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La Princesa Que Regresó Para Convertirse En Emperatriz

La Princesa Que Regresó Para Convertirse En Emperatriz

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho

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Capítulo 1 — El día de mi muerte

La nieve caía lentamente sobre el patio del Palacio Imperial.

Era hermosa.

Tan blanca, tan silenciosa...

Y, sin embargo, para Aurelia Rose Everhart aquella sería la última nieve que vería en su vida.

La joven princesa estaba arrodillada sobre el frío suelo de mármol, con las manos atadas detrás de la espalda. Su vestido imperial, que alguna vez había sido blanco y dorado, estaba manchado de sangre y barro.

Frente a ella se encontraba la multitud.

Nobles.

Caballeros.

Sirvientes.

Ciudadanos.

Todos habían acudido para presenciar la ejecución de la princesa imperial.

Aurelia levantó lentamente la cabeza.

Sus largos cabellos rosados caían sobre sus hombros, completamente desordenados. Sus ojos azules, que normalmente parecían tranquilos como el cielo de primavera, estaban llenos de cansancio.

Pero no de miedo.

Había llorado demasiado durante los últimos días.

Ya no le quedaban lágrimas.

—Princesa Aurelia Rose Everhart —anunció el juez imperial—. Por conspiración contra la Familia Imperial, intento de asesinato del heredero y traición contra el Imperio de Elarion, ha sido declarada culpable y condenada a muerte.

Aurelia soltó una pequeña risa.

Una risa amarga.

—¿Culpable...?

Miró alrededor.

Nadie respondió.

Entonces sus ojos se encontraron con los de su hermana.

La princesa Celestia estaba de pie junto al emperador.

Llevaba un hermoso vestido azul y una expresión de tristeza perfectamente ensayada.

Aurelia sintió que su pecho se apretaba.

—Celestia...

Su hermana bajó la mirada.

Ni siquiera fue capaz de mirarla a los ojos.

Aurelia había confiado en ella.

Durante diecinueve años había creído que Celestia era la única persona de su familia que realmente la quería.

Qué ingenua había sido.

Después de la muerte del príncipe Adrian, el hermano mayor de ambas, Aurelia se había convertido en una de las principales candidatas para ocupar el trono.

Aquello había sido suficiente para convertirla en un obstáculo.

Primero comenzaron los rumores.

Después desaparecieron documentos.

Más tarde aparecieron cartas falsificadas.

Y finalmente, alguien había intentado asesinar al emperador utilizando un veneno que encontraron entre las pertenencias de Aurelia.

Todo estaba perfectamente preparado.

Demasiado perfectamente.

Aurelia había intentado defenderse.

Había suplicado.

Había buscado pruebas.

Había pedido ayuda.

Pero nadie la escuchó.

Ni siquiera su padre.

El emperador Lucien Everhart permanecía sentado en el estrado, observándola con una expresión fría.

Aurelia sintió una punzada de dolor.

—Padre...

El emperador no respondió.

Entonces Aurelia comprendió algo.

Para él, ella ya estaba muerta.

El verdugo dio un paso hacia adelante.

Aurelia cerró los ojos.

Durante toda su vida había intentado convertirse en una hija digna del imperio.

Había estudiado historia.

Política.

Etiqueta.

Magia.

Había aprendido a sonreír frente a personas que la despreciaban y a permanecer en silencio cuando quería gritar.

Había renunciado a tantas cosas...

¿Y para qué?

Para morir sola.

Aurelia apretó los dientes.

—Si pudiera volver atrás...

El viento sopló con fuerza.

Los cristales mágicos que decoraban las torres del palacio comenzaron a brillar.

Una extraña luz azul apareció alrededor de Aurelia.

Los nobles comenzaron a murmurar.

—¿Qué está sucediendo?

—¡Es magia!

—¡Aléjense!

Aurelia abrió los ojos.

Por un instante, pudo ver algo imposible.

Estrellas.

Miles de estrellas flotaban alrededor de ella, aunque todavía era de día.

Y entonces escuchó una voz.

Una voz que parecía provenir de todas partes y de ninguna.

«¿Cambiarías tu destino si tuvieras una segunda oportunidad?»

Aurelia no sabía de dónde provenía aquella voz.

Pero sabía cuál era su respuesta.

—Sí.

Sin dudar.

—Cambiaría todo.

La luz la envolvió.

El dolor desapareció.

El frío desapareció.

El palacio desapareció.

Y después...

Nada.

---

—¡Princesa! ¡Princesa Aurelia!

Una voz llegó hasta ella.

Aurelia abrió lentamente los ojos.

El techo sobre su cabeza era blanco.

Había cortinas rosas alrededor de su cama.

Un pequeño escritorio estaba junto a la ventana.

Sobre él había varios libros infantiles.

Aurelia se incorporó.

Su respiración se volvió rápida.

Miró sus manos.

Eran pequeñas.

Demasiado pequeñas.

—¿Qué...?

Una joven doncella entró corriendo a la habitación.

—¡Princesa! ¡Se ha despertado!

Aurelia la miró fijamente.

Conocía ese rostro.

Era Mireya.

Pero Mireya tenía diecisiete años en sus recuerdos.

No podía ser.

La joven corrió hacia ella.

—¡Pensé que no despertaría! Se cayó mientras jugaba en el jardín y se golpeó la cabeza.

Aurelia se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué edad tengo?

Mireya parpadeó.

—¿Princesa?

—¡¿Qué edad tengo?!

La doncella parecía confundida.

—Ocho años, mi princesa.

Aurelia dejó de respirar durante unos segundos.

Ocho años.

Se levantó de la cama y corrió hacia el espejo.

Una pequeña niña de cabello rosa la observaba desde el reflejo.

Sus enormes ojos azules estaban abiertos por la sorpresa.

Era ella.

Pero no la Aurelia de diecinueve años.

Era la Aurelia de ocho.

La misma cara.

El mismo cabello.

Los mismos ojos.

La misma pequeña cicatriz sobre la ceja que se había hecho jugando en el jardín.

Aurelia llevó una mano a su rostro.

—Volví...

Mireya se acercó preocupada.

—¿Se siente mal, princesa?

Aurelia no respondió.

Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.

No era la sonrisa inocente de una niña.

Era la sonrisa de alguien que acababa de recibir una segunda oportunidad.

Recordaba todo.

Recordaba la muerte de Adrian.

Recordaba las conspiraciones.

Recordaba a Celestia.

Recordaba a Seraphine.

Recordaba el día de su ejecución.

Y, sobre todo...

Recordaba quién había estado detrás de todo.

Aurelia miró nuevamente su reflejo.

Esta vez no lloraría.

Esta vez no confiaría ciegamente.

Esta vez no permitiría que nadie decidiera su destino.

—Mireya.

—¿Sí, princesa?

Aurelia se giró hacia ella.

—Quiero que prepares una lista de todos los libros sobre historia imperial, política, magia y economía que haya en la biblioteca.

Mireya abrió los ojos.

—¿Todos?

—Todos.

—Pero, princesa, usted apenas tiene ocho años...

Aurelia sonrió.

—Entonces será mejor que empiece a estudiar cuanto antes.

Mireya no entendió aquella respuesta.

Pero Aurelia sí.

En su primera vida había pasado diecinueve años preparándose para ser una princesa.

En esta vida tendría todo ese tiempo para prepararse para algo mucho más importante.

Ser emperatriz.

Aurelia caminó hasta la ventana.

Desde allí podía ver las torres del Palacio Imperial.

El mismo palacio donde había vivido.

El mismo palacio donde había muerto.

Pero ahora todo era diferente.

El pasado estaba nuevamente frente a ella.

Y esta vez...

Ella conocía el futuro.

Aurelia cerró los ojos y recordó las últimas palabras que había pronunciado antes de morir.

«Cambiaría todo.»

Cuando volvió a abrirlos, sus ojos azules brillaron con una extraña luz dorada.

—Esta vez —susurró—, nadie me quitará el trono.

Afuera, las campanas del Palacio Imperial comenzaron a sonar.

Aurelia observó el cielo.

Su segunda vida acababa de comenzar.

Y el destino del Imperio de Elarion estaba a punto de cambiar.

1
Jarol Nañez Quiñones
pero como puede ser descendiente directo de elara si ella murio hace 300 años?
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
La emperatriz es una serpiente, mala madre 😡
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Excelente inicio, la bruja de la hermana no sabe lo que le espera 🥰🥰
Lerida del carmen Ramos vielma
interesante, vamos bien, sigue así autos le felicito 🥰 ojalá y pueda actualizar pronto 🥰
Lerida del carmen Ramos vielma: autora
total 1 replies
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