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El Peso De Las Sombras

El Peso De Las Sombras

Status: En proceso
Genre:CEO / Casos sin resolver / Romance de oficina
Popularitas:37
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

Elena Marín ha construido una vida perfecta sobre la precisión de su trabajo como restauradora de arte: reparar lo roto y disimular las grietas. Sin embargo, la noche en que su prometido, el influyente magnate Julián Valdés, es brutalmente asesinado, su fachada de control se desmorona por completo.

Mientras las pistas comienzan a incriminarla y una sustancia sintética amenaza la claridad de sus propios recuerdos, Elena deberá descifrar la verdad detrás del imperio Valdés antes de que las mentiras reprimidas y la trampa orquestada a su alrededor la condenen para siempre.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13: CÓDIGOS EN LA PENUMBRA

El crujido seco y prolongado de la puerta de entrada anunció el regreso de Gabriel desde el estacionamiento. Elena salió del cuarto de baño tratando de mantener una expresión completamente neutra, conteniendo la respiración y escondiendo el temblor incontrolable de sus manos tras las mangas anchas de su suéter. Cada músculo de su cuerpo estaba en tensión, alertado por el peligro imminente tras la revelación que acababa de leer en la nota secreta.

—El relevo ya está posicionado en los puntos estratégicos del edificio —informó Gabriel con voz monocorde, dejando sobre la barra de mármol de la cocina una carpeta digital con archivos confidenciales del caso—. La autopsia preliminar de Julián ha sido concluida formalmente por los forenses. Confirmaron la causa exacta de la muerte: edema pulmonar secundario a trauma severo por impacto de proyectil de arma de fuego. El disparo, según el peritaje, ocurrió a muy corta distancia.

—¿Encontraron ya el arma ejecutora? —preguntó Elena, obligándose a modular un tono de voz sereno. Necesitaba mantenerlo hablando para ganar tiempo mientras medía mentalmente sus pasos hacia el estudio contiguo, donde sabía que él había dejado su ordenador portátil de trabajo encendido y conectado a la red de la comandancia.

—Todavía no. El equipo de buzos de la unidad fluvial sigue peinando el sector del río donde hallaron el coche calcinado —respondió Gabriel, sirviéndose un vaso de agua del dispensador sin mirarla fijamente—. Sin embargo, los investigadores hallaron rastros microscópicos de pólvora y restos hemáticos en la alfombra central del estudio de la mansión. Todo indica con claridad que lo ejecutaron allí y luego trasladaron el cuerpo en el maletero para deshacerse de él.

—Iré a preparar un poco de café para los dos —dijo Elena con una voz calculadamente tranquila, simulando dirijirse hacia la zona de la cocina con paso pausado.

Esperó a que Gabriel se diera la vuelta para revisar concentrado los periódicos desplegados sobre la mesa del salón. En cuanto su espalda quedó desprotegida, Elena dio media vuelta y, con pasos extremadamente sigilosos sobre la alfombra, se deslizó hacia la puerta semiabierta del estudio. El aire en la habitación olía a papel impreso, café frío y al calor emitido por los equipos electrónicos. El portátil con credenciales de la policía científica permanecía conectado a la red segura corporativa, con la pantalla encendida mostrando el índice general de la base de datos de la Fundación Valdés y sus movimientos financieros.

Elena recordó exactamente las palabras escritas con rabia en las instrucciones del mensaje manuscrito de Damián: Colección Lombardía, 2018.

Con los dedos helados y temblorosos sobre el teclado, tecleó rápidamente el nombre de la colección en la barra de búsqueda avanzada del archivo histórico de ventas y adquisiciones de la galería. El sistema de la policía desplegó de inmediato tres expedientes digitales codificados con sellos de confidencialidad. Elena abrió el primero sin vacilar: se trataba de una transacción de compra-venta de cinco lienzos barrocos por una suma astronómica que superaba los tres millones de dólares.

Desplazó frenéticamente la pantalla hacia abajo, sorteando cláusulas legales y tecnicismos financieros, hasta llegar a la casilla correspondiente a la firma del perito tasador y del intermediario financiero de la operación.

En la casilla del intermediario figuraba con claridad el nombre completo del apoderado legal: Ernesto Prado. Y justo debajo, en la sección de notas al pie de la auditoría interna firmada de su propio puño y letra por Julián Valdés, aparecía detallada una demanda fulminante por fraude masivo, falsificación de documentos públicos y quiebra fraudulenta. Un entramado judicial orquestado que había llevado a la ruina absoluta y a la bancarrota a la firma de inversiones de los Prado en el otoño de 2018.

Elena ahogó un gemido de sorpresa y se llevó una mano a la boca. Damián no le había mentido. La historia encajaba de manera macabra: Julián Valdés había destruido sistemáticamente la reputación, el honor y el patrimonio del padre de Gabriel, acorralándolo hasta conducirlo trágicamente al suicidio.

Un chasquido sordo y metálico resonó repentinamente a su espalda.

Elena se giró de golpe, sintiendo que la sangre se le congelaba en las venas. Gabriel estaba de pie justo en el marco de la puerta del estudio, apoyado levemente sobre el quicio y mirándola fijamente en un silencio aplastante. La luz del pasillo proyectaba su silueta, dejando su rostro sumido en una sombra absoluta y densa, mientras que sus ojos grises carecían por completo de cualquier atisbo de la calidez, protección o empatía que había mostrado solo unas pocas horas antes.

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