Daniel siempre decía que su superpoder era encontrarle el chiste a cualquier tragedia. Si se quemaba la cena, era "una oportunidad para probar el carbón gourmet". Si llovía a cántaros y se inundaba la calle, "un parque acuático gratuito". Sonreír era fácil. Era su escudo, su forma de mantener el mundo a una distancia segura donde nadie pudiera ver lo que realmente guardaba en el pecho
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Capítulo 15: La raíz de las decisiones
Alex sintió la calidez de los dedos de su amigo envolviendo los suyos. Daniel tomó las manos de Alex con una suavidad que contrastaba por completo con la desesperación de hacía unos minutos. Lo miraba con fijeza, escaneando su rostro en busca de alguna duda, de algún rastro de lástima o de confusión que indicara que todo esto era solo un impulso del momento.
—Alex... ¿por qué haces esto? —preguntó Daniel en un susurro, con los ojos verdes cargados de una seriedad que calaba hondo—. Necesito saberlo. ¿Es porque te sientes solo después de lo de Camila? ¿Porque te da culpa ver que estuve sufriendo a tu lado? Si es por agradecimiento, Al... de verdad, no tienes que hacer esto. No quiero que me mires por obligación.
no quiero que mañana te arrepientas.eso me dolería más.
Escuchar su inseguridad le dio a Alex una punzada de dolor en el pecho. Comprendió que el escudo de Daniel no se iba a reconstruir de la noche a la mañana, y que iba a necesitar ser muy claro para disipar los fantasmas que los años de silencio habían sembrado en su mente.
Alex no apartó las manos. Al contrario, entrelazó sus dedos con los de Daniel, apretándolos con firmeza.
—Mírame, Dani —le pidió Alex, dando un paso al frente para que sus zapatos casi tocaran los de él—. No estoy haciendo esto por Camila. Lo que sentía por ella se rompió en ese departamento, y la culpa o el agradecimiento no te hacen querer besar a alguien como yo deseé que me besaras en los vestidores de la facultad.
Daniel contuvo el aliento, con los labios entreabiertos por la sorpresa.
—Hago esto porque por fin abrí los ojos —continuó Alex, con una honestidad que le dictaba el corazón—. Hago esto porque me di cuenta de que la única persona que realmente me conoce, la que sabe cuándo estoy triste antes de que yo mismo lo note, la que me hace reír cuando quiero llorar, eres tú. Pasé mucho tiempo buscando estabilidad fuera, sin darme cuenta de que mi único lugar seguro siempre estuvo aquí, contigo. No es obligación, Daniel. Es que... no me imagino un futuro donde tú no estés a mi lado. Y ahora que sé cómo me miras, no quiero volver atrás.
Daniel tragó saliva con dificultad, y Alex vio claramente cómo la rigidez de su cuerpo se disolvía por completo ante sus palabras. Las dudas que nublaban la mirada de su amigo se evaporaron, dejando espacio a una paz profunda que Alex nunca antes le había visto.
—Me vas a volver loco, Al —murmuró Daniel con una sonrisa pequeña y honesta, tirando suavemente de sus manos para acercarlo un poco más a su pecho.
—Ya estamos locos por diseñar maquetas a las cuatro de la mañana, una locura más no nos va a hacer daño —bromeó Alex, apoyando su frente contra el hombro de Daniel, sintiéndose, por primera vez en mucho tiempo, en el lugar exacto al que pertenecía