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Amor Sobrehumano El Orígen

Amor Sobrehumano El Orígen

Status: Terminada
Genre:Romance / Vampiro / Completas
Popularitas:735
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre

Precuela de la novela amor sobrehumano

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12 - Soledad y Adela se conocen

En la penumbra de la casa abandonada, Soledad sostenía el biberón con manos temblorosas.

—Voy a cuidarte mucho del sol, Luciana. Ese nombre es tan hermoso como tú —susurró, viendo cómo la pequeña bebía la sangre con una calma sobrenatural.

Mientras tanto, en la guarida, el Jefe de los Vampiros rabiaba frente a sus súbditos.

—¡Esa hechicera nos engañó! —rugió—. No debimos matarla tan pronto. Pero no todo está perdido... las hijas deben conocer el secreto. Encuéntrenlas y tráiganlas con vida. No descansaré hasta que el sol deje de ser mi enemigo.

Una tumba en el silencio

Bajo la sombra de un roble milenario, Soledad terminó de colocar flores silvestres sobre un montículo de tierra fresca.

—Vendré a verte todos los días, hermana. Le hablaré a tu hija de cuánto la amaste desde el vientre. Ahora estás con mamá en el cielo... descansa en paz.

Con el corazón roto pero la voluntad de hierro, Soledad se alejó, sabiendo que ahora ella era el único escudo de Luciana contra los monstruos que la buscaban.

El peso del apellido

En el hospital, Salvador observaba a la segunda hija de Alejandra.

—Es preciosa —dijo la enfermera entregándosela.

Salvador la tomó con delicadeza. «Tú no tienes la culpa de los errores de tu madre», pensó. «Aunque no seas mi sangre, te cuidaré como si lo fueras».

Alejandra despertó con la amargura de siempre.

—Aléjala de mí —escupió al ver a la bebé—. Fue un error, debí haberla abortado.

—¿Cómo puedes ser tan fría? —replicó Salvador, asqueado—. Me arrepiento tanto de haberme casado contigo.

—Ya es tarde, Salvador. Nunca te librarás de mí.

Un encuentro inesperado

Días después, Soledad se encontraba en el mercado del pueblo, vendiendo los brebajes que su madre le había enseñado a preparar. Luciana dormía profundamente en un cesto, cubierta por una manta gruesa para evitar que un solo rayo de sol tocara su piel.

Una sirvienta le entregó una generosa suma de dinero, agradecida por la salud de su patrona.

—Con esto podré comprarte ropa y comida, mi vida —le susurró Soledad al cesto.

De pronto, una voz conocida la interrumpió.

—Disculpa... ¿tú eres Soledad, la hermana de María Clara?

Era Adela, quien llevaba de la mano al pequeño Nicolás. Soledad palideció al escuchar el nombre de su hermana.

—Sí... pero mi hermana murió hace unos días al dar a luz.

Adela se entristeció profundamente. —Lo lamento tanto, era una mujer muy noble.

Mientras hablaban, el pequeño Nicolás se soltó y, llevado por la curiosidad, destapó la manta del cesto.

—¡Niña! —exclamó el niño, maravillado.

Adela se acercó y quedó prendada de la belleza de la recién nacida.

—Es hermosísima... ¿cómo se llama?

—Se llama Luciana —respondió Soledad, cubriéndola rápidamente—. Le hace daño el sol, por eso está tan tapada.

Adela, conmovida por la situación de la joven que vivía sola en el bosque, le ofreció su amistad y ayuda.

—Déjame visitarte, quiero llevarle cositas a la bebé. No acepto un no por respuesta.

Soledad, sintiendo por primera vez un poco de apoyo, le dio la dirección de su refugio en el bosque. Nicolás se despidió de la bebé con un tierno beso en la frente, un gesto que Soledad agradeció con una sonrisa. «Ojalá solo nos visites de día, Adela... para que nunca descubras de qué se alimenta esta niña», pensó Soledad al verlos partir.

La Sombra del Recuerdo

Horas más tarde, en la Mansión Pérez, Salvador cargaba a la pequeña Isabella.

—Voy a ser el mejor padre para mis princesas —susurró.

Adela se le acercó para pedirle el permiso acordado.

—Señor, quiero visitar a una amiga que vive sola en el bosque con su sobrina. Su hermana murió hace poco al dar a luz...

Al escuchar el relato, Salvador sintió una punzada en el pecho. El bosque, una hermana fallecida... los recuerdos de María Clara lo asaltaron con una fuerza dolorosa, aunque se obligó a guardar silencio.

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