Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 18 — La prueba de la verdad
"La mentira más peligrosa no siempre es la que otros dicen... a veces es la que nosotros mismos creemos."
El silencio se había convertido en algo habitual.
Desde que aquella persona apareció en sus vidas, todos
habían aprendido a vivir con la sensación de estar siendo
observados.
Pero esta vez era diferente.
Ya no había cartas.
Ya no había fotografías.
No había mensajes durante varios días.
Y eso era precisamente lo que más preocupaba a Kento.
—Cuando alguien deja de hacer un movimiento...
normalmente significa que está preparando algo más grande.
Los demás permanecieron en silencio.
Porque todos sabían que tenía razón.
Una persona que había planeado cada detalle durante tanto tiempo no simplemente desaparecería.
Estaba esperando.
Y la espera era parte del juego.
Esa noche, mientras todos se encontraban juntos, las luces del lugar se apagaron de repente.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Solo se escuchó el sonido de la lluvia golpeando las ventanas.
Entonces un teléfono comenzó a sonar.
Era el de Yuki.
Un número desconocido.
Todos se acercaron.
Yuki respondió.
Pero nadie habló al otro lado.
Solo se escuchó una grabación.
—La primera prueba mostró algo interesante.
La voz estaba distorsionada.
Era imposible reconocerla.
—Creyeron que sus heridas eran su mayor debilidad...
Hubo una pausa.
—Pero se equivocaron.
El grupo permaneció atento.
—La verdadera debilidad de una persona no es su pasado.
Otra pausa.
—Es aquello que está dispuesto a perder.
La llamada terminó.
En ese mismo instante, todos recibieron una ubicación en sus teléfonos.
Un lugar desconocido.
Y debajo de ella, una frase:
"Si quieren respuestas, vengan."
Kento observó el mensaje con seriedad.
—Es una trampa.
—Lo sabemos —respondió Shuto.
—Entonces, ¿por qué iríamos?
Nadie respondió inmediatamente.
Porque esa era la pregunta.
Podían ignorarlo.
Podían quedarse lejos.
Pero también sabían que mientras más esperaran, más ventaja tendría esa persona.
Finalmente, Yuki habló.
—Porque si seguimos huyendo, él seguirá decidiendo por nosotros.
Aquellas palabras fueron suficientes.
No iban porque confiaran en el enemigo.
Iban porque querían recuperar el control de sus propias vidas.
Cuando llegaron al lugar indicado, encontraron una habitación
abandonada.
En el centro había una mesa.
Sobre ella había siete cajas.
Una para cada uno.
Nadie tocó nada.
Hasta que Kento encontró una nota.
"La segunda prueba es sencilla."
Leyó en voz alta.
"Elijan qué parte de ustedes están dispuestos a perder."
El ambiente cambió.
Dentro de cada caja había un objeto relacionado con su pasado.
Un recuerdo.
Una parte de su historia.
Algo que representaba quiénes habían sido.
Y entonces comprendieron.
La prueba no era física.
Era emocional.
La persona detrás de todo quería ver qué tan lejos estaban dispuestos a llegar.
Quería saber qué elegirían proteger.
Su orgullo.
Su dolor.
Su pasado.
O las personas que ahora tenían a su lado.
Yuki miró a los demás.
Por primera vez entendieron que aquella batalla no era contra alguien que estaba frente a ellos.
Era contra alguien que conocía sus miedos.
Pero también entendieron algo más.
Habían sobrevivido a cosas que antes parecían imposibles.
Y no habían llegado hasta allí para dejar que alguien más controlara su historia.
Muy lejos de aquel lugar, una persona observaba las imágenes de las cámaras.
Había visto cada movimiento.
Cada duda.
Cada mirada.
La prueba había comenzado.
Pero esta vez esperaba una respuesta diferente.
Porque quería descubrir una cosa:
Si aquellas personas realmente habían cambiado...
O si sus cicatrices seguían teniendo el control.