, aun así, Alejandro seguía negándose a llamarla mamá.

—¡Espera! —gritó Esteban, poniéndose de pie—. ¡¿Por qué la llamas así?! Es mi esposa. ¡Eso la convierte en tu madre! ¿Dónde están tus modales?

Alejandro se detuvo, pero no se volvió.

—Puedes tener varias esposas a lo largo de tu vida. Yo solo tengo una madre. Tú lo sabes. No me obligues a fingir.

* * *

Mateo fue a Santa Aurelia a cenar con Valeria.

Durante la comida hablaron de González y de los Rivas.

—Papá ya sabe lo que hiciste. No te reprochó nada. Dijo que, si hay pruebas y los hechos son ciertos, tenemos que ir hasta el final.

Mateo cortó la carne en el plato de su hermana.

Valeria probó un trozo, todavía rojo en el centro.

—El viejo es un desastre con las mujeres. Para lo demás, por lo menos piensa con claridad.

—Por eso las tres lo quieren tanto. Aparte de ser mujeriego, también tiene cosas buenas. No ha descuidado a ninguna.

Valeria bajó las pestañas y clavó el tenedor en la carne.

—Claro. Las que llegaron después están felices. Siempre se celebra a la nueva. A la que sufrió antes, nadie la escucha.

Mateo vio cómo se le enrojecían los ojos y le acarició el cabello.

—Sé que ya no las odias. Lo que no consigues superar es lo injusto que fue para nuestra madre. Pero ¿y si ella había dejado de guardarle rencor?

—¿Cómo iba a dejar de hacerlo? Solo lo soportaba en silencio. ¿Qué mujer acepta que el hombre al que ama tenga a tantas otras a su lado? Que en su corazón haya…

Valeria se quedó sin aire.

¿No había hecho ella lo mismo?

Sabía que Alejandro amaba a otra mujer. Aun así, se había entregado por completo. Y había terminado abandonada.

Arturo era infiel, pero al menos sabía cuidar de quienes quería.

Alejandro ni siquiera la había mirado de verdad durante tres años. Y ahora seguía hiriéndola, acusándola de intenciones que nunca había tenido.

Había estado ciega al amarlo tanto tiempo.

Mateo bebió un sorbo de vino.

—Estos días no me ha llamado. Está bastante tranquilo.

Valeria sonrió con ironía.

—Porque está ocupado salvando a la familia de Emilia. No le queda tiempo para mí.

Giró la copa entre los dedos. Su mirada se volvió firme.

—Clara Blanco era demasiado débil. Esta vez va a tratar con Valeria Duarte.

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