Con el alma rota y dos hijos que proteger, Catalina reconstruyó su vida desde cero… sin él.
Rubén lo dejó todo por una mentira. Pero cuando la ilusión se desvaneció, comprendió que lo que abandonó era lo único real. Regresa arrepentido, dispuesto a recuperar lo que perdió.
Sin embargo, Catalina ya no espera por nadie. Encontró la fuerza, la paz y la vida que él le negó.
¿Podrá su arrepentimiento borrar años de abandono? ¿O será demasiado tarde para volver a su lado?
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Capítulo 19: Una visita inesperada
Catalina
Aquella mañana todo parecía normal.
Gabriel estaba jugando sobre una manta en la sala mientras yo terminaba una reunión de trabajo.
Mateo estaba en el colegio.
Mi computadora estaba llena de documentos y anotaciones, y por primera vez en mucho tiempo sentía que tenía el control de mi vida.
Había aprendido a organizar mis horarios.
A trabajar mientras Gabriel dormía.
A aprovechar cada minuto.
Ya no esperaba llamadas de Rubén.
Ya no revisaba mi teléfono cada pocos minutos.
Había dejado de preguntarme dónde estaba, con quién estaba o si todavía pensaba en nosotros.
Había conseguido algo que durante mucho tiempo creí imposible:
Paz.
Cuando terminé mi reunión, fui a la cocina para preparar el almuerzo.
Gabriel comenzó a llorar.
—Ya voy, mi amor.
Lo tomé en brazos.
—¿Tienes hambre?
El pequeño dejó de llorar y apoyó la cabeza sobre mi hombro.
Sonreí.
Entonces escuché el timbre.
Fruncí el ceño.
No esperaba a nadie.
Dejé a Gabriel en su silla y caminé hacia la puerta.
El timbre sonó nuevamente.
Abrí.
Y me quedé inmóvil.
Frente a mí estaba una mujer que no veía desde hacía mucho tiempo.
—Hola, Catalina.
Sentí que mi corazón se aceleraba.
—¿Qué haces aquí?
Ella bajó la mirada durante unos segundos.
—Necesito hablar contigo.
No sabía qué decir.
Aquella visita no tenía sentido.
No después de todo lo que había ocurrido.
—¿Sobre qué?
La mujer respiró profundamente.
—Sobre Rubén.
Mi cuerpo se tensó.
No quería volver a escuchar ese nombre.
No quería que mi tranquilidad volviera a depender de él.
—No creo que tengamos nada que hablar.
Intenté cerrar la puerta.
Pero ella colocó una mano sobre ella.
—Por favor, Catalina.
La miré fijamente.
—Solo cinco minutos.
Dudé.
Finalmente me aparté.
—Entra.
Ella pasó lentamente.
Miró la sala.
Los juguetes de los niños.
Las fotografías.
La pequeña cuna de Gabriel.
Y luego me miró.
—Has cambiado.
Sonreí con tristeza.
—Todos cambiamos.
Ella bajó la mirada.
—Yo también.
No respondí.
Sabía que aquella conversación no iba a ser sencilla.
---
Rubén
Mi teléfono sonó mientras estaba en el trabajo.
Era Valeria.
Contesté.
—¿Sí?
—¿Dónde estás?
—En la oficina.
Hubo un silencio extraño.
—Necesito preguntarte algo.
—Dime.
—¿Tú has hablado con Catalina?
Me quedé confundido.
—No. ¿Por qué?
—Porque creo que alguien fue a verla.
Sentí una presión en el pecho.
—¿Quién?
Valeria tardó unos segundos en responder.
—Mi hermana.
Me quedé completamente quieto.
—¿Tu hermana?
—Sí.
—¿Por qué iría a ver a Catalina?
—No lo sé.
—Valeria, dime la verdad.
—No sé qué está haciendo.
Colgué.
Durante varios minutos no pude concentrarme.
Había algo extraño.
Algo que no entendía.
Tomé mi teléfono y marqué el número de Catalina.
Una vez.
No contestó.
Volví a llamar.
Nada.
Sentí una inquietud que no podía explicar.
Entonces recibí un mensaje.
“No te preocupes. Estoy hablando con ella.”
Era de Valeria.
La miré con desconfianza.
¿Por qué sabía que su hermana estaba hablando con Catalina?
Y, sobre todo…
¿Qué tenía que decirle?
---
Catalina
La mujer sentada frente a mí parecía nerviosa.
Era la hermana de Valeria.
No sabía por qué había venido.
—¿Qué quieres decirme?
Ella tomó aire.
—Sé que probablemente no quieras escucharme.
—Tienes razón.
—Pero necesito hacerlo.
Guardé silencio.
—Rubén no está bien.
Mi expresión cambió.
—Eso ya no es asunto mío.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué viniste?
Ella me miró directamente.
—Porque creo que tienes derecho a saber algunas cosas.
Sentí que el corazón me latía más rápido.
—¿Qué cosas?
Ella dudó.
—Rubén está arrepentido.
Me quedé en silencio.
Aquellas palabras no provocaron lo que ella esperaba.
No sentí alegría.
No sentí esperanza.
Solo cansancio.
—¿Y qué quieres que haga con esa información?
—No lo sé.
—Él tomó su decisión.
—Lo sé.
—Me dejó embarazada.
Ella bajó la mirada.
—Lo sé.
—Me dejó sola con un niño pequeño.
—Lo sé.
—Y después nació Gabriel.
Mi voz comenzó a quebrarse.
—¿Sabes quién estuvo conmigo?
Ella negó lentamente.
—Mi madre.
—Sí.
Miré hacia la habitación donde estaba Gabriel.
—Rubén llegó tarde.
La mujer se quedó callada.
—Ahora tiene remordimientos —continué—. Pero el arrepentimiento no cambia lo que ocurrió.
Ella asintió.
—Tienes razón.
Aquella respuesta me sorprendió.
Esperaba que defendiera a Rubén.
Pero no lo hizo.
—Entonces, ¿por qué viniste?
La mujer sacó algo de su bolso.
Era un sobre.
Lo colocó sobre la mesa.
—Porque encontré esto.
Miré el sobre.
—¿Qué es?
—Una carta.
—¿De quién?
—De Rubén.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Para mí?
Ella asintió.
—La escribió hace tiempo.
No toqué el sobre.
—¿Por qué no me la entregó?
La mujer bajó la mirada.
—Porque no tuvo el valor.
Me quedé observándolo.
Una simple carta.
Quizá contenía palabras que nunca había escuchado.
Quizá explicaciones.
Quizá disculpas.
Pero no sabía si quería abrirla.
---
Rubén
Llegué a casa más tarde de lo habitual.
Valeria estaba en la sala.
—¿Dónde estabas? —preguntó.
—Trabajando.
Me miró fijamente.
—¿Llamaste a Catalina?
—Sí.
—¿Y?
—No contestó.
Valeria sonrió ligeramente.
—Quizás ya no quiere hablar contigo.
Sentí una punzada.
—¿Sabes algo que yo no sé?
Su expresión cambió.
—No.
—Valeria.
—¿Qué?
—¿Qué hizo tu hermana en casa de Catalina?
Se quedó completamente callada.
Ese silencio fue suficiente.
—¿Fue a verla?
Valeria suspiró.
—Sí.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Estás mintiendo.
Ella se levantó.
—¡No todo tiene que ver contigo y Catalina!
—Entonces dime la verdad.
—Mi hermana cree que tú cometiste un error.
La miré.
—¿Y tú qué crees?
Valeria se acercó.
—Creo que estás obsesionado con una mujer que ya no te pertenece.
Aquella frase me dolió.
—Catalina nunca fue una propiedad.
Valeria se quedó en silencio.
Yo tomé las llaves.
—¿A dónde vas?
—A ver a mis hijos.
—¿Otra vez?
La miré.
—Son mis hijos.
Salí de casa.
Pero mientras conducía, no podía dejar de pensar en una cosa.
La carta.
¿Qué le habría dicho mi cuñada?
¿Qué habría encontrado?
Y, sobre todo…
¿Catalina la habría leído?
---
Catalina
La visita terminó poco después.
Antes de irse, la hermana de Valeria se levantó.
—No espero que perdones a Rubén.
La miré.
—No sé si algún día podré hacerlo.
—Solo quería que conocieras la verdad.
Tomó su bolso.
—Y que supieras que no todos estamos de acuerdo con lo que ocurrió.
La acompañé hasta la puerta.
Antes de marcharse, se volvió.
—Haz lo que te haga feliz, Catalina.
Cerré la puerta.
Regresé a la sala.
El sobre seguía sobre la mesa.
Lo tomé entre mis manos.
Tenía mi nombre escrito.
Catalina.
Me senté.
Durante varios minutos simplemente lo observé.
No sabía qué encontraría dentro.
Quizá una disculpa.
Quizá una explicación.
Quizá las palabras que había esperado durante meses.
Pero también sabía que algunas verdades podían abrir heridas que uno creía cerradas.
Respiré profundamente.
Abrí el sobre.
Saqué la hoja.
Y antes de comenzar a leer, escuché que alguien tocaba nuevamente la puerta.
Me levanté sorprendida.
Guardé rápidamente la carta.
Caminé hacia la entrada.
Abrí.
Y frente a mí estaba Rubén.
Me miró a los ojos.
—Necesito hablar contigo.
Sentí que el corazón se me detenía.
Porque aquella visita inesperada acababa de convertirse en algo mucho más complicado.
Y yo todavía tenía en mis manos una carta que podía cambiar la forma en que veía al hombre que había destruido mi familia.
🙊a hora cual será el misterio