Daniel siempre decía que su superpoder era encontrarle el chiste a cualquier tragedia. Si se quemaba la cena, era "una oportunidad para probar el carbón gourmet". Si llovía a cántaros y se inundaba la calle, "un parque acuático gratuito". Sonreír era fácil. Era su escudo, su forma de mantener el mundo a una distancia segura donde nadie pudiera ver lo que realmente guardaba en el pecho
NovelToon tiene autorización de feliannys Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 21El veredicto del laboratorio
al llegar al departamento camila estaba hay tenia ojos llorosos...alex por favor necesito hablar a solas contigo dijo camila estediendome una carpeta..
El silencio en el pasillo se volvió tan pesado que juraría que escuché el sonido de mi propio corazón deteniéndose. Miré a Daniel, cuya espalda se mantenía firme frente a mí, pero sus hombros delataban una tensión insoportable.
No podía dejarlo fuera de esto, no después de todo lo que habíamos construido, pero la mirada de Camila me decía que lo que fuera que tuviera en esa carpeta no era un juego.
—Daniel, abre la puerta —dije con una voz que intenté forzar para que sonara calmada, aunque por dentro era un desastre—. Entremos todos. No voy a ocultarte nada, Dani.
Daniel giró el rostro de reojo. Sus ojos verdes buscaron los míos con una súplica silenciosa, pero asintió. Sacó las llaves, abrió la cerradura y nos dejó pasar.
El ambiente del departamento, que antes se sentía como nuestro refugio seguro, se transformó al instante en una sala de interrogatorios fría y ajena.
Nos quedamos de pie en la sala. Camila no se sentó; se limitó a extender la carpeta de plástico transparente hacia mí con manos temblorosas.
—Sé que pienses lo que pienses de mí, esto es lo último que querías escuchar —empezó Camila, con la voz ahogada por un sollozo contenido—. Pero el tiempo coincide. Me he sentido mal toda la semana y hoy fui al laboratorio médico del campus.
Tomé la carpeta. Mis dedos rozaron el plástico y saqué la hoja con membrete clínico. Mis ojos escanearon el papel velozmente hasta que se clavaron en dos palabras impresas en negrita al final de la página: RESULTADO: POSITIVO.
Justo al lado, la especificación de las semanas de gestación marcaba una fecha exacta. Una fecha previa a la noche en que todo se rompió. Antes de la traición.
El papel comenzó a pesarme una tonelada en las manos. Sentí que el piso se movía bajo mis pies.
—Estoy embarazada, Alex... Es tuyo —soltó Camila, rompiendo a llorar finalmente, cubriéndose el rostro con las manos.
Un golpe seco a mi lado me obligó a apartar la vista del análisis médico. Daniel había dado un paso hacia atrás, chocando ligeramente con el borde de la barra de la cocina. Su rostro estaba completamente pálido, despojado de cualquier color. Miró la hoja que yo sostenía y luego me miró a mí, con una expresión de devastación tan profunda que sentí que me desgarraba el pecho.
La noticia cayó como un bloque de concreto sobre nuestro plano perfecto de arquitectura. No era un malentendido que pudiera solucionarse con una provocación sutil o una confesión bajo la ducha.
Era una realidad permanente, una línea de diseño que no se podía borrar del papel vegetal. Miré a Camila llorando en mi sala, y luego a Daniel, el chico que acababa de confesarme su amor y cuyos muros se estaban levantando de nuevo, esta vez construidos con el cemento del dolor y la resignación