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Secretos De Blackwood

Secretos De Blackwood

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Alma Rivera jamás imaginó que una beca cambiaría su vida. Al ingresar a la prestigiosa Academia Blackwood, descubre que algunos estudiantes desaparecen sin dejar rastro... y que nadie se atreve a mencionarlos. Junto a Adrián Lancaster, el alumno más brillante y distante de la escuela, comenzará una investigación que desenterrará secretos ocultos durante años. Pero en Blackwood, conocer la verdad tiene un precio, y alguien está dispuesto a matar para mantenerla enterrada.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El centro del blanco

—¡Todos a sus posiciones!

La voz del profesor Hayes resonó por el campo de tiro.

El sol de la tarde iluminaba las dianas colocadas a distintas distancias. Una suave brisa movía las banderas de la academia, haciendo que el entrenamiento fuera un poco más difícil de lo habitual.

Alma se colocó el protector en el brazo izquierdo y tomó aire.

Llevaba casi dos semanas entrenando.

Sus disparos ya no terminaban en el suelo, pero todavía le costaba mantener la misma precisión en cada intento.

Olivia ocupó el puesto de al lado.

—Hoy te veo distinta.

—¿Distinta cómo?

—Más tranquila.

Alma sonrió sin apartar la vista del blanco.

—Creo que ya dejé de pensar que voy a hacer el ridículo.

—¡Eso ya es un avance enorme!

El profesor Hayes comenzó a caminar entre los alumnos.

—Hoy trabajaremos precisión. No me interesa la velocidad. Quiero que cada flecha tenga una intención.

Se detuvo frente a Alma.

—Rivera.

—¿Sí?

—Recuerda lo que te dije el primer día.

Ella asintió.

—El arco no se domina con fuerza… sino con paciencia.

Hayes sonrió satisfecho.

—Exacto.

La primera ronda comenzó.

Las flechas salieron casi al mismo tiempo.

Victoria consiguió un nueve.

Olivia, un ocho.

Alma respiró profundamente antes de disparar.

¡Tac!

Un siete.

—¡Muy bien! —dijo Olivia.

Alma sonrió.

No era perfecto.

Pero era constante.

Y eso le gustaba.

La segunda ronda fue aún mejor.

Otro ocho.

La tercera…

Un nueve.

El profesor Hayes cruzó los brazos.

—Empiezas a confiar en ti misma.

—Supongo.

—No lo supongas.

Hazlo.

Tras un breve descanso, el entrenador cambió el ejercicio.

—Ahora dispararán de uno en uno.

Todos observarán.

Algunos alumnos soltaron un suspiro.

Aquello siempre ponía nerviosos a los principiantes.

Victoria fue la primera.

Diez.

Los aplausos no tardaron en llegar.

Después pasaron otros compañeros.

Llegó el turno de Olivia.

Respiró con calma.

Soltó la cuerda.

Nueve.

—Nada mal —comentó Hayes.

Finalmente…

—Rivera.

Alma sintió un cosquilleo en el estómago.

Caminó hasta la línea de tiro.

Todo el equipo la observaba.

Incluso Victoria.

Colocó la flecha.

Levantó el arco.

Por un instante, volvió a escuchar la voz de Hayes.

“Solo existen tú… el arco… y el blanco.”

Después recordó algo que Adrián le había dicho días atrás en la biblioteca.

“Deja de memorizar y empieza a interpretar.”

Sin saber por qué, aplicó esa idea al tiro.

No intentó forzar el disparo.

Sintió el movimiento del aire.

La tensión de la cuerda.

El peso del arco.

Respiró.

Y soltó.

La flecha cruzó el campo con un silbido limpio.

¡Tac!

Nadie habló.

La flecha estaba exactamente en el centro del blanco.

Un diez perfecto.

El silencio duró apenas un segundo.

Después llegaron los aplausos.

—¡Alma! —gritó Olivia, dando un pequeño salto de alegría.

El profesor Hayes sonrió con orgullo.

—Primer centro perfecto.

Ella bajó lentamente el arco.

Miró la diana sin terminar de creerlo.

—Lo hice…

—Sí —respondió Hayes—. Y ahora olvídalo.

Alma lo miró confundida.

—¿Cómo?

—Si te obsesionas con repetir un disparo perfecto, dejarás de disfrutar el siguiente.

El deporte no consiste en perseguir un único acierto.

Consiste en construir muchos buenos disparos.

Ella asintió.

Aquellas palabras tenían sentido.

Al terminar el entrenamiento, mientras los alumnos recogían el material, alguien se acercó por detrás.

—Felicidades.

Alma se giró.

Era Adrián.

Llevaba una carpeta bajo el brazo, como casi siempre.

—¿Lo viste?

—Pasaba por aquí.

Ella soltó una risa.

—Eso suena a excusa.

Él desvió la mirada un instante.

—Quizá un poco.

Alma arqueó una ceja.

—¿Acabas de admitir que viniste a mirar el entrenamiento?

—No exactamente.

—Entonces…

Adrián guardó unos segundos de silencio antes de responder.

—Escuché los aplausos.

Y tuve curiosidad.

Alma sonrió.

No estaba completamente convencida.

Pero decidió dejarlo pasar.

—Bueno… gracias.

Fue mi primer diez.

—Se notó.

—¿Por qué?

—Porque cuando acertaste, sonreíste antes de mirar el resultado.

Ella se quedó pensativa.

Era verdad.

Había sentido que el disparo era bueno incluso antes de verlo.

—Eso significa que empezaste a confiar en tu instinto.

Adrián hizo un pequeño gesto con la cabeza.

—Y eso vale más que cualquier diez.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

Desde la puerta del gimnasio, Noah observó la escena con una sonrisa divertida.

Le dio un suave codazo a Olivia, que acababa de salir.

—Míralos.

Olivia siguió su mirada y sonrió.

—¿Te das cuenta?

—¿De qué?

—Hace una semana apenas se dirigían la palabra.

Ahora hablan como si se conocieran desde hace años.

Noah soltó una risa.

—Creo que ninguno de los dos se ha dado cuenta todavía.

Olivia negó lentamente.

—No.

Pero todos los demás… sí.

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