Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
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Capítulo 6: El nombre de una desconocida
Evelyn no miró a su madre.
No podía.
Sus ojos permanecían clavados en aquella frase escrita por una mano muerta.
La niña que volvió a la mansión Bellamy era Eliza.
Durante varios segundos, nadie habló.
El silencio se volvió insoportable.
—Dilo —susurró Evelyn.
Lady Beatrice permaneció junto a la puerta.
—Evelyn...
—No me llames así.
Su madre se estremeció.
Evelyn levantó finalmente la mirada.
—Si ese nombre no es mío, no vuelvas a llamarme así.
Beatrice cerró los ojos.
—Lo siento.
Aquellas dos palabras fueron peores que cualquier confesión.
Evelyn retrocedió.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde aquella noche.
—¿Desde que tenía ocho años?
—Desde antes.
Evelyn sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Entonces toda mi vida fue una mentira.
—No.
—¿No?
Su voz se quebró.
—Me enseñaste a escribir mi nombre. Me dijiste quién era mi padre. Me contaste historias sobre cuando era pequeña. Me hablaste de mis primeros pasos, de mis cumpleaños, de mi infancia.
Beatrice comenzó a llorar.
—Porque necesitabas una vida.
—¡Necesitaba la mía!
El grito resonó por toda la biblioteca.
Alistair permaneció inmóvil.
No intentó tocarla.
No intentó consolarla.
Y Evelyn se lo agradeció.
En ese momento no quería que nadie la consolara.
Quería recuperar algo que acababa de descubrir que quizá nunca había poseído.
—¿Quién era Evelyn Bellamy? —preguntó.
Beatrice bajó la mirada.
—La niña que murió aquella noche.
Evelyn dejó de respirar.
—¿Murió?
Su madre asintió.
—El incendio comenzó en la propiedad de los Vale. Tú estabas allí con ella.
—¿Por qué?
—Porque tu padre tenía negocios con la familia Vale.
—Eso ya lo sé.
—No sabes qué clase de negocios.
Beatrice caminó lentamente hacia el escritorio.
Tomó una fotografía antigua.
En ella aparecían dos niñas.
Una llevaba una cinta azul.
La otra sostenía una pequeña muñeca de porcelana.
Evelyn miró sus rostros.
Las conocía.
Una era ella.
La otra era...
Eliza.
—¿Cuál era cuál? —preguntó.
Beatrice señaló a la niña de la muñeca.
—Esa era Evelyn.
Después señaló a la otra.
—Y esa eras tú.
Evelyn tomó la fotografía.
La observó durante largo tiempo.
Había algo perturbador en verla desde afuera.
Durante toda su vida había creído ser la niña de la muñeca.
Ahora descubría que había sido la otra.
—¿Por qué me hicieron pasar por ella?
Beatrice tardó en responder.
—Porque alguien estaba buscando a Eliza.
—¿Quién?
—No lo sé.
—Mamá.
—¡No lo sé!
El grito de Beatrice la sorprendió.
Su madre se cubrió el rostro.
—Solo sé que tu padre recibió una amenaza. Decía que si alguien descubría que la verdadera Eliza había sobrevivido, todos morirían.
Evelyn sintió un frío profundo.
—¿Y Evelyn?
Beatrice no contestó.
—¿Qué hicieron con su cuerpo?
Silencio.
Evelyn comprendió.
—Nunca encontraron el cuerpo.
Beatrice negó con la cabeza.
—Entonces podría estar viva.
—No.
La respuesta vino de Alistair.
Todos lo miraron.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Evelyn.
Alistair abrió el diario de su hermano.
—Porque mi hermano la buscó durante años.
Pasó varias páginas.
—Escribió que encontró registros de la muerte de Evelyn.
—¿Dónde?
—En los archivos privados de los Vale.
Evelyn se acercó.
—Quiero verlos.
—No ahora.
—Sí, ahora.
Alistair levantó la mirada.
—Evelyn, acabas de descubrir que el nombre con el que has vivido podría pertenecer a una niña muerta. No sabemos quién conoce esta información ni qué hará cuando descubra que tú también lo sabes.
Ella se quedó mirándolo.
—¿Y tú?
—¿Qué?
—¿Me sigues llamando Evelyn?
Alistair guardó silencio.
Después respondió:
—Porque ese es el nombre que conozco.
Evelyn bajó la mirada.
Por alguna razón, aquella respuesta le dolió menos que todas las demás.
—No sé quién soy —dijo.
Alistair se acercó, pero mantuvo cierta distancia.
—Entonces lo descubriremos.
Evelyn lo miró.
—¿Por qué?
—Porque mi hermano murió buscando la respuesta.
—Eso no es suficiente.
Alistair respiró profundamente.
—Porque quiero saber quién eres tú.
Evelyn no respondió.
Por primera vez desde que había comenzado aquella pesadilla, alguien no parecía interesado en el apellido Bellamy.
Ni en la niña perdida.
Ni en la leyenda.
Solo en ella.
Pero antes de que pudiera decir algo, escucharon pasos en el corredor.
Beatrice levantó la cabeza.
—No.
La puerta de la biblioteca se abrió.
El mayordomo apareció completamente pálido.
—Milady...
—¿Qué sucede?
El hombre tragó saliva.
—Han encontrado un cadáver en el jardín.
Evelyn sintió que la sangre se le helaba.
—¿Quién?
El mayordomo miró hacia ella.
—No lo sabemos.
Alistair se puso inmediatamente delante de Evelyn.
Pero el hombre todavía no había terminado.
—Lo extraño es que llevaba una cosa.
—¿Qué cosa? —preguntó Alistair.
El mayordomo miró a Evelyn.
—Una cinta azul.
Evelyn sintió que el mundo se detenía.
La misma cinta que había encontrado aquella noche.
La misma que, según su madre, pertenecía a la niña que desapareció.
Y entonces comprendió algo.
Alguien no acababa de descubrir que Eliza estaba viva.
Alguien acababa de descubrir que Eliza sabía la verdad.