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LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 — La hermana olvidada

La mujer permaneció frente a la puerta sin moverse. Valeria no podía apartar los ojos de su rostro. Era imposible ignorar el parecido. Tenía sus mismos ojos, la misma forma de la nariz y una pequeña cicatriz sobre la ceja. La única diferencia era el tiempo. Aquella mujer parecía haber envejecido décadas dentro de la casa.

Vera se escondió detrás de Elena.

—No la conozco.

La mujer sonrió con tristeza.

—Claro que no.

Valeria dio un paso hacia ella.

—Dijiste que eres mi hermana.

—Lo soy.

—¿Cuál es tu nombre?

La mujer bajó la mirada.

—El nombre que tenía dejó de pertenecerme hace mucho.

—Entonces dime cómo te llamaban.

—Valeria.

El silencio fue inmediato.

Valeria sintió un escalofrío.

—Ese es mi nombre.

—Ahora sí.

—¿Qué significa eso?

La mujer la miró fijamente.

—Que yo lo tuve primero.

Elena comenzó a llorar.

—No...

La mujer se volvió hacia ella.

—Tú sí me recuerdas.

Valeria miró a su madre.

—¿La conoces?

Elena no pudo responder.

—Mamá.

—Sí.

La palabra salió apenas como un susurro.

—La conozco.

Valeria sintió que la rabia regresaba.

—¿Quién es?

Elena levantó la mirada.

—Tu hermana mayor.

Vera comenzó a llorar.

—Pero papá dijo que no teníamos otra hermana.

La mujer sonrió.

—Tu padre dijo muchas cosas para mantenerlas con vida.

Valeria se acercó.

—¿Qué te ocurrió?

—Isabel me encerró aquí.

—¿Por qué?

—Porque yo fui la primera en negarme al pacto.

—¿Qué pacto?

—El que comenzó con nuestra familia.

La mujer señaló las paredes.

—Cada generación entregaba un recuerdo para conservar una vida. Isabel creyó que podía engañar a la casa. Quiso devolverme la vida utilizando los recuerdos de otras niñas.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Y nosotras?

—Ustedes fueron el último intento.

—¿Intento de qué?

—De traerme de vuelta.

Vera negó.

—No.

La mujer la miró.

—Sí.

—Yo no quiero estar aquí.

—Nunca quisiste.

La mujer se acercó a ella.

—Por eso te hicieron olvidar.

Valeria se interpuso entre ambas.

—No te acerques.

La mujer se detuvo.

—Siempre la protegiste.

—¿Siempre?

—Desde que nacieron.

Valeria miró a Vera.

—¿Somos hermanas?

—Sí.

—¿Y tú eres nuestra hermana mayor?

—Sí.

—Entonces ¿por qué no recuerdo nada de ti?

La mujer señaló su cabeza.

—Porque la casa tomó esos recuerdos.

Samuel intervino.

—¿Cómo podemos recuperarlos?

La mujer lo miró.

—No pueden.

—Tiene que existir una forma.

—Existe.

Valeria levantó la cabeza.

—¿Cuál?

—Una de ustedes tendrá que recordar por las tres.

Elena negó.

—No.

—Ya es demasiado tarde.

Un ruido profundo recorrió la habitación.

La mujer cerró los ojos.

—La casa está despertando.

Las velas se apagaron una a una.

Samuel levantó la linterna.

—¿Qué significa eso?

—Que ya sabe que ustedes encontraron la verdad.

La puerta detrás de ellos comenzó a cerrarse.

Valeria miró hacia el corredor.

—¡Tenemos que salir!

—No —dijo la mujer—. Si salen ahora, la casa irá con ustedes.

Samuel se quedó inmóvil.

—¿Qué debemos hacer?

La mujer miró a Valeria.

—Encontrar el recuerdo original.

—¿Dónde?

—En la habitación donde comenzó todo.

Valeria recordó el número.

—La 17.

La mujer negó.

—No.

—¿Entonces cuál?

—La habitación de Isabel.

Valeria frunció el ceño.

—¿Dónde está?

La mujer señaló una pared.

—Detrás de mí.

Una sección de la pared comenzó a abrirse.

Apareció un pequeño pasadizo.

Valeria miró a Samuel.

—¿Conoces este lugar?

—No.

—Entonces vamos.

Elena tomó a Vera de la mano.

—No quiero que sigamos separándonos.

Valeria asintió.

—Esta vez iremos juntas.

Entraron en el pasadizo. La mujer caminaba delante. Las paredes estaban cubiertas de nombres escritos con tinta negra. Valeria reconoció algunos de ellos de las fotografías.

—¿Son todas las personas que estuvieron aquí?

—No.

—¿Entonces?

—Son las que la casa no olvidó.

Al final del túnel apareció una puerta de madera.

La mujer sacó una llave antigua.

—Aquí empezó todo.

Abrió.

La habitación estaba intacta.

Había una cama antigua, un escritorio y fotografías de Isabel por todas partes. En el centro había un pequeño baúl.

Valeria se acercó.

—¿Qué hay dentro?

—La memoria original.

Samuel la miró.

—¿De quién?

La mujer respondió:

—De mí.

Valeria abrió el baúl.

Dentro había una pequeña cinta, una fotografía y una pulsera infantil.

La tomó.

En el interior de la pulsera había un nombre grabado.

VALERIA.

Valeria sintió que la respiración se le cortaba.

—Entonces tú...

La mujer negó.

—Ese era mi nombre.

Valeria miró la pulsera.

—¿Y por qué yo también me llamo así?

—Porque después de mi desaparición, Isabel decidió que ninguna otra niña debía llevar mi nombre.

—Pero me lo dieron a mí.

—Porque tu padre quería que recordaras quién eras.

Elena comenzó a llorar.

—Gabriel sabía que ella seguía viva.

Valeria la miró.

—¿Desde cuándo?

—Desde el día en que naciste.

La mujer sonrió.

—Y por eso te llamó Valeria.

Un ruido fuerte golpeó la puerta.

Todos se volvieron.

Algo estaba intentando entrar.

Samuel sacó el arma.

—No tenemos mucho tiempo.

La mujer tomó la cinta.

—Escúchala.

—¿A quién?

—A Isabel.

Colocaron la cinta en una vieja grabadora.

La voz de Isabel llenó la habitación.

—Si alguien encuentra esto, significa que mi hija regresó.

Valeria sintió un escalofrío.

La voz continuó:

—Pero cometí un error. La casa no devuelve a los muertos. Los reemplaza.

Elena se llevó una mano a la boca.

—No...

—Mi hija murió la primera noche. Lo que regresó fue algo que llevaba sus recuerdos.

Valeria miró a la mujer.

—Entonces tú...

La mujer tenía lágrimas en los ojos.

—Yo soy la original.

La grabación continuó.

—Y si alguna vez mis hijas regresan, deberán elegir. Una puede recuperar su identidad. La otra deberá permanecer en la casa.

La cinta terminó.

Vera comenzó a llorar.

—No quiero elegir.

Valeria la abrazó.

—No tendrás que hacerlo.

La mujer las observó.

—Eso dijiste la primera vez.

Valeria levantó la mirada.

—¿Qué ocurrió?

—Tú elegiste quedarte.

Valeria sintió un vacío en el pecho.

—¿Yo?

—Sí.

—¿Para salvar a Vera?

La mujer asintió.

—Pero la casa te engañó.

Valeria apretó los puños.

—¿Cómo?

La mujer señaló la puerta.

—Te hizo creer que habías salido.

Un golpe sacudió la habitación.

La puerta comenzó a abrirse.

La mujer retrocedió.

—Ya viene.

Valeria tomó a Vera de la mano.

—¿Quién?

La mujer miró hacia la oscuridad.

—La copia.

Una figura apareció en la entrada.

Tenía el rostro de Valeria.

Pero sonreía.

—No soy una copia.

La figura dio un paso.

—Soy la que sobrevivió.

Y detrás de ella apareció una sombra mucho más grande.

La casa había llegado hasta ellos.

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