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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

MICHAEL

Hoy no tengo clases en la jornada de la mañana. Sin embargo, por la costumbre de llevar este ritmo durante cinco años, me despierto minutos antes de que suene la alarma. Me quedo un rato en la cama haraganeando, hasta que escucho que la puerta del dormitorio se abre con suavidad.

Aparece la mujer más maravillosa del mundo: mi abuela. Ella se ha dedicado a educarme como un hombre de bien desde que tengo ocho años. Debido a los constantes viajes de negocios de mi padre tras el atroz divorcio que sufrió por la infidelidad de mi madre con uno de sus socios, se podría decir que ambos se olvidaron de mí casi por completo. Ella se enfocó en rehacer su vida bajo la excusa de que se casó muy joven, y él se enterró en el trabajo para olvidarla.

Sin embargo, jamás me he quejado. Mi abue, tras la muerte de su gran amor, se dedicó a criarme como si yo fuera el centro del universo. Gracias a ella, jamás he sentido la ausencia de mis padres.

Al ver que me trae el desayuno calentito en una bandeja, me tiro de la cama de un salto para ayudarla. Se queda platicando conmigo de cosas sin importancia y, antes de salir de la habitación, besa mi frente con ternura, exactamente igual a cuando era un niño pequeño que se asustaba con las tormentas. Luego baja al jardín a cuidar sus adoradas flores.

Tras casi cuarenta minutos sin hacer nada productivo, tomo el control remoto y empiezo a cambiar de canal, pasando de CNN a ESPN. Me fijo en la hora y decido enviarle un mensaje por WhatsApp a Isa:

"Hola, pececita. Espero que te haya ido excelente en el examen de química. Me avisas cuando salgas para ir a comer algo por la tarde, yo te llevo a tu casa."

Me quedé esperando su respuesta, pero ni siquiera le entraron los dos checks al mensaje. Me pareció extraño, mas no le di demasiada importancia; supuse que estaba ocupada o resolviendo la prueba aún. Al fin y al cabo, en una hora nos veríamos en el colegio.

Entré al baño a tomar una ducha tibia para sacudirme la pereza del cuerpo. Desafiné a todo pulmón bajo el agua cantando "Clavado en un bar", y salí con la toalla enrollada en la cintura para alistarme. Lo primero que hice fue revisar de nuevo el teléfono: ni una sola señal de mi tiburoncita tailandesa. Eso ya me pareció muy raro por la hora.

Una vez listo, bajé las escaleras a prisa. Tiré la mochila con los libros sobre el sillón de la sala y fui a dejar la bandeja con los platos sucios a la cocina. De regreso, caminé jugando con las llaves del auto mientras saludaba al personal de la casa, a quienes considero parte de mi familia.

Al salir al jardín, encontré a Titi de espaldas, platicando tranquilamente sobre rosas, magnolias y azucenas con Alberto, el jardinero. Le hice una seña a él para que no me delatara, pues mi plan era darle un susto a la abuela. Me acerqué sigilosamente, como un león en cacería, pero justo cuando estaba a punto de brincar, escuché su voz dulce y firme:

—¡Michael Lumis Tercero, ni se te ocurra!

—¡Abuela! ¿Cómo le haces siempre para darte cuenta? ¡Apuesto a que tienes ojos en la espalda! —protesté riendo mientras la rodeaba en un gran abrazo.

—Estoy vieja, cariño, pero no sorda —sonrió dándose la vuelta—. Además, tu sigilo es equivalente al de un elefante africano macho de siete toneladas.

—¡Vaya oído, Abue!

—Ven aquí, déjame acomodarte esa corbata... —pidió mientras ajustaba el nudo del uniforme—. Dime, mi vida, ¿cuándo piensas traerme a esa amiga de la que tanto hablas?

—Qué curiosa me saliste, viejita... Quizás hoy.

—De curiosa nada, mocoso. Te la pasas diciendo: "Que si Isa esto", "que si Isa aquello", que es como la hermanita que nunca tuviste, pero nada que la traes a la casa —dijo frunciendo el ceño con fingida molestia.

—Bueno, bueno, no te enojes, que eso le hace daño a tu presión arterial. Ahora que la vea en el colegio le pregunto si quiere venir a conocerte. Así te darás cuenta de que todos mis halagos se quedan cortos para mi tiburoncita tailandesa.

—¿Y qué es eso de 'tiburoncita tailandesa'? Yo no te enseñé a ponerle apodos raros a la gente, Michael Lumis.

Solté una carcajada sonora.

—Es de cariño, Abue. Por los peces tiburón que vienen de Tailandia... como ella tiene esos ojos grandes y hermosos del mismo azul, le digo así para molestarla.

—Está bien, si a ella no le molesta que la compares con un pez, lo acepto. Pero ya vete, que se te hace tarde y no quiero que en el auto en el que andes vayas corriendo.

—Sí, mi capitana —dije apretándola entre mis brazos para dejarle un par de besos en la frente y en las mejillas.

—Te amo, mi niño.

—Y yo a ti, abuela bella. Nos vemos más tarde.

—Ve con cuidado.

Me subí al auto, me abroché el cinturón y puse una playlist para arrancar rumbo al instituto.

Al llegar al parqueo, noté de inmediato que algo andaba mal. Había un alboroto inusual, un grupo de estudiantes amontonados, además de murmullos en el aire. No le di mucha mente al principio y me dediqué a buscar a mi pececita por los pasillos. Sin embargo, por más que recorría el campus, no la encontraba por ningún lado. Un frío lúgubre comenzó a recorrerme la espalda.

Qué raro..., pensé. Saqué el móvil para marcarle antes de entrar a clases. En ese momento, me topé con un par de chicas de su salón que cuchicheaban descaradamente al verme pasar:

—Ahí va el galán de Lumis... Es él quien anda con Ismara.

—¿Con la del accidente? Dicen que está gravísima.

—Sí, pero se lo tiene bien merecido. Esa tipa tiene que aprender cuál es su lugar.

Al escuchar eso, me frené en seco. Sintiendo cómo se me encendía la sangre, a punto de explotar como juego pirotécnico, me giré hacia ellas.

—¿El lugar de quién? —les pregunté con tono cortante y molesto.

—¿Cómo? ¿A poco no sabes lo del accidente de Ismara en el laboratorio de química? —respondió una de ellas haciéndose la interesante.

Un estremecimiento brutal me recorrió el cuerpo, seguido por una punzada helada en el pecho.

—¡Déjate de rodeos! ¿Qué demonios le pasó a Ismara?

—Vaya... No sé si debería decírtelo con ese tono...

—¡Habla, maldita sea! —rugí dando un paso al frente.

—¡Uy, tan guapo, pero tan grosero! Pues resulta que tu amiguita hizo explotar el laboratorio de ciencias avanzadas.

—¡No puede ser! —balbuceé.

Ese era el maldito alboroto del parqueo. Sin perder un segundo con esas víboras, salí corriendo a toda prisa hacia la dirección. Llegué sofocado, abriendo la puerta de golpe.

—¡Marta! ¡Marta! ¿A dónde se llevaron a Ismara? —le exigí a la secretaria.

—Michael, cálmate. No te puedo dar esa información...

—¿Cómo qué no? ¡Es mi amiga! ¿Qué fue lo que le pasó?

—Lo único que sé es que está involucrada en la explosión del laboratorio...

—¡Tú sabes perfectamente que eso es mentira! Isa jamás cometería una imprudencia así.

—Mejor cálmate y retírate a tu salón de clases, Michael.

—Martita, por favor, se lo suplico... Ella es como mi hermana —rogué con un nudo amargo en la garganta.

—Aunque quisiera, no puedo decirte a qué hospital la trasladaron. Ve a tu aula, porque si el director te ve aquí, te va a sancionar.

—¡Que me expulsen si quieren! ¡Necesito saber dónde está mi amiga!

—Lo siento, Michael, no puedo intervenir.

Salí de la dirección completamente abrumado, sintiendo que la desesperación me carcomía por dentro. Estaba dispuesto a recorrer hospital por hospital en la ciudad si era necesario.

Sin embargo, al salir al pasillo principal, me encontré de frente con Tony, Douglas y Mateo —mis supuestos amigos de la infancia— caminando junto a las brujas de sus novias. Venían riéndose a carcajadas, soltando burlas despiadadas y jactándose abiertamente de lo que le habían hecho a Ismara.

En ese instante, la sangre que ya de por sí traía encendida se me convirtió en fuego puro.

Sin pensarlo dos veces, me abalancé sobre ellos tres. Los embestí a toda velocidad como si estuviera en una jugada de fútbol americano, derribándolos ruidosamente contra el piso del pasillo. Acto seguido, empecé a propinarles una golpiza salvaje, soltando puñetazos rabiosos que les dolieran hasta los ancestros.

Varios profesores corrieron de inmediato intentando separarnos, pero no podían moverme: estaba completamente poseído por una furia ciega.

—¡Malditos infelices! ¡¿Qué le hicieron?! —gritaba fuera de mí, descargando todo mi peso sobre sus rostros.

—¡Fue esa estúpida! ¡Ella voló el laboratorio! —escupió Tony con la boca chorreando sangre por la dentadura rota.

—¡Cobarde mentiroso! ¡Acepten lo que hicieron! —protesté rompiéndome los nudillos contra su mandíbula.

—¡Sepárense de una vez! —gritaban los docentes sujetándome de los brazos.

—¡Estás cambiando a tus amigos de siempre por esa aparecida! —me vociferó Mateo furioso mientras intentaba cubrirse la cara.

—¡Ustedes no son mis amigos! —los encaré con absoluto desprecio—. ¡Solo son unos cobardes!

—¡Eso jamás! —chilló Douglas desde el suelo, mientras sus novias lloraban y gritaban descontroladas en el pasillo.

Los golpes e insultos volaban sin control. Jamás en mi vida me había metido en una pelea de este calibre, pero en medio de la ira descubrí que defendiendo a los que quiero no hay nadie que me pueda frenar.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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