En un pequeño estudio, bajo el sudor y la luz tenue, comienza la historia de un grupo destinado a brillar con fuerza inigualable.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 01
El aire en el subsuelo de KQ Entertainment no se movía. Era una masa densa, cargada de humedad y del olor metálico del sudor viejo. En una esquina del techo, un ventilador pequeño giraba con un chirrido rítmico, haciendo poco más que desplazar el aire caliente de un lado a otro. Para los ocho jóvenes que ocupaban el centro de la sala, ese zumbido era la única banda sonora de sus breves momentos de descanso.
Hongjoong se limpió la frente con el dorso de la mano, dejando un rastro de humedad en su piel ya empapada. Miró su reflejo en el espejo empañado. No veía a un ídolo; veía a un chico de veinte años con ojeras profundas y los labios agrietados por la deshidratación.
—Una vez más —dijo Hongjoong. Su voz era áspera, pero no admitía réplicas.
—Hyung, llevamos cinco horas con la misma sección de treinta segundos —murmuró San, dejándose caer sobre sus rodillas. Sus pulmones ardían y su camiseta se pegaba a su espalda como una segunda piel asfixiante.
Hongjoong se giró hacia él. Sus ojos, generalmente chispeantes y creativos, estaban fijos en un punto invisible de disciplina pura.
—San, si nosotros no nos exigimos hasta desmayarnos, nadie lo hará por nosotros. No somos de una empresa grande. No tenemos una red de seguridad. O somos perfectos, o seremos invisibles. ¿Quieres ser invisible?
San apretó los dientes y, apoyándose en sus temblorosas manos, se puso de pie. El silencio volvió a reinar, roto solo por el jadeo errático de los demás. Seonghwa, el mayor, se acercó a San y le dio una palmada suave en el hombro, un gesto mudo de apoyo que decía: *“Yo también estoy muriendo, pero aguanta”*.
—Música —ordenó Hongjoong.
Los primeros acordes de una base pesada retumbaron en los altavoces de baja calidad. Al instante, algo cambió en la atmósfera. El cansancio no desapareció, pero fue sepultado bajo una capa de adrenalina y desesperación. Sus movimientos eran violentos, precisos, una danza que parecía más una batalla contra el destino que una coreografía de pop.
Yunho dictaba el ritmo con sus pies, sus movimientos eran tan amplios que parecía desafiar las dimensiones de la pequeña sala. Mingi, a su lado, lanzaba golpes al aire con una fuerza que hacía que sus articulaciones crujieran. Yeosang observaba su propio reflejo con una concentración gélida, corrigiendo el ángulo de su barbilla por milímetros, mientras que Wooyoung se movía con una fluidez felina, ocultando el dolor de sus músculos tras una máscara de confianza.
—¡Cinco, seis, siete, ocho! —gritaba Yunho sobre la música.
En el momento del clímax, Jongho alcanzó una nota alta que pareció hacer vibrar las paredes de hormigón. Fue un grito de guerra. Al terminar la secuencia, los ocho quedaron congelados en la posición final, estatuas de sal y esfuerzo bajo la luz tenue de los fluorescentes que parpadeaban.
—Descanso de diez minutos —anunció Hongjoong, colapsando finalmente contra la pared.
Seonghwa caminó hacia las botellas de agua, que estaban casi calientes. Repartió las botellas en silencio. Cuando llegó a Hongjoong, se sentó a su lado.
—Estás presionándolos mucho, incluso para tus estándares —susurró Seonghwa, con el pecho subiendo y bajando erráticamente.
Hongjoong cerró los ojos y apoyó la cabeza en el frío espejo.
—Anoche me quedé hasta tarde revisando los videos de los grupos que debutan este mes, Hwa. Son buenos. Tienen trajes caros y salas de ensayo tres veces más grandes que esta. A veces me despierto con miedo de que este estudio sea lo único que lleguemos a conocer.
Seonghwa miró a los demás. San y Wooyoung compartían una botella, riendo débilmente por algo estúpido para no llorar de fatiga. Jongho practicaba sus escalas en un rincón, incansable.
—Mira a esos chicos —dijo Seonghwa, señalándolos—. No están aquí por el aire acondicionado o por la fama fácil. Están aquí por ti y por ese sueño loco que nos vendiste. No somos invisibles, Hongjoong. Al menos no entre nosotros.
Hongjoong miró a su grupo. El miedo en su pecho se aflojó un poco, reemplazado por una calidez que el aire caliente de la sala no podía explicar. Eran solo ocho sombras en un sótano, pero en ese momento, bajo esa luz mortecina, brillaban más que cualquier foco de escenario.
Simplemente es perfecto la manera en que estos chicos se apoyan.
Solo puedo decir que el comienzo siempre resulta difícil y doloroso, aunque el mañana podría ser mejor...no conozco al grupo, pero creo que todo resulta bastante realista.
Seguir un sueño que no sabes si se hará real es bastante inquietante y a la vez perturbador.