Por el error de un angel, morí. reencarne y soy la mejor amiga de la protagonista.
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Capitulo 13: La quieres para tí.
Mary regresó a la panadería con el cuerpo aún cansado, pero con la mente inquieta, el trayecto de vuelta no le había servido para ordenar lo que había pasado, al contrario, cada recuerdo parecía empujarse con el otro, la conversación con el duque, las palabras sobre un poder mágico que nunca había escuchado de boca de Yuyu, y esa despedida tan breve en el pasillo, tan distinta a lo que siempre habían sido, al entrar, el sonido de los utensilios y el olor a pan volvieron a envolverla, como si nada hubiera cambiado, como si ese mundo siguiera intacto.
El jefe levantó la vista apenas la vio cruzar la puerta, su mirada fue directa, esperando una respuesta incluso antes de hacer la pregunta.
—¿Entregaste el encargo?
Mary dejó la caja vacía sobre la mesa y asintió, quitándose los guantes con movimientos más lentos de lo normal.
—Sí, todo en orden.
El jefe pareció aliviado por un segundo, pero luego notó algo en su expresión.
—¿Y bien? Tienes cara de que no fue solo una entrega.
Mary dudó un momento, no sabía cómo decirlo sin que sonara extraño, pero tampoco tenía sentido ocultarlo.
—Vi a Yuyu.
El jefe dejó de moverse por completo, como si esa respuesta no fuera la que esperaba.
—¿Aquí cerca?
Mary negó con la cabeza.
—En el palacio.
El silencio que siguió fue corto, pero pesado, el jefe frunció el ceño, como si intentara encontrarle lógica.
—Eso no tiene sentido.
Mary apoyó las manos sobre la mesa, mirando al suelo un instante antes de continuar.
—Ella no va a volver.
El jefe soltó un suspiro, no de sorpresa, sino de una resignación tranquila, como si entendiera más rápido de lo que Mary esperaba.
—Era buena muchacha. Escuché que se volvió prometida del principe. No la culpo por ello.
Mary levantó la mirada, esperando algo más, alguna reacción, pero no hubo reproches ni preguntas, solo esa frase simple.
El jefe retomó su trabajo, como si el día no pudiera detenerse por eso.
—Bueno, el trabajo sigue, no podemos quedarnos pensando en lo que ya no está.
Mary asintió, aunque por dentro no sentía que fuera tan fácil, se ató el delantal con más firmeza y empezó a moverse, tomando las tareas que normalmente compartía con Yuyu, revisando las masas, organizando los tiempos, atendiendo el horno, no era algo que no supiera hacer, pero sí era más de lo que estaba acostumbrada a cargar sola.
—Hoy tendrás que encargarte de la mezcla especial —añadió el jefe sin mirarla directamente—. Ya sabes cuál.
Mary se detuvo un segundo, esa mezcla no era cualquier cosa, requería precisión, y no todos sabían prepararla bien.
—Sí, lo sé.
Se acercó a la mesa donde estaban los ingredientes, tomó aire y empezó a medir cada cosa con cuidado, harina, levadura, agua, y luego ese pequeño recipiente que contenía las especias mágicas, su textura era distinta, más fina, casi imperceptible al tacto, pero con un efecto que se notaba en el resultado final.
Mientras trabajaba la masa, sus manos se movían con seguridad, presionando, doblando, ajustando la consistencia, pero su mente no estaba del todo en lo que hacía, porque algo empezaba a tomar forma en sus pensamientos, una conexión que antes no había considerado con seriedad.
—Esto no es normal —murmuró para sí misma, apenas audible.
Recordó la sensación que tenía cada vez que estaba cerca de Yuyu, esa atención que generaba sin esfuerzo, esa forma en la que todos parecían mirarla un poco más de lo necesario, y luego pensó en Terence, en su presencia, en cómo también destacaba incluso cuando intentaba pasar desapercibido, no era solo su apariencia, no era solo la forma en la que hablaban o se movían, había algo más, algo que no sabía nombrar pero que ahora empezaba a tener sentido.
—No puede ser coincidencia.
Siguió trabajando la masa con más fuerza, como si ese pensamiento necesitara una respuesta inmediata.
—¿Qué dices? —preguntó el jefe desde el otro lado.
Mary negó con la cabeza sin detenerse.
—Nada, solo pensaba en el trabajo.
El jefe no insistió, confiaba en que Mary sabía lo que hacía, y ella continuó, pero ahora con una idea más clara, si Yuyu tenía ese supuesto poder, entonces no era extraño que el príncipe la hubiera escogido, ni que el duque hablara de ella de esa forma, ni que todo hubiera cambiado tan rápido.
Pero eso no era lo que más le inquietaba.
—Entonces, ¿qué era lo que yo veía antes?
Se quedó en silencio unos segundos, sintiendo el peso de esa pregunta.
—Siempre pensé que era su forma de ser.
Recordó las risas, las conversaciones, la manera en la que Yuyu se movía entre la gente, como si todo fuera natural, como si no hubiera esfuerzo detrás, y ahora no sabía qué parte de eso era real y qué parte no.
—No me lo dijo.
Esa fue la idea que más le molestó, no el cambio, no el hecho de que se fuera, sino el silencio.
—Nunca me lo dijo.
El horno ya estaba listo, colocó las bandejas con cuidado, ajustó la temperatura y se quedó observando un momento, como si necesitara ver algo claro en medio de todo eso.
—¿Estás bien? —preguntó el jefe de nuevo, esta vez con más atención.
Mary asintió, aunque no estaba segura.
—Sí, solo es mucho trabajo.
—Siempre lo ha sido —respondió él con naturalidad—. La diferencia es que ahora lo haces sola.
Mary no respondió, pero esa frase se quedó con ella, porque no era solo el trabajo lo que estaba haciendo sola ahora.
Mientras tanto, en el palacio, el ambiente era completamente distinto, Yuyu estaba rodeada de telas finas, de voces suaves, de manos que ajustaban cada detalle de su apariencia, las damas hablaban entre ellas con respeto, pero también con curiosidad, observando cada gesto de la nueva prometida del príncipe, ella permanecía sentada, con la espalda recta, dejando que hicieran su trabajo, sin intervenir demasiado.
—Este color resalta más su piel.
—No, el otro le da más presencia.
—El príncipe seguramente preferirá este estilo.
Yuyu escuchaba, pero no respondía, su expresión era tranquila, casi distante, como si nada de eso realmente le importara, hasta que algo cambió en el ambiente, no fue un sonido fuerte, ni un anuncio, fue solo una sensación, una presencia que hizo que levantara ligeramente la mirada.
—Pueden retirarse.
Su voz fue clara, firme, sin dejar espacio a discusión.
Las damas se miraron entre ellas, sorprendidas por el cambio de tono, pero no se atrevieron a cuestionarla.
—Sí, señorita.
Una por una salieron de la habitación, cerrando la puerta con cuidado, dejando el espacio en silencio.
Yuyu no se movió de inmediato, esperó unos segundos, como si confirmara algo en su mente, y entonces habló.
—Ya puedes salir.
Desde una esquina de la habitación, Terence apareció, su presencia era distinta cuando no había nadie más, más directa, más atenta, caminó despacio, revisando cada rincón con la mirada, asegurándose de que no hubiera nadie más.
—Siempre tan cuidadosa.
Yuyu giró ligeramente el rostro hacia él, y por primera vez desde que estaba en el palacio, su expresión cambió por completo.
—Isabella.
El nombre salió de la boca de Terence con naturalidad, sin dudar, como si fuera el correcto.
Yuyu no sonrió, no hizo ningún gesto amable, su mirada se volvió más fría, más enfocada, similar a la de él.
—No te preocupes.
Se levantó de la silla, ajustando el vestido con un movimiento preciso, sin ayuda.
—Ya está listo.
Terence la observó con atención, evaluando cada palabra.
—¿Seguro?
Yuyu dio unos pasos hacia él, sin prisa.
—Es más tonto de lo que creí.
Hubo un pequeño silencio entre ellos, uno que no era incómodo, sino de entendimiento.
—¿Y el duque? —preguntó Terence.
—Hace lo que le conviene —respondió ella sin rodeos—. No es un problema por ahora. Se mantiene neutro. Supongo que escogerá el bando que gane.
Terence asintió, pero no bajó la guardia.
—Asi son los arrogante. Le gusta apostar a lo seguro.
Yuyu lo miró directamente, sin cambiar la expresión.
—Lo sé.
Se acercó un poco más, lo suficiente para que su voz no necesitara elevarse. Hubo una pausa, breve, pero significativa.
—Mary. Me preocupa ella.
El nombre quedó en el aire por un momento, pero Yuyu no añadió nada más de inmediato.
Terence la observó con más atención ahora.
—Ella estará bien. Después de esto.
Yuyu negó lentamente.
—No. Sabe que no. Y sé que harás algo para salvarla.
Y entonces, por primera vez en toda la conversación, una sonrisa apareció en su rostro, no era la misma que mostraba en la panadería, no tenía la misma calidez, era más oscura.
—Es útil. Podría salvarla por eso.
—Mentiroso. La quieres solo para tí.
—Lo que quiera o no. No cambiará nada. Isabella.
Yuyu se giró ligeramente, mirando hacia la puerta, como si ya estuviera pensando en el siguiente paso.
—Lo sé. Solo hay que esperar. Sonreír y ser bonitos como siempre.
Esta vivo, sin magia, no fue un castigo como se lo esperaba, o tal vez perder su magia para él si lo sea.
La vida de Mary dio un giro que no se esperaba, pero en el proceso encontró el verdadero amor, Adrien es un buen hombre 😍😍😍
Adam dio a entender qué quiere algo con Yuyu, más adelante cuando todo se estabilice y las heridas sanen. /Whimper/ Mary prometió ir a trabajar a la panadería, cambio pan por joyas, pobre panadero se quedo sin su empleada loquilla /Grievance/