Una historia de amor juvenil en la que Valentina Ferrer, una chica de 18 años de un pueblo costero, y Mateo Ibarra, un joven de 19 que huye del peso del escándalo de su familia, descubren que el amor verdadero no se trata de escapar del pasado, sino de enfrentarlo juntos para poder quedarse.
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Donde Empieza el Mar
...Capítulo 16...
La mañana en Puerto Lumbre traía consigo una bruma ligera que se mezclaba con el aroma salado del mar. Valentina avanzaba hacia la universidad con la sensación de que algo en el ambiente había cambiado. Ya no era solo curiosidad ni simples rumores; sentía que los comentarios y miradas empezaban a formar un muro invisible entre ella y Mateo, y temía que un paso en falso pudiera resquebrajar lo que habían construido con tanto cuidado.
Al llegar, vio a Mateo apoyado contra la pared de la entrada, con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte. Cuando sus ojos se encontraron, ella notó un ligero ceño fruncido que no había visto antes. Algo le decía que hoy sería un día complicado, aunque no supiera por qué.
Durante la clase, los murmullos se intensificaron. Algunos compañeros comentaban en voz alta sobre su cercanía, mientras otros hacían gestos sutiles que Valentina percibía como provocativos. Sintió cómo la ansiedad empezaba a abrirse paso en su pecho, pero un leve roce de la mano de Mateo le recordó que no estaba sola.
—No dejes que eso te afecte —susurró él, inclinándose ligeramente hacia ella—. Estamos juntos en esto.
Valentina asintió, pero el corazón le latía con fuerza. Sabía que no sería suficiente con palabras; necesitaba sentir la certeza de que Mateo estaba allí para enfrentar cada desafío con ella.
Al salir del aula, decidieron caminar hacia la playa. El sonido de las olas y la brisa marina parecían suavizar la tensión acumulada durante la clase, pero no podían escapar del todo de la sensación de que algo estaba por suceder.
—Valentina —dijo Mateo mientras caminaban—, creo que hoy será uno de esos días en los que tendremos que demostrar realmente cuánto confiamos el uno en el otro.
—Lo sé —respondió ella—. Y estoy lista. Mientras estemos juntos, creo que podemos superar cualquier cosa.
Cuando llegaron a la orilla, un grupo de compañeros los abordó con preguntas directas y comentarios insinuantes. Uno de ellos incluso insinuó que Mateo podría no estar completamente interesado en Valentina. Ella sintió cómo la ira y la preocupación se mezclaban dentro de ella, pero esta vez no dejó que esos sentimientos la dominaran.
—No importa lo que digan —dijo firmemente, mirando a Mateo a los ojos—. Lo que sentimos es lo único que cuenta.
Él le sonrió con orgullo y determinación, tomando sus manos entre las suyas. —Exactamente. Cada obstáculo que aparezca solo nos hará más fuertes si seguimos juntos.
Se sentaron en la arena, dejando que el viento del mar acariciara sus rostros y calmara los nervios. Valentina comprendió que la prueba real no estaba en lo que los demás decían, sino en cómo ellos respondían juntos. Esa tensión externa que parecía amenazarlos era, en realidad, una oportunidad para reafirmar su vínculo, para demostrar que podían confiar plenamente el uno en el otro.
El sol comenzó a esconderse tras el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos y suaves que reflejaban sus emociones: miedo, tensión, pero también seguridad y esperanza. Esa noche, mientras el murmullo de las olas llenaba su habitación y la luz de la luna iluminaba cada rincón, Valentina cerró los ojos con una sonrisa tranquila. Sabía que cada prueba que enfrentaran fortalecería su amor, y que, mientras se tuvieran el uno al otro, podrían superar cualquier dificultad que Puerto Lumbre les pusiera delante.