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ATEEZ: Ecos De Un Sueño.

ATEEZ: Ecos De Un Sueño.

Status: Terminada
Genre:Fanfic / Ídolo / ATEEZ / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

El sonido que emanaba del otro lado del telón no era humano. Era una fuerza de la naturaleza, una marea de gritos que hacía que los cimientos del teatro en Londres temblaran. En el backstage, sin embargo, la atmósfera era radicalmente distinta. Era un caos controlado de sprays de cabello, personal de seguridad con auriculares y miembros del staff gritando conteos regresivos.

—¡Tres minutos para el inicio! —gritó un mánager.

San estaba sentado en una silla plegable, con una toalla sobre la cabeza. Un fisioterapeuta le estaba aplicando un spray frío en el tobillo derecho, que se había torcido levemente durante la prueba de sonido. Su rostro estaba pálido, y sus ojos, generalmente brillantes, tenían un velo de dolor.

—San, si no puedes hacer la coreografía completa de "Pirate King", podemos ajustarla —le susurró Seonghwa, arrodillándose a su lado y poniéndole una mano en la rodilla—. No te destruyas en la primera canción. Tenemos dos horas de show por delante.

San se quitó la toalla y miró a Seonghwa con una intensidad aterradora.

—No voy a ajustar nada, hyung. Ellos pagaron por ver a ATEEZ al cien por ciento. Si me rompo, que sea en el escenario. No voy a darles menos de lo que esperan.

—Es un testarudo —murmuró Wooyoung, aunque estaba ayudando a San a levantarse, sosteniéndolo con fuerza—. Pero todos lo somos.

Jongho estaba en un rincón, haciendo ejercicios de calentamiento vocal. Su garganta estaba inflamada por el cambio de clima y la falta de humedad en los hoteles, pero cada vez que abría la boca, salía una nota perfecta y poderosa. Era su escudo. Si su cuerpo estaba cansado, su voz sería la que llevaría al grupo a la victoria.

—¡En posición! —ordenó Hongjoong.

Se colocaron en la plataforma elevadora. En la oscuridad, antes de que las luces se encendieran, eran solo sombras respirando con dificultad. El sudor ya perlaba sus frentes incluso antes de empezar, producto de los nervios. Hongjoong extendió la mano y tocó el hombro de Yunho, quien a su vez tocó a Mingi. Una cadena de contacto humano en la oscuridad total.

Entonces, las luces estallaron.

El contraste era brutal. De la penumbra del backstage al brillo cegador de los focos frontales. El ruido se convirtió en una pared física de sonido. En el momento en que la base de la canción golpeó los altavoces, San dejó de ser el chico herido con spray frío en el tobillo. Se transformó. Sus movimientos eran violentos, precisos, casi inhumanos. Su rostro se contorsionaba en expresiones que bordeaban la locura escénica, alimentándose de la energía de la multitud.

Pero en las sombras del escenario, la realidad seguía acechando.

Durante el primer cambio de vestuario, que duraba apenas noventa segundos, el caos era total. Los estilistas les arrancaban las chaquetas sudadas mientras ellos bebían agua desesperadamente.

—¡Oxígeno! —jadeó Mingi, apoyándose contra una caja de cables. El asma y la intensidad del baile lo estaban dejando sin aire.

Un miembro del staff le puso una pequeña máscara de oxígeno portátil. Mingi inhaló profundamente dos veces, sus ojos perdidos en el techo, antes de que le pusieran una nueva chaqueta de cuero y lo empujaran de vuelta hacia la luz. No había tiempo para ser humano; el cronómetro no se detenía por nadie.

Yeosang estaba en una esquina, con una estilista retocándole el maquillaje que se derretía por el sudor. Sus manos temblaban. Había cometido un pequeño error en la formación anterior y su mente no dejaba de darle vueltas.

—Lo hiciste bien, Yeosangie —le dijo Yunho al pasar a su lado, dándole un apretón rápido en el brazo—. Nadie lo notó. Sigue adelante.

Ese era el patrón del tour: luces cegadoras de gloria seguidas de sombras de agotamiento extremo. En el escenario, eran invencibles. Eran piratas, eran guerreros, eran los dueños del mundo. Pero en cuanto cruzaban la línea hacia las alas del escenario, se doblaban sobre sus rodillas, buscaban desesperadamente agua y se miraban unos a otros con una pregunta silenciosa: *¿Podremos terminar esto?*

A mitad del concierto, durante una balada, el ritmo bajó. Los ocho se sentaron en taburetes, con las luces enfocándolos de manera más suave. Miles de "Lightiny" se movían al unísono, creando un universo de estrellas blancas dentro del teatro.

Hongjoong tomó el micrófono. Su respiración aún era pesada.

—A veces, cuando estamos en el hotel, nos sentimos muy lejos de casa —dijo a la multitud, y su voz fue traducida por el intérprete, provocando un murmullo de afecto—. Pero cuando vemos estas luces... entendemos que casa no es un lugar. Casa es este momento. Gracias por darnos una razón para aguantar el dolor.

San, sentado a su lado, apretó los dientes. El efecto del spray frío se estaba pasando y el tobillo le gritaba. Miró a los fans en las primeras filas; vio a una chica llorando de emoción, sosteniendo un cartel con su nombre. En ese momento, el dolor se volvió secundario. Se dio cuenta de que lo que hacían no era solo entretenimiento. Era un intercambio de almas. Ellos daban su salud física y mental, y a cambio, recibían un amor que los mantenía vivos.

El show terminó con una explosión de confeti y una reverencia profunda que duró varios segundos. Cuando el telón finalmente bajó, los ocho se desplomaron en el suelo, allí mismo, sobre las tablas del escenario. Ya no había cámaras, ya no había luces. Solo el sonido de ocho respiraciones pesadas y el eco de los gritos que aún resonaban en sus oídos.

—Estamos vivos —susurró Wooyoung, tumbado boca arriba, mirando las estructuras metálicas del techo—. Un show menos.

Seonghwa se arrastró hacia San y le quitó la bota con cuidado. El tobillo estaba hinchado como una pelota de tenis.

—Mañana no caminas, San. Te llevaremos en silla de ruedas por el aeropuerto si hace falta —dijo Seonghwa, con una mezcla de enojo y admiración.

San simplemente sonrió, con el rostro cubierto de confeti y sudor.

—Valió la pena. Mira el escenario, hyung. Lo logramos.

Las luces del teatro se apagaron, dejando el lugar en una penumbra silenciosa. En la oscuridad, los ocho chicos se ayudaron a levantarse unos a otros. El escenario les había dado gloria, pero también les había recordado su fragilidad. Eran estrellas, sí, pero estrellas que se consumían a gran velocidad para iluminar la vida de los demás. Y mientras caminaban hacia el camerino, apoyados hombro con hombro, supieron que las sombras del backstage eran tan importantes como las luces del show, porque era en la oscuridad donde realmente se cuidaban unos a otros.

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A.B.🐨💜
Bello...una hermandad digna de ser.
A.B.🐨💜
¿Cómo decir que no estoy llorando en este momento? 😭

Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
A.B.🐨💜
😭😭😭.

Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.

Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.
A.B.🐨💜
Esas palabras son hermosas...😭
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