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Exigida

Exigida

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Mafia / Dominación / Completas
Popularitas:227.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Mary Mendes

Nikolai Ivánov es un hombre forjado en el dolor, de ojos duros y manos de hierro. No tolera mentiras y aprendió desde joven que el amor es la mayor debilidad del ser humano.

Envuelto en un frío implacable y pasos calculados, vio en una alianza de sangre solo poder… y cree que nada puede romper su control sobre el mundo.

Helena Lombardi, adelantada a su tiempo, cree en el amor con la misma intensidad con la que vive su libertad. Cada gesto suyo rebosa coraje y determinación, desafiando todo lo que Nikolai considera inquebrantable.

Cuando dos mundos tan opuestos chocan, las certezas se transforman en dudas, y los deseos que antes parecían imposibles irrumpen como una tormenta. Entre dolor y entrega, pasión y desafío, alguien tendrá que ceder…

Pero nadie saldrá ileso.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Helena

Nikolai dice que hay una bodega cerca de la biblioteca, ya que yo prefiero el vino. El tono es neutro, casi casual, como si aquello no fuera un gesto de cuidado, pero lo es. Él hace un breve gesto con la cabeza para que lo siga.

Caminamos por el pasillo en silencio. El sonido de nuestros pasos resuena bajo por la casa antigua. La iluminación es más suave allí, amarillenta, acogedora. Él abre una puerta de madera pesada y entramos.

La bodega es linda. Estanterías de madera oscura, botellas organizadas con precisión casi obsesiva. Me acerco, curiosa, leyendo las etiquetas… o intentándolo. Todo en ruso. Suspiro bajo, derrotada.

—No entiendo nada de esto —admito.

Siento su mirada sobre mí antes incluso de girar el rostro. Nikolai no responde de inmediato. Camina hasta una estantería específica, pasa los dedos por algunas botellas como si estuviera eligiendo algo importante. Para. Retira una.

Él se acerca y me entrega la botella.

Nuestros dedos se tocan por un segundo más de lo necesario.

—Te va a gustar este —dice, con convicción.

Sostengo la botella, observando la etiqueta desconocida. Levanto los ojos hacia él.

—¿Y cómo lo sabes?

La comisura de su boca se mueve, casi una sonrisa. No llega a ser una, pero es lo suficientemente cerca para hacer que mi estómago dé un vuelco extraño.

—Porque no es obvio —responde.

Sostengo la botella con más fuerza, sintiendo algo calentarse en el pecho que no tiene nada que ver con alcohol. Por primera vez desde que llegué aquí, no me siento completamente desplazada.

Solo… observada.

Y, tal vez, elegida.

Nikolai toma la botella de mi mano y sigue para la sala sin decir nada más. Yo lo acompaño. Él se mueve con seguridad por la casa, como si cada espacio ya estuviera grabado en él… y lo está.

En la sala, él toma dos copas. Abre el vino con un cuidado casi ceremonial. El sonido del corcho resuena bajo. Él sirve primero mi copa, sin preguntar la cantidad, como si supiera exactamente.

Extiende la copa hacia mí.

Sostengo. Acerco a la nariz, siento el aroma. Doy un pequeño sorbo.

Es… perfecto. Con cuerpo, caliente, confortable. Cierra algo en mí que estaba abierto desde que atravesé aquellas puertas.

Levanto los ojos hacia él, sorpresa sincera.

—Es óptimo —admito.

Él apenas inclina levemente la cabeza, como quien ya esperaba. Apoya su copa en la mesa sin beber y dice, con calma de más:

—Yo siempre tengo razón.

Ruedo los ojos levemente, pero no consigo evitarlo. Una sonrisa escapa. Pequeña, verdadera. La primera desde que llegué aquí.

Él lo percibe. Claro que lo percibe.

Por un instante, el silencio entre nosotros no es pesado. No es hostil. Es… diferente. Denso, atento, lleno de algo que aún no sé nombrar.

Doy otro sorbo de vino.

Él se sienta a mi lado y el aire cambia. Se vuelve denso, cargado, como si la casa entera contuviera la respiración con nosotros.

Nikolai se inclina despacio. Su rostro tan cerca que siento el calor de la piel. Sus dedos tocan mi barbilla, levantan mi rostro. Sus labios tocan los míos con suavidad, casi una prueba. Mi cuerpo reacciona antes que mi razón. Entabro los labios, el corazón disparado, y él profundiza el beso solo un poco más… lo suficiente para dejarme sin piso.

Cuando percibo, el beso ya no es calmo. Es intenso, urgente, como si algo guardado hace mucho tiempo finalmente hubiera encontrado salida. Él retira la copa de mi mano con cuidado, apoya en cualquier lugar, y me jala hacia cerca. Mi cuerpo se amolda al suyo sin esfuerzo, como si siempre supiera dónde quedar.

Estoy mareada. No solo por el vino.

De repente, él interrumpe. Apoya la frente en la mía, la respiración pesada. Con un gesto inesperadamente tierno, coloca un mechón de mi cabello detrás de la oreja.

—Eres más sabrosa que el vino —él dice, la voz baja, controlada de más para alguien que claramente no está.

Antes que yo consiga responder, él se levanta conmigo en los brazos. Un movimiento firme, seguro. Mis piernas se prenden a su cintura por instinto. Mis brazos envuelven su cuello.

Él sube las escaleras despacio, rozando los labios en los míos entre un escalón y otro. Cada toque enciende algo nuevo en mí. Mi cuerpo entero está caliente, sensible, atento.

Cuando llegamos al cuarto, él para.

Me mira.

Hay deseo allí, sí. Pero hay también contención. Elección.

Él me coloca en el suelo con cuidado, como si yo fuera algo precioso de más para ser apurado. Sus ojos permanecen en los míos por largos segundos.

Con una precisión surrealista empieza a desnudarme, no siento vergüenza por el contrario estoy ansiosa por que me haga suya. La última prenda que me quita es la braga. Me mira, sin prisa, apoya el cuerpo en el mío besando mi boca. Empieza a besarme la mandíbula, baja los besos a mi cuello, muerde mi cuello dejándome más mojada. Va bajando la boca por mi cuerpo. Aboca mi seno succionando fuerte, mientras aprieta el otro. El toque de él no es suave, pero veo que intenta contenerse.

La mano grande toca mi coño, ya mojado sus dedos resbalando por mi clítoris, provocándome. Nikolai baja hasta mi coño, abre mis piernas y chupa mi intimidad, él chupa y usa los dedos al mismo tiempo, dejándome desesperada. Mis gemidos resuenan por el cuarto. Nikolai continua chupándome, yo siento una onda de placer tomar mi cuerpo, me froto en el rostro de él sin vergüenza ninguna. De repente él para, me mira sonriendo.

—Vas a correrte en mi polla, princesa —él dice, como si fuera una certeza.

Nikolai frota su polla ya en mi entrada torturando mientras besa mi boca.

—Va a doler un poco.

Nikolai se posiciona en mi entrada y empuja, siento que me está partiendo por la mitad. Él es grande, parece que no va a caber. Él empuja nuevamente arrancando un gemido de dolor. Él no se mueve, queda parado. Vuelve a besarme mi cuerpo debajo del suyo estremece.

Poco a poco él se movimenta, todavía duele, arde mi cuerpo queda rígido en la hora. Él usa los dedos tocando mi clítoris el dolor poco a poco se va yendo. Él ya entra y sale de dentro de mí con un poco más de facilidad. A cada embestida nuestras respiraciones se tornan más pesadas. El ruido se torna obsceno. Nikolai no para, los movimientos ganan una velocidad absurda casi no consigo respirar solo gemir, mis uñas arañan su espalda.

Mis piernas tiemblan aquella sensación gustosa vuelve mil veces más fuerte. Siento mi coño apretar su polla. Yo grito el nombre de él, cuando él da la última embestida larga dentro de mí, corriéndose en el fondo de mi intimidad.

Nikolai se acuesta a mi lado, todavía jadeante. Yo también estoy. Instintivamente me aproximo y lo abrazo, buscando calor, seguridad… cualquier cosa.

El cuerpo de él queda rígido en el mismo instante.

Él se aleja como si yo pudiera quemarlo. El vacío que queda es peor que el frío. Giro para el lado, quedando de espaldas para él. Muerdo los labios con fuerza para contener las lágrimas que amenazan escapar.

Si es para llorar.

Yo lloro sola.

Siento cuando él se levanta de la cama. El colchón pierde el peso de su cuerpo y el cuarto parece aún mayor, más frío. Oigo pasos contenidos, la puerta del baño cerrándose, el sonido distante del agua.

Permanezco inmóvil.

1
Ana Cortes
al final no se supo que pasó con Dmitry
Ana Cortes
escritora tienes que leer los capitulos qué vas escribiendo ya que no calzan algunos tiempos cuando Helena describió que estaba embarazada la bebe tenía 7 meses en una parte dice que ella está corriendo después dice que tiene 8meses la verdad no se entiende no creo que ella tenga dos meses de embarazo asi que me perdí en las fechas ya que no cuadran
Ana Cortes
Helena es demasiada mimada ya no es el primer hijo es el segundo y Nikolai le a demostrado que la ama y las protege pero ella no lo comprende a él ya que él tiene que trabajar y ella se porta como una niña malcriada
Ana Cortes
tanto teatro si solo va a parir es verdad que duele pero exagera tanto
Ana Cortes
todos estos italianos viven en un caos para nada es envidiable su vida
Isabel Martín
Excelente historia, felicidades autora 🤗👏👏👏
Patricia Romero
se ve a una niña caprichosa y mimada,
Patricia Romero
por favor,no hay imaginación en los autores,copian de otros y siempre cae en lo mismo,estamos siglo 21,una mujer del siglo 20 todavía,en serio autor,?dale,una mujer llorona,débil,no se vale por ella misma, obsesionada por un hombre,naaaa...!!!!
Patricia Romero
no entiendo,porque los padres de helena la hicieron tan débil,con la vida que llevan,debieron haberla preparado para estas cosas,una mojigata no sirve de nada.autora pilas
Julimar Berrios
Buena
Llado Auad Ana
Muy linda historia aunque se me hizo un poco larga sin sentido. Pero la historia en si estaba muy linda.
Hiradia Cohen
no termino de Entenderla o sea después de que la madre muere salta sin pena ni gloria a una relación que no se entiende si empezó
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Dilia Contreras
Como harán las mujeres que Portugal razón u otra las pobres paren solas? por favor Elena déjate de tantas tonterías. el proceso ee parte es igual para todas las que tienen la dicha de poder parir, porque a otras tienen que hacer cesárea y punto.
Alma Rosa Dominguez Martinez
escritora felicidades muy buena novela
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Dilia Contreras
Deberían de haberla dejado allí, inmadura y obstinada, ella tiene rabia y sale sin nada. pero siempre llega alguien a socorrer.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Anastasia Mirian Barrios
para mi no tiene centido cuerpo ella se empezó la nena tenía 7 mese ahora apenas 8 mese y ya camina y ya tiene 4 meses de embarazo 🤭😂😂😂
Dulce Perez
felicitaciones, excelente 👏👌👏
Yoki Romero
/Rose//Good/
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