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​Luz En El Cristal

​Luz En El Cristal

Status: En proceso
Genre:Dominación / Amor-odio
Popularitas:42k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Él es cristal: frío, poderoso e inquebrantable. Ella es la luz que amenaza con romperlo.
​Alistair Vance, un CEO implacable que lo toma todo por la fuerza, encuentra su obsesión en la dulce Evie Morales. Pero cuando una traición cruel destruye su confianza, ella desaparece, dejando al hombre más poderoso del mundo de rodillas.
​Él está dispuesto a quemar el mundo para encontrarla. Ella solo quiere olvidar que alguna vez lo amó.

NovelToon tiene autorización de EJ CB para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El santuario de los campos olvidados

El traqueteo del tren era una canción de cuna metálica, monótona y despiadada, que golpeaba contra los tímpanos de Evie con la misma insistencia que los latidos de su propio corazón herido. Durante horas que parecieron siglos, se quedó pegada a la ventanilla, viendo cómo el mundo que conocía se desintegraba. Los rascacielos de cristal y acero, esos monumentos a la ambición de hombres como Alistair, fueron reemplazados por una sucesión de campos baldíos, estaciones fantasmales y cielos que recobraban un azul que ella creía haber olvidado.

Había bajado en una estación cuyo nombre apenas pudo leer a través de la bruma de sus lágrimas. Era un lugar donde el aire ya no olía a smog, a perfumes caros ni a esa esencia de sándalo y poder que Alistair exhalaba. Aquí, el aire sabía a tierra, a lluvia vieja y a una soledad inmensa que la abrazó en cuanto puso un pie en el andén de madera crujiente. Evie caminó sin rumbo fijo, con su mochila pesando sobre sus hombros como un fardo de piedras que contenía todos sus fracasos. Sus pies, acostumbrados a los suelos de mármol de la corporación, ahora se hundían en el barro de una carretera secundaria flanqueada por sauces llorones y trigales que se mecían como un mar dorado bajo el viento.

Cada paso era un recordatorio de su traición. "Fui su luz", pensaba con una amargura que le quemaba la garganta, "pero él solo me usó para ver mejor sus propias sombras". Se sentía sucia, no por el polvo del camino, sino por el recuerdo de sus manos recorriendo su cuerpo, manos que apenas unas horas después —según las fotos— habían buscado la piel de otra. La humillación era una presencia física, un nudo en su estómago que le impedía respirar con normalidad. Se sentía usada, reducida a un objeto de placer para un hombre que coleccionaba bellezas como quien colecciona trofeos de caza.

El encuentro con el refugio

Tras horas de caminata, cuando el sol empezaba a teñir el horizonte de un púrpura melancólico, Evie divisó una granja apartada. No era un lugar idílico de postal; las paredes de madera estaban castigadas por los inviernos y el tejado del granero mostraba las cicatrices de muchas tormentas. Pero para ella, aquel lugar se sentía como el borde del mundo, un sitio donde Alistair Vance, con todo su dinero y sus investigadores, jamás pensaría en buscarla.

Se detuvo frente a la valla de entrada, sintiendo cómo sus fuerzas flaqueaban. Su cara tierna, que siempre había sido un reflejo de su optimismo, estaba ahora demacrada; sus mejillas habían perdido su color canela habitual para adoptar una palidez enfermiza, y sus rizos negros estaban enredados y cubiertos de una fina capa de polvo. Justo cuando pensaba en dar la vuelta y seguir caminando hasta desmayarse, una figura emergió de detrás de una de las estructuras del granero.

Evie se tensó por puro instinto. Durante semanas había vivido con el miedo de que un coche negro apareciera en cualquier esquina para reclamarla. Pero el hombre que caminaba hacia ella no tenía nada que ver con el mundo de Alistair.

Era un joven de una belleza serena, casi rústica. No vestía trajes de tres piezas, sino una camisa de lino desgastada con las mangas subidas, revelando unos brazos fuertes por el trabajo manual, no por las pesas de un gimnasio de lujo. Lo que más impactó a Evie fue su cabello: era negro azabache, liso como la seda y lo llevaba largo por el cuello, recogido pulcramente en una pequeña coleta que le daba un aire de libertad indómita. Al detenerse frente a ella, dejó en el suelo un par de cubos de metal, y cuando levantó la vista, Evie sintió un vuelco en el corazón.

Sus ojos eran de un color gateado, una mezcla exótica de ámbar y miel que parecía absorber la luz del atardecer sin quemar. Eran ojos tranquilos, que no exigían ni dominaban, ojos que simplemente observaban con una curiosidad amable.

—Estás muy lejos de casa, forastera —dijo el chico. Su voz era profunda y pausada, con un acento rural que sonaba como un bálsamo para los nervios destrozados de Evie—. No solemos ver a mucha gente caminando por estos senderos al caer el sol.

—Yo... busco trabajo. No necesito mucho. Puedo limpiar, ayudar con la cosecha, lo que sea —logró articular Evie. Su voz, antes clara y vibrante, era ahora un susurro roto—. Solo necesito un lugar donde... donde el mundo no me encuentre.

El chico, que se presentó como Asher, la observó con una sabiduría que parecía superar su edad. Notó la forma en que ella apretaba las correas de su mochila, la manera en que sus ojos café evitaban los suyos, como si tuviera miedo de ser vista de verdad.

—Aquí el mundo es muy pequeño —respondió Asher con una sonrisa leve que suavizó sus facciones fuertes—. Solo estamos mi abuelo, yo y el campo. Si puedes trabajar, hay una habitación sobre el granero que está vacía. Es rústica, pero es segura.

La agonía de la paz

Asher la guió hacia el granero. El olor a heno fresco y a madera vieja golpeó a Evie, y por un momento, la paz del lugar la hizo querer llorar de nuevo. Subieron por una escalera de mano hacia una estancia pequeña pero limpia, con una cama de hierro y una ventana que ofrecía una vista infinita de las estrellas.

—Descansa —le dijo Asher antes de bajar—. Mañana el campo no tendrá piedad, y necesitas recuperar el aliento.

Cuando se quedó sola, Evie se dejó caer sobre el colchón de paja. El silencio era tan denso que podía escuchar el zumbido de sus propios pensamientos. Se abrazó a sí misma, buscando un calor que ya no existía. Cada rincón de su mente estaba ocupado por Alistair. Lo odiaba. Odiaba la forma en que su cuerpo aún recordaba el peso del de él sobre ella. Odiaba cómo sus oídos buscaban el sonido de su voz ronca en la oscuridad. Pero, sobre todo, se odiaba por amarlo todavía, por sentir que aquel amor era una enfermedad que se negaba a abandonar su sangre.

Recordó la foto. Una y otra vez. La nitidez de los músculos de la espalda de Alistair, la cercanía íntima con Sloane. Se sentía traicionada no solo por él, sino por su propia intuición. ¿Cómo pudo ser tan ciega? Se sintió como una tonta que creyó en cuentos de hadas mientras el ogro solo esperaba el momento para devorar su inocencia. En ese momento, Evie sintió un deseo atroz de no haber nacido, de ser una piedra, un árbol, cualquier cosa que no tuviera la capacidad de sentir un dolor tan asfixiante. El amor por Alistair era una cadena de cristal que la mantenía anclada al fondo de un océano de desesperación.

El nuevo amanecer

A la mañana siguiente, el sol entró sin permiso por la ventana. Evie se levantó con el cuerpo dolorido, pero con una determinación sombría. Salió al corral y encontró a Asher cortando leña. Su cabello negro y liso brillaba bajo el sol, y sus ojos gateados la saludaron con un asentimiento silencioso.

Pasó el día trabajando hasta que sus manos sangraron ligeramente y sus músculos gritaron de agotamiento. Fue un alivio. El dolor físico era manejable; era predecible. Mientras recolectaba hortalizas o limpiaba el establo, se esforzaba por no pensar en la mansión, en los planos de arquitectura, en la vida de reina que Alistair le había ofrecido. Asher trabajaba cerca de ella, manteniendo una distancia respetuosa, pero su presencia era como un ancla silenciosa. Él no intentaba poseerla con la mirada, no intentaba dominar el aire que ella respiraba.

Sin embargo, al final del día, cuando Asher se soltó la coleta y su cabello negro cayó liso sobre sus hombros, Evie sintió una punzada de pánico. Le recordaba que el mundo estaba lleno de hombres, y ella ya no confiaba en ninguno.

"No me busques, Alistair", susurró para sí misma mientras observaba el horizonte desde el porche. "Porque si me encuentras, descubrirás que la chica que amaste se ha convertido en cenizas".

Evie Morales estaba en una granja, rodeada de paz, pero dentro de ella, la guerra apenas comenzaba. Tenía un techo sobre su cabeza y la protección silenciosa de un chico de ojos color gateado, pero su corazón seguía siendo un territorio devastado, donde el nombre de Alistair Vance estaba escrito con fuego y sangre, una marca que ni todo el silencio del campo podría borrar.

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B💫🤍Tasharen ^_^
quiero más capítulo ☺️
Isabella Medina🌹
obsesionado 🤭
Isabella Medina🌹
🥺😕🤷♥️
Camila Rojas🌹
Cada vez más bueno este libro🌹
Camila Rojas🌹
/Heart//Heart/
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 Me encantan los protagonistas solo espero que cuando lleguen los problemas los afronten juntos y no se dejen engañar 💕💕💕💕
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😞😞😔😔😔
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
ay noooo 😱😱😱😱
🦋 ⃝⃕✨åÐåï✨ ⃝⃕🦋
😒😒😒😒😒 rata callejera
Alejandra Mendoza🌹
más, más 🥰🌹
Angela Zambrano. J
❣️
Fatima Suárez🌹
Me encanta demasiado 🥰❤️‍🔥🤩
Fatima Suárez🌹
Uhm,ujhum🥰
Fatima Suárez🌹
me encanta esto
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
Bello capítulo
𝙅𝙖𝙣𝙚𝙩𝙝 ♥💫
❣️
Anyi Teran🌹
más por favor
Lulu García Verde
Esa mujer es tonta el no la hecho nada se cree una mártir que asco
Ley Rui2
más capitulo 🤭
Camila Torres🌹
te puedes esconder debajo de las piedras, pero el te encontrará ☺️
Sara Gómez🌹: total 🤫
total 1 replies
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