En la ciudad de Arcadia, la rutina terminó en un instante 🔥. Lo que comenzó como un supuesto accidente químico terminó convirtiéndose en el encierro más grande de la historia moderna 💥. Un domo de energía azul eléctrico cubre la ciudad completa: bloquea señales, distorsiona el aire y descarga electricidad a cualquiera que intente cruzarlo ⚡️. Nadie entra. Nadie sale 🚫.
Mientras el caos consume las calles, una infección conocida extraoficialmente como VX-17 comienza a propagarse 🔴. No mata de inmediato. No destruye el cuerpo. Destruye la conciencia 🧠.
Los infectados —apodados Los Vacíos— no sienten dolor, no sienten miedo… solo un impulso violento que los vuelve más rápidos, más agresivos y más activos en la oscuridad 💀.
Pero el verdadero horror no está solo en ellos 🤯. Un grupo de jóvenes atrapados en el Instituto Central Arcadia deberá aprender que sobrevivir no significa seguir siendo humanos 👥. Aislados, vigilados desde el exterior por drones militares 🚁.
NovelToon tiene autorización de Luis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 18
El Vacío abrió la boca. Y se lanzó hacia ellos. Ángel reaccionó por puro instinto. Se interpuso entre la criatura y Yeyra y levantó los brazos justo cuando el Vacío chocó contra él con una fuerza brutal. Ambos cayeron contra una mesa del aula que se volcó con estrépito.
...—¡Ángel! —gritó Yeyra....
El Vacío gruñía. Su aliento olía a sangre podrida. Sus dedos se clavaban como garras en la camisa de Ángel mientras intentaba morderle el cuello. Ángel giró el cuerpo y lanzó un puñetazo directo a la cara del Vacío. CRACK. La cabeza del infectado se sacudió hacia un lado. Pero no cayó.
El Vacío volvió a abalanzarse sobre él. Ángel bloqueó el ataque con el antebrazo y lanzó otro golpe, esta vez al estómago. Luego otro al rostro. Era como pelear contra algo que no sentía dolor.
El Vacío lo empujó con una fuerza inesperada. Ángel salió despedido y se estrelló contra una fila de pupitres. El aire abandonó sus pulmones.
...—¡Ángel!...
El Vacío se levantó. Y esta vez corrió directo hacia Yeyra. Ella retrocedió instintivamente hasta chocar contra la pared del aula.
...—¡No!...
El Vacío saltó hacia ella. Pero antes de que pudiera alcanzarla…
Ángel se levantó. Con un rugido de rabia, corrió hacia la criatura y la agarró por detrás. Le rodeó el cuello con un brazo y con la otra mano sujetó su cabeza.
...—¡ALÉJATE DE ELLA!...
Intentó tirar de su cabeza hacia atrás, forzando el cuello. El Vacío se agitó violentamente. Su mandíbula se abrió. Y entonces mordió. Los dientes se cerraron sobre la mano de Ángel.
...—¡AHH!...
El dolor explotó como fuego por su brazo. Ángel soltó un grito y golpeó al Vacío contra el suelo con toda su fuerza. La criatura se retorció. Ángel, respirando con dificultad, agarró una silla caída del suelo. La levantó. Y la estrelló contra la cabeza del Vacío. CRASH. Una vez. CRASH. Otra. CRASH. La tercera vez el cuerpo del Vacío quedó inmóvil.
El aula quedó en silencio. Ángel dejó caer la silla. Su respiración era irregular. Yeyra lo miraba con los ojos abiertos de par en par. Entonces vio la sangre.
...—Ángel…...
Él bajó la mirada. Las marcas de dientes en su mano eran profundas. La sangre corría entre sus dedos.
El silencio se volvió pesado. Ángel cerró los ojos un momento. Y entonces… recordó.
Flashback
El gimnasio olía a sudor y cuero. El saco de boxeo colgaba del techo balanceándose suavemente.
...—Más rápido —decía la voz de su entrenador....
Ángel golpeaba el saco una y otra vez.
...—No peleas con los brazos. Peleas con todo el cuerpo....
Ángel jadeaba.
...—¿Para qué necesito aprender esto?...
El hombre sonrió.
...—Para el día que alguien no tenga cómo defenderse....
Ángel golpeó el saco otra vez.
...—Entonces peleas por ellos....
El recuerdo se desvaneció. Ángel abrió los ojos. Yeyra estaba temblando.
...—Te mordió… —susurró....
Ángel miró su mano. La piel alrededor de la herida ya empezaba a oscurecerse.
...—Sí....
Yeyra negó con la cabeza.
...—No… no… no…...
...—Yeyra....
Ella levantó la mirada.
...—Escúchame....
Las lágrimas corrían por su rostro.
...—No digas nada…...
Ángel habló con calma.
...—Tenemos que movernos....
...—¡No! —gritó ella—. ¡No vas a morir!...
Ángel la miró. En sus ojos no había pánico. Solo una tristeza tranquila.
...—Todavía no....
Caminó hasta la ventana del aula. Miró hacia afuera. El patio trasero. El domo azul vibrando sobre el cielo. Y entonces vio movimiento. Personas.
...—Yeyra…...
Ella se acercó.
...—¿Qué?...
Ángel señaló.
...—Mira....
A lo lejos, cerca del domo, varias figuras estaban de pie. Un grupo.
...—Sobrevivientes… —susurró Yeyra....
Ángel asintió.
...—Tienes que ir con ellos....
Yeyra lo miró.
...—¿Qué?...
...—Ellos pueden protegerte....
...—¡No voy a dejarte!...
Un golpe resonó en el pasillo. Luego otro. Más gemidos. Los Vacíos.
Ángel respiró hondo.
...—Vamos....
Empujó la puerta del aula. El pasillo estaba en sombras. Pero los sonidos se acercaban.
Corrieron. Doblaron una esquina. Luego otra. Detrás de ellos comenzaron a escucharse pasos. Muchos pasos. Los Vacíos salieron al pasillo.
...—¡Corre! —gritó Ángel....
Atravesaron una puerta lateral. El aire frío del exterior los golpeó. El patio trasero del instituto. El domo brillaba sobre ellos. Y a lo lejos… el grupo de Armando.
...—¡HEY! —gritó Yeyra....
Los Vacíos salieron detrás de ellos. Ángel miró su mano mordida. Luego miró a Yeyra. Y supo.
...—Corre hacia ellos....
...—¡No!...
...—¡Yeyra!...
Ella negó con la cabeza.
...—No pienso dejarte....
Ángel la agarró por los hombros.
...—Escúchame. Los Vacíos ya estaban a pocos metros....
...—No puedo ir contigo. Las lágrimas corrían por el rostro de Yeyra....
...—Sí puedes…...
Ángel negó suavemente.
...—No. Miró hacia el grupo en la distancia....
...—Pero tú sí....
La empujó.
...—¡CORRE!...
Yeyra tropezó. Luego corrió.
Ángel se dio la vuelta. Los Vacíos se lanzaron sobre él. Ángel golpeó al primero con toda su fuerza. El segundo lo embistió. Derribó a otro con un puñetazo. Pero eran demasiados. Uno lo empujó al suelo. Otro se abalanzó sobre su espalda.
Ángel gritó mientras las manos lo sujetaban. Y entonces los dientes llegaron. Uno. Luego otro. Y luego muchos.
En la distancia… Yeyra llegó corriendo hacia el grupo de Armando.
...—¡AYUDA!...
Todos se giraron. Armando levantó la mirada. Y entonces lo vieron. A lo lejos. Los Vacíos devorando a alguien en el suelo.
Yeyra cayó de rodillas.
...—Ángel…...
El patio quedó en silencio.