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Donde El Amor No Era Suficiente: El Arte De Empezar De Nuevo

Donde El Amor No Era Suficiente: El Arte De Empezar De Nuevo

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños / ABO / Viaje En El Tiempo / Autosuperación
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Adrián siempre fue el omega bonito, el prometido adorno del CEO Alejandro Torres. Su vida era poesía, diseño de interiores y un amor no correspondido por un alfa que solo valoraba el poder. Hasta que su primo Sergio lo empujó desde una azotea.

Pero el destino le regala una segunda oportunidad. Vuelve atrás en el tiempo con el recuerdo de su muerte grabado a fuego y un descubrimiento que lo hiela: Sergio, el primo brillante y esforzado que siempre vivió a su sombra, lleva años enamorado de Alejandro. Y su plan para ser visto por el alfa es sencillo: eliminar al heredero legítimo y ocupar su lugar, con el patrimonio y la posición que siempre le faltaron.

Ahora Adrián tiene un año para reescribir su historia. No para conquistar a Alejandro, sino para salvarse a sí mismo. Para demostrar que vale más que el apellido que heredó. Y quizá, solo quizá, para tenderle un puente a un primo que, como él, solo quería ser amado.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El abrazo de la lógica

...~Sergio~...

La madrugada lo encontró despierto, como tantas otras. Sergio estaba sentado en el borde de la cama, vestido aún con la ropa de la gala, la chaqueta del esmoquin arrugada en el suelo, la pajarita deshecha sobre la mesilla. Llevaba horas así, inmóvil, mirando la pared sin verla, mientras las ideas giraban en su cabeza como una noria infernal.

Tic. Tac. Tic. Tac.

El reloj de la pared marcaba las 4:27. Llevaba despierto desde la 1, cuando volvió del hotel y se dejó caer en la cama sin fuerzas ni para desvestirse. Desde entonces, su mente no había parado.

Había repasado la escena de la gala cientos de veces. Los vio bailar. Vio la mano de Alejandro en la espalda de Adrián. Vio la sonrisa de Adrián, esa sonrisa que antes era sumisa y ahora era... segura. Vio cómo Alejandro lo miraba, lo tocaba, lo sostenía.

Y el encuentro.

"¿De verdad quieres saberlo? Me pasa que miro a mi alrededor y veo a gente que tiene todo sin esfuerzo."

Las palabras le quemaban la garganta. Las había dicho. Se había dejado llevar, había mostrado su dolor como una herida abierta y Adrián lo había mirado con esa compasión insoportable, como si él fuera un animal herido al que había que salvar. No necesito su compasión, pensó. Necesito justicia.

Pero, ¿qué era justicia?

Se levantó por fin, sintiendo el peso de las horas en cada hueso. Fue al baño, se miró al espejo. El hombre que le devolvía la mirada tenía los ojos enrojecidos, las mejillas hundidas, la mandíbula tensa. Parecía diez años mayor.

—Idiota —susurró—. Eres un idiota.

Se mojó la cara con agua fría. El contacto del agua le ayudó a despejarse, pero no a calmarse porque dentro de él, la máquina seguía funcionando. Su cerebro, ese cerebro que tantas alegrías le había dado, no paraba de procesar y lo que procesaba era una ecuación imposible. Se sentó frente al ordenador, todavía con la cara húmeda, la pantalla en blanco lo esperaba, paciente. Abrió un documento nuevo y empezó a escribir, como hacía siempre que necesitaba ordenar sus pensamientos.

Datos objetivos:

- Adrián Guerrero, mi primo. 27 años. Omega. Diseñador de interiores. Hijo único de Ignacio Guerrero, heredero del imperio familiar.

- Yo, Sergio Guerrero. 28 años. Omega. Ingeniero informático, especialista en innovación y optimización. Hijo único de Javier Guerrero, el hijo que eligió el amor y perdió la herencia.

- Alejandro Torres. 34 años. Alfa. CEO de Torres Tech. Prometido de Adrián por conveniencia familiar.

Se quedó mirando la pantalla. Los nombres, las edades, los datos. Todo frío, todo objetivo, todo verdad. Y luego escribió:

Pregunta: ¿Por qué Adrián tiene todo lo que yo deseo?

La respuesta era simple. No requería algoritmos ni ecuaciones.

Porque nació donde nació.

Nada más. No porque fuera más listo, más trabajador, más merecedor. Simplemente porque su padre, Ignacio, había aceptado el matrimonio arreglado y se había quedado con la herencia. Mientras que su padre, Javier, se había enamorado.

Sergio apoyó la cabeza en las manos. El peso de esa verdad lo aplastaba.

No era culpa de Adrián. Su primo no había elegido nacer en la rama privilegiada. No había pedido ser el heredero. No había hecho nada para merecerlo, igual que él no había hecho nada para merecer no tenerlo. Eso era lo peor. Lo más injusto. Lo más insoportable.

Porque si Adrián hubiera sido un cretino, un malvado, alguien que se aprovechaba de su posición, Sergio podría odiarlo con toda su alma. Pero Adrián era... dulce, amable, preocupado. Le había escrito mensajes preguntando si estaba bien. Le había ofrecido su ayuda. Lo había mirado en la gala con esos ojos color miel llenos de compasión genuina y esa compasión, dolía más que cualquier desprecio.

—No es su culpa —susurró Sergio a la pantalla vacía—. Lo sé. Lo sé.

Pero saberlo no cambiaba nada.

Las cinco de la mañana. La ciudad empezaba a despertar allá afuera, pero Sergio seguía encerrado en su apartamento, dando vueltas a lo mismo. Su mente, entrenada para resolver problemas complejos, abordaba la situación como un desafío de ingeniería. Identificar variables. Analizar restricciones. Buscar soluciones.

Variable principal: Adrián está en medio.

Restricción: No puedo odiarlo, aunque lo intento.

Objetivo: Ser visto por Alejandro.

El problema era que Alejandro no miraba a las personas. Miraba patrimonios. Miraba poder. Miraba utilidad.

Sergio llevaba años intentando ser útil. Proyectos brillantes, innovaciones, ideas que podían multiplicar los beneficios de Torres Tech. Y Alejandro no lo miraba. Porque sin el respaldo del apellido Guerrero, sin el peso de la herencia, él era solo un empleado más. Un proveedor de servicios. Alguien a quien se puede ignorar.

Pero si él tuviera lo que Adrián tiene...

La ecuación era sencilla. Escalofriantemente sencilla.

Patrimonio Guerrero + Talento Sergio \= Indispensable para Alejandro.

Y entonces, por fin, sería visto.

El problema era cómo conseguir esa variable. Cómo acceder a ese patrimonio sin...Sin matar a Adrián. Porque esa era la solución que llevaba días rondándole la cabeza, y que cada vez pesaba más. La solución más directa, la más eficiente. La más terrible. Sergio apretó los puños. Sus uñas se clavaron en las palmas.

—No soy un asesino —dijo en voz alta, como si nombrarlo pudiera conjurarlo—. No lo soy.

Pero, ¿y si no hubiera otra forma?

A las seis, llamó a sus padres.

Era algo que hacía cada domingo, una tradición que mantenía desde que se independizó. Pero esta semana había esquivado la llamada. No quería oír sus voces. No quería recordar. Hoy, sin embargo, necesitaba algo, no sabía qué. Tal vez consuelo, tal vez respuestas, tal vez solo oír a su madre decir que lo quería.

El teléfono sonó dos veces. Luego, la voz de su madre, cálida, familiar:

—Sergio, hijo, ¿cómo estás? Te he llamado varias veces y no contestabas.

—Lo sé, mamá. Lo siento. He estado... ocupado.

—Demasiado ocupado para tu madre. —Era un reproche suave, lleno de amor. —¿Qué pasa? Te noto raro.

—Nada. Bueno... quería oirlos. A papá también.

—Tu padre está en la ducha. Dile algo.

Sergio respiró hondo. Quería preguntar. Quería decir: ¿Por qué lo hicisteis? ¿Por qué eligió papá el amor, sabiendo lo que costaría? ¿Por qué yo tengo que pagar el precio de su felicidad?

Pero no podía. Amaba a sus padres, los amaba con toda su alma. Recordaba las noches en vela de su padre, trabajando en su empresa, construyendo desde cero. Recordaba los sacrificios de su madre, las sonrisas, los abrazos, el orgullo con que hablaban de él. Ellos lo habían dado todo. Todo lo que podían.

—Mamá —dijo, y su voz tembló ligeramente—, ¿tú crees que las cosas habrían sido diferentes si papá hubiera aceptado el matrimonio que le propuso el abuelo?

Hubo un silencio al otro lado. Largo. Pesado.

—¿A qué viene eso, Sergio?

—No sé. Solo... a veces pienso. Si papá hubiera heredado, yo tendría... no sé. Otra vida.

La voz de su madre, cuando respondió, era más pequeña. Más frágil.

—Hijo, tu padre y yo hemos hecho todo lo que hemos podido. Te hemos dado estudios, cariño, apoyo. Puede que no tengamos el apellido, pero...

—Lo sé, mamá, lo sé. No es eso. Es solo que... a veces me pregunto si sería diferente.

—¿Diferente para qué?

Sergio cerró los ojos. No podía decirlo. No podía decirle: para que él me mire.

—Para nada —mintió—. Olvídalo. Solo estoy cansado.

—¿Seguro?

—Seguro. Dale un beso a papá de mi parte. Los quiero.

—Nosotros también, hijo. Cuídate.

Colgaron.

Sergio se quedó con el teléfono en la mano, sintiendo el peso de lo que no había dicho. Sentía culpa, una culpa inmensa, asfixiante, porque en el fondo de su corazón, había una parte de él que sí culpaba a sus padres. Una parte pequeña, vergonzosa, que susurraba: si tu padre hubiera sido como tu tío, si no se hubiera enamorado, si hubiera elegido el camino fácil...

Y luego se odiaba por pensar eso. Porque sus padres lo habían dado todo. Porque eran buenas personas. Porque merecían un hijo que los quisiera sin condiciones, no este monstruo en ciernes que guardaba rencor en las sombras.

—Soy un hijo de mierda —susurró.

Pero la idea seguía ahí.

A las siete, volvió al ordenador. La ecuación seguía sin resolverse.

Patrimonio Guerrero + Talento Sergio \= Ser visto.

El problema era Adrián. Adrián era la llave. Adrián estaba en medio.

Pero, ¿y si Adrián dejara de ser el heredero? ¿Y si, por alguna razón, perdía la herencia?

No hacía falta matarlo, solo hacía falta que el patrimonio cambiara de manos. Que Adrián renunciara o que su padre lo desheredara. O que ocurriera algo que hiciera que los Guerrero necesitaran un heredero diferente.

Y entonces, la imagen de su padre cruzó su mente. Javier Guerrero. El hijo desheredado. El que eligió el amor y levantó su propia empresa desde cero.

Si Adrián quedaba fuera de juego, el siguiente en la línea era su padre y luego, él. No era una solución inmediat, no era un plan limpio pero era una posibilidad.

Sergio abrió una nueva ventana en el navegador y empezó a buscar.

Estructura patrimonial familia Guerrero.

Consejo de administración empresas Guerrero.

Ignacio Guerrero salud, última aparición pública.

Conflictos legales familia Guerrero.

Página tras página, dato tras dato. Su mente analítica devoraba la información, buscando puntos débiles, grietas en la armadura, cualquier cosa que pudiera usar. No encontraba nada. El imperio Guerrero era sólido. Ignacio estaba sano. No había disputas legales, no había escándalos, no había nada.

Sergio apoyó la cabeza en el respaldo de la silla. El techo, blanco, vacío, le devolvió la mirada.

—Tiene que haber algo —murmuró—. Tiene que haber una forma.

Y entonces, una idea.

No podía atacar el patrimonio directamente pero podía atacar la confianza. Podía crear dudas. Podía hacer que Adrián pareciera menos merecedor, menos digno de la herencia. Podía...

Se detuvo. Lo que estaba pensando era sucio. Era manipulación. Era jugar con la vida de su primo igual que se juega con piezas de ajedrez. Pero, ¿acaso no era eso lo que el mundo hacía con él? ¿Acaso no lo habían movido como una pieza desde que nació?

—Él no tiene la culpa —repitió, como un mantra—. No tiene la culpa.

Pero el mantra ya no funcionaba.

A las nueve, sonó el teléfono. Un mensaje de Laura, su compañera de trabajo:

"¿Vienes hoy o te has escapado con algún alfa?"

Sergio sonrió sin ganas. Escribió: "Voy más tarde. Gestiones."

Mentira, no tenía gestiones. Solo necesitaba tiempo. Tiempo para pensar, para planear, para decidir hasta dónde estaba dispuesto a llegar.

Se levantó, fue a la cocina, se sirvió un café. El líquido negro humeaba en la taza, y él lo miró sin beberlo, pensando.

Adrián era más bonito que él. Más dulce. Más accesible. Eso era lo que atraía a los alfas, ¿no? La dulzura, la sumisión, la belleza fácil. Pero Alejandro no era cualquier alfa. Alejandro era frío, calculador, estratégico. Alejandro no se casaba con Adrián por su dulzura. Se casaba por su apellido.

Y en eso, Sergio le ganaba. Porque si tuviera ese apellido, si tuviera esa herencia, sería la pareja perfecta. Inteligente, brillante, innovador. Capaz de sentarse en una mesa de negocios y discutir de tú a tú con cualquier ejecutivo. Capaz de aportar algo más que una sonrisa bonita.

El café se enfrió sin que lo probara.

—Si él no tuviera la herencia —susurró—. Si él renunciara...

¿Podía hacer que Adrián renunciara? ¿Podía convencerlo de que ese mundo no era para él, de que su lugar estaba en otra parte, diseñando espacios bonitos para gente corriente? Adrián amaba el diseño, lo había demostrado. Había abierto su estudio, había construido una carrera, había encontrado algo propio. Quizá... quizá si le ofrecía una salida, una forma de liberarse de las ataduras familiares, él mismo elegiría irse.

Y entonces, el camino quedaría libre.

Sergio se levantó y fue al salón. La luz del día empezaba a colarse por las persianas, dibujando rayas doradas en el suelo. Un nuevo día. Una nueva oportunidad. Para ser mejor persona, o para dejar de intentarlo.

Recordó la conversación con su madre. Su voz, su cariño, su preocupación. Recordó a su padre, trabajando hasta tarde para darle lo mejor. Recordó los sacrificios, las noches sin dormir, los fines de semana que pasaban juntos, felices, sin saber que él, Sergio, llevaba dentro esta semilla de rencor.

—Los quiero —susurró al vacío—. Los quiero, pero no puedo evitar pensar que si papá hubiera elegido otro camino...

La frase se perdió en el silencio.

No podía odiarlos. No debía odiarlos. Pero tampoco podía dejar de culparlos, aunque supiera que era injusto. Porque ellos habían elegido el amor, y él pagaba las consecuencias. Porque ellos eran felices, y él se consumía en su propia obsesión.

—No es justo —dijo, y esta vez su voz sonó firme—. No es justo que él tenga todo sin esfuerzo. No es justo que yo me haya roto el lomo y siga siendo invisible.

Volvió al ordenador. La pantalla seguía mostrando los resultados de su búsqueda. Empresas Guerrero. Estructura patrimonial. Nombres, fechas, datos y entonces, un nombre le llamó la atención.

Carlos Mendoza — Jefe de Seguridad — Torres Tech.

Carlos, el amigo de Alejandro. El que lo había mirado con curiosidad en alguna reunión. El que quizá podría ser una puerta de entrada, una fuente de información, un aliado involuntario.

Sergio anotó el nombre en un documento aparte. Luego siguió investigando.

Relaciones comerciales Torres-Guerrero.

Proyectos conjuntos.

Próximas reuniones del consejo.

Dato a dato, pieza a pieza, fue construyendo un mapa. No era un plan, todavía, era solo información. Pero la información era poder y el poder era lo único que podía acercarlo a Alejandro.

Cuando levantó la vista del ordenador, eran las doce del mediodía. Llevaba ocho horas encerrado, sin comer, sin beber, sin moverse casi. Su cuerpo le dolía, su cabeza le palpitaba, pero su mente estaba más clara que nunca. Sabía lo que tenía que hacer.

Acercarse. Investigar. Encontrar la grieta.

Y entonces, cuando tuviera la información suficiente, crear el caos necesario para que Adrián, por voluntad propia o por obligación, dejara de ser el heredero. No sería rápido, no sería fácil. Pero era posible.

Sergio se levantó, fue al baño, se miró al espejo una vez más. El hombre que le devolvía la mirada tenía los ojos más fríos que por la mañana. Más determinados. Más peligrosos.

—No es su culpa —se dijo—. Pero tampoco es la mía. Y yo también merezco una oportunidad.

Salió del baño, cogió las llaves, y se dirigió a la puerta. Antes de salir, miró el teléfono. El mensaje de Adrián seguía ahí, semanas después, sin respuesta.

"¿Estás bien, primo?"

Lo borró y salió.

En la calle, el sol de mediodía lo cegó un instante. Parpadeó, dejó que sus ojos se acostumbraran, y luego empezó a caminar. No sabía adónde iba o sí lo sabía, pero no quería admitirlo.

Necesitaba acercarse a Torres Tech. Necesitaba ver a Alejandro. Necesitaba alimentar esa obsesión que lo quemaba por dentro, aunque doliera, aunque supiera que cada mirada no correspondida era un clavo más en su ataúd. Pero también necesitaba algo más: necesitaba ver a Carlos, ese jefe de seguridad que lo había mirado con curiosidad, que había notado algo en él. Quizá podría ser útil. Quizá podría darle información sin saberlo. Quizá...

Se detuvo en mitad de la acera. La gente pasaba a su lado, indiferente, ocupada en sus propias vidas. Él estaba quieto, con el corazón latiéndole con fuerza, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de hacer. Todavía podía volverse. Todavía podía elegir otro camino. Todavía podía ser buena persona. Pero no lo hizo.

Siguió caminando.

Y en su cabeza, la ecuación seguía girando, implacable, lógica, perfecta:

Patrimonio Guerrero + Talento Sergio \= Ser visto.

Solo tenía que encontrar la forma de que la primera variable cambiara de dueño.

Y la encontraría.

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Lorena Vásquez
al fin la pregunta clave y con ella la respuesta que te hará tener una vida mejor y un amor verdadero 🥰💕🥰💕🥰💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕
Victoria 017
deberías sentirte orgulloso de tus padres, son libres, se aman, no están en una jaula y no tienen que cumplir con la expectativa de los demás
Victoria 017
el complejo de salvador, no sé puede ayudar a alguien que no quiere recibir ayuda
Victoria 017
si es amado, por su familia, amigos, pero solo se concentra en cosas que no tiene, la envidia mata, desde dentro de unos mismo hasta llegar a algo inimaginable
Victoria 017
ahí vamos, nada nunca será suficiente, fuiste alimentando tu vacío por las cosas que te faltaba
Maru19 Sevilla
Buenísimas tus 2 novelas, te digo en tus publicaciones me tienes enganchada👏👏👏👏
Lorena Vásquez
espero que te des cuenta que quien te mueve el piso es Carlis ya deja de lado tu obsesión y. esta reunión te puede ayudar a tu éxito profesional 🥰🥰🥰🥰🥰
Lorena Vásquez
cuando todo acabe y estés solo te sentirás peor por haber perdido a Adrian y a Carlos tu oportunidad de amar y ser amado
Victoria 017: cierto
total 1 replies
Lorena Vásquez
Sergio Sergio 😱😱😱😱😱 todos nos equivocamos pero es de sabios corregir y tu puedes corregir lo que as hecho no es tarde😱😱😱😱
Maru19 Sevilla
Que menso, va a pagar una fuerte factura 🤭
Lorena Vásquez
Alejandro Alejandro no lo pienses tanto Adrian se merece algo mejor que tú 🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Maru19 Sevilla
Tus 2 novelas son encantadoras
Lorena Vásquez
Adrian espero de verdad no te vuelva a interesar Alejandro y caigas en el cliché del perdón y enamoramiento mira hacia otro lado y se lo que quieres ser
por favor autora regalamos una historia diferente si♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Lorena Vásquez
Adrian demuéstrale de que eres capas y que no estas solo .....Alejandro no te merece 😈
Lorena Vásquez
Ignacio si no tuviste el valor para ser igual a ru hermano como puedes imponer lo que te impusieron tus padres 🤔🤔🤔
Lorena Vásquez
si trabajan juntos podrían heredar también juntos 🤔🤔🤔
Lorena Vásquez
espero que después de esta conversación puedas darte una oportunidad de ser tu mismo y poder amar y ser amado Sergio te lo debes a ti mismo 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Ojalá vea a Carlos, se merece que lo amen bien 👏👏👏
Lorena Vásquez
gracias por tu actualización 🥰
espero que Carlos y Sergio puedan tener algo muy bueno y reparador para sus vidas 💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕
Maru19 Sevilla
Gracias por actualizar, autora 🥰🥰🥰🥰
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