Amir era el tercer hijo de Elena y Zayn, hermano de Karim, Layla y Sara. Y aunque todos lo respetaban, lo admiraban y lo querían como al hombre más noble y leal que existía, él cargaba con una soledad que nadie más podía comprender. Había nacido para proteger. Desde niño, mientras Karim aprendía a sentarse en un trono y dictar leyes, mientras Layla aprendía a blandir la espada y desafiar al mundo, Amir aprendía a vigilar, a esperar, a estar alerta. Se había convertido en el Capitán General de la Guardia Real y el Guardián de los Límites, el hombre que conocía cada sendero, cada bosque, cada escondite y cada peligro en los tres reinos de Al-Jazair, Velarion y Zoraya.
Incluye contenido (+18), si no les gusta, sigue tu recorrido.
¡Gracias y Bendiciones!
NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL REGRESO Y LA VIDA NUEVA.
Los días siguientes a la gran victoria sobre Darian y las fuerzas oscuras fueron días de paz, reconstrucción y una alegría profunda que se sentía en el aire. El Reino de los Umbrales, libre por fin de la sombra que lo había amenazado durante siglos, brillaba con una luz más intensa que nunca. Los seres mágicos que lo habitaban, hadas, elfos y espíritus de la naturaleza, miraban a la familia de Al-Jazair con una mezcla de gratitud y adoración, sabiendo que aquellos hombres y mujeres, guerreros y amantes, habían salvado su mundo con el poder de su unión.
Pero llegó el momento de regresar. Nalia, que ahora tenía el corazón dividido entre su tierra natal y el hogar que había encontrado en los brazos de Amir, decidió que su lugar definitivo estaba en Al-Jazair, junto a su esposo y su nueva familia. Su destino ya no estaba atado solo a los Umbrales; estaba atado a Amir, y dondequiera que él estuviera, allí estaría su reino.
Antes de partir, convocó a todos los habitantes de su tierra y, con la autoridad de una reina y la sabiduría de una diosa, les habló de un nuevo tiempo que comenzaba, una era de alianza entre los dos mundos, donde la magia antigua y la fuerza humana caminarían juntas para siempre. Y luego, usando todo su poder, dejó una marca permanente en esas tierras: una fuente eterna de luz y vida, un puente mágico que permitiría viajar entre ambos reinos cuando lo desearan, sellando así la unión para todas las generaciones futuras.
El viaje de regreso fue tranquilo, lleno de risas y recuerdos. Los niños corrían delante, contando historias de la batalla, orgullosos de haber ayudado a defender a los suyos. Zayn y Elena, caminaban tomados de la mano, hablando en voz baja, con la satisfacción de quienes saben que han cumplido su misión: criar hijos fuertes, buenos y capaces de amar con el alma.
—Hemos visto cosas maravillosas, mi reina —decía Zayn, mirando a sus hijos y nietos—. Pero lo más hermoso no es la magia ni las tierras lejanas... es ver que nuestra sangre se ha mezclado con lo mejor de cada mundo, y que nuestra familia es ahora más grande, más fuerte y más eterna que nunca.
Elena le apretó la mano, sonriendo con ojos brillantes.
—Tenías razón, amor mío —respondió ella—. Amir necesitaba su igual, alguien que pudiera seguirle el paso, que entendiera su alma de guardián. Y Nalia no solo es su igual... es su complemento perfecto. Y lo mejor de todo está por llegar. Lo puedo sentir en la magia que corre por nuestras venas.
Al llegar de nuevo a los jardines del palacio de Al-Jazair, el aire mismo pareció recibirles con alegría. Las flores se abrieron de golpe, los pájaros cantaron con más fuerza y el sol brilló con un calor más dulce y acogedor. Todos se sentían diferentes. Habían pasado por una prueba de fuego, habían mirado a la muerte a los ojos y habían salido victoriosos, más unidos que nunca.
Esa tarde, mientras los niños jugaban y corrían bajo la supervisión amorosa de todos, las parejas se reunieron en el gran porche, disfrutando de la brisa suave y de la paz recuperada.
Karim y Amaraestaban recostados en un banco, él con los brazos alrededor de su cintura, ella apoyada en su pecho, mirando a sus trillizos y a los pequeños Zair y Miraya.
—¿Te das cuenta? —le susurró Karim a su esposa, besando su cabello—. Ya no somos solo el Rey y la Reina. Somos el ejemplo, el pilar. Y ver a nuestros hermanos, a Amir tan completo, a Layla tan feliz... es la mayor victoria que he tenido. Más grande que cualquier batalla ganada. Solo falta que Sara encuentre su otra mitad para que estemos coompletos.
Amara se giró para mirarlo, pasando su mano por su mejilla, bajando por su cuello, acariciando la piel fuerte que tanto amaba. Sus ojos brillaban con ese fuego que nunca se apagaba.
—Y lo mejor es que, aunque pasen los años, aunque crezcan los niños... tú sigues siendo el hombre que me hizo suya la primera vez, el que me hace temblar solo con mirarme —le respondió ella con voz ronca y traviesa—. Esta noche, cuando todos duerman... tengo ganas de recordarte quién es tu reina, y de que tú me recuerdes quién soy yo para ti.
Karim sonrió, esa sonrisa de deseo puro que siempre le quitaba el aliento, y apretó su cintura con más fuerza, dejando claro que la respuesta era un sí absoluto.
No muy lejos de allí, Layla y Caelan estaban sentados en el suelo, apoyados contra un árbol, con sus hijos Elion, Thalia y Eren jugando con piedras brillantes que Caelan hacía flotar con su magia. Layla tenía la cabeza recostada en el hombro de su esposo, y él le acariciaba el cabello con suavidad infinita.
—Pensé que lo había visto todo —decía ella, con esa voz fuerte y alegre que la caracterizaba—, pero ver a Amir y a Nalia luchar juntos... fue increíble. Son como dos mitades de una misma espada. Y ver a nuestros padres, fuertes y firmes al frente... me hace sentir orgullosa de llevar su apellido.
Caelan giró la cabeza y la besó suavemente en los labios, un beso largo y profundo que hizo que ella se estremeciera.
—Nosotros también somos así, mi guerrera —le dijo él con suavidad—. Tú eres la fuerza y yo soy la calma. Tú eres el fuego y yo soy la tierra. Y juntos, somos invencibles. Y pronto... —bajó la mano hasta su vientre, acariciándolo con ternura y esperanza— ...siento que nuestra familia crecerá más. La magia de Nalia ha despertado algo en todos nosotros. La vida está floreciendo por todas partes.
Layla sonrió, brillante y feliz, y lo besó de nuevo, con hambre y amor, sin importarle que los niños estuvieran cerca.
—Entonces prepárate, mi amor —le susurró ella contra su boca—, porque si vamos a tener más hijos... tendremos que practicar mucho. Y tú sabes que a mí me encanta practicar contigo.
Pero la mayor magia, la más esperada, estaba ocurriendo con Amir y Nalia.
Desde su regreso, Nalia irradiaba una luz distinta, más suave, más profunda, una luz que venía desde dentro. Se movía por el palacio como una reina consagrada, amada y respetada por todos, pero cuando estaba con Amir, se convertía en la mujer más dulce y apasionada del mundo.
Una tarde, mientras caminaban solos por el bosque cercano, ese mismo lugar donde todo había comenzado, Amir la detuvo bajo el gran árbol antiguo, la tomó de las manos y la miró a los ojos verdes, llenos de luz y misterio.
—Te veo diferente, mi vida —le dijo él, acariciando su mejilla, su cabello, su rostro que amaba más que a nada en el mundo—. Desde que volvimos, brillas más. Te mueves con una alegría que sale de tu alma. ¿Qué es lo que pasa? ¿Hay algo que no me has dicho?
Nalia sonrió, una sonrisa llena de lágrimas y felicidad infinita. Se acercó más a él, puso las manos de Amir sobre su vientre suave y plano, y lo miró con esa mirada que él conocía bien: la mirada de quien tiene el mayor secreto del universo.
—Pasa que mi destino se ha cumplido, mi amor —susurró ella con voz temblorosa de emoción—. Pasa que el amor que nos tenemos, la magia que nos une, la fuerza con la que nos hemos entregado... ha creado vida. Amir... llevo tu hijo en mi vientre. Nuestro hijo.
Amir se quedó sin aire. Sus ojos se llenaron de lágrimas que rodaron por sus mejillas, y se dejó caer de rodillas ante ella, besando su vientre, con una devoción absoluta, con un amor que no cabía en su pecho.
—¿Un hijo? —repitió él, con la voz rota, besando una y otra vez la tela que cubría su piel, besando la vida que crecía allí—. Un hijo nuestro... que tendrá tu luz y mi fuerza... que tendrá tu magia y mi sangre... Nalia... esto es lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Pensé que ya no podía amarte más, pero ahora... ahora te amo con toda mi alma, con toda mi eternidad.