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Despertar en tu cuerpo

Despertar en tu cuerpo

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Escuela / Comedia / Pareja destinada / Completas
Popularitas:13.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dupi

Valentina Reyes tiene diecisiete anos, un promedio perfecto y un padre que camina con muletas. En Colonia Lomas del Paraiso, Guadalajara, la vida huele a paredes humedas y a los tamales que Don Tomas prepara antes del amanecer para vender en el tianguis. Valentina no se queja. Valentina sobrevive.

Santiago Montero Del Valle tiene diecisiete anos, un Porsche que no le importa y un padre que no sabe como hablarle. En la mansion de Puerta de Hierro, la vida huele a silencio. Santiago no pide ayuda. Santiago rompe cosas.

Una tarde en el Parque Metropolitano, un nino cae al lago. Los dos se lanzan al agua sin pensarlo. Cuando despiertan... estan en el cuerpo del otro.

Ella abre los ojos en una cama king size, rodeada de lujo y frialdad. El despierta en un cuarto diminuto donde un hombre cojo le dice "mija, ya esta el desayuno" con una sonrisa que nunca ha visto en su propia casa.

Valentina, atrapada en el cuerpo de Santiago, descubre que el dinero no compra lo que ella siempre tuvo: una familia que te abraza. Santiago, en el cuerpo de Valentina, descubre que en una casa donde gotea el techo puede existir mas amor del que jamas imagino.

Pero el intercambio tiene reglas que nadie les explico. Y mientras ella enfrenta a los enemigos corporativos de Grupo Montero y el descubre que las manos callosas de Don Tomas esconden un imperio en construccion, algo mucho mas peligroso que la magia empieza a crecer entre ellos.

Porque cuando vives la vida del otro... es imposible no enamorarte.

Una historia de risas, lagrimas, venganza dulce y un padre que le enseno al mundo que caminar distinto no significa caminar menos.

Yo se lo que es ser tu. Y aun asi, te elijo.

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Cap 19: El pisacorbatas de doscientos pesos

El cumpleaños de Fernando era el sábado.

Valentina lo supo porque Marisol había pasado la semana entera organizando una cena: menú con el chef, flores importadas, invitaciones a socios. Todo medido, elegante, impecable. Todo, excepto un detalle que Valentina notó el miércoles por la tarde: nadie le había comprado un regalo a Andrés.

No era el cumpleaños de Andrés. Era el de Fernando. Pero Valentina había observado algo durante cinco meses en esta casa: Andrés no recibía regalos. Nunca. No en Navidad, no en su propio cumpleaños, no en ninguna fecha. Fernando le daba bonos de la empresa. Marisol le compraba ropa que él nunca usaba. Nadie le daba algo personal.

Valentina pensó en Andrés. En todo lo que había observado durante estos meses. En el pay de limón que compraba cada semana para Santiago sin decírselo. En las visitas nocturnas para jalarle el pelo. En la tarjeta de cumpleaños escrita con letra de niño que guardaba en una caja detrás del baño. Andrés Montero era un hombre que daba en secreto y no recibía nada a cambio.

El jueves, Valentina fue a Centro Comercial Andares.

Andares era otro mundo. El vestíbulo central tenía un techo de cristal de tres pisos, pisos de mármol pulido y un olor a perfume nuevo que costaba más por metro cuadrado que el alquiler mensual de los Reyes. Valentina caminó por los pasillos con las piernas largas de Santiago —acostumbrada ya a su zancada, a la forma en que la gente se movía para darle paso a un joven alto y bien vestido.

Pasó frente a Ermenegildo Zegna. Frente a Hermès. Frente a una relojería donde el precio más bajo tenía cinco ceros. Cualquiera de esas tiendas habría aceptado la tarjeta de crédito de Santiago sin pestañear.

Valentina las ignoró todas.

Al final del segundo piso, junto a la salida del estacionamiento, había una tienda pequeña con vitrinas modestas. No tenía nombre de marca. Vendía accesorios de acero inoxidable: mancuernillas, clips de dinero, llaveros. Valentina entró.

Examinó la vitrina durante diez minutos, inclinándose sobre el cristal con la concentración que le dedicaba a un examen de biología. El vendedor —un hombre con chaleco y bigote canoso— la observó en silencio, acostumbrado a los clientes que miraban sin comprar.

Valentina señaló un pisacorbatas. Era sencillo: una barra de acero cepillado con un brillo mate, sin grabado, sin piedras, sin nada que lo hiciera especial excepto su forma limpia y directa. Exactamente como Andrés.

—¿Cuánto cuesta?

—Doscientos pesos, joven.

Doscientos pesos. En una casa donde las corbatas costaban cinco mil y los trajes se compraban en Milán, doscientos pesos era un número invisible.

—Me lo llevo.

El vendedor lo envolvió en una bolsa de papel simple. Valentina pagó con efectivo —dinero que había guardado de los gastos menores que Fernando le daba para "cosas de escuela."

* * *

La cena del sábado se sirvió a las ocho.

La mesa del comedor tenía doce lugares, pero solo cuatro estaban ocupados: Fernando en la cabecera, Andrés a su izquierda, "Santiago" a su derecha, y Marisol al fondo supervisando el servicio. Las flores eran orquídeas blancas. Los platos eran de porcelana con borde dorado. El chef había preparado un filete Wellington que Fernando cortó con la satisfacción silenciosa de un hombre que cumple años sin ilusión pero con protocolo.

Los regalos fueron predecibles. Andrés le dio a Fernando una pluma Montblanc — útil, costosa, impersonal. Marisol le dio una agenda de cuero. "Santiago" le dio un abrazo que Fernando recibió con rigidez y una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

Valentina esperó a que la cena terminara. Esperó a que Fernando subiera a su estudio. Esperó a que Marisol se retirara. Y cuando Andrés se levantó de la mesa para ir a su habitación, Valentina lo detuvo.

—Andrés.

Andrés se volvió. Su cara era la de siempre: compuesta, eficiente, hermética.

Valentina le extendió una bolsa de papel.

—Feliz cumpleaños, hermano. Sé que no es tu cumpleaños. Pero... nunca te he dado nada.

Andrés miró la bolsa. Luego miró a "Santiago." Su expresión no cambió, pero algo en sus ojos sí —un parpadeo, casi imperceptible, como el movimiento de una cortina cuando entra una corriente de aire que no debería estar ahí.

Tomó la bolsa. Sacó el pisacorbatas. Lo sostuvo entre el pulgar y el índice, girándolo bajo la luz del comedor. Doscientos pesos de acero cepillado contra un fondo de candelabros de cristal y mantelería importada.

Andrés no dijo nada durante treinta segundos. Valentina contó. Treinta segundos de silencio en los que Andrés miró el pisacorbatas como si fuera un documento que necesitaba tiempo para descifrar.

Luego hizo algo que Valentina no esperaba: se quitó el pisacorbatas que llevaba puesto —uno de Cartier que probablemente costaba lo que Don Tomás ganaba en un mes— y lo dejó sobre la mesa. Se puso el de doscientos pesos.

Lo ajustó con precisión. Lo alisó con el pulgar.

—Gracias —dijo. Una sola palabra. Pero la dijo mirando a "Santiago" directamente a los ojos, sin parpadear, y en esa mirada había algo que Valentina no le había visto en cinco meses de convivencia: gratitud. No la gratitud formal de alguien que recibe un favor. La gratitud rota de alguien que lleva años esperando algo sin saber qué era y acaba de encontrarlo.

Andrés se dio la vuelta y subió a su habitación. Valentina se quedó en el comedor vacío, mirando el pisacorbatas de Cartier abandonado sobre la mesa. Costaba cien veces más que el de acero. Pero Andrés no había dudado ni un segundo en cambiarlo.

* * *

Fernando apareció en la escalera diez minutos después. Valentina estaba recogiendo su vaso de la mesa.

—Santiago.

—¿Señor?

—¿Qué le diste a tu hermano?

—Un pisacorbatas.

—¿De dónde?

—De una tienda pequeña en Andares. Doscientos pesos.

Fernando procesó la información. Su cara pasó por tres expresiones en rápida sucesión: sorpresa, confusión y algo que se parecía a la vergüenza.

—¿Doscientos pesos? —repitió.

—Sí.

Fernando se quedó mirando a "su hijo." Abrió la boca. La cerró. La abrió de nuevo.

—Buenas noches, Santiago.

—Buenas noches, papá.

Fernando subió. Sus pasos en la escalera sonaron más lentos que de costumbre, como los de un hombre que sube cargando algo que no puede ver.

* * *

A las once de la noche, Valentina le escribió a Santiago: "Le regalé un pisacorbatas a tu hermano. De acero. Doscientos pesos."

Santiago respondió: "¿Y?"

"Se lo puso. Se quitó el de Cartier y se puso el mío."

Santiago no contestó inmediatamente. Cuando lo hizo, fue una sola línea:

"Yo nunca le di nada."

Valentina leyó el mensaje. Luego escribió: "Ahora sí."

En el piso de arriba, en su habitación, Andrés estaba sentado en el borde de la cama. Se había quitado el saco. Se había quitado la corbata. Pero el pisacorbatas seguía puesto, enganchado en la camisa, brillando bajo la lámpara de noche con su brillo modesto de acero.

Andrés abrió su teléfono. Buscó en la galería hasta encontrar una foto antigua: él, de siete años, cargando a un bebé Santiago. La miró. Luego miró el pisacorbatas.

Apagó la luz. No se quitó la camisa. Durmió con el pisacorbatas puesto, como un soldado que duerme con su medalla.

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Beatriz Juárez
felicidades porque fue una novela fuera de lo común, a lo que hay en la plataforma, eso sí en algunos capítulos me hiciste llorar pero la verdad disfruté muchísimo de esta historia de Valentina y Santiago. 👏👏👏👏👏👏
Beatriz Juárez
que puedo decir escritora, gracias por tan hermosa novela
Beatriz Juárez
magnífico lo que Santiago está haciendo con el dinero que su tío les robó a su familia
Beatriz Juárez
muy emotivo momento entre hermanos que nunca aprendieron a demostrarse cariño
Beatriz Juárez
cómo su mamá murió joven y ellos niños no hubo quien les demostrará cariño, amor y ya siendo unos hombres no saben cómo hacerlo y demostrarlo
Beatriz Juárez
hasta el momento que voy leyendo fantástica trama, algo fuera de lo común muy interesante
Didi
muy buena 👌 historia,
Didi
ya me enrede que no ya había vuelto a su cuerpo
Yailyn Mugica Oña
Hermosa novela
Cristina Alvarado
no entiendo está en la escuela como hombre o mujer o soy yo q no entiendo,me gusta la novela.
Marleni Lo: superó eya atrapada en el cuerpo de el y el en el d eya esta chido eso xk el esta conociendo k ay otra forma de kere y ver
total 1 replies
FGallito
Excelente obra qué necesita más promoción de nuestra parte
Mercedes Ramirez
Qe Hermosa Historia😍😍
FGallito
Esta medio enredos a, pero pensemos que son adolescentes 🤣🤣🤣. Me gusta
FGallito
Wow que novela tan bonita y melancólica, llena de matices y empatia
FGallito
Asi como son Tomas muchos padre se quitan el Bo afo de la boca por sus hijos sin reproche alguno
FGallito
Que buena esta la historia🥰
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile//Smile//Smile//Smile//Smile/
Maria Jurado alfaro
una de las mejores historias que he leído
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