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El Precio Del Poder: Estrategias De Un Omega Olvidado

El Precio Del Poder: Estrategias De Un Omega Olvidado

Status: En proceso
Genre:Juego del gato y el ratón / Omegaverse / Amantes del rey / Batalla por el trono / Harén / Reencarnación
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Angelo murió cuando estaba a punto de triunfar. Un accidente absurdo y su sueño de poseer un hotel de lujo se desvaneció.

Pero el destino le dio una segunda oportunidad.

Reencarnó en Kael, un omega hombre olvidado en el harén del Emperador Ethan. El más bajo de los bajos. Un regalo que nadie mira. Invisible.

Kael tiene un objetivo: convertirse en Emperatriz. Tiene las armas: una mente fría y años de experiencia seduciendo a hombres poderosos en su vida anterior. Y tiene un plan: hacer que el Emperador, el Alfa más poderoso del imperio, se vuelva loco por él.

Pero el harén es un campo de batalla de secretos y traiciones. La Emperatriz, la favorita, las concubinas... todas lo aplastarían si pudieran verlo. Y el Emperador ni siquiera sabe que existe.

Kael solo necesita una oportunidad para ser visto.

Lo que no sabe es que en el juego más peligroso de su vida, algunas piezas se mueven solas. Y que el hombre al que juró conquistar podría convertirse en algo que nunca esperó

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El despertar

Despertó con sabor a ceniza en la boca y un dolor de huesos que no era suyo.

No, no era un dolor. Era una conciencia incómoda de cada articulación, de cada músculo, como si hubiera pasado años sin moverse y de repente alguien le exigiera correr una maratón. El cuerpo le pesaba. Le pesaba de una manera equivocada.

Abrió los ojos.

Techo de madera oscura, con vigas talladas. Paredes de piedra. Una ventana pequeña por la que se colaba una luz pálida, de amanecer o de atardecer, no sabría decirlo. Olía a humedad, a incienso barato, a algo rancio que identificó como ropa sin lavar.

Se incorporó con esfuerzo. La habitación era diminuta. Una estera en el suelo, una mesa baja con una jarra de agua, un baúl de madera desportillada. Nada más. Ni un adorno, ni una puta alfombra que tapara el frío de las piedras.

—¿Qué...?

Su voz no era su voz. Sonaba más joven, más frágil, con un timbre más agudo del que recordaba. Se llevó las manos a la garganta y entonces las vio.

No eran sus manos.

Eran manos pequeñas, delgadas, con uñas mordidas hasta la carne y la piel agrietada por el frío. Manos de alguien que no se cuidaba. Manos de alguien a quien nadie cuidaba.

El corazón le dio un vuelco. Pero no era un vuelco de pánico. Era... curiosidad. Una curiosidad fría, casi clínica.

Necesitaba verse.

Sus ojos recorrieron la habitación. Un rincón oscuro. Y allí, apoyado contra la pared, casi escondido, vio algo. Un espejo.

Era viejo, de marco de madera carcomida, y el azogue estaba estropeado en las esquinas. Una grieta lo cruzaba en diagonal, partiendo la imagen en dos. Pero reflejaba. Era suficiente.

Se levantó con esfuerzo, fue hacia él y se miró.

Lo que vio lo hizo parpadear.

Un rostro que no conocía lo miraba desde el cristal roto. Era joven, muy joven. Diecinueve años, quizás veinte. Piel pálida, casi traslúcida, pero con un tono cetrino que delataba mala alimentación y peor salud. Ojeras profundas, moradas, como si no hubiera dormido bien en años. El cabello negro, muy negro, caía en una masa opaca y enredada alrededor de su rostro, sin brillo, sin vida.

Pero debajo de todo eso, debajo de la suciedad y el cansancio, había algo.

Los ojos. Eran grises. No grises comunes: grises claros, casi plateados, como dos monedas antiguas. En ese momento, con la expresión de desconcierto que debía tener, parecían vacíos. Pero él sabía, con la intuición de quien ha usado su cuerpo como herramienta toda su vida, que esos ojos podían ser magnéticos si aprendía a usarlos.

Los rasgos eran finos, simétricos. Pómulos marcados, nariz recta y pequeña, labios de un rosa pálido que ahora estaban partidos por el frío. Era un rostro diseñado para ser mirado pero estaba enterrado bajo capas de abandono.

—Joder —susurró—. Parezco un muerto.

El sonido de su propia voz, en ese cuerpo que no era el suyo, resonó en la diminuta habitación. Iba a decir algo más, iba a seguir explorando, cuando un golpe seco en la puerta lo hizo girar en sobre salto.

La puerta se abrió sin esperar respuesta.

Una mujer entrada en años, pelo gris recogido en un moño severo que tiraba de sus facciones, lo miró de arriba abajo con una mezcla de impaciencia y asco. Llevaba un delantal manchado y las manos apoyadas en las caderas en una pose que no admitía demora.

—Kael, ¿todavía estás aquí? —escupió las palabras como si fueran veneno—. La Emperatriz Sera lleva un cuarto de hora esperando que limpies sus aposentos. ¿Es que piensas quedarte ahí mirándote el ombligo todo el día?

Él parpadeó, aún desorientado. Su cerebro procesaba a toda velocidad: Emperatriz. Sera. Limpiar. Mi nombre es Kael

—Yo... —empezó, pero la mujer no le dejó terminar.

—Mírate —le cortó, recorriendo su túnica harapienta con una mueca de desprecio—. Vas hecho un asco. Pareces un mendigo. ¿Así piensas presentarte ante la Emperatriz? Da asco solo de mirarte.

Kael bajó la vista a su ropa. Una túnica de color indefinido, antes gris o marrón, ahora convertida en un trapo lleno de manchas y desgarrones. Completaba el cuadro una capa de mugre y desaliño que cualquier persona con dos dedos de frente encontraría repulsiva.

La mujer resopló.

—Te esperaré fuera. Lávate un poco la cara y haz algo con ese pelo de rata. Tengo que llevarte ante ella y no voy a pasar vergüenza porque parezcas un animal. Dos minutos, ni uno más.

Salió dando un portazo que hizo vibrar la madera carcomida.

Kael se quedó quieto un instante. Luego, con una lentitud que nada tenía que ver con el agotamiento, volvió a mirarse al espejo.

La emperatriz. Limpiar sus aposentos. Ella espera.

Demasiada información. Demasiado rápido. Pero no había tiempo para procesar ahora. Tenía que moverse, obedecer, sobrevivir.

Se llevó las manos al cuello para ajustarse la túnica y entonces lo sintió.

Bajo sus dedos, justo donde la mandíbula se encontraba con el inicio de la garganta, sus yemas rozaron una pequeña protuberancia. Una glándula. Pequeña, apenas perceptible al tacto, pero inconfundiblemente ahí.

Y entonces, en ese mismo instante, lo percibió.

Un olor.

Llegó a su nariz sin que él lo buscara. Suave, casi esquivo. A lavanda. Fresca, herbal, calmante. Pero no era el olor de nada que hubiera en la habitación. No había flores, no había perfumes. Solo él.

Se olfateó el brazo. La lavanda se intensificó ligeramente. Bajo ella, apenas un susurro, algo más. Una promesa. Una llamada.

¿Qué coño...?

—¡Ya pasó el minuto! —la voz de la mujer llegó desde el otro lado de la puerta, impaciente—. ¡Sal de una vez!

Apartó la mano del cuello. El olor a lavanda se atenuó, como si hubiera obedecido a su voluntad, pero no había tiempo para pensar en eso. Agarró la jarra de agua, se mojó la cara y se pasó los dedos por el cabello intentando domar los nudos más visibles. No sirvió de mucho, pero ya no le quedaba tiempo.

Abrió la puerta.

La mujer lo miró con el mismo desprecio de antes, pero esta vez se limitó a resoplar y girarse.

—Sígueme y no te retrases. La Emperatriz no espera.

 

Los pasillos del palacio eran un laberinto de piedra y seda.

Kael caminaba tras la mujer con la cabeza gacha, tal como parecía esperarse de él, pero sus ojos lo registraban todo. Cada puerta, cada guardia, cada criado. Los techos altísimos, las lámparas de aceite que colgaban de cadenas de hierro forjado, los tapices que narraban batallas y dinastías en hilos de oro y plata.

Y las mujeres.

Jóvenes, hermosas, vestidas con sedas de colores imposibles. Algunas paseaban por los jardines interiores que se divisaban a través de arcos de piedra. Otras conversaban en grupos pequeños, sus risas llegando amortiguadas por la distancia. Todas llevaban el cabello elaboradamente peinado, todas lucían joyas en el cuello y las muñecas, todas tenían esa seguridad que da saberse en un lugar privilegiado.

Concubinas, pensó Kael. Tienen que serlo. Hay una emperatriz, así que hay un emperador. Y si hay un emperador y una emperatriz, esto es un harén. Concubinas de varios rangos compitiendo por su atención.

La información se ordenaba sola en su mente, como piezas de un rompecabezas que empezaba a cobrar sentido.

Doblaron una esquina y la mujer lo guió por un pasadizo más estrecho, alejándose de las zonas lujosas. Probablemente un camino de servicio. Y entonces, al pasar junto a un hueco en la pared, escuchó voces.

Se pegó instintivamente a la pared, aunque su guía ni se detuvo. Dos mujeres estaban en un rellano de servicio, una concubina joven y su doncella. La concubina hablaba en voz baja, pero con suficiente intensidad para que las palabras viajaran por el pasillo vacío.

—...te digo que escondas eso ahora mismo —siseaba la concubina—. Si la Emperatriz llega a oler tus feromonas por el pasillo, me matará. Ya sabes cómo se pone con los olores.

—Lo siento, mi señora —se disculpó la sirvienta, claramente aterrorizada—. Es que mi celo se acerca y no puedo controlarlas del todo.

—Pues haz un esfuerzo. Y no te acerques a los aposentos de los alfas, ¿me oyes? No quiero problemas.

Kael siguió caminando, pero las palabras resonaron en su mente como campanadas.

Feromonas. Celo. Alfas.

Su paso no vaciló, su expresión no cambió. Pero por dentro, su cerebro hervía.

Feromonas. Celo. Alfas. Concubinas. Emperador. Harén.

Un recuerdo, lejano pero nítido, emergió de su memoria. Su vida anterior. Las horas muertas en el móvil, desplazando párrafos interminables en aplicaciones de lectura. Novelas web. Una noche de insomnio devorando una historia tras otra, fascinado y un poco incrédulo ante aquel género.

Omegaverse.

La palabra apareció en su mente con la claridad de un destello.

Alfas, betas, omegas. Feromonas. Celos. Nudos. Jerarquías biológicas. Leí sobre esto. Es ficción. Es...

Se llevó la mano inconscientemente al cuello, donde había sentido aquella protuberancia.

...real.

La mujer se detuvo varios metros adelante y lo miró con impaciencia asesina. Kael apretó el paso.

Llegaron ante una puerta inmensa, de madera oscura tallada con motivos de dragones y flores de loto. La mujer llamó, una criada abrió desde dentro, y Kael fue empujado al interior.

 

Los aposentos de la Emperatriz Sera eran inmensos.

Alfombras gruesas donde los pies se hundían como en nubes. Biombos de seda pintada con escenas de caza y jardines imposibles. Un tocador cubierto de joyas, cepillos de plata, ungüentos en frascos de cristal tallado. Y en el centro, frente a un espejo de bronce pulido tan grande que podía verse entero, una mujer.

Sera.

Era hermosa. Pero no con la belleza amable de las concubinas que había visto en los pasillos. Era una belleza afilada, peligrosa, como una espada recién forjada. Pómulos altos, mandíbula definida, ojos de un color ámbar inusual que en ese momento estaban fijos en su propio reflejo mientras dos sirvientas peinaban su larga cabellera negra.

Kael vio su propio reflejo de refilón en ese espejo tan distinto al suyo, tan perfecto. La imagen era aún más patética a la luz de las velas: un bulto encorvado con ropas harapientas, invisible entre tanta opulencia.

La mirada de Sera, cuando se posó en él a través del espejo, era la de alguien acostumbrado a aplastar hormigas.

—Ya era hora —dijo sin girarse. Su voz era fría, medida, cada palabra pesada como una moneda de oro—. Los suelos están sucios. Hay manchas de vino de anoche. Quiero que brillen.

Kael inclinó la cabeza.

—Sí, mi señora.

Encontró un cepillo y un cubo en un rincón. Se arrodilló. Se puso a fregar.

Mientras sus manos trabajaban, sus oídos trabajaban más. Las sirvientas de Sera hablaban entre ellas con la confianza de quien cree que los criados no tienen oídos. O quizás con la confianza de quien sabe que un ser harapiento y medio muerto de hambre no es una amenaza.

—...el Emperador ha vuelto de la frontera norte.

—Dicen que la concubina Lyra pasó la noche con él.

—¿Lyra otra vez? La Emperatriz va a ponerse furiosa.

—La Emperatriz siempre está furiosa. Pero Lyra es la favorita.

—Por ahora. Ya veremos cuando alguien le dé un heredero.

—Eso. Si es que alguien puede. Años llevamos y nada.

Kael siguió fregando. Pero su mente ya estaba construyendo mapas, identificando nombres, jerarquías, conflictos.

Emperador. Emperatriz Sera. Lyra favorita. Heredero. No hay heredero.

Interesante. Muy interesante.

Cuando terminó, sus rodillas dolían y sus manos estaban enrojecidas. Una sirvienta le indicó con un gesto que podía irse.

Salió de los aposentos, recorrió los pasillos de servicio, y finalmente encontró el camino de regreso a su diminuta habitación.

Cerró la puerta, se apoyó en ella y por primera vez desde que había despertado, se permitió respirar hondo.

Luego, con movimientos lentos y deliberados, se despojó de la túnica harapienta y volvió a colocarse frente al espejo roto.

La imagen partida por la grieta lo mostraba en dos mitades ligeramente descentradas, pero era suficiente.

Lo que vio lo dejó sin aliento.

El torso era delgado, casi frágil, pero no de una manera enfermiza. La piel era pálida, sí, pero tenía una textura sorprendentemente suave, como si nunca hubiera conocido el sol ni el trabajo duro. Las costillas se marcaban ligeramente por la mala alimentación, pero debajo de esa delgadez se adivinaba una estructura ósea delicada, casi refinada.

Y luego estaba la cintura.

Increíblemente estrecha, como si hubiera sido comprimida por un corsé invisible. De ella partía una curva suave que se ensanchaba en caderas más anchas de lo que recordaba en un cuerpo masculino. Se giró ligeramente para verse de perfil, y lo confirmó: los glúteos eran prominentes, redondeados, como si este cuerpo hubiera sido esculpido con una intención muy específica.

Se tocó la piel del abdomen. Tersa. Demasiado tersa. Como si nunca hubiera conocido el vello, como si fuera porcelana en lugar de carne.

Y entonces sus dedos encontraron de nuevo el cuello.

Allí, justo donde la mandíbula se encontraba con el inicio de la garganta, la pequeña protuberancia seguía ahí. La glándula.

Cerró los ojos y se obligó a respirar hondo, a concentrarse en los olores. Allí estaba. Lavanda. Suave, calmante. Y debajo, esperando, algo más. Un susurro de almizcle. Íntimo. Profundo. Una promesa.

Abríó los ojos y miró su reflejo partido por la grieta.

Recordó las palabras de la sirvienta en el pasillo. Feromonas. Celo. Alfas.

Recordó las novelas web que había devorado en noches de insomnio. Omegaverse. Alfas, betas, omegas.

Recordó la protuberancia en su cuello. El olor que emanaba de su piel.

Y entonces, las piezas encajaron.

—Oh, joder —murmuró—. Esto es... esto es uno de esos mundos. Y yo...

Se miró una última vez. Las caderas. La cintura. La glándula. El olor.

—Soy un omega.

La palabra debería haberle provocado pánico o al menos inquietud, pero en su lugar, sintió algo muy diferente. Curiosidad y un escalofrío de anticipación.

Estoy en un palacio. Hay un emperador. Hay concubinas. Hay una jerarquía que no entiendo. Y yo...

Se miró al espejo. Esa cara de muerto. Esos ojos grises. Ese cuerpo que, bien cuidado, podía ser... interesante.

Estoy en la mierda más absoluta. No tengo dinero, no tengo contactos, no tengo poder. Solo tengo este cuerpo débil y esta cara bonita. Y lo que aprendí en mi otra vida.

Una sonrisa se dibujó en sus labios. La misma sonrisa de cuando murió. Irónica. Amarga. Casi divertida.

Pero aprendí bien.

Se dejó caer sobre la estera y miró el techo de madera.

Primero, sobrevivir. Segundo, entender las reglas de este puto sitio. Tercero... ya veremos.

Cerró los ojos.

Juguemos.

1
Maru19 Sevilla
Es un nido de víboras /Puke/
Claudia López Alfonso
😭😭
Más capítulos porfaaa
Claudia López Alfonso
Perfecto¡¡¡
Claudia López Alfonso
Soy algo nueva en la plataforma como puedo compartir la historia o algo así para darle visibilidad?
Claudia López Alfonso
Hay algo que no entiendo, quizás es una cuenta nueva no sé, por qué tiene tan pocos seguidores la autora?
Claudia López Alfonso: Eres buenísima me encanta esta historia, luego me iré leyendo todo lo que escribas👏👏No nos abandones
total 3 replies
Claudia López Alfonso
La información es poder, Karl va a necesitar más que sospechas para hundir a la Emperatriz
Claudia López Alfonso
/Whimper/por favor que Mira sea leal hasta el final de la historia
Claudia López Alfonso
Pero @Santy si deja de llamar a Lyra se pueden fijar en Kael, es mejor que todas sigan enfocadas en ella
Claudia López Alfonso
🥰fue mejor de lo que había imaginado
Claudia López Alfonso
👏👏me fascina esta historia, nada de omegas débiles y tontos, un prota inteligente y determinado, era algo que ya hacía falta. Además la narración está súper, lenguaje fácil y la cantidad justa de descripción /Ok/
Claudia López Alfonso
💑ay sí, ya quiero que se encuentren
Suge De Los Santos
Querida autora como tus lecturas fieles que somos nos merecemos un maratón 🤭 dios que buena está la novela, así que no es justo que solo nos de un capítulo por día 😭😭
Hanabi Montano: Veré que puedo hacer para complacerlos, estoy escribiendo dos novelas a la vez y eso lleva tiempo, no pensé que desarrollar una novela fuera tan complicado 😅, pero me esforzaré para no decepcionarlos 😁
total 3 replies
Mily \♥️/
AY! Y yo que pensaba que se casarían por fin 😾😭
Hanabi Montano: 😅 Ya Ethan tiene una emperatriz, Sera. Mientra ella siga en el juego no puede casarse con nadie más 🤷🏽‍♀️
total 1 replies
Mily \♥️/
QUEEE 😯😯😯
Maru19 Sevilla
Todas tus obras muy muy buenas 👏👏👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Yo creo que ya se enamoraron jiji🤭
Claudia López Alfonso: Tú sabes que sí
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Hasta se antoja!!!🤭🤭🤭🤭🤭
Maru19 Sevilla
Siiiiiiiii 👏👏👏👏👏
Santy
me estoy releyendo los capítulos. 10 de 10/Heart//Rose/
Santy
Que emociónnnn!!
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