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Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta / Completas
Popularitas:186.5k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una tormenta acercándose

​Los días finales del año se deslizaban con una lentitud engañosa, como si el tiempo mismo se detuviera a observar la tensión que crecía entre las paredes de la mansión. A pesar del pacto tácito de distancia, la convivencia obligaba a encuentros fortuitos que erosionaban la voluntad de ambos. Ya no era solo el recuerdo de la Nochebuena; era la acumulación de pequeños momentos, de roces accidentales y miradas capturadas al vuelo lo que estaba convirtiendo la casa en un campo minado.

​El jueves por la mañana, la calefacción central sufrió un pequeño desperfecto, dejando el ala este de la casa más fría de lo habitual. Emma, siempre ajena a las complicaciones adultas, decidió que la solución era organizar un "pícnic de invierno" en la alfombra frente a la chimenea del salón principal, el único lugar que conservaba un calor reconfortante.

​—¡Papá, siéntate aquí! Lucía dice que el chocolate caliente cura el frío —ordenó la niña, palmeando el espacio entre ella y su cuidadora.

​Alejandro, que acababa de entrar con la intención de recoger unos documentos, se vio atrapado. No pudo negarse ante la mirada expectante de su hija. Se sentó con cierta rigidez, cruzando sus largas piernas sobre la alfombra. Lucía estaba a su lado, sosteniendo una bandeja con tazas de porcelana. Al inclinarse para ofrecerle una a él, el espacio se redujo drásticamente. El brazo de Alejandro, cubierto por la lana fina de su suéter, rozó el costado de Lucía. Ella contuvo el aliento, sintiendo el calor irradiar de él como si fuera la propia chimenea.

​—Gracias, Lucía —dijo él, y sus ojos se encontraron por un segundo más de lo necesario.

​En esa cercanía, Alejandro pudo notar las pequeñas pecas en el puente de la nariz de Lucía y el aroma a vainilla que parecía ser su sello personal. Ella, por su parte, se perdió en la profundidad de sus ojos oscuros, que ese día no parecían los de un jefe severo, sino los de un hombre cansado de luchar contra lo inevitable.

​—¡Miren! —exclamó Emma, señalando por el ventanal—. Un pájaro se quedó en la fuente.

​Tanto Alejandro como Lucía se inclinaron hacia adelante para ver, olvidando por un instante la distancia de seguridad. Sus hombros se tocaron y permanecieron así, unidos, durante casi un minuto. Ninguno se apartó. El contacto era eléctrico, una corriente que recorría la columna de Lucía y que hacía que Alejandro apretara con fuerza su taza de café. Era una intimidad compartida frente a la inocencia de la niña, un momento de paz que gritaba una verdad que ambos intentaban silenciar.

​Más tarde ese mismo día, Emma insistió en que su padre le enseñara las notas básicas en el gran piano de cola que presidía el rincón de la música, un instrumento que había permanecido mudo desde la muerte de su madre. Alejandro aceptó, pero al ver que Emma no llegaba bien a las teclas, pidió a Lucía que se sentara con ella.

​El banco del piano era amplio, pero con los tres allí, la proximidad era absoluta. Lucía sostenía a Emma en su regazo mientras Alejandro, desde el otro extremo del banco, guiaba las manos pequeñas de la niña sobre el marfil.

​—Esta es la nota Do, Emma —explicó Alejandro.

​Al mover su mano para corregir la posición de la niña, su mano cubrió por completo la de Lucía, que estaba ayudando a sostener a Emma. La piel de él estaba caliente, se sentía firme y protectora. Lucía sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el fallo de la calefacción. Alejandro no retiró la mano de inmediato. Sus dedos se cerraron sutilmente sobre los de ella, un gesto que Emma no notó, pero que para los adultos fue como un grito en una habitación vacía.

​El sonido de una nota grave resonó en la sala, vibrando en la madera del piano y en sus propios pechos. Alejandro miró a Lucía de soslayo; ella tenía las mejillas encendidas y la respiración entrecortada. El deseo era una presencia física entre ellos, tan real como el instrumento que tocaban.

​Cuando la noche finalmente cayó y Emma fue a la cama, el silencio regresó a la mansión, pero era un silencio plagado de pensamientos inquietos.

​Alejandro se encontraba en su despacho, solo con una copa de coñac que apenas probaba. Se puso de pie y caminó hacia el espejo que colgaba sobre la repisa de la chimenea. Se observó con dureza, odiando la debilidad que sentía bullir en su interior.

​—Es solo instinto —se dijo a sí mismo, tratando de aplicar la lógica fría que usaba en sus negocios. —Hace tres años que no estás con una mujer. Tres años de abstinencia, de soledad, de enterrar tus necesidades bajo capas de trabajo. Lucía es joven, es hermosa y tiene esa luz que hace rato te falta. Es natural que tu cuerpo reaccione así. No es ella, es el vacío que tienes dentro explotando frente a la primera belleza que se cruza en tu camino.

​Se convenció de que sus sentimientos eran puramente biológicos, una respuesta mecánica de un hombre que llevaba demasiado tiempo en el desierto. Sin embargo, al cerrar los ojos, no veía a "una mujer genérica"; veía la curva del cuello de Lucía, recordaba la suavidad de su risa y la forma en que ella miraba a su hija. La lógica empezaba a fallar, pero él se aferró a ella como a un clavo ardiendo. No podía enamorarse de la niñera. Sería un cliché, una vulnerabilidad que no podía permitirse.

​Al mismo tiempo, en su habitación, Lucía estaba sentada en el borde de su cama, abrazando sus propias rodillas. Su mente era un torbellino de autorreproches.

​—No puedes hacer esto, Lucía. No puedes ir por ese camino —se susurró a sí misma en la oscuridad.

​Se repetía una y otra vez que Alejandro Ferrer era su empleador, el hombre que pagaba el hospital de su madre, un titán de un mundo al que ella no pertenecía. Sentirse atraída por él era jugar con fuego en una casa de papel. Si cruzaba esa línea, arriesgaba todo: su dignidad, su trabajo y la estabilidad que tanto le había costado conseguir.

​—Él solo te ve como la cuidadora de su hija —se mintió, tratando de ignorar cómo él la había mirado en la biblioteca o cómo su mano la había buscado sobre el piano—. Mañana será un día nuevo. Mañana serás la empleada perfecta de nuevo.

​Pero mientras se acostaba, su cuerpo seguía recordando el calor del hombro de Alejandro contra el suyo. La razón decía una cosa, pero la piel, esa traidora silenciosa, ya había tomado una decisión propia. La tormenta estaba cerca, y ninguno de los dos estaba tan preparado como creía.

1
Noemi Santos
Me encantó gracias bendiciones muy excelente muy bonita y divertida me fascinó
Anonymous
El
Anonymous
El
Tere Jimenez
gracias felicidades
Tere Jimenez
hermoso final felicidades
Tere Jimenez
gracias increíble tu novela un final hermoso espero sigas escribiendo con sabiduría y entendimiento para seguir compartiendo con nosotros tus libros gracias un abrazo
maryury de lourdes penafiel pazmino
nunca se mencionó un papá ,para mí eso hace falta
Amalia liza maldonadoliza
bellísima historia muchas felicidades
Karla Liliana
muy bueno felicitaciones
Liliana Flores
Y Emma que culpa tiene, Lucía quería que ella estuviera bien y el es un egoísta, la volvió a abandonar, nada de lo que hizo Lucía sirvió
Doris Castañeda
Muy bonita tu novela. Gracias autora.
Carmen Boggiatto
Esta🦊lo que quiere es meterse en la cama del cuñado .
Carmen Boggiatto
Lucia , tendrá que luchar contra Valeria o Vanesa? es tan insignificante que no recuerdo el nombre de la cuñada de Alejandro(jajajaja) , bueno como sea.
Así que Lucía , cuídate de la 🦊
Liliana Flores
La única opinión que realmente importa
Liliana Flores
Por lo menos están encontrando apoyo en los que importan, los que juzgan es porque tienen una vida miserable que solo pueden criticar lo que no tienen, aunque tengan todo el dinero, solo quieren fregar al que es feliz o tiene estabilidad porque es lo que a ellos les falta
Veronica Flores
excelente me encanta muchas felicidades
Carmen Boggiatto
me gusta 😊
Ivis Medina
autora, deberías arreglar las incongruencias, el capítulo anterior dice que Lucia sabe que la caraja está presa, y en este lo contrario, por supuesto está mejor así, pero arreglalo para tus futuras lectoras..
Ivis Medina
bueno, esto ya pasó de la idiotez a la imbecilidad, si ella sabe que la tipa está en la carcel y demás, como es que no a buscado ir con Alejandro y Emma??
Susy
Me gustó mucho la historia..
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