María solo quería llegar a tiempo a la facultad. Pero después de un accidente, despierta en un mundo que debería existir únicamente dentro de las páginas de una novela.
Ahora es Livia, la hija del medio de una de las familias más poderosas de Nivaria.
Y hay un pequeño problema...
Conoce la historia.
Sabe que su vida está destinada a convertirse en un infierno, que un príncipe terminará destruyendo todo a su alrededor y que alguien que debería haber sido un gran rey acabará muriendo por una traición.
Pero Livia no piensa quedarse de brazos cruzados.
Si el destino ya escribió su final...
ella piensa reescribirlo. ❄️👑✨
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20
La mañana había comenzado con una tranquilidad engañosa.
El palacio estaba en silencio, al menos en comparación con la noche anterior.
Después del banquete, las risas, la música y las interminables conversaciones entre nobles, la mayoría de los invitados parecía necesitar varias horas de descanso.
La reina Isolde, sin embargo, había comenzado el día temprano.
Había organizado una pequeña reunión de té con algunas damas nobles que todavía permanecían en el palacio. Era un encuentro aparentemente sencillo, acompañado por delicadas tazas, dulces y conversaciones que, en realidad, rara vez eran tan inocentes como parecían.
Las damas hablaban de vestidos.
De próximos eventos.
De compromisos.
De rumores.
Sobre todo, de rumores.
Isolde permanecía sentada en la cabecera de la mesa, escuchando más de lo que hablaba.
Su mente regresaba constantemente a la noche anterior.
Ella sabía que Adrián había planeado algo.
No conocía todos los detalles, pero había aprendido hacía mucho tiempo que su esposo rara vez hacía algo sin esperar obtener algún beneficio.
Y últimamente había prestado demasiada atención a Livia.
Especialmente después de descubrir que la joven poseía una magia mucho más poderosa de lo que habían imaginado.
Isolde sabía que Adrián quería mantenerla cerca.
Demasiado cerca.
Por eso había decidido actuar.
La noche anterior había dado una orden sencilla a una de sus sirvientas.
Seguir a Elías.
Y cuando una joven entrara en la misma habitación que él, cerrar la puerta.
Isolde estaba convencida de que aquella joven sería Livia.
Después de todo, el plan de Adrián parecía demasiado evidente.
Su hijo.
La prometida.
Una noche.
Una habitación cerrada.
La reina no necesitaba conocer todos los detalles para comprender lo que su esposo intentaba hacer.
Pero algo había ocurrido.
Algo que Isolde todavía no sabía.
Mientras una de las damas hablaba sobre un próximo evento, las puertas del salón se abrieron.
Una sirvienta entró apresuradamente.
Su rostro estaba pálido y parecía bastante alterada.
Isolde levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
La joven se acercó a la mesa, intentando recuperar el aliento.
—Majestad... ha ocurrido algo.
Las conversaciones comenzaron a apagarse.
Varias damas dejaron sus tazas sobre la mesa y dirigieron la mirada hacia la sirvienta.
Isolde frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué sucedió?
La joven bajó la voz.
—Esta mañana fui al ala este y encontré una de las habitaciones cerrada.
—¿Y eso qué tiene de extraño? —preguntó una de las damas.
La sirvienta tragó saliva.
—Escuché movimientos en el interior.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
Isolde mantuvo la mirada fija en ella.
—¿Quién está dentro?
La joven dudó.
—El príncipe Elías.
El salón quedó en silencio.
La sirvienta continuó rápidamente.
—Y no está solo.
Las damas comenzaron a mirarse entre ellas.
—¿Con quién está?
—No pude ver claramente quién era —respondió la joven—. Pero anoche vi entrar a una joven en esa habitación y, desde entonces, nadie ha salido.
Las miradas se cruzaron.
Una de las damas susurró:
—¿Lady Livia?
La sirvienta no respondió.
No podía asegurarlo.
Pero el simple hecho de que alguien hubiera mencionado su nombre fue suficiente para que los murmullos aumentaran.
Isolde permaneció seria.
—¿Estás segura de que nadie salió durante la noche?
—Sí, Majestad.
La reina se levantó lentamente.
—Entonces iremos a comprobarlo.
Las damas comenzaron a levantarse detrás de ella.
La noticia había despertado demasiado interés como para que alguna quisiera quedarse atrás.
Isolde hizo una señal a otra sirvienta.
—Avise al archiduque Marcus y a la archiduquesa Elisa. Dígales que deben venir inmediatamente.
—Sí, Majestad.
La joven salió apresuradamente.
Isolde volvió la mirada hacia el corredor.
Algo había ocurrido.
Y todavía no sabía exactamente qué.
Lo único que sabía era que, si Livia realmente estaba dentro de aquella habitación con Elías, las consecuencias podían ser enormes.
Lo que nadie sabía era que Livia ni siquiera se encontraba allí.
Había abandonado la fiesta temprano la noche anterior y había regresado a casa junto a Cael, Darian y Amelia.
Y ahora estaba regresando al palacio, completamente ajena al caos que se había desatado en su ausencia.
---
La noticia comenzó a extenderse por el palacio.
De manera silenciosa.
Pero increíblemente rápida.
Para cuando Isolde y las damas llegaron al corredor, varias personas ya se encontraban cerca.
Sirvientes.
Algunos nobles.
Consejeros.
Todos intentando descubrir qué había ocurrido.
La puerta continuaba cerrada.
La misma puerta que la sirvienta había cerrado la noche anterior.
Isolde se detuvo frente a ella.
—¿Nadie entró?
—No, Majestad.
—¿Nadie salió?
—No.
La reina observó la puerta durante unos segundos.
Entonces se giró hacia otra sirvienta.
—Avisen inmediatamente al archiduque Marcus y a la archiduquesa Elisa.
La joven inclinó la cabeza.
—Sí, Majestad.
Mientras la sirvienta se alejaba, los murmullos comenzaron nuevamente.
Isolde permaneció seria.
No quería pensar en las consecuencias.
Si Livia estaba dentro, aquello podía convertirse en un problema.
Aunque, probablemente, era exactamente lo que Adrián quería.
La prometida y el príncipe unidos de una forma que hiciera imposible cualquier cambio.
Isolde suspiró.
No sabía qué pensaría su esposo.
Ni siquiera sabía si debía alegrarse o preocuparse.
Solo quería descubrir qué había ocurrido realmente.
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Mientras tanto, Livia regresaba al palacio.
La noche anterior había abandonado la fiesta temprano.
Había regresado a su casa junto a Cael, Darian y Amelia, dejando atrás el ruido, la música y, para su enorme alivio, las interminables conversaciones de los nobles.
Después de llegar a casa había dormido.
Por primera vez en mucho tiempo, había tenido una noche relativamente tranquila.
Y, teniendo en cuenta su vida actual, aquello ya era un acontecimiento digno de celebración.
A la mañana siguiente había decidido regresar al palacio.
No esperaba nada especial.
Tal vez ver a su familia.
Tal vez encontrarse con Cael.
Tal vez descubrir que Mariana había intentado arruinarle el día de alguna manera nueva e innovadora.
Livia consideraba que las posibilidades eran bastante altas.
Pero no esperaba encontrarse con medio palacio reunido frente a una habitación.
A medida que se acercaba, comenzó a reconocer algunos rostros.
Nobles.
Sirvientes.
Damas.
Y, en medio de todos ellos, la reina Isolde.
Livia disminuyó el paso.
Frunció el ceño.
Esto no parece bueno.
Se acercó un poco más.
Entonces vio a sus padres acercándose desde el otro extremo del corredor.
Elisa parecía preocupada.
Marcus tenía el rostro completamente serio.
Livia abrió los ojos.
Ahora sí que esto no parece bueno.
Elisa fue la primera en verla.
La archiduquesa se detuvo.
Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil.
Después abrió los ojos.
—¿Livia?
Todas las personas que se encontraban cerca comenzaron a girarse.
Livia se detuvo.
Miró a su madre.
Después miró a su padre.
Luego a la reina.
Después a la puerta.
Finalmente volvió a mirar a todos.
—Sí —respondió lentamente—. Soy yo.
Elisa caminó rápidamente hacia ella.
—¿Dónde estabas?
Livia parpadeó.
—En mi casa.
Marcus se acercó.
—¿En tu casa?
—Sí.
Livia comenzó a sentirse todavía más confundida.
—Me fui temprano de la fiesta anoche.
Miró a su alrededor.
—¿Por qué me preguntan eso?
Elisa la observó como si todavía necesitara comprobar que realmente estaba allí.
Marcus frunció el ceño.
La reina permaneció completamente quieta.
Y, lentamente, Isolde volvió la mirada hacia la puerta.
Si Livia estaba allí...
Entonces la joven que había entrado con Elías era otra persona.
El silencio se volvió pesado.
Livia observó las expresiones de todos.
Después miró nuevamente la puerta.
—Bueno... ¿alguien va a explicarme qué está pasando?
Nadie respondió.
Livia suspiró.
—Perfecto. Me voy una noche temprano y aparentemente me pierdo el capítulo más importante de la historia.
Darian, que se encontraba unos pasos detrás de ella, tuvo que contener una risa.
Cael no dijo nada.
Pero la pequeña sonrisa que apareció en su rostro no pasó desapercibida para Livia.
Ella lo miró.
—No te rías.
—No me estoy riendo.
—Eso parece una mentira.
—No tengo pruebas.
Livia abrió la boca.
Después decidió que no valía la pena.
Había demasiada gente.
Demasiadas miradas.
Y una puerta misteriosa.
Definitivamente, tenía problemas más importantes.
Isolde respiró profundamente.
Miró a la sirvienta.
—Abran la puerta.
El corredor quedó completamente en silencio.
Nadie habló.
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Todas las miradas se concentraron en el interior.
Livia observó por encima de los hombros de las personas.
Y durante unos segundos no comprendió lo que estaba viendo.
Elías estaba allí.
De pie junto a la cama.
Parecía completamente sorprendido.
Su ropa estaba desordenada mientras intentaba acomodarse.
Pero no estaba solo.
Sobre la cama, cubierta por las sábanas, se encontraba una joven.
Una de las damas dejó escapar un pequeño jadeo.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
La joven se movió.
Y su rostro quedó a la vista.
El silencio regresó.
Esta vez nadie fue capaz de hablar.
Livia frunció el ceño.
Elisa abrió los ojos.
Marcus permaneció inmóvil.
La reina Isolde palideció.
Porque la joven que estaba sobre la cama no era Livia.
Era la princesa del reino vecino.
Durante unos segundos, nadie dijo una sola palabra.
Después comenzaron los murmullos.
—La princesa...
—¿Qué hace ella aquí?
—Estaba con el príncipe.
—Toda la noche...
—Esto es imposible.
Livia miró a Cael.
Cael la miró a ella.
Livia abrió lentamente los ojos.
—Ah.
Cael levantó una ceja.
—¿Eso es todo lo que vas a decir?
Livia volvió a mirar la habitación.
—Estoy procesando.
—¿Procesando qué?
—Que por una vez no soy yo la que está en problemas.
Cael soltó una pequeña risa.
Livia levantó una ceja.
—Y sinceramente, es una sensación bastante agradable.
El momento no duró demasiado.
Una voz furiosa resonó desde el final del corredor.
—¡¿Qué está ocurriendo aquí?!
Todos se giraron.
El padre de la princesa avanzaba rápidamente por el corredor.
Su rostro estaba completamente furioso.
Las personas comenzaron a apartarse de su camino.
El hombre llegó hasta la puerta.
Miró a su hija.
Después miró a Elías.
El silencio volvió a caer sobre todos.
Livia dejó de sonreír.
Incluso ella comprendió que aquello acababa de convertirse en algo serio.
Muy serio.
El padre de la princesa apretó los puños.
Elías permaneció inmóvil.
La reina observaba la escena sin saber qué decir.
Y Livia, por primera vez desde que había llegado, deseó haberse quedado tranquilamente en su casa.
Porque estaba bastante segura de que aquello acababa de convertirse en el problema político más grande del reino.
Y apenas estaba comenzando.
de ser así q cael sea el salvador...😅
lo estás haciendo increíble y tú historia me a enganchado....
no pares 👍🏽 lo haces genial y lo importante esq tú lo disfrutes siempre
ánimo y bendiciones
😊