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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:83
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

Si la vida en la mansión Jeon ya tenía su toque de caos encantador, el anuncio del embarazo transformó la rutina diaria en un protocolo de seguridad digno de una cumbre de mandatarios internacionales. El alguna vez implacable y calculador Jeon Jungkook había mutado oficialmente en el espécimen más neurótico, adorable y exagerado de la faz de la tierra: el "Papá Sobreprotector Nivel Dios".

A las siete de la mañana del lunes, Suki bajó las escaleras en zapatillas de casa y se detuvo en el último escalón, con los ojos desorbitados.

El elegante suelo de mármol del vestíbulo principal había desaparecido por completo. En su lugar, un piso acolchado de espuma viscoelástica, de un suave color crema, cubría cada rincón del suelo. Y no solo eso: todas las esquinas de los muebles de diseñador, las mesas de centro de cristal y los marcos de las puertas estaban forrados con gruesos protectores de silicona con forma de cabezas de osito.

—¿Pero qué... qué es esto? —balbuceó Suki, dando un paso cauteloso sobre la superficie abullonada, sintiendo cómo sus pies se hundían ligeramente como si caminara sobre una nube gigante.

—Es un sistema de mitigación de impacto de grado industrial, señora Suki —anunció el secretario Ho-jin, apareciendo desde el pasillo con un cronómetro y un casco de seguridad blanco colgado del brazo—. El director Jeon determinó que, dada su tendencia estadística a tropezar con la gravedad misma tres veces por semana, la mansión requería una reestructuración de infraestructura inmediata.

En ese momento, Jungkook salió de la cocina vistiendo un delantal que decía *"Papá en Entrenamiento"* sobre su traje a medida de mil dólares. Llevaba en las manos una bandeja de plata con un vaso de leche tibia, una porción de fruta picada en cubos perfectos de un centímetro y una tostada de aguacate.

—¡Suki! ¡No te muevas tan rápido! —exclamó Jungkook, caminando hacia ella a paso acelerado pero exageradamente amortiguado—. La aceleración repentina no es buena para el bebé. Y por favor, mantente alejada de las escaleras. A partir de hoy, Ho-jin y yo te bajaremos en una silla de ruedas especial si es necesario.

Suki cruzó los brazos sobre el pecho y lo miró con las mejillas infladas por la indignación y la risa contenida.

—¡Jeon Jungkook! ¡Tengo cuatro semanas de embarazo, no soy de cristal! —protestó ella—. ¡Además, tapaste el mármol italiano con alfombras de parque infantil!

—El mármol italiano es duro y traicionero, mi amor —respondió Jungkook con total seriedad, ofreciéndole el vaso de leche como si fuera un elíxir sagrado—. Y según el manual de obstetricia que leí anoche —el cual tiene ochocientas páginas y memoricé en tres horas—, el estrés muscular debe reducirse a cero. Por lo tanto, tu empresa de catering queda temporalmente suspendida.

—¡¿Qué?! —gritó Suki, casi atragantándose.

—No suspendida del todo —se apresuró a aclarar Jungkook al ver las llamas de fuego en los ojos de su esposa—. Solo que no tocarás una sola estufa, no picarás una sola cebolla y no cargarás nada que pese más que una pluma de ganso. He contratado a tres chefs ejecutivos para que hagan el trabajo pesado bajo tu supervisión. Y para garantizar que no haya "accidentes gastronómicos", te presento a tu nuevo equipo de apoyo personal.

Jungkook hizo una seña con la mano y, de la nada, tres hombres corpulentos de dos metros de altura, vestidos con trajes negros impecables, gafas de sol oscuras y pinganillos en las orejas, formaron una fila perfecta frente a Suki.

—Agente 1, Agente 2 y Agente 3 —presentó Jungkook con orgullo—. Su única misión de ocho de la mañana a ocho de la noche es acompañarte a un metro de distancia. Si ves un charco, ellos colocarán un paño. Si hay un escalón, ellos te darán el brazo. Si una mosca vuela cerca de ti, ellos la interceptarán.

Suki miró a los tres roperos de gimnasio, quienes le hicieron una reverencia de noventa grados en perfecto sincronismo.

—Buenos días, Señora Jeon. Velaremos por su seguridad —dijeron al unísono con voces profundas que hicieron retumbar la sala.

—Esto es ridículo... —murmuró Suki, pero la ternura en sus ojos la delató. Sabía que detrás de toda esa locura obsesiva había un hombre cuyo corazón desbordaba de un amor casi incontenible por ella y por el bebé en camino.

Sin embargo, Jungkook no era el único que se había tomado la protección de la familia con una seriedad cómica.

Unos pasos pesados y decididos se escucharon por el pasillo acolchado. El pequeño Byul apareció luciendo su capa de superhéroe, pero esta vez llevaba un estetoscopio de juguete al cuello, un par de guantes de plástico amarillos de limpiar y una linterna en la mano.

Byul marchó solemnemente hasta quedar frente a Suki, la miró fijamente a los ojos con el ceño fruncido y luego sacó una pequeña libretita de dibujos.

—Mamá Suki, reporte del Hermano Mayor —declaró Byul con voz firme—. Limpié el jardín de ramas peligrosas. Le dije al gato del vecino que no puede maullar muy fuerte porque el bebé está durmiendo en tu barriguita, y ya revisé que no haya ningún monstruo debajo de tu cama.

Suki sintió que el corazón se le derretía por completo. Se arrodilló sobre el acolchado —ante el pánico silencioso de los tres guardaespaldas que amagaron con dar un paso adelante— y abrazó a Byul con fuerza.

—Eres el capitán protector más valioso del mundo, Byul-ah —le dijo Suki, dándole un beso en la mejilla—. ¿Qué haría yo sin mi superhermano mayor?

Byul se puso rojo de orgullo y le dio unas palmaditas suaves en la barriga a Suki con un cuidado infinito.

—No te preocupes, bebé —le habló Byul a la panza de Suki con voz dulce y conspirativa—. Tu hermano Byul no va a dejar que papá Kook te vuelva loco con sus reglas tontas. Yo te voy a enseñar a comer chocolates a escondidas.

Jungkook fingió una tos indignada, aunque una sonrisa boba se le escapaba por la comisura de los labios. Ver a su sobrino —su hijo del corazón— asumiendo con tanto entusiasmo la llegada del nuevo integrante era la confirmación de que la familia que habían construido sobre las cenizas del dolor ahora florecía más fuerte que nunca.

Por la tarde, la "operación protección" alcanzó su punto máximo cuando Suki intentó sigilosamente hacerse un té de manzanilla. Apenas rozó el asa de la tetera, la alarma del detector de humo pareció sonar en la mente de Jungkook, quien apareció mágicamente detrás de ella quitándole la tetera de la mano.

—¡Suki! ¡Agua caliente a más de cuarenta grados es un peligro biológico para tus manos! —exclamó Jungkook, mientras el Agente 1 desplegaba un abanico para refrescar el aire por si la tetera había emitido demasiado vapor.

—¡Jungkook, por el amor de Dios, solo quería agua tibia! —se rio Suki, dejándose caer en la silla mientras negaba con la cabeza—. Si sigues así nueve meses, para el día del parto vas a terminar en el hospital pero en una camilla de siquiatría.

Jungkook suspiró, dejando la tetera a un lado. Miró a los guardaespaldas y a Ho-jin, haciéndoles una seña para que los dejaran solos un momento. Los tres hombres y el secretario se retiraron en silencio.

Jungkook se arrodilló frente a la silla de Suki, colocó sus manos sobre las rodillas de ella y apoyó la frente suavemente sobre la vientre aún plano de su esposa.

—Lo siento si te abrumo, mi amor —susurró Jungkook, y por primera vez en el día, su voz sonó vulnerable, transparente y profundamente emotiva—. Es solo que... pasé tanto tiempo de mi vida sintiendo que las cosas que más amaba se me escapaban de las manos... Perder a mi hermano me rompió por completo. Pero contigo y con Byul volví a respirar. Saber que dentro de ti hay una vida que creamos juntos me hace sentir el hombre más afortunado, pero también el más aterrorizado del planeta. No quiero que nada, absolutamente nada, les pase.

Suki sintió cómo una lágrima tibia se le escapaba. Enredó sus dedos en el cabello sedoso de Jungkook y le acarició la nuca con inmensa ternura.

—Nada nos va a pasar, mi arquitecto hermoso —dijo Suki suavemente, haciendo que él levantara la vista para mirarla—. Tienes el corazón más grande del mundo, pero tienes que confiar. Vamos a recorrer este camino juntos, paso a paso, tropezón a tropezón... aunque con este piso de espuma, dudo que me pueda tropezar jamás.

Jungkook dejó escapar una risita baja y dulce. Se levantó y besó los labios de Suki con una lentitud apasionada y cálida, envolviéndola en sus brazos como si fuera el tesoro más valioso de su existencia.

Sin embargo, lejos de la calidez de aquel abrazo, la realidad amenazaba con interrumpir su paz.

En los juzgados de Seúl, el secretario Ho-jin recibía una notificación oficial en su teléfono móvil. Al abrir el archivo digital, su rostro habitualmente inexpresivo se volvió sombrío.

Una demanda formal de impugnación de patria potestad acababa de ser radicada por el bufete de abogados de Cha Hae-won, alegando "inestabilidad familiar" y reclamando la custodia inmediata de Byul junto con la congelación de los fondos de su fideicomiso.

Ho-jin guardó el teléfono en el bolsillo de su saco, miró a través del cristal del ventanal hacia la sala donde Jungkook, Suki y Byul reían juntos rodeados de juguetes y cojines, y ajustó sus gafas con una frialdad absoluta.

—No en mi guardia, señorita Cha —murmuró Ho-jin para sí mismo—. Nadie toca a esta familia.

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