Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capítulo 12
Las luces de la ambulancia iluminaron la entrada de la mansión Kivilcim.
La lluvia había disminuido, pero el aire seguía siendo frío y pesado. Denmet permanecía inmóvil mientras los paramédicos trasladaban a Fraize en una camilla.
Güner caminaba junto a ella.
No soltaba su mano.
Denmet observó aquella escena en silencio.
Intentó convencerse de que no debía sentirse afectada. Fraize era la esposa de Güner. La mujer que él había amado y creído muerta durante tres años.
Era natural que estuviera preocupado.
Pero aquello no impedía que Denmet sintiera una extraña presión en el pecho.
—Voy contigo —dijo Güner.
Fraize abrió lentamente los ojos.
—No.
Güner se inclinó hacia ella.
—No voy a dejarte sola.
—Güner...
—No.
Fraize intentó incorporarse, pero el dolor la obligó a cerrar los ojos.
—No quiero que te alejes otra vez —susurró él.
Denmet escuchó aquellas palabras.
Y comprendió que Güner no solo estaba preocupado por la herida de Fraize.
Tenía miedo.
Miedo de perderla nuevamente.
Horas después, Güner regresó a la mansión.
El hospital había informado que Fraize estaba fuera de peligro. La bala había rozado su hombro, provocándole una herida importante, pero no mortal.
Sin embargo, el médico había sido claro.
Necesitaba descanso.
Y, sobre todo, seguridad.
Cuando Güner entró al gran salón, encontró a Kerem y Emre esperándolo.
—¿Cómo está? —preguntó Kerem.
—Estable.
Emre suspiró aliviado.
—Gracias a Dios.
Güner se dirigió hacia el bar y sirvió un vaso de agua.
Sus manos todavía temblaban.
—La policía encontró algo —dijo Kerem.
Güner levantó la mirada.
—¿Qué?
—Una huella.
—¿De quién?
Kerem negó con la cabeza.
—Todavía no lo saben.
Güner dejó el vaso sobre la mesa.
—Entonces seguimos igual.
—No exactamente.
Kerem sacó una pequeña fotografía.
—Encontraron esto afuera.
Güner la tomó.
Era una fotografía antigua.
Fraize aparecía junto a un hombre.
Pero, a diferencia de las imágenes que Güner había visto años atrás, en esta el rostro del hombre podía distinguirse.
Güner palideció.
—No...
Emre se acercó.
—¿Quién es?
Güner apretó la fotografía.
—Murat.
El nombre provocó silencio.
Kerem frunció el ceño.
—¿Murat Demir?
Güner asintió lentamente.
—Era mi socio.
—¿Era?
—Hasta hace tres años.
Emre observó la fotografía.
—¿Qué le ocurrió?
Güner levantó la mirada.
—Desapareció.
Kerem intercambió una mirada con Emre.
—¿Después del accidente de Fraize?
—Sí.
—¿Y nunca pensaste que podía estar relacionado?
Güner soltó una amarga risa.
—En ese momento pensé demasiadas cosas.
Recordó las fotografías.
Los mensajes.
La supuesta traición.
Y el accidente.
Todo parecía encajar.
Pero ahora...
Ya no estaba seguro de nada.
—Tenemos que encontrarlo —dijo Güner.
—Ya estamos buscándolo —respondió Kerem.
—No.
Güner caminó hacia él.
—Quiero que lo encuentres antes de que vuelva a acercarse a Fraize.
Emre se quedó en silencio.
Pero su expresión cambió.
—¿Y Denmet?
Güner levantó la mirada.
—¿Qué ocurre con ella?
—Murat la vio.
—¿Cómo lo sabes?
Emre dudó.
—Porque cuando Fraize llegó, había alguien vigilando la mansión.
Güner frunció el ceño.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—No estaba seguro.
—Emre.
—Ahora lo estoy.
Güner permaneció inmóvil.
Recordó la amenaza que había escuchado durante la confusión.
Ten cuidado...
¿Fraize había intentado advertir algo?
¿A él?
¿A Denmet?