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Cenizas De Seda: El Rostro De La Venganza

Cenizas De Seda: El Rostro De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza / CEO / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:408.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

​Elena San Román es la esposa abnegada de Julián Ferrara, el heredero de un imperio hotelero. Ella lo dio todo: dejó su carrera como arquitecta para apoyarlo y cuidó de su madre enferma. Sin embargo, el día de su tercer aniversario, Elena descubre que Julián nunca la amó. Él solo se casó con ella para cumplir una cláusula del testamento de su abuelo y así obtener la presidencia.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La reconciliación

Punto de vista de Alix

Me quedé muda. Un hombre como Adrián Valenzuela, que manejaba imperios y hombres con un gesto de la mano, sosteniendo flores como un principiante.

—Sé que fui un idiota —dijo, y la palabra "idiota" sonó extraña en su boca—. La duda no era hacia ti, Alix. Fue hacia mí mismo. Ver a ese hombre cerca de ti... sentir que él tuvo una parte de tu vida que yo nunca tendré, me hizo reaccionar como el animal que trato de no ser.

—Adrián... —empecé a decir, pero él me interrumpió, dejando el ramo sobre el escritorio, justo encima de los balances de Julián.

—No soy un hombre de palabras dulces, ya lo sabes. Mi mundo se construye con hechos y poder. Pero si algo he aprendido en estos dos años es que tú no eres una herramienta para mi venganza. Eres... —hizo una pausa, buscando la palabra adecuada, mientras sus ojos oscuros se clavaban en los míos con una intensidad honesta—. Eres la única persona por la que valdría la pena quemar este mundo. Perdóname por dudar de la mujer que yo mismo vi renacer de las cenizas.

Me levanté lentamente, mirando las flores y luego a él. El gesto era tan impropio de su naturaleza fría que me conmovió más que cualquier discurso ensayado. Adrián estaba pidiendo una tregua, bajando la guardia de la única forma que sabía.

—Esas flores no combinan con tu imagen de hombre despiadado —dije con una pequeña sonrisa, sintiendo cómo el nudo en mi pecho comenzaba a aflojarse.

—A la mierda mi imagen —gruñó él, acortando la distancia entre nosotros y tomándome del rostro con sus manos grandes y cálidas—. Solo me importa que sepas que confío en ti. Que somos uno solo en esto.

En ese momento, el rencor se evaporó. Me di cuenta de que Adrián no solo me había salvado la vida aquella noche en el lago; me estaba salvando de la amargura absoluta. Me incliné hacia él, buscando el refugio de sus brazos, entendiendo que nuestra unión ya no era solo un contrato. Era algo mucho más peligroso y real.

—Acepto las flores —susurré contra sus labios—. Pero la próxima vez que dudes de mi odio por Julián, te haré comer cada uno de esos pétalos.

Adrián soltó una risa ronca, la primera que le escuchaba en días, y me besó con una urgencia que selló nuestra reconciliación. El fuego de la venganza seguía allí, pero ahora, por primera vez, había algo de luz entre nosotros.

El silencio en el estudio cambió de naturaleza; ya no era tenso, sino vibrante, cargado de una electricidad que hacía que el aire pesara. Adrián soltó el ramo sobre el escritorio, ignorando cómo las flores aplastaban los documentos de la auditoría, y me atrajo hacia él con una urgencia que me dejó sin aliento.

—Dime que me perdonas —exigió contra mis labios, su aliento cálido mezclándose con el mío.

—Te perdono, Adrián —susurré, rodeando su cuello con mis brazos y hundiéndome en su aroma a sándalo y lluvia—. Pero no vuelvas a alejarte de mí así.

Él no respondió con palabras. Su boca se adueñó de la mía en un beso hambriento, desesperado, como si necesitara borrar cualquier rastro del pasado con su contacto. Sus manos bajaron por mi espalda, presionándome contra su cuerpo sólido, recordándome que él era real, que él era mi presente y mi fuerza.

Me levantó sin romper el beso, sentándome sobre el borde del escritorio. Mis piernas se enredaron en su cintura instintivamente. En ese momento, las luces de la ciudad que brillaban tras el ventanal eran lo único que presenciaba cómo dos personas que habían jurado no volver a sentir se entregaban por completo.

La pasión se desató con una ferocidad contenida durante años. Adrián se deshizo de mi saco con movimientos rápidos y expertos, mientras yo buscaba desabotonar su camisa con manos temblorosas, ansiosa por sentir el calor de su piel contra la mía. Cada caricia suya era una marca de propiedad, una promesa de protección y una declaración que nos unia aun mas contra todo lo que nos había hecho daño.

Nos movimos hacia la habitación principal en una danza de caricias y susurros agitados. Sobre las sábanas de seda, Adrián se tomó el tiempo para recorrer cada centímetro de mi cuerpo, deteniéndose en las cicatrices que el fuego no pudo borrar del todo, besándolas con una devoción que me hacía sentir hermosa por primera vez desde el accidente.

Bajo su cuerpo, me sentí libre. Libre de Elena, libre de los Ferrara, libre del odio. Por unos instantes, solo fuimos dos almas buscando refugio en medio de la tormenta. Adrián me llevó al límite, haciéndome perder el sentido de la realidad, mientras su nombre se escapaba de mis labios como una oración. En el clímax de nuestra entrega, supe que nuestra alianza no era solo de negocios; era una unión de piel, alma y destino.

Nos quedamos abrazados en la penumbra, recuperando el aliento mientras el sudor se enfriaba sobre nuestros cuerpos. Adrián me estrechó contra su pecho, besando mi frente con una ternura que nunca le mostraría al mundo exterior.

—Nadie volverá a tocarte, Alix —prometió en un susurro ronco—. Ni siquiera con la mirada.

Me quedé dormida con esa promesa resonando en mi mente, sabiendo que mañana la lucha contra nuestros enemigos continuaría, pero que ahora mi esposo estaba más firme que nunca a mi lado.

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Cliente anónimo
Bueno Julián eso es verdad nuestra conciencia es nuestro propio juez
Cliente anónimo
Elena recuperó su libertad y su dignidad muy inteligentemente 👏👏
Cliente anónimo
Autora cada vez me deja con esa cosquillas qué se sienten en el estómago que linda tus historia 🥰🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Julián pudiste tenerlo todo pero la ambición te destruyó
Cliente anónimo
Par de arpías juntos ahora jugando al depredador pero los dos se van a comer los dos jugaron con la vida de inocentes
Cliente anónimo
Qué descarado este Julián su imperio?
Cliente anónimo
Bueno Adrián llegó el momento de la verdad Julián y Sofía ahora tomarán de su propio chocolate
Cliente anónimo
Al mal paso darle prisa esté Julián tiene qué pagar toda su arrogancia
Nora Sophia Y Rafael
felicidades excelente novela 👏👏👏👏 estuvo genial ....
San Aguirre
Normal.
San Aguirre
🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️
Cliente anónimo
La historia se torna muy interesante ☺️👏
Cliente anónimo
Bueno el mantuvo la máscara delante de la víbora pero Le ganaron los celos y es valido se enamoro de alix
Blacina Calvo Fernández
Excelente historia, Felicidades AUTORA.
Cliente anónimo
Autora una vez más te felicito cada historia qué leo es interesante y eres muy tenaz para redactar y llevar hasta el límite a los malos está pareja se volvió uno sólo en poder ☺️
Cliente anónimo
Está Sofía está jugando con fuego y se va a quemar por venenosa 🤭
Cliente anónimo
Pobre hombre esté Julián
Cliente anónimo
Bueno Julián llego la hora de tú caída y tengo el presentimiento qué será más rápida qué la qué tú tramaste pará Elena
Cliente anónimo
Esa es la actitud Elena 👏
Cliente anónimo
Autora tú como siempre dando giros al 100 en la historia. Ahora espero tú segunda estocada Elena mujer luchadora
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