NovelToon NovelToon
Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta / Completas
Popularitas:866.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una tormenta acercándose

​Los días finales del año se deslizaban con una lentitud engañosa, como si el tiempo mismo se detuviera a observar la tensión que crecía entre las paredes de la mansión. A pesar del pacto tácito de distancia, la convivencia obligaba a encuentros fortuitos que erosionaban la voluntad de ambos. Ya no era solo el recuerdo de la Nochebuena; era la acumulación de pequeños momentos, de roces accidentales y miradas capturadas al vuelo lo que estaba convirtiendo la casa en un campo minado.

​El jueves por la mañana, la calefacción central sufrió un pequeño desperfecto, dejando el ala este de la casa más fría de lo habitual. Emma, siempre ajena a las complicaciones adultas, decidió que la solución era organizar un "pícnic de invierno" en la alfombra frente a la chimenea del salón principal, el único lugar que conservaba un calor reconfortante.

​—¡Papá, siéntate aquí! Lucía dice que el chocolate caliente cura el frío —ordenó la niña, palmeando el espacio entre ella y su cuidadora.

​Alejandro, que acababa de entrar con la intención de recoger unos documentos, se vio atrapado. No pudo negarse ante la mirada expectante de su hija. Se sentó con cierta rigidez, cruzando sus largas piernas sobre la alfombra. Lucía estaba a su lado, sosteniendo una bandeja con tazas de porcelana. Al inclinarse para ofrecerle una a él, el espacio se redujo drásticamente. El brazo de Alejandro, cubierto por la lana fina de su suéter, rozó el costado de Lucía. Ella contuvo el aliento, sintiendo el calor irradiar de él como si fuera la propia chimenea.

​—Gracias, Lucía —dijo él, y sus ojos se encontraron por un segundo más de lo necesario.

​En esa cercanía, Alejandro pudo notar las pequeñas pecas en el puente de la nariz de Lucía y el aroma a vainilla que parecía ser su sello personal. Ella, por su parte, se perdió en la profundidad de sus ojos oscuros, que ese día no parecían los de un jefe severo, sino los de un hombre cansado de luchar contra lo inevitable.

​—¡Miren! —exclamó Emma, señalando por el ventanal—. Un pájaro se quedó en la fuente.

​Tanto Alejandro como Lucía se inclinaron hacia adelante para ver, olvidando por un instante la distancia de seguridad. Sus hombros se tocaron y permanecieron así, unidos, durante casi un minuto. Ninguno se apartó. El contacto era eléctrico, una corriente que recorría la columna de Lucía y que hacía que Alejandro apretara con fuerza su taza de café. Era una intimidad compartida frente a la inocencia de la niña, un momento de paz que gritaba una verdad que ambos intentaban silenciar.

​Más tarde ese mismo día, Emma insistió en que su padre le enseñara las notas básicas en el gran piano de cola que presidía el rincón de la música, un instrumento que había permanecido mudo desde la muerte de su madre. Alejandro aceptó, pero al ver que Emma no llegaba bien a las teclas, pidió a Lucía que se sentara con ella.

​El banco del piano era amplio, pero con los tres allí, la proximidad era absoluta. Lucía sostenía a Emma en su regazo mientras Alejandro, desde el otro extremo del banco, guiaba las manos pequeñas de la niña sobre el marfil.

​—Esta es la nota Do, Emma —explicó Alejandro.

​Al mover su mano para corregir la posición de la niña, su mano cubrió por completo la de Lucía, que estaba ayudando a sostener a Emma. La piel de él estaba caliente, se sentía firme y protectora. Lucía sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el fallo de la calefacción. Alejandro no retiró la mano de inmediato. Sus dedos se cerraron sutilmente sobre los de ella, un gesto que Emma no notó, pero que para los adultos fue como un grito en una habitación vacía.

​El sonido de una nota grave resonó en la sala, vibrando en la madera del piano y en sus propios pechos. Alejandro miró a Lucía de soslayo; ella tenía las mejillas encendidas y la respiración entrecortada. El deseo era una presencia física entre ellos, tan real como el instrumento que tocaban.

​Cuando la noche finalmente cayó y Emma fue a la cama, el silencio regresó a la mansión, pero era un silencio plagado de pensamientos inquietos.

​Alejandro se encontraba en su despacho, solo con una copa de coñac que apenas probaba. Se puso de pie y caminó hacia el espejo que colgaba sobre la repisa de la chimenea. Se observó con dureza, odiando la debilidad que sentía bullir en su interior.

​—Es solo instinto —se dijo a sí mismo, tratando de aplicar la lógica fría que usaba en sus negocios. —Hace tres años que no estás con una mujer. Tres años de abstinencia, de soledad, de enterrar tus necesidades bajo capas de trabajo. Lucía es joven, es hermosa y tiene esa luz que hace rato te falta. Es natural que tu cuerpo reaccione así. No es ella, es el vacío que tienes dentro explotando frente a la primera belleza que se cruza en tu camino.

​Se convenció de que sus sentimientos eran puramente biológicos, una respuesta mecánica de un hombre que llevaba demasiado tiempo en el desierto. Sin embargo, al cerrar los ojos, no veía a "una mujer genérica"; veía la curva del cuello de Lucía, recordaba la suavidad de su risa y la forma en que ella miraba a su hija. La lógica empezaba a fallar, pero él se aferró a ella como a un clavo ardiendo. No podía enamorarse de la niñera. Sería un cliché, una vulnerabilidad que no podía permitirse.

​Al mismo tiempo, en su habitación, Lucía estaba sentada en el borde de su cama, abrazando sus propias rodillas. Su mente era un torbellino de autorreproches.

​—No puedes hacer esto, Lucía. No puedes ir por ese camino —se susurró a sí misma en la oscuridad.

​Se repetía una y otra vez que Alejandro Ferrer era su empleador, el hombre que pagaba el hospital de su madre, un titán de un mundo al que ella no pertenecía. Sentirse atraída por él era jugar con fuego en una casa de papel. Si cruzaba esa línea, arriesgaba todo: su dignidad, su trabajo y la estabilidad que tanto le había costado conseguir.

​—Él solo te ve como la cuidadora de su hija —se mintió, tratando de ignorar cómo él la había mirado en la biblioteca o cómo su mano la había buscado sobre el piano—. Mañana será un día nuevo. Mañana serás la empleada perfecta de nuevo.

​Pero mientras se acostaba, su cuerpo seguía recordando el calor del hombro de Alejandro contra el suyo. La razón decía una cosa, pero la piel, esa traidora silenciosa, ya había tomado una decisión propia. La tormenta estaba cerca, y ninguno de los dos estaba tan preparado como creía.

1
Jesus Castro Montero
Gracias escritora me fascinó tu novela en verdad todas tus novelas son grandiosas
Johana Padilla
ojalá Alejandro descubra rápido que valeria lo tiene vigilado
Johana Padilla
Alejandro no debería ser tan confiado
Cristina Miranda
Con que vendrá la.tal Valeria, que mina jodida.
Cristina Miranda
Que gente prejuiciosa, tanto miedo , el no tiene padres, que son los unicos con autoridad en este caso, los de afuera son de palo!
Cristina Miranda
Esa no está enamorada de ei, sinó de su dinero, de su posicion y le va a.hacer la.vida imposible a.la.chica, espero que no se deje y la ponga en su l lugar, y que investiguen de que murio la hna!!
Cristina Miranda
Esa no está enamorada de ei, sinó de su dinero, de su posicion y le va a.hacer la.vida imposible a.la.chica, espero que no se deje y la ponga en su l lugar, y que investiguen de que murio la hna!!
Cristina Miranda
Hasta ahora parece buena, pero corriente, siempre el ceo rico y la chica pobre.
Elba Blass
hay que bruta 😡😡😡😡 lo primero que le dijo Alejandro
Elba Blass
yo que Alejandro la mando a sacar a empujones y la aviento a la calle .... pero a veces los protagonistas son medios lentos 😡😡😡😡
SORAYA AGUILERA RONDON
hay no me gustaría que ya no se terminan de encontrar pero ella sola con el niño y ellos
SORAYA AGUILERA RONDON
no entiendo si ve q la tipa quedo presa xq no busca a alejando
virgy
bonita historia
Elizabeth Vivas
hermosa historia......
Adriana verde
preciosa está novela te felicito autora por permitirnos, caminar contigo en el mágico mundo de la imaginación y permitirnos disfrutar de esta historia tan hermosa y que nos recuerda la fuerza del amor y el valor de la familia como decimos en mi tierra " Me quito el sombrero delante de usted" 🥰
Nancy Ledgard Leon
no creo mi comentario cambie lo ya escrito, es demasiada paja, para cumplir los 73 capítulos
Nancy Ledgard Leon
que le impide regresar también la tienen presa sus salvadores❓
Nancy Ledgard Leon
no que muy abusado? ella sería la primera sospechosa. desde siempre debería tener un investigador detrás de ella, no se debe dejar un león herido y una mujer despechada es fatal.
Erenia Cutiño
hay ya la otra ganó va a dejar todo atrás, si que Valeria es mala
Erenia Cutiño
estoy entusiasmada con esta historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play