Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.
Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.
Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.
Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.
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La distancia y las sombras
El viento helado de la noche azotaba con fuerza la lona de la tienda militar. Afuera, los gemidos de los soldados heridos y el crujir de las fogatas marcaban la dura realidad de la guerra.
—Excelencia, el informe de la intendencia no es favorable —anunció el Subcomandante Cassian, entrando a la estancia con expresión sombría y carpetas de cuero en la mano.
—¿Qué ocurre con los víveres, Cassian? —pregunté, manteniendo la vista fija en el mapa táctico desplegado sobre la mesa.
—Las rutas de suministro desde la capital sufren emboscadas y el invierno empeora. A este ritmo, los recursos cederán antes de la primavera —explicó el oficial con preocupación.
En la novela original, este conflicto se estancaba en una sangrienta guerra de desgaste que duraba tres largos años. Sin embargo, mi experiencia militar moderna me permitía ver fallas en el frente enemigo que el antiguo Alexander ignoró.
«Un mes es imposible para terminar una guerra de esta magnitud, pero con las estrategias adecuadas puedo reducir la contienda a un año o año y medio como máximo», calculé en mi mente.
—No nos quedaremos en una posición defensiva, Cassian —ordené con tono decidido—. Modificaremos el despliegue hacia el desfiladero del norte para flanquear sus depósitos principales.
—¿El desfiladero? Señor, es un terreno extremadamente arriesgado para la caballería —advirtió el subcomandante.
—Es un riesgo, pero es la única vía para cortar sus líneas de suministro. Si ejecutamos un ataque sorpresivo, acortaremos esta guerra a la mitad del tiempo previsto —sentencié con firmeza.
—Entendido, General. Empezaré a preparar a la vanguardia de inmediato —asintió Cassian antes de hacer una reverencia e irse.
Al quedarme solo, miré hacia el oeste en dirección a la capital. El ducado se encontraba a una distancia considerable: exactamente a una semana de viaje a caballo desde el campo de batalla.
Esa distancia de siete días significaba que cualquier mensaje o refuerzo tardaría dos semanas completas en ir y volver. Cada decisión debía ser calculada con frialdad y precisión.
Buscando en los recuerdos del antiguo Duque, recordé un detalle crucial de su partida. Alexander no había dejado a Elena y al pequeño Theo completamente desprotegidos.
Antes de marchar a la frontera, había llamado de urgencia a su hermano menor para que permaneciera en la residencia ducal. Le encomendó estar al lado de Elena, apoyarla en los asuntos del hogar y cuidar a Theo.
«Si dejé a mi hermano en la mansión para ayudar a la Duquesa y respaldar su autoridad, ¿cómo es posible que la Princesa Evelyn lograra intervenir de esa manera?», me pregunté en silencio.
En la historia del libro, la presencia de mi hermano se desvanecía entre el caos. ¿Acaso se vio acobardado ante el poder imperial, o sencillamente fue apartado por la influencia de la princesa?
«Necesito entender qué ocurre realmente en mi hogar. Algo no encaja en cómo se desarrollaron los hechos en el texto original», pensé, acariciando la empuñadura de mi espada con inquietud.
Sin perder tiempo, llamé nuevamente hacia el exterior de la tienda.
—¡Cassian, asegúrate de que el mensajero parta de inmediato! —ordené con voz autoritaria.
El oficial regresó a la entrada, escuchando atento mis indicaciones sobre la misiva confidencial que había redactado para Elena.
—Que cabalgue a máxima velocidad. A paso firme, la carta debe estar en manos de la Duquesa en una semana —instruí severamente.
—Así se hará, Excelencia. El mensajero saldrá antes del amanecer —aseguró el subcomandante.
—Además, envía dos exploradores de confianza para que vigilen discretamente las inmediaciones del ducado a esa misma distancia —agregué con cautela.
—¿Cuáles son sus órdenes específicas para ellos, General? —preguntó Cassian.
—Deben mantenerse ocultos y reportarme cualquier movimiento extraño de la Princesa o de la guardia imperial. La prioridad absoluta es la seguridad de Elena y de mi hijo —sentencié.
Cassian inclinó la cabeza y se retiró a cumplir las órdenes. Me acerqué a la entrada de la tienda, observando la noche estrellada sobre el campamento.
Sabiendo que me tomaría entre un año y año y medio regresar victorioso del frente, la paciencia y la astucia serían mis mejores armas. Tenía que proteger a mi familia a una semana de distancia.
«Elena, resiste. No sé qué presiones estés enfrentando ni por qué mi hermano no ha detenido el avance de la princesa, pero esta vez no permitiré que te destruyan», juré solemnemente.
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
estos acabarán amándose mucho
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello