NovelToon NovelToon
LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 — La fotografía

La mujer corría descalza por el largo pasillo mientras las luces del techo parpadeaban sobre su cabeza. Cada destello iluminaba durante un segundo su rostro desencajado, sus manos cubiertas de sangre y la sombra que avanzaba detrás de ella.

No se atrevía a mirar hacia atrás.

Sabía que algo la seguía.

Algo que no debía estar allí.

Su respiración se volvió entrecortada. El aire parecía haberse vuelto más pesado dentro de aquella casa, como si las paredes se cerraran lentamente a su alrededor. A cada paso sentía el frío subir desde el suelo hasta sus piernas.

Entonces escuchó el sonido.

Un golpe.

Después otro.

Y otro.

Alguien estaba golpeando una puerta.

La mujer se detuvo.

Frente a ella había una puerta antigua de madera oscura.

En el centro tenía una pequeña placa metálica.

17.

El número estaba oxidado.

La mujer comenzó a temblar.

—No... —susurró.

Los golpes cesaron.

Durante unos segundos, la casa quedó completamente en silencio.

Entonces una voz llegó desde el otro lado de la puerta.

—Por fin regresaste.

La mujer retrocedió.

—Yo no fui...

La voz volvió a hablar.

Esta vez mucho más cerca.

—Lo sé.

La mujer sintió que las piernas dejaban de responderle.

—Entonces... ¿por qué estás aquí?

No hubo respuesta.

Solo se escuchó el sonido lento de una cerradura girando.

Clic.

La puerta comenzó a abrirse.

La mujer quiso correr, pero detrás de ella apareció una figura.

Alta.

Inmóvil.

Vestida completamente de negro.

Ella cerró los ojos.

—Por favor...

La figura inclinó lentamente la cabeza.

—Dijiste que jamás volverías.

La mujer abrió los ojos.

Y entonces comprendió.

No estaba hablando con un desconocido.

Aquella voz la había perseguido durante treinta años.

La puerta de la habitación 17 terminó de abrirse.

La oscuridad del interior parecía más profunda que la noche que había detrás de las ventanas.

La mujer dio un paso hacia atrás.

—Ella está muerta.

La figura sonrió.

—Eso creías.

Un grito desgarrador atravesó la casa.

Después, silencio.

Tres semanas después, Valeria Salvatierra recibió una caja que no esperaba.

La encontró sobre el escritorio de su pequeño apartamento a las ocho y cuarenta y tres de la mañana, justo cuando regresaba de comprar café. La había dejado allí alguien mientras ella estaba fuera.

No había escuchado el timbre.

No había escuchado pasos en el pasillo.

Ni siquiera había oído abrirse la puerta.

Valeria dejó el vaso de café sobre la mesa y observó la caja.

Era pequeña, rectangular y estaba cubierta de polvo.

No tenía remitente.

Tampoco dirección.

Solo su nombre escrito sobre la tapa con una letra negra, fina y perfectamente ordenada.

VALERIA SALVATIERRA.

Se quedó mirándola durante varios segundos.

Era periodista desde hacía seis años y había aprendido que los paquetes anónimos casi nunca traían buenas noticias.

Tomó el teléfono.

Fotografió la caja.

Después fotografió la puerta de su apartamento.

Por último, revisó la cerradura.

No estaba forzada.

Valeria frunció el ceño.

—Esto no tiene sentido.

Dejó el teléfono sobre la mesa y volvió a mirar la caja.

Una parte de ella quería abrirla inmediatamente.

La otra le decía que llamara a la policía.

Ganó la curiosidad.

Siempre ganaba.

Se puso unos guantes de látex que guardaba en uno de los cajones de su escritorio y utilizó una pequeña navaja para cortar la cinta adhesiva.

La tapa se levantó.

Dentro había tres objetos.

Una fotografía antigua.

Un recorte de periódico.

Y una llave.

Valeria tomó primero la fotografía.

Era una imagen en blanco y negro.

Cinco personas estaban frente a una enorme casa de estilo antiguo.

Cuatro hombres y una mujer.

Todos parecían jóvenes.

La casa detrás de ellos tenía tres pisos, ventanas altas y una torre en uno de los extremos.

Valeria acercó la fotografía a la luz.

Había algo extraño.

La mujer estaba en el centro.

Su rostro había sido cuidadosamente tachado con tinta negra.

No era una mancha.

Alguien había querido borrar su identidad.

Valeria giró la fotografía.

En la parte posterior había una frase escrita a mano.

La leyó una vez.

Después volvió a leerla.

Ella murió hace treinta años.

Debajo había otra línea.

Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.

Valeria dejó caer la fotografía.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

No sabía por qué aquella frase le producía una sensación tan desagradable.

Quizá porque la persona que la había escrito parecía estar aterrada.

O quizá porque la tinta todavía parecía reciente.

Tomó el recorte de periódico.

El papel estaba amarillento y quebradizo.

En la parte superior aparecía una fecha.

14 de octubre de 1996.

El titular decía:

JOVEN DESAPARECE DURANTE UNA REUNIÓN PRIVADA

Valeria comenzó a leer.

Una mujer de veinticuatro años había desaparecido durante una reunión celebrada en una antigua propiedad ubicada a las afueras de la ciudad.

Cinco personas habían estado presentes.

Cuatro aseguraban no saber qué había ocurrido.

La quinta había desaparecido.

La policía había registrado la propiedad durante tres días.

No encontraron el cuerpo.

El caso fue archivado siete meses después.

Valeria continuó leyendo.

Hasta que llegó al último párrafo.

Allí aparecía una frase subrayada con tinta roja.

La habitación número 17 permaneció cerrada durante toda la investigación.

Valeria levantó lentamente la mirada.

La llave estaba sobre la mesa.

Una pequeña llave metálica.

En una de sus caras tenía grabado un número.

17.

Sintió un escalofrío.

—No puede ser...

Tomó nuevamente la fotografía.

Esta vez observó la casa.

Contó las ventanas.

Una.

Dos.

Tres.

Luego vio una ventana en el tercer piso.

La única completamente cubierta por una cortina negra.

Amplió la fotografía con el teléfono.

Algo apareció detrás del cristal.

Una silueta.

Valeria dejó de respirar durante un instante.

Amplió todavía más.

La imagen perdió nitidez.

Pero aquella figura seguía allí.

Una mujer.

De pie detrás de la ventana.

Mirando directamente hacia la cámara.

Valeria sintió que un frío intenso le recorría la espalda.

Volvió a mirar el rostro tachado de la fotografía.

Después la ventana.

Entonces comprendió algo.

La fotografía había sido tomada frente a la casa.

La mujer que aparecía detrás de la ventana estaba en el tercer piso.

Pero según el artículo...

la casa llevaba seis meses completamente abandonada cuando aquella fotografía fue tomada.

Valeria se levantó bruscamente.

La silla cayó al suelo.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Después tomó el teléfono.

Buscó el número de la persona que le había enviado la caja.

No había ninguno.

Buscó algún dispositivo de rastreo.

Nada.

Revisó nuevamente el interior.

Debajo del periódico había un pequeño papel doblado.

Valeria lo abrió.

Solo tenía una frase.

NO ABRAS LA HABITACIÓN 17.

Debajo había otra línea.

Esta vez escrita con una letra diferente.

Ella ya sabe que tienes la llave.

El teléfono de Valeria comenzó a sonar.

Un número desconocido.

Ella miró la pantalla.

No respondió.

El teléfono dejó de sonar.

Cinco segundos después volvió a sonar.

Valeria apretó los labios.

Finalmente contestó.

—¿Quién habla?

Al principio solo escuchó respiración.

Lenta.

Profunda.

Después una voz femenina susurró:

—¿Encontraste la fotografía?

Valeria sintió que el corazón se le detenía.

—¿Quién eres?

Silencio.

—¿Quién eres? —repitió.

La mujer respondió:

—La persona que cometió el error de abrir esa puerta.

Valeria miró la llave sobre la mesa.

—¿Qué puerta?

La llamada quedó en silencio.

Entonces escuchó tres golpes.

Toc.

Toc.

Toc.

Valeria palideció.

Los golpes no provenían del teléfono.

Venían del pasillo.

Alguien estaba llamando a la puerta de su apartamento.

La voz al otro lado de la llamada susurró:

—No abras.

Valeria no se movió.

Toc.

Toc.

Toc.

La persona del pasillo volvió a golpear.

Y entonces una voz masculina habló desde el otro lado de la puerta.

—Valeria.

Ella dejó caer el teléfono.

Porque aquella voz...

era exactamente igual a la voz de su padre.

Su padre llevaba muerto once años.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play