NovelToon NovelToon
Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:125.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

El reloj de pared de la sala de espera del Hospital General del Sur avanzaba con una lentitud tortuosa. El segundero emitía un chasquido metálico que, para Liam Volkov, sonaba como el conteo de una bomba de tiempo. Llevaba exactamente cincuenta y ocho minutos sentado en aquella silla de plástico naranja, rodeado de una humanidad que normalmente evitaba: el llanto de un niño, el murmullo de una radio vieja y el persistente olor a sopa de hospital.

Cada fibra de su ser le gritaba que se levantara, que llamara al Ministro de Salud y que hiciera que arrestaran a esa doctora por insolencia. Pero entonces, la imagen de Ian —pálido, frágil y conectado a un respirador— se filtraba en su mente, aplastando su orgullo.

Finalmente, la puerta de la oficina se abrió. La Dra. Elena Ríos asomó la cabeza, con un estetoscopio colgando del cuello y una mancha de café fresca en su pantalón de patitos.

—Señor Vodka, pase. Si no se ha quedado pegado a la silla, claro —dijo ella con un tono que pretendía ser ligero, pero sus ojos delataban que había estado revisando expedientes con una intensidad feroz.

Liam entró en la oficina como un animal enjaulado que recupera su territorio. No esperó a que ella se sentara. Dio un paso hacia adelante, invadiendo su espacio personal, con la mandíbula tan apretada que le dolían los oídos.

—Ya esperé. Ya jugamos a su juego de poder, doctora —dijo Liam, su voz era un susurro peligroso—. Mi hijo tiene siete años. Su corazón late fuera de ritmo porque una válvula decidió fallar. Cada minuto que usted pasa dándome lecciones de moral, es un minuto que él pierde de vida.

Él sacó una pluma de oro de su bolsillo interior y, con un movimiento rápido y agresivo, firmó un nuevo cheque de su chequera personal. Lo puso sobre la mesa, justo encima de los papeles de Elena.

—Ahí tiene. Un cheque en blanco. Ponga el número de ceros que su codicia o su justicia social requieran. Compre una planta entera para este hospital, jubílese en una isla privada, no me importa. Solo tome sus cosas y salve a mi hijo. Ahora.

Elena bajó la mirada hacia el papel rectangular. El silencio en la oficina se volvió denso, casi eléctrico. Liam esperaba que ella flaqueara; al fin y al cabo, todos tenían un precio. Había visto a políticos, jueces y modelos arrodillarse ante menos que eso.

Sin embargo, Elena no tomó la pluma. Se cruzó de brazos y miró a Liam directamente a los ojos. En su mirada no había avaricia, sino una profunda y auténtica lástima.

—¿Sabe cuál es su problema, señor Volkov? —preguntó ella suavemente—. Usted cree que el talento es un producto que se almacena en una estantería. Cree que porque su cuenta bancaria tiene diez dígitos, puede saltarse las leyes de la biología y de la decencia humana.

—Le estoy ofreciendo una fortuna —escupió él, desconcertado por su calma.

—Y yo le estoy diciendo que el dinero no compra el talento, y mucho menos compra el compromiso de un médico —Elena tomó el cheque entre sus dedos índice y corazón. Lo levantó como si fuera un trozo de basura—. Su actitud, su arrogancia de "dueño del mundo", es lo que aleja a la gente que realmente podría ayudarlo. Los médicos mediocres se deslumbrarán con su oro. Los médicos mediocres le dirán lo que quiere oír para quedarse con sus migajas. Pero los que somos capaces de salvar a un niño como Ian, no trabajamos por cheques. Trabajamos por la vida.

Con un movimiento seco y deliberado, Elena rasgó el cheque por la mitad. Luego volvió a rasgarlo hasta que solo quedaron pedazos diminutos que dejó caer sobre el regazo de Liam, como una lluvia de confeti humillante.

Liam se quedó inmóvil. El shock fue tan físico como si lo hubieran abofeteado. Nadie en sus treinta y cuatro años de vida le había negado algo, y mucho menos le había tirado su fortuna a la cara con tanto desdén. Sintió una oleada de calor subirle por el cuello; era una mezcla de humillación y una extraña, casi dolorosa, epifanía.

—Usted... acaba de desperdiciar la oportunidad de su vida —dijo él, aunque su voz sonaba menos firme que antes.

—No —respondió ella, poniéndose de pie y tomando su maletín médico—. Acabo de darle a usted la oportunidad de su vida: la oportunidad de entender que no todo es una transacción.

Elena caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo y lo miró por encima del hombro. El brillo sarcástico de sus ojos había desaparecido, reemplazado por la seriedad profesional de una cardióloga de élite.

—Voy a ir al Hospital Central. Voy a evaluar a Ian y, si está en condiciones de ser intervenido por mi técnica, lo operaré.

Liam parpadeó, confundido por el cambio repentino.

—¿Acepta el trato? ¿A pesar de... todo?

—No hay "trato", señor Volkov. No lo hago por usted. No me importa su dinero, ni su empresa, ni su estatus. Lo hago por ética médica. Lo hago porque Ian es un niño de siete años que merece crecer, y porque yo hice un juramento que no incluía cláusulas sobre padres imbéciles.

Liam sintió un nudo en la garganta que se negó a tragar. Estaba acostumbrado a las negociaciones donde se ganaba o se perdía. Elena acababa de romper todas las reglas del juego. Ella aceptaba la misión, pero le arrebataba a él el control del proceso. Lo dejaba desarmado.

—¿Qué quiere a cambio? —insistió él, incapaz de procesar la generosidad desinteresada—. Nadie hace nada por nada.

Elena suspiró, y por un momento, Liam vio en ella un cansancio profundo, una humanidad que lo hizo sentir pequeño en su traje de mil dólares.

—Quiero que se aparte del camino —dijo ella—. Quiero que deje de tratar a los médicos como si fueran sus empleados domésticos. Y quiero que, cuando esté con su hijo, sea un padre, no un CEO de una lista de Forbes. Ian no necesita un administrador de fondos; necesita a alguien que le tome la mano cuando tenga miedo.

Elena salió de la oficina a paso rápido. Liam se quedó allí, solo, rodeado por el silencio de la pequeña habitación y los restos de su cheque esparcidos por el suelo. Se llevó una mano al pecho, sintiendo su propio corazón latir con fuerza.

Por primera vez en años, Liam Volkov sintió que no tenía el mapa de la situación. Se sentía expuesto, vulnerable y extrañamente aliviado.

Odiaba a esa mujer por su insolencia, por su ropa barata y por su lengua afilada. Pero, al mismo tiempo, sentía una chispa de esperanza que no había sentido en meses. Si alguien era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a él, tal vez, solo tal vez, era lo suficientemente fuerte como para vencer a la enfermedad de su hijo.

Salió de la oficina e intentó alcanzarla en el pasillo.

—¡Doctora Ríos! —llamó él.

Ella no se detuvo, solo levantó una mano en un gesto de despedida mientras se subía a un viejo auto compacto que chirrió al arrancar.

Liam se quedó de pie en la acera del hospital público. El sol de la tarde empezaba a caer, bañando la ciudad de un tono dorado. Se subió a su propio coche de lujo, pero esta vez no encendió la radio para escuchar las noticias financieras. Condujo en silencio, procesando el hecho de que acababa de conocer a la única persona en el planeta que no quería nada de él, excepto su humanidad.

El choque de mundos apenas comenzaba, y Liam Volkov sospechaba que, al final de este viaje, nada de su antiguo mundo quedaría en

1
gabriela
muy linda bistoria
Silvia Muñoz Muñoz
si lo perdona ,sería la peor novela
Silvia Muñoz Muñoz
Ojalá nunca lo perdone
Silvia Muñoz Muñoz
Por favor autora ,como es posible que no la echo ,no puede ser
Silvia Muñoz Muñoz
Que clase de padre es ,que sabe que esa mujer no se va a quedar tranquila ,en vez de echarla la deja
Silvia Muñoz Muñoz
Que clase de padre es ,que sabe que esa mujer no se va a quedar tranquila ,en vez de echarla la deja
Deisy Campos
y otra vez cristo a padecer un nuevo comienzo otros drama si era salvar al heredero y ya está salvado para que la alargan más hasta aquí la llevó lo demás es más de lo mismo repeticiones y errores🤭🤭🤭🤭
Carmen
Pero la policía agarró a Sabrina huyendo de la mansión y ahora está en la clínica. No comprendo
Patricia Ayala
está muy interesante, pero hay partes donde se supone la detienen y luego aparece en otro lado /Shy/
Carmen
Para Sabrina, No Se la llevaron presa desde el hospital, como que ahora está en el ático de la mansión por Dios
Laura Altahona Blanco
Me gustan las novelas cortas y concisas, la trama es muy buena 🥹
alexandra velasquez
otra vez no aprendió la lección donde quedó la palabra d q nunca más desconfiaría d ella y para colmo x culpa d los mismos imbéciles ya es como mucho
Gloria
Yo espero que ella no perdone a ese hombre tan fácil , se deja manipular muy fácil , sinceramente cuando uno se enamora se olvida hasta del amor propio
Mercedes Elena Bernaez Balza
/Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Wilt//Good/
Laura Bermea Barrera
Y las cámaras que no se han acordado de ellas
Gladys Maria Hernandez
La autora le a dado varias historias diferentes a la caída de Sabrina será que lo hizo para ver con cual nos quedamos o solo no recuerda cual escribió
Gladys Maria Hernandez
Liam es bruto o es que se hace. Cuanto dinero le ofreció él y no lo quiso? Como se le ocurre que va aceptar dinero de otra p.
Mary Olivera
van para delante h vuelven atras no tiene coerencia
Judith Bocanegra
Noooo porque termino,la 👍 verdad llore,pero sobre todo la disfrute deseo continuar leyendo más novelas asi ,escritas con amor y sobre todo con eso que casi no observamos y como la escritora plasma en sus palabras lo que leemos y disfrutamos ,trasladándose a estos lugares donde transcurre la obra,Dios te bendiga 😉 a ti y toda tu familia 👪
Alma D. Zarate
excelente y hermosa novela 😍
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play