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Bajo El Ala Del Demonio

Bajo El Ala Del Demonio

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Romance paranormal / Fantasía LGBT
Popularitas:657
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”

Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.

Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.

NovelToon tiene autorización de Giulian Hoks para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El Velo de la Obsidiana

La noche en San Jude era un organismo eléctrico, una red de luces de neón y sombras que latía con una urgencia artificial. Lejos de la atmósfera estancada y gótica de la florería, la ciudad ofrecía un caos que Demon despreciaba, pero que utilizaba como su patio de recreo privado. Para la "primera caza" de Clara, el escenario no sería un callejón oscuro, sino el epicentro de la vanidad mortal: L’Éclipse, un club nocturno exclusivo incrustado en el ático de un rascacielos de cristal.

Clara se sentía como una herida abierta en medio de una multitud de maniquíes. El vestido carmesí que llevaba parecía absorber la luz de las estroboscópicas, volviéndose casi negro bajo el parpadeo constante. A su lado, Demon caminaba con la seguridad de un dios entre hormigas. No necesitaba seguridad ni invitaciones; las puertas se abrían ante él como si el aire mismo se apartara para no rozar su piel de mármol.

—Observa, Clara —susurró Demon, acercándose a su oído mientras cruzaban la pista de baile llena de cuerpos sudorosos—. Míralos. Creen que son los dueños del mundo porque tienen dinero y juventud. No saben que solo son fruta madura esperando a ser recogida. No son personas; son recipientes.

Clara sentía que el anillo de obsidiana en su dedo se calentaba, alimentándose de la energía frenética del lugar. Sus sentidos híbridos estaban en su punto máximo: podía oler el perfume barato, el alcohol y, sobre todo, el torrente dulce de la adrenalina en las venas de los presentes. El hambre, esa punzada gélida que su padre le había advertido, empezaba a arañar las paredes de su estómago.

El Diario de las Sombras

Mientras tanto, en el silencio sepulcral de la florería, Margaret se encontraba en el estudio de Demon. Sabía que tenía poco tiempo. Francois estaba en el invernadero, fingiendo trabajar bajo la vigilancia de los recolectores de Julianis, dándole a ella la oportunidad de realizar su propio acto de rebelión.

Margaret sostenía el diario de ébano. Sus dedos, callosos por años de podar espinas venenosas, temblaban al pasar las páginas de caligrafía afilada. Había leído el libro mil veces, pero esa noche, bajo la luz de una vela bendecida con aceite de ruda, notó algo diferente. El lomo del libro crujió de una forma inusual.

Con un bisturí de plata, Margaret realizó un corte preciso en el forro interior de la contraportada. Allí, oculta en un pergamino tan fino que parecía piel humana, estaba la página que Demon había intentado borrar de la existencia. No era un poema, ni una crónica. Era una confesión de miedo.

“El Vínculo de Sangre es eterno solo mientras el Creador mantenga el Ancla. Si el Ancla se rompe por un acto de Voluntad Pura del Sacrificado, el Creador no solo pierde su poder, sino que su esencia se vuelve vulnerable al mismo veneno que corre por sus venas. Pero cuidado: para matar a un Antiguo sin que el Huésped muera con él, se requiere un catalizador que comparta ambos mundos. Una Espina de Cristal nacida de un vientre mortal y alimentada con sangre de sombra.”

—Clara —susurró Margaret, con el corazón martilleando contra sus costillas—. Ella es el catalizador. Ella es la Espina de Cristal.

La Selección de la Presa

En L’Éclipse, Demon detuvo su marcha frente a una sección privada. Allí, un grupo de jóvenes aristócratas reía ruidosamente. Demon señaló a una chica de cabello rubio platino, que bailaba con una despreocupación envidiable.

—Ella, Clara. Su linaje es antiguo, pero su voluntad es nula. Es el aperitivo perfecto. Acércate. Úsalo. No necesitas colmillos; usa el anillo. Deja que la obsidiana beba primero y luego, cuando ella esté en trance, reclama tu parte.

Clara sintió que el mundo se ralentizaba. Miró a la chica. No veía a una persona; veía un mapa de venas pulsantes. El veneno de Adelfa que ella misma había ingerido para inmunizarse y portarlo en su sangre comenzaba a reaccionar con el calor del club. Sus ojos se tornaron de un dorado líquido, feroz.

Se acercó a la chica. La multitud pareció abrirse paso instintivamente. Clara le puso una mano en el hombro. La joven rubia se giró, su risa desvaneciéndose al encontrarse con la mirada de Clara.

—Hola —susurró Clara. Su voz tenía una vibración hipnótica que detuvo la música en los oídos de la chica—. Tienes algo que me pertenece.

El anillo de obsidiana brilló con una luz púrpura. La chica rubia quedó paralizada, sus pupilas dilatándose hasta que el iris desapareció. Demon observaba desde las sombras, con una sonrisa de satisfacción lasciva. Estaba viendo el nacimiento de su obra maestra.

El Giro de la Espina

Pero Clara no mordió. Tampoco usó el anillo para drenarla. En el momento en que su piel tocó la de la chica, Clara canalizó no el hambre, sino el mensaje de Francois. Usó el veneno de la Adelfa que corría por sus venas para inducir en la chica no la muerte, sino un estado de "muerte aparente".

Para los ojos de los demás, y para los sentidos de Demon, parecía que Clara estaba absorbiendo la vida de la joven. La rubia se desplomó en los brazos de Clara, pálida y fría.

—Bien hecho —dijo Demon, acercándose para reclamar el cuerpo—. Has demostrado que eres digna de...

De repente, Demon se tambaleó. Se llevó una mano a la garganta. Sus ojos de obsidiana, siempre fríos y calculadores, se abrieron de par en par con una expresión de desconcierto.

—¿Qué... qué es esto? —jadeó el vampiro.

El aire alrededor de Demon comenzó a oler a Adelfas frescas. El veneno que Clara había liberado a través del contacto con la chica, mezclado con la esencia que el anillo de obsidiana estaba devolviendo involuntariamente a Demon (creyendo que era energía vital), estaba empezando a paralizar el sistema nervioso del Antiguo.

—Es el lenguaje de las flores, Demon —dijo Clara, su voz ahora cargada de un odio que había sido cultivado durante dieciocho años—. Mi padre te envió un regalo. El veneno de la voluntad.

La Intervención del Cónclave

Antes de que Clara pudiera asestar un golpe definitivo, las sombras del club se movieron de forma antinatural. Tres figuras vestidas con gabardinas de cuero negro aparecieron de la nada. Eran los recolectores de Julianis.

—Suficiente —dijo uno de ellos, cuya voz sonaba como cristales rompiéndose—. Demon ha sido negligente. La híbrida ha sido contaminada por la debilidad de su progenitor.

Los recolectores no fueron tras Clara; fueron tras el debilitado Demon. Julianis no buscaba proteger a su "hijo", buscaba eliminar un cabo suelto que se había vuelto inestable.

—¡Clara, corre! —la voz de Francois resonó en su mente, una conexión telepática forjada por la sangre compartida que se activaba en momentos de crisis.

Clara vio cómo los recolectores rodeaban a Demon, quien luchaba por recuperar sus sentidos mientras el veneno de Adelfa lo quemaba por dentro. Ella tenía una oportunidad: podía dejar que Julianis destruyera a Demon, pero sabía que si Demon moría a manos de ellos, la conexión con su padre se rompería de forma violenta, matando a Francois también.

—No —dijo Clara, tomando la daga de cristal que llevaba oculta—. Él es mío.

Con una agilidad que desafiaba la gravedad, Clara se lanzó no contra los recolectores, sino contra Demon. Pero no para matarlo, sino para marcarlo. Hizo un corte rápido en la frente del vampiro, derramando su propia sangre híbrida cargada de la voluntad de Margaret sobre él.

El efecto fue una explosión de energía cinética que lanzó a los recolectores contra las paredes de cristal del ático. El cristal se hizo añicos y el viento frío de la noche de San Jude entró aullando en el club.

La Huida en el Cristal

En medio del caos, con la alarma del edificio gritando y los mortales huyendo en estampida, Clara tomó a un Demon semiinconsciente y saltó por el ventanal roto. No cayeron al vacío; las sombras de la ciudad, que Clara estaba aprendiendo a manipular, crearon una red de filamentos oscuros que las deslizaron por la fachada del edificio hasta el callejón inferior.

Allí, un coche negro esperaba con el motor en marcha. Al volante estaba Francois. Su rostro estaba marcado por el esfuerzo de haber roto sus propias cadenas mentales para llegar hasta allí.

—¡Subid! —gritó Francois.

Margaret estaba en el asiento trasero, sosteniendo el diario de ébano y un frasco de esencia purificada.

—Lo tenemos, Fran —dijo ella, con una determinación que Clara no le había visto en décadas.

Arrancaron a toda velocidad, dejando atrás el edificio de L’Éclipse envuelto en llamas azules y sombras enojadas. Demon yacía en el suelo del coche, gimiendo, su poder fluyendo fuera de él como humo negro.

—¿Por qué no lo mataste, Clara? —preguntó Margaret, abrazando a su hija.

—Porque el diario dice que él es el Ancla —respondió Clara, mirando a su padre a través del espejo retrovisor—. Si él muere bajo nuestra voluntad, papá es libre. Pero si muere bajo la voluntad de Julianis, papá se va con él.

Francois miró a su hija por el espejo. Sus ojos dorados estaban llorando lágrimas de sangre, pero por primera vez, había una sonrisa de orgullo humano en sus labios.

—Has aprendido bien, hija —susurró Francois—. Pero Julianis no perdonará este insulto. Ha comenzado la Caza Salvaje.

Mientras el coche se perdía en los suburbios de San Jude, Clara miró el anillo de obsidiana en su mano. Estaba agrietado. El poder de la familia de la florería estaba unido de nuevo, pero ahora tenían a un dios herido en su regazo y a un imperio de sombras pisándoles los talones. La verdadera guerra por el "Jardín de los Susurros" acababa de salir a las calles, y esta vez, el veneno y la sangre eran lo único que los mantenía unidos.

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"katu azul"
y tiene el descaro de decir gracias por la comida estaba insípida a🤭🤭🤭🤭/Scare//Scare//Scare//Scare/
"katu azul"
holissssss comenzando a leerla autoro tengo una duda como francois vio todo eso que el vampiro le mostró si el es un simple humano
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!
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