En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
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Capítulo 11 — El último Guardián
El amanecer llegó lentamente a Lumeria.
Una luz dorada comenzó a extenderse sobre el bosque, atravesando las ramas de los árboles y cubriendo la hierba con pequeñas gotas de rocío.
Eryan llevaba varios minutos despierto.
Seguía sentado fuera de la torre, observando el cielo.
Las tres lunas habían desaparecido.
Ahora solo quedaba un enorme sol anaranjado sobre las montañas.
Era diferente al de Aetherya.
Más grande.
Más intenso.
Eryan entrecerró los ojos.
Durante unos segundos se preguntó si algún día volvería a contemplar las dos lunas de su mundo.
Después recordó algo.
Aetherya había desaparecido hacía ciento treinta y siete años.
Pero él había vivido allí durante diez.
¿Cómo era posible?
—No tiene sentido...
—No.
Eryan se giró.
Neria estaba detrás de él.
—No tiene sentido —repitió ella—. Y precisamente por eso tenemos que averiguar qué ocurrió.
Eryan se levantó.
—¿Tú crees que la directora se equivocó?
—No.
—Entonces...
—Quizá el tiempo no transcurra igual en las dimensiones.
Eryan frunció el ceño.
—¿El tiempo?
Neria asintió.
—Una hora en un mundo puede ser un día en otro. Un año puede convertirse en décadas.
Eryan recordó las historias que había escuchado en el orfanato.
Nunca había pensado demasiado en ellas.
Ahora todo parecía diferente.
—Entonces Aetherya podría haber desaparecido hace ciento treinta y siete años aquí...
—Mientras que para ti solo pasaron diez.
—Eso significa...
Eryan no terminó la frase.
Neria lo hizo por él.
—Que quizá tus padres vivieron en una época que para nosotros pertenece al pasado.
Eryan bajó la mirada.
Aquella posibilidad era difícil de aceptar.
Pero también significaba algo.
Quizá su madre todavía podía estar viva.
En algún lugar.
En alguna dimensión.
O en algún momento perdido del tiempo.
Eryan cerró los puños.
—Tengo que encontrarla.
Neria lo observó.
—Entonces tendrás que aprender a controlar tu poder.
Eryan miró sus manos.
—No sé cómo.
—Yo tampoco sé enseñarte.
—¿Entonces?
Neria sonrió.
—Conozco a alguien que sí.
---
Lina salió de la torre bostezando.
—¿Qué hacen?
—Hablando —respondió Eryan.
—¿Sobre qué?
Neria se levantó.
—Sobre el viaje.
Lina abrió los ojos.
—¿Qué viaje?
Eryan la miró.
—Tenemos que ir a un lugar.
—¿Adónde?
Neria señaló hacia las montañas.
—A la ciudad de Elaris.
Lina miró el horizonte.
Las montañas parecían estar a una distancia enorme.
—¿Está lejos?
—Tres días caminando.
Lina hizo una mueca.
—¿Tres días?
—Si tenemos suerte.
—¿Y si no?
Neria respondió tranquilamente:
—Cinco.
Lina suspiró.
—Genial.
Kael salió de la torre.
—¿Nos vamos?
Eryan asintió.
—Sí.
Kael miró hacia el bosque.
—¿Y si vuelven las criaturas?
Neria respondió:
—No lo harán.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque ahora saben que ya no estamos aquí.
Eryan la miró.
—¿Cómo?
Neria señaló el suelo.
Había pequeñas marcas negras.
—Alguien las estaba controlando.
—¿Quién?
Neria negó.
—Todavía no lo sé.
Eryan pensó en el hombre del orfanato.
En el cristal negro.
En aquella voz.
Lo encontramos.
—Creo que sé quién.
Neria lo observó.
—¿Quién?
—Los hombres que estaban en el orfanato.
El rostro de Neria cambió.
—¿Los hombres del Umbral?
—No sé cómo se llaman.
—¿Llevaban un símbolo?
Eryan recordó sus ropas.
—Sí.
Neria se acercó.
—¿Cuál?
Eryan dibujó con un dedo sobre la tierra.
Un círculo.
Tres líneas.
Neria palideció.
—No puede ser.
—¿Qué?
Ella borró rápidamente el símbolo.
—Tenemos que irnos.
—¿Por qué?
—Porque si ellos saben que estás aquí...
Neria miró hacia las montañas.
—...no tardarán en encontrarnos.
---
El viaje comenzó poco después.
Abandonaron el bosque siguiendo un antiguo camino de piedra.
Neria iba delante.
Eryan caminaba junto a Lina.
Kael permanecía detrás de ellos.
Durante las primeras horas apenas hablaron.
Lumeria era hermosa.
Mucho más de lo que Eryan había imaginado.
Había árboles enormes con hojas doradas.
Flores que brillaban ligeramente incluso bajo el sol.
Pequeños animales corrían entre los arbustos.
Algunos tenían seis patas.
Otros podían volar.
Lina se detenía constantemente para observarlos.
—Mira eso.
—Lina, tenemos que seguir.
—¡Pero mira!
Un pequeño animal azul salió de entre unas flores.
Parecía un conejo.
Pero tenía dos colas.
Lina sonrió.
—Es precioso.
El animal se acercó.
Eryan se agachó.
—¿No tienes miedo?
La criatura olfateó su mano.
Después la tocó con la nariz.
Eryan sonrió.
—Hola.
El animal comenzó a emitir un pequeño sonido.
Neria los observó.
—Es un lumín.
—¿Es peligroso?
—No.
—¿Entonces puedo tocarlo?
—Si él quiere.
Eryan extendió la mano.
El animal se acercó.
Por un instante, la marca de su pecho brilló.
El lumín se quedó completamente quieto.
Después se inclinó.
Neria abrió los ojos.
—¿Qué?
Eryan la miró.
—¿Qué ocurre?
—Eso no es normal.
—¿Qué hizo?
Neria se acercó lentamente.
—Los lumines solo se inclinan ante alguien que consideran un Guardián.
Eryan miró al pequeño animal.
—¿Un Guardián?
Neria asintió.
—Parece que tu poder está despertando más rápido de lo que esperaba.
---
Al mediodía hicieron una pausa.
Se sentaron bajo un árbol.
Neria sacó un mapa.
—Elaris está aquí.
Señaló una zona al norte.
—Y nosotros estamos aquí.
Eryan observó el mapa.
—¿Qué hay entre ambos lugares?
—Un río.
—¿Podemos cruzarlo?
—Sí.
—¿Hay algún puente?
Neria negó.
—Hay un ferry.
Lina suspiró.
—¿Cuánto cuesta?
Neria la miró.
—No tenemos dinero.
Silencio.
Eryan revisó sus bolsillos.
Solo tenía la piedra rota.
Nada más.
—Entonces tendremos que buscar otra forma.
Kael levantó la cabeza.
—Yo puedo hacerlo.
—¿Qué?
Kael señaló el río.
—Puedo usar mi luz.
Eryan lo miró.
—¿Para qué?
—No sé.
—Entonces no sabemos qué puede pasar.
Kael bajó la mirada.
—Pero quiero aprender.
Eryan sonrió.
—Yo también.
Neria los observó.
—Entonces ambos necesitan entrenamiento.
Eryan levantó la mirada.
—¿Puedes enseñarnos?
—Puedo enseñarles lo básico.
—¿Y después?
—Después tendrán que encontrar a un verdadero maestro.
—¿Dónde?
Neria respondió:
—En Elaris.
---
Continuaron caminando.
El sol comenzó a descender.
El cielo adquirió tonos naranjas y violetas.
Cuando llegaron al río, Eryan se quedó impresionado.
Era enorme.
Mucho más ancho que cualquier río que hubiera visto en Aetherya.
El agua brillaba con pequeños reflejos dorados.
Al otro lado podía verse una carretera que conducía hacia las montañas.
—¿Cómo cruzaremos?
Neria señaló un pequeño muelle.
Había una embarcación.
Un hombre mayor estaba sentado allí.
Neria se acercó.
Hablaron durante unos minutos.
Finalmente regresó.
—Nos llevará.
—¿Gratis?
—No exactamente.
Lina suspiró.
—¿Qué quiere?
—Una cosa.
Neria miró a Eryan.
—Quiere ver la marca.
Eryan se quedó inmóvil.
—¿Cómo sabe que la tengo?
—No lo sé.
El hombre los observaba desde el muelle.
Su mirada estaba fija en Eryan.
—No me gusta —dijo Lina.
—A mí tampoco —respondió Eryan.
Neria se acercó al hombre.
—No es un objeto de exhibición.
El anciano sonrió.
—No quiero verlo.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Quiero saber si la historia es verdadera.
Eryan se acercó.
—¿Qué historia?
El anciano lo miró.
Sus ojos se abrieron.
—Los ojos...
—¿Qué ocurre con mis ojos?
El hombre se levantó lentamente.
—Son iguales.
—¿A quién?
El anciano bajó la voz.
—Al último Guardián.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Lo conociste?
—No.
El hombre miró hacia las montañas.
—Pero mi abuelo sí.
—¿Y qué dijo?
El anciano respondió:
—Dijo que el Guardián tenía los mismos ojos que tú.
Eryan no sabía qué pensar.
—¿Y qué ocurrió con él?
El anciano negó.
—Desapareció.
—¿Hace cuánto?
—Ciento treinta y siete años.
Eryan sintió que el corazón se detenía.
La misma cantidad.
Neria también lo comprendió.
—El mismo día que desapareció Aetherya.
El anciano asintió.
—Exactamente.
---
Esa noche acamparon junto al río.
Neria encendió una pequeña fogata.
Lina preparó la comida.
Kael permaneció mirando las llamas.
Eryan estaba sentado aparte.
No podía dejar de pensar en las palabras del anciano.
El último Guardián desapareció el mismo día que Aetherya.
¿Y si no era una coincidencia?
¿Y si aquel Guardián tenía algo que ver con su familia?
Neria se sentó junto a él.
—Estás pensando demasiado.
—¿Cómo sabes?
—Porque llevas diez minutos mirando el fuego sin parpadear.
Eryan sonrió ligeramente.
—Neria.
—¿Sí?
—¿Crees que el último Guardián podría ser mi padre?
Ella permaneció callada.
—No lo sé.
—Pero es posible.
—Sí.
Eryan bajó la mirada.
—Entonces tengo que encontrarlo.
Neria negó.
—Primero tienes que encontrar respuestas.
—Es lo mismo.
—No.
Neria lo miró seriamente.
—Si vas detrás de alguien sin saber qué estás buscando, terminarás cayendo en una trampa.
Eryan guardó silencio.
—¿Entonces qué debo hacer?
—Aprender.
—¿Aprender qué?
—A controlar tu poder.
Neria señaló sus manos.
—Hoy creaste una barrera.
Eryan miró sus dedos.
—Fue un accidente.
—También abriste una puerta dimensional.
—También fue un accidente.
—Y activaste una marca que llevaba más de cien años dormida.
Eryan suspiró.
—Eso tampoco lo hice a propósito.
Neria sonrió.
—Precisamente.
Se puso de pie.
—Mañana comenzaremos.
---
La mañana siguiente llegó demasiado pronto.
Neria despertó a Eryan antes del amanecer.
—Levántate.
—Tengo sueño.
—No me importa.
—Solo cinco minutos.
—No.
Eryan abrió un ojo.
—¿Siempre eres así?
—Sí.
Lina se rió desde su manta.
—Me cae bien.
Eryan se levantó.
Neria lo llevó hasta un pequeño claro.
—Primera lección.
—¿Cuál?
—No intentes controlar el poder.
Eryan frunció el ceño.
—¿Entonces qué hago?
—Escúchalo.
—No entiendo.
Neria se sentó frente a él.
—Cierra los ojos.
Eryan obedeció.
—Respira.
Lo hizo.
—Olvida lo que ocurrió en el orfanato.
Eryan respiró nuevamente.
—Olvida la puerta.
Intentó hacerlo.
—Olvida a los hombres.
Su respiración se calmó.
—Ahora escucha.
Eryan escuchó.
El viento.
Las hojas.
El río.
Los pájaros.
Los pasos de Lina.
La respiración de Kael.
Y entonces...
algo más.
Un latido.
No venía de su cuerpo.
Venía de dentro.
Tum.
Eryan abrió los ojos.
Una pequeña luz apareció en su mano.
Neria sonrió.
—Ahí está.
La luz aumentó.
Pero esta vez Eryan no sintió dolor.
Era cálida.
Tranquila.
—¿Qué hago?
—No la fuerces.
Eryan respiró.
La luz permaneció.
—Lo estoy haciendo.
—Sí.
Entonces ocurrió algo inesperado.
La luz comenzó a cambiar.
De violeta...
a blanco.
Neria abrió los ojos.
—Detente.
Eryan intentó hacerlo.
Pero ya era demasiado tarde.
Una imagen apareció frente a él.
Un lugar desconocido.
Una ciudad enorme.
Torres blancas.
Cientos de personas.
Y en medio de la ciudad...
un gigantesco árbol de cristal.
Eryan escuchó una voz.
Una voz femenina.
—Aeryn...
La imagen desapareció.
Eryan cayó de rodillas.
Neria corrió hacia él.
—¿Qué viste?
Eryan respiraba con dificultad.
—Una ciudad.
—¿Dónde?
—No lo sé.
—¿Qué más?
Eryan miró la mano.
La luz había desaparecido.
—Un árbol.
Neria se quedó inmóvil.
—¿Un árbol de cristal?
Eryan asintió.
Neria palideció.
—Entonces sé dónde tenemos que ir.
—¿Dónde?
Neria miró hacia el norte.
—Elaris.
Eryan se levantó lentamente.
—¿Qué hay allí?
Neria respondió:
—El Árbol del Origen.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Y qué es?
Neria lo miró.
—Según las antiguas historias...
Hizo una pausa.
—Es el lugar donde comenzó la primera puerta dimensional.
Eryan miró las montañas.
Por primera vez, su viaje tenía un destino.
Pero no sabía que, al mismo tiempo, muy lejos de allí, alguien había sentido el despertar de su poder.
En una habitación completamente oscura, una figura abrió los ojos.
—Finalmente...
Sobre una mesa había un mapa.
Un punto violeta acababa de aparecer.
La figura sonrió.
—El heredero está en Lumeria.
Y después añadió:
—Encuéntrenlo antes de que llegue al Árbol del Origen.