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LA ESPOSA QUE PERDI

LA ESPOSA QUE PERDI

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dani Achu

La lluvia caía suavemente sobre los ventanales de la mansión Torres.
Liliana Pérez estaba sentada en la sala principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo. La luz tenue de la lámpara iluminaba su rostro tranquilo, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
Habían pasado cinco años desde que se convirtió en Liliana Torre..

NovelToon tiene autorización de Dani Achu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Furia...

La casa estaba en silencio.

Pero no era un silencio vacío.

Era un silencio que respiraba.

Que observaba.

Que esperaba.

Liliana cerró la puerta de su habitación con cuidado, como si cualquier ruido pudiera romper algo invisible que todavía flotaba en el aire.

Se quedó apoyada contra la madera.

Sus manos temblaban.

Su respiración era irregular.

Llevó una mano a su pecho.

—¿Qué fue eso…?

Su voz apenas salió.

Cerró los ojos.

Y lo sintió otra vez.

El roce de su mano.

La cercanía.

Su voz tan cerca que parecía envolverla.

Abrió los ojos de golpe.

—No…

Se apartó de la puerta.

Caminó hacia la cama, pero no se sentó.

No podía.

Su cuerpo seguía reaccionando.

Su piel seguía sensible.

Como si aún lo tuviera frente a ella.

—Esto no está bien…

Pero lo que más la inquietaba…

era que no quería que se detuviera.

Ese pensamiento la hizo tensarse.

Se pasó ambas manos por el rostro.

—No puedo pensar así.

No con él.

No después de Miguel.

No después de todo.

Se sentó finalmente en la cama, pero no se recostó.

Se quedó ahí.

En silencio.

Pensando.

Sintiendo.

Mientras tanto…

al otro lado del pasillo…

Dominic Torres no se había movido.

Seguía en la cocina.

De pie.

Exactamente en el mismo lugar donde ella lo había dejado.

Su mano aún recordaba el contacto.

Su mente…

no.

Porque no lo entendía.

Porque no lo controlaba.

Apretó ligeramente los dedos.

—Maldita sea…

Cerró los ojos un segundo.

Intentando recuperar el control.

Intentando volver a ser el de siempre.

El frío.

El calculador.

El que no se dejaba afectar.

Pero algo había cambiado.

Y no podía ignorarlo.

Se giró lentamente.

Apagó la luz.

Y caminó hacia el pasillo.

Cuando pasó frente a la puerta de Liliana…

se detuvo.

No tocó.

No habló.

Pero tampoco se fue de inmediato.

Se quedó ahí.

En silencio.

Como si una parte de él quisiera entrar.

Y otra lo detuviera.

Finalmente…

se alejó.

---

A la mañana siguiente

El aroma del café llenaba la cocina.

Suave.

Cálido.

Tranquilo.

Todo lo contrario a lo que ambos sentían.

Liliana estaba de espaldas, sirviendo café en dos tazas.

Había dormido poco.

Se notaba.

Sus movimientos eran más lentos.

Más pensados.

Como si evitara recordar.

Escuchó pasos.

No necesitó girarse.

Sabía que era él.

—Buenos días —dijo sin mirarlo.

Dominic se detuvo a pocos pasos.

—Buenos días.

El tono era normal.

Demasiado normal.

Eso la incomodó más.

Le pasó una taza.

Sus dedos se rozaron apenas.

Ambos lo notaron.

Ambos lo ignoraron.

—Dormiste poco —dijo Dominic.

Liliana tomó un sorbo.

—Tú también.

Dominic apoyó la taza en la mesa.

—Sí.

Silencio.

Pesado.

Incómodo.

Liliana respiró hondo.

—Sobre lo de anoche…

Dominic levantó la mirada.

Sus ojos se clavaron en ella.

—No fue nada.

La respuesta fue inmediata.

Cortante.

Controlada.

Liliana sintió algo extraño.

—¿Nada?

Dominic sostuvo su mirada.

—No debería repetirse.

Las palabras fueron frías.

Pero no del todo.

Había algo debajo.

Algo que no encajaba con el tono.

Liliana dejó la taza.

—Entonces estás de acuerdo conmigo.

Dominic no respondió de inmediato.

—Sí.

Pero su voz no sonó completamente convencida.

Liliana lo observó.

—Dominic…

Él desvió la mirada.

—Tenemos un problema más grande.

Ella frunció el ceño.

—Miguel.

Dominic asintió.

—No se va a quedar quieto.

Liliana suspiró.

—Lo sé.

Dominic la miró otra vez.

—Hoy va a venir.

El corazón de Liliana se detuvo un segundo.

—¿Qué?

—Lo conozco.

—¿Aquí?

—Sí.

El aire cambió.

Otra vez.

Liliana apretó ligeramente los dedos.

—No quiero verlo.

Dominic se acercó un poco.

—No tienes que hablar con él.

Liliana lo miró.

—Va a insistir.

Dominic respondió con firmeza.

—Entonces yo lo detendré.

Hubo un pequeño silencio.

Liliana lo observó.

—Siempre haces eso.

Dominic frunció levemente el ceño.

—¿Qué?

—Interponerte.

Dominic no respondió.

Liliana bajó la mirada un segundo.

—No sé si eso me tranquiliza… o me asusta.

Dominic se acercó un poco más.

—No tienes nada que temer.

Liliana levantó la mirada.

—Eso dices tú.

Dominic sostuvo su mirada.

—Lo digo en serio.

El silencio volvió.

Pero esta vez no era incómodo.

Era tenso.

Denso.

Cargado.

Liliana sintió cómo su respiración cambiaba otra vez.

—Dominic…

Él no se movió.

—¿Qué?

Ella dudó.

Pero habló igual.

—Si esto sigue así…

—¿Así cómo?

—Nosotros…

Dominic la miró fijamente.

—Termínalo.

Liliana tragó saliva.

—Va a complicarse.

Dominic dio un paso más.

—Ya lo está.

El aire entre ellos se volvió más pesado.

Más cercano.

Más peligroso.

Liliana sintió ese mismo calor de la noche anterior.

Ese mismo tirón invisible.

—No deberíamos…

Dominic la interrumpió.

—Pero quieres.

El corazón de Liliana se aceleró.

—No pongas palabras en mi boca.

Dominic inclinó ligeramente la cabeza.

—No hace falta.

Sus ojos bajaron un segundo.

A sus labios.

Luego volvieron.

El gesto no pasó desapercibido.

Liliana sintió el golpe directo en el pecho.

—Dominic…

Su voz salió más baja.

Más suave.

Él no respondió.

Pero tampoco se movió.

El espacio entre ellos desapareció otra vez.

Ese mismo punto.

Ese mismo límite.

Ese mismo peligro.

—Esto no está pasando —susurró Liliana.

Dominic habló cerca.

Demasiado cerca.

—Entonces aléjate.

Pero ella no lo hizo.

Ninguno lo hizo.

El tiempo volvió a detenerse.

El mundo se redujo a ese instante.

A ese espacio.

A ese aire compartido.

Y entonces—

Un sonido.

La puerta principal.

Fuerte.

Brusco.

Ambos se separaron.

El momento se rompió.

Otra vez.

La voz de Miguel resonó en la casa.

—¡Dominic!

El aire se volvió pesado de inmediato.

Liliana cerró los ojos un segundo.

—Ya empezó…

Dominic la miró.

Su expresión cambió.

Volvió a ser el de siempre.

Frío.

Controlado.

Peligroso.

—Quédate aquí.

Pero Liliana negó.

—No.

Dominic frunció el ceño.

—Liliana—

—No voy a esconderme.

El silencio duró un segundo.

Dominic la observó.

Y asintió.

—Entonces quédate detrás de mí.

Liliana sintió algo en el pecho.

Pero no respondió.

Caminaron juntos hacia la sala.

Y sabían algo.

Esta vez…

no iba a ser solo un enfrentamiento.

Iba a ser una guerra.

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Andrea Medina
no la comprendo aun, no hay móvil para escena, solo dos egos de hermanos raritos y una mujer que claramente tiene problemas de estima o le gusta mucho el dinero 😂😂🤭
Andrea Medina
no la comprendo aun, no hay móvil para escena, solo dos egos de hermanos raritos y una mujer que claramente tiene problemas de estima o le gusta mucho el dinero 😂😂🤭
Anonymous
Muy emocionante
Norma Alicia Gimenez
ya termino? como sigue
Lupita Alvarado: no se vale que nos dejen así sin final
total 1 replies
Gina Elizabeth Mori Rengifo
es emocionante
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