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REENCARNE EN NUEVA ESPOSA DE MI EXMARIDO.

REENCARNE EN NUEVA ESPOSA DE MI EXMARIDO.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa / Amante arrepentido
Popularitas:139.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Luisa, una mujer con un ex marido y tratando de llevar esta situación lo mejor posible, fallece por una alergia.

Pero no fue un accidente. 5 años después, Gaya Santoro es la esposa de Sebastián Guillén, el ex marido de Luisa. Con un tráfico final e igual al de Luisa, falleció.

Sin embargo despertó Luisa Mendez, la primera esposa después de 5 años reencarna en otro cuerpo, joven y hermosa, es ahora que la venganza debe triunfar. Todos los que lastimaron pagarán.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18 La autorizada

Su niño salió con su mochila azul, esa que él mismo había elegido porque tenía un dinosaurio bordado.

Sus ojos recorrían la fila de coches y personas con esa mezcla de esperanza y cautela que tanto le recordaba a ella misma. Buscaba a Gaya, Gaya lo sabía, y el corazón le dio un vuelco al verlo.

Pero antes de que pudiera salir del coche, algo llamó su atención.

Una figura femenina se acercaba a la entrada del colegio, caminando con esa seguridad arrogante que Gaya conocía demasiado bien.

Vestido ajustado, tacones altos, cabello perfectamente peinado. Vanesa.

Gaya sintió que la sangre le hervía. ¿Qué hacía esa mujer aquí? ¿No había quedado claro que ya no tenía permiso?

Vanesa se acercaba a la puerta con una sonrisa preparada, esa sonrisa de falsa amabilidad que tan bien manejaba. Pero antes de que pudiera cruzar el umbral, una maestra se interpuso en su camino.

Gaya reconoció a la señorita Elena, la tutora de Tomás, una mujer joven pero con una autoridad innata que los niños respetaban.

Desde el coche, Gaya observó la escena como si fuera una película en cámara lenta. La señorita Elena hablaba con Vanesa, y aunque no podía oír las palabras, el lenguaje corporal lo decía todo.

Vanesa gesticulaba, señalaba hacia el interior del colegio, fruncía el ceño. La maestra negaba con la cabeza, firme, repitiendo algo que claramente no era lo que Vanesa quería oír.

La expresión de Vanesa cambió gradualmente. Pasó de la sonrisa forzada a la confusión, de la confusión a la irritación, y de la irritación a una furia mal contenida.

Gaya la vio sacar el teléfono, marcar un número, esperar, colgar. Volver a marcar, esperar, colgar. Sus gestos se volvían más bruscos, sus pisadas más fuertes contra el suelo.

Daba pequeños paseos frente a la entrada, como una fiera enjaulada, mientras la señorita Elena la observaba con una mezcla de advertencia y preocupación.

Estaba claro: Vanesa no tenía respuesta. Su nombre había sido eliminado de la lista, como Gaya había ordenado, y nadie en el colegio iba a permitirle llevarse a los niños.

Gaya sonrió con satisfacción. Pero la sonrisa duró poco, porque Vanesa, en su frustración, comenzó a armar un escándalo. Su voz se elevó lo suficiente para que Gaya pudiera oír algunas frases sueltas:

—...siempre he sido yo quien los recoge... —...la madrastra no tiene derecho... —...voy a hablar con Sebastián y vas a ver…

La señorita Elena mantenía la calma, pero otros padres comenzaban a mirar, algunos con curiosidad, otros con desaprobación. Vanesa estaba haciendo una escena, y no le importaba.

Gaya respiró hondo, abrió la puerta del coche y caminó hacia ellas con paso firme. Sus tacones—los tacones de Gaya, a los que aún no se había acostumbrado del todo—sonaban contra el asfalto marcando un ritmo pausado pero implacable.

—Vanesa.

La mujer se giró como si la hubiera picado una serpiente. Cuando sus ojos se encontraron con los de Gaya, la furia en ellos era tan intensa que podría haber quemado. Pero Gaya no se inmutó.

Se detuvo frente a ella, cruzó los brazos y la miró con una calma que solo la certeza de tener la razón puede dar.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, con voz neutra pero firme.

El cambio en Vanesa fue inmediato y grotesco. Su expresión pasó de la rabia asesina a una dulzura empalagosa en menos de un segundo.

La señorita Elena, que observaba la escena, abrió los ojos con asombro ante semejante transformación. Era como ver a una actriz cambiar de personaje en mitad de una función.

—Gaya, querida —dijo Vanesa con esa voz melosa que tanto odiaba—, he venido a recoger a los niños, como siempre. Pero esta señorita me dice que no puedo pasar. Debe haber un error, ¿verdad? Tú sabes que yo siempre…

—No hay ningún error —la interrumpió Gaya sin pestañear—. He actualizado los permisos esta misma mañana. A partir de ahora, de la recogida de los niños me encargo yo.

Vanesa parpadeó. Su máscara de dulzura se resquebrajó por un instante, dejando ver el desconcierto y la rabia que bullían debajo.

—¿Tú? ¿Desde cuándo? Gaya, si tú nunca... quiero decir, si siempre he sido yo quien…

—Las cosas cambian, Vanesa. —Gaya esbozó una sonrisa sin calor—. Y ahora, si me disculpas, tengo que recoger a mi hijo.

Se giró hacia la señorita Elena, que aún miraba la escena con una mezcla de fascinación y alivio.

—Buenas tardes, señorita Elena. ¿Podría salir Tomás, por favor?

—Por supuesto, señora Guillén. —La maestra asintió con una sonrisa genuina y se giró hacia el interior del colegio.

Un momento después, Tomás apareció en la puerta. Al ver a Gaya, su carita se iluminó como un árbol de navidad. Corrió hacia ella con los brazos abiertos y se lanzó a su cuello.

—¡Gaya! ¡Sabía que vendrías!

—Claro que sí, mi amor. —Gaya lo abrazó con fuerza, sintiendo que el mundo se arreglaba un poco cada vez que lo tenía cerca—. ¿Cómo te fue hoy?

—Bien, bien. La señorita Elena dijo que mi dibujo era el mejor de la clase.

—Me lo tienes que enseñar.

Tomás asintió con entusiasmo y entonces, como si recordara algo, miró hacia un lado. Allí estaba Vanesa, aún de pie, con una expresión que intentaba ser amable pero que no lograba ocultar la frustración.

—Hola, tía Vanessa —dijo Tomás, con educación pero sin el entusiasmo que había mostrado con Gaya.

—Hola, cariño —respondió Vanesa, forzando una sonrisa—. ¿No me das un abrazo?

El niño dudó. Miró a Gaya, buscando permiso o quizás protección. Gaya no dijo nada, solo le sostuvo la mirada con tranquilidad. Tomás interpretó correctamente la señal.

—Otro día, tía. Es que tengo mucha hambre y Gaya me va a llevar a merendar.

Vanesa apretó la mandíbula. Sus nudillos, mientras sostenía el bolso, se volvieron blancos.

—Claro, claro —dijo con voz tensa—. Otro día, entonces.

Gaya le dirigió una última mirada, una mirada que decía muchas cosas sin decir ninguna, y luego se giró hacia Tomás.

—Vamos, cariño. Te voy a llevar a tomar un jugo. ¿Qué te parece?

—¡Sí! —el niño saltó de alegría—. ¿Al de fresa?

—Al de fresa.

1
Johann
💔💔❤️❤️❤️
Ana Elena Jiménez
maravilloso capítulo
Ana Elena Jiménez
🐍 desgraciada
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
así es que es,👏👏👏👏👏👏 excelente Galu
Ana Elena Jiménez
este nuevo Sebastián me gusta
Limaesfra🍾🥂🌟
una situación dificil ser Gaya o Luisa, debe encontrar un termino medio en que ambas personalidades se fundan en una para no perderse totalmente....luchar para que sus hijos sean fuertes valientes y decididos es la tarea para lo cual se le dio la oportunidad que muchos quisieramos, pero buee Gaya a no cansarse e intenta ser libre tu misma amandote a ti misma para amar en verdad y poner en su lugar a esas lagartonas zorras
Deby Gonzalez
Sebastián se pasa de idiota y carmiña es un zorra
Claudia Kassar
Porque ellos no están como pareja porque duermen separados
💞Agustina Intriago 💕🌙
Excelente
🐞Stefy
*excelente* como todas las novelas que leí de Adri
Cori Shoes
y deben cambiar las cerraduras para evitar futuras visitas no deseadas
Ana Elena Jiménez: totalmente de acuerdo
total 1 replies
Johann
pobre Sebastián 💔
Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️
Johann
❤️❤️❤️❤️
Johann
🥰🥰🥰🥰
Johann
👏👏👏👏
Berenise Rivas
yo sí creo que es un reverendo idiota
Berenise Rivas
sinceramente es un imbecil dudo de supuesto amor por Luisa porque respeto nunca le tuvo y pues ni hablar de Gaya que a ella ni la mira
Guadalupe Aviles
yo no lo perdono a no verdad pues que luisa tampoco o no talvez solo talvez cuando luisa lo perdone el pueda estar en paz pero mientras trs tanto luisa tiene que luchar por sus hijos por ellos tiene que ganar su venganza o su justicia solo por eso tiene que seguir por sus hijitos y sebastiak pues que sane qué se valla que le deje la empresa a gaya luisa y el que se valla a sanar talvez así pueda tener y sentirme bien
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