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Marfil

Marfil

Status: En proceso
Genre:Romance / Capitán de Barco/Flota / Fantasía épica
Popularitas:27.1k
Nilai: 5
nombre de autor: thailyng nazaret bernal rangel

Décimo primer libro de la saga colores

El capitán Albert Mercier, un lord arruinado de Floris emprenderá un viaje al mar a una misión de alto riesgo hacia una tierra desconocida, (Polemia) un reino helado donde se topara con Mermit, una nativa arisca que desafiará su destino.

¿Podrá el amor superar las barreras del entendimiento? Descúbrelo ya.

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14. Un hombre domado

...ALBERT:...

Me senté en uno de los sillones para que Adelaida me explicara la situación. Mermit seguía derramando lágrimas, sentada a mi lado mientras abrazaba sus rodillas.

— Había un grupo de señoritas, una de ellas llevaba un brazalete y a Mermit le pareció llamativo, así que se acercó y lo tomó, obviamente, la señorita la creyó una ladrona y aunque ella solo lo quería ver, la situación escaló rápidamente, Mermit se tornó agresiva al recibir gritos y empujones — Dijo ella, muy seria.

— ¿Qué hizo? — Pregunté, imaginando lo peor.

Si Mermit mataba a alguien podría terminar en un calabozo.

— Empujó y golpeó a las chicas, también mordió a un hombre que intentaba agarrarla.

Suspiré un poco, aunque lo disimulé un poco ante Adelaida, no estaba totalmente aliviado, pero al menos Mermit no mató a nadie.

— ¿Esas señoritas están bien?

— Por suerte sí, de hecho tuve que pagarles para que no llevaran a Mermit ante los guardias, a pesar de mis intentos de explicarles que ella no lo hizo para robar era casi imposible que me creyeran — Comentó la señora, un poco irritada.

— Gracias, Adelaida, por arreglarlo.

— No podía permitir que se llevaran a mi aprendiz, pero si esto se repite dudo mucho que podamos evitar que vaya a un calabozo — Ella se cruzó de brazos.

— Entiendo, por eso debemos explicarle — Dije, observando a Mermit — Lo que no puede hacer en la calle.

Ella asintió con la cabeza.

— Traeré una hoja para que lo entienda más fácil.

Se marchó del salón.

Mermit se acercó a mí y volvió abrazarme.

Me tensé un poco.

Acaricié su cabeza para calmarla mientras se aferraba a mi camisa.

Adelaida volvió, sin reparar mucho en Mermit abrazada a mí.

Empezó a dibujar con el carbón.

Ella se apartó de mí, atraída por lo que estaba haciendo la institutriz.

— Mermit — Dijo, mostrando a alguien tras las rejas, ella se desconcertó — Encierro — Señaló a la persona tras los barrotes, luego se quitó un brazalete que tenía en la muñeca, negando la cabeza y haciendo señas — No lo puedes tomar, ningún objeto que sea ajeno o irás a un calabozo por mucho tiempo — Señaló el dibujo.

Mermit se quedó quieta mientras Adelaida seguía explicando.

La apoyé, tratando de explicarle lo mismo, pero yo no era tan bueno como la institutriz en eso de las señas y los dibujos.

Si tomaba algo sin permiso del dueño era considerado robo y más si era un extraño de la calle que no conocía.

Ella asintió con la cabeza después de un tiempo, más calmada.

Tenía la nariz roja y también las mejillas, las pestañas húmedas.

— Bien, con eso basta — Dijo Adelaida, levantándose — Ya debo marcharme, se ha hecho tarde.

Se despidió de Mermit, tomando sus manos.

Ella sonrió débilmente.

...****************...

Subí las escaleras, atraído por el sonido de la caja musical, entré a la habitación de Mermit.

Ella estaba sentada sobre la cama, apreciando la caja en sus manos.

— Mermit.

Me observó y señaló la caja, luego hizo un gesto de enojo simulando que alguien se la quitaba, comprendiendo lo que se sentía.

— Sí, Mermit, a ti también te enoja cuando te quieren quitar la caja — Dije, sentándome sobre la cama — Lo mismo le sucede a los demás cuando le quieren quitar sus objetos preciados.

Ella tomó una hoja de la mesita de noche y un carbón, dibujó la silueta de una mujer muy bien vestida.

Estaba progresando con los dibujos.

Al lado colocó a un hombre de cabellos largos que identifiqué rápidamente como yo.

Colocó unas líneas entre ambos y una enorme cara enojada arriba.

Señaló la cara y se señaló.

Me reí.

— Eres tú.

Asintió con la cabeza.

Señaló la mujer, haciendo un gesto de enojo.

Me quedé pensando, tratando de comprender quien era la dama.

—¿Dayanara?

— Sí — Dijo y señaló las líneas hacia mí, luego la cara enojada — Mío — Tocó el dibujo de mí — Mío.

Asentí con la cabeza.

Si Dayanara se acercaba ella se enojaba porque yo era suyo.

Volví a reir y ella frunció el ceño.

Me observó como si estuviera preguntando que me hacía gracia.

Borré mi sonrisa.

Ella era mucho más lista de lo que creía, al igual que los objetos, uno se molestaba si alguien se acercaba a la persona por la que sentíamos algo.

— Bien, comprendo.

Tomé el dibujo.

Mermit resopló cuando le pedí una hoja, señalando la mesita.

Ella me entregó una a regañadientes.

Dibujé a Mermit como pude, apoyando la hoja sobre la cama.

Ella se sorprendió, luego me hice a mí mismo con corazones en los ojos.

No comprendió, tomó la hoja y frunció el ceño, señalando que mis ojos no eran así.

Negó con la cabeza.

Ella no sabía sobre el símbolo del corazón.

Me encogí de hombros.

Tomó mi cara, observando mis ojos, frunciendo el ceño.

Me reí de nuevo.

Estaba buscando el parecido.

Tomé la hoja hice un corazón grande encima.

Mermit se quedó desconcertada, sin comprender, señaló el corazón con duda.

Enseñé mis manos, haciendo un gesto de inocencia.

— Averígualo por ti misma.

Frunció sus labios, tratando de comprender.

— Adelaida te lo dirá luego — Dije y ella alzó sus cejas.

— ¿Adelaida? — Señaló el corazón.

— Ella te dirá que significa.

Resopló y tomó el carbón de mi mano.

Dibujó a Adelaida, con arrugas y su ceño fruncido.

— Adelaida — Señaló y luego negó, apuntando al corazón.

Solté una carcajada.

Ella creía que el corazón era Adelaida.

Me dió una palmada en el abdomen.

Solté un quejido cuando me dejó sin aire.

Me dejé caer en la cama, sosteniendo mi abdomen de forma dramática, quejándome de más.

Ella cruzó sus brazos.

Cerré mis ojos, haciéndome el desmayado.

Al principio no hubo reacción.

Empezó a empujar mi hombro.

— Albert.

Siguió empujando y soltando un quejido.

Enterró las manos en mi cabello.

— ¡Albert! — Alzó su voz, desesperada, sacudiendo mi cabeza de forma brusca.

Abrí mis ojos y reí.

Frunció el ceño.

Estaba acostada muy cerca.

Se giró, enojada por mi broma.

La rodeé en mis brazos, empujando su espalda contra mi pecho.

Se quedó quieta.

— Solo es broma — Dije contra su oído.

Empujó su trasero a mi entrepiernas y me percaté de lo que estaba haciendo.

Intenté alejarme, pero ella se aferró al brazo que rodeaba su abdomen.

Me endurecí de inmediato.

Mermit giró su rostro.

Besó mi boca.

No debí enseñarle a hacer eso.

¿O sí?

Acarició mis labios con los suyos, con un poco de torpeza que aceleró mi corazón.

Me elevé un poco y la observé.

Su cabello se esparcía por las mantas.

Tenía las mejillas rojas de nuevo.

Abrió sus labios y sacó su lengua un poco.

Me acerqué, besándola, rozando su lengua con la mía.

Ser el primero en mostrarle los besos era algo que me hacía sentir extasiado, el que le gustara aumentaba mi deseo, mi anhelos.

Mermit se atrevía a jugar con lo que le estaba mostrando, provocándome más y más.

Mis manos luchaban por mantenerse quietas.

Quería tocar más allá de su rostro.

Retrocedí un poco y agarró mi brazo.

Ella arqueó las cejas, jadeando.

— ¿Qué ocurre?

Empezó a bajar su mano por el abdomen, a más abajo de su vientre, estaba apretando los muslos entre sí mientras su mano se apoyaba allí, por encima del largo camisón.

Sabía lo que estaba tratando de decirme y me costó tanto no saltar encima de ella.

Mermit desconocía lo que su cuerpo podía sentir.

Tomé su muñeca para que no siguiera tocando en mi presencia.

Mi cuerpo estaba tenso, la tensión era más después de haberla visto.

Volví a sentarme, observando hacia la puerta.

¿Debería irme?

Ella rodeó mi espalda, su respiración en mi cuello envió un cosquilleo a través de mí.

— Mermit, duerme.

— No.

Era su tutor, tenía mi apellido.

Pero, no mi sangre.

Técnicamente no había nada de malo.

Aún así, Mermit podía parecer una niña en el cuerpo de una mujer ante los demás y obviamente yo sería señalado.

Siempre fui señalado.

"Eres un irresponsable"

"No tienes cabeza"

"¿Cómo pudiste ser tan descuidado con Tiffany?" "¿Qué clase de hermano eres?"

Todo lo que me escupieron y mucho más.

Ya nada podía ser peor que eso.

Observé a Mermit.

— No quiero lastimarte — Tomé su mano.

Me besó, rodeando mis hombros.

Se inclinó más y más, sobre la cama, atrayendo mi cuerpo encima de ella.

No podía dejar de besarla, rozando mi boca con profundidad y rapidez, saboreando cada parte de ella.

Se movió desesperada debajo de mí, temblando.

Quería mostrarle que no había prisa, que no necesitaba darme todo de una vez.

Me alejé, tratando de separarme un poco.

— Mermit — Dije, quería explicarle que si me detenía no significaba que la despreciaba.

Ella gruñó, jadeando y enterrando las manos en mi camisa.

— Por hoy, está bien, duerme.

Sabía que Mermit se consideraba una propiedad, por como fue criada, pero yo no la consideraba así.

Solté un gruñido cuando bajó su mano y tocó mi dureza por encima del pantalón.

Dilan tenía razón, no iba a poder controlarme cuando me tuviera agarro del miembro.

Me rodeó con sus piernas.

Tomé su muñeca y la aparté.

No tuve más remedio que salir de la habitación rápidamente.

...****************...

Tenía sueño, no pude dormir y más al recordar lo incontrolable que era Mermit, por fortuna no me siguió a mi habitación.

Dejé la puerta sin pestillo, era un descarado, quería que ella me siguiera.

Enterré las manos en mi cabeza.

¿Qué iba a hacer?

Estaba a punto de ceder.

Adelaida llegó nuevamente a la casa.

— Debería mudarse acá, sería menos engorroso, no tendría que estar yendo y viniendo.

La institutriz vivía a dos horas de camino de la costa.

— No hace falta, tengo mi propia casa y mis propios asuntos.

Buena forma de decir que no era una anciana desamparada.

Era estricta pero agradecía que fuese tan paciente con Mermit, tal vez le había tomado cariño.

— Señora Adelaida ¿Qué le parece Mermit? — Pregunté y me observó desconcertada.

— Es todo un reto, pero es prodigiosa.

— ¿Le agarró cariño? ¿No es así?

Me lanzó una mirada desdeñosa.

— Es normal que sienta cariño por todos mis aprendices — Gruñó con orgullo — Además, me paga por hacer mi trabajo y es lo que hago.

Si no le tuviera cariño no hubiese pagado a esas señoritas para que no la acusaran por con los guardias.

— Entiendo.

Me evaluó detenidamente.

— Debería vestirse y peinarse mejor, mire tiene ojeras y esa barba descuidada ¿Qué clase de tutor legal luce así? No le está dando buenos ejemplos a Mermit — Gruñó y me estremecí — Ya no está en un barco, cuando vuelva al mar puede que se acepte, pero estando en Floris y siendo un lord no se puede ser tan poco agraciado... Y esas ropas de estilo pirata no son presentables.

¿Qué rayos me habrá querido decir?

Se alejó al salón con su porte regio.

Toqué mi cabello.

¿Debería cortarlo?

¿Para qué si ya no estaba en ningún círculo social?

Mermit se acercó y me tensé.

Ella lucía cada vez más radiante, su vestido floreado de mangas abultadas realzaba la abundancia de su busto y se aferraba a sus caderas anchas.

Pasó por mi lado sin siquiera mirarme.

¿Fue por lo qué hice?

— Buenos días, Mermit — Dije, girando hacia ella.

Ella me observó de reojo.

— Buenos días.

Mi cuerpo recibió otra oleada de sensaciones, escucharla hablar así también me hacía temblar.

Agradecía a Adelaida que le enseñara saludos.

Ella se alejó y quise seguirla.

¿Qué rayos me estaba haciendo?

Alguien llamó a la puerta cuando pasé por el vestíbulo.

Me acerqué y abrí.

Dayanara estaba en la entrada.

— Buenos días, Albert.

— Buenos días — Me quedé desconcertado ante su presencia — Dayanara ¿Cómo conseguiste mi dirección?

— Oh, me tomé la molestia de preguntar en el puerto, tienes muchos conocidos allí — Dijo, apenada — Lamento si soy inoportuna.

— No, está bien ¿A qué debo ésta visita?

— Creí necesario venir a disculparme por lo del otro día...

— ¿De qué vas a disculparte?

— ¿No me invitas a pasar?

Mermit iba a enojarse si la veía, hasta podría atacarla.

La dejé pasar por cortesía.

— Tienes una casa modesta — Dijo, observando el vestíbulo.

— Me gusta así.

Ella sonrió.

— Albert, has cambiado mucho.

— ¿Para bien o para mal?

Se sonrojó.

— Para bien.

1
victor hernandez
Sigue con el. Cuento de que cuando aprenda escondiendo tu miedo la vas a perder
Yise
Pero que maldito más baboso ufffff cerdo/Smug//Smug//Smug/hay no nooo perdón cerditos desgraciado. Ojla cuando salgas te arrolle una carreta y mueras 🤭🤭🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Yise
Hay mi Diosssss ella no habla pero que si entiende omeeeee y muchoooo golozaaaaa según la veo seguiría portándose mal 🤭🤭🤭🤭🤭🤭👏👏👏👏👏
Yise
Aaaaaa chuchisssss yo quiero que me castiguen asiiiiii/Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat/q bárbaro bb🤭🤭🤭🤭
Daiana Ibarra
ay Albert no estés celoso a ella no le gusta el le gusta el sabor de las flores
Edith Villamizar
Albert se irá un tiempo y no me extrañaria que cuando regrese encuentre a Mermit con una pequeña o gran pancita 🤰 porque así bote a los renacuajos siempre hay alguno rezagado
Edith Villamizar
pobrecita Melvit no le cayó bien el tipejo, pero le gustaron las flores, es que ellas son inocentes
Edith Villamizar
llévatela, así la cuidaras
Edith Villamizar
buena idea, no la puedes dejar sola o acabarás en la ruina 🤭
Faveamny Calderon
se prendió este beta ahora sí se encendió el león celoso. 😏🧟🧠🧟🧠🧟🧠🧟
Ab
que hombre para ser más desesperante que no entiende que debe dejarla en paz
Marcela Lopez
esto está bueno
Kary Monte
maldito farrel🤬🤬🤬
albert los celos son malos recuerda que mermit no entiende solo es curiosa tienes que enseñarle
Kary Monte
🥺 no te vayas
mermit va sentirse triste
Kary Monte
oh 😆😆 Albert que bien, sigue presentándola
Liliana Diaz
yo también e pensado lo mismo porque cada vez que ellos están junto ella aparece Serca
Anonymous
Alguien que le explique a Mermit que recibir regalos de un hombre significa que se acepta el ser pretendida por favor😂😂😂😂
𝓔𝓶𝓪𝓷𝓭𝓮𝓻 🖤
🥺Noo, las flores no tenían la culpa 😭
Alondra Gomez
para que vea que hay alguien más detrás de mermit y el le sigue pensando
Nella Reyes
la suegra belleza de capitana pirata 🥰
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