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Manual Para No Enamorarse : Fracaso Anunciado

Manual Para No Enamorarse : Fracaso Anunciado

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Mundo de fantasía / Reencarnación
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un delta que regresa al pasado decidido a no enamorarse.
Un omega reencarnado que solo quiere salvar a su villano favorito.
Entre música, promesas infantiles y destinos torcidos, el amor no estaba en el plan…
pero el plan fracasa desde el primer beso en la mejilla.

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Capítulo 6 El día que salimos del castillo (y nada salió como el plan)

Alessandro di Ravenna tenía un plan simple.

Salir del castillo por unas horas.

Respirar aire que no oliera a piedra antigua ni a rumores.

Regresar antes de que Luca Avenni pudiera enterarse.

El plan falló en el primer paso.

—¿A dónde vas? —preguntó Luca desde el final del pasillo, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento.

Alessandro se detuvo, maldiciendo en silencio su pésima suerte.

—A caminar —respondió con neutralidad—. Es entrenamiento.

—Yo también necesito entrenar —dijo Luca, ajustándose la correa del arpa—. Mi maestra dice que el aire nuevo ayuda a la música.

—No puedes salir del castillo sin permiso.

—Lo tengo —respondió Luca, mostrando un papel arrugado—. Me dejaron ir al mercado con la cocinera.

Alessandro miró el papel.

Era real.

—Entonces ve con la cocinera.

—Ya fue —dijo Luca—. Dijo que volvería tarde. Yo… puedo caminar contigo.

Eso no era una opción en el plan original.

Alessandro suspiró.

—No te separes —dijo—. Y no hables con extraños.

—Hablaré contigo —sonrió Luca—. No soy tan imprudente.

Alessandro no estaba convencido.

El camino hacia el pueblo fue corto, pero distinto a cualquier pasillo del castillo. Había vendedores ambulantes, olores a pan recién horneado, niños corriendo entre puestos. Luca miraba todo con ojos grandes, maravillado.

—Huele a mañana —comentó.

—Huele a comida —corrigió Alessandro.

—La comida también huele a mañana.

Alessandro no supo qué responder a eso.

Se detuvieron frente a un puesto de cuerdas para instrumentos. El vendedor, un hombre mayor con sonrisa amable, reconoció el arpa de Luca.

—Bonito instrumento —dijo—. ¿Tocas?

Luca asintió y tocó dos notas suaves. El vendedor aplaudió.

—Tienes oído —comentó—. Si rompes una cuerda, vuelve. Te ayudaré.

—Gracias —respondió Luca—. Volveré con mi futuro esposo.

—No —corrigió Alessandro de inmediato—. Con tu… —se detuvo—. Con tu amigo.

Luca sonrió.

—Eso también sirve.

El problema llegó en forma de empujón.

Un grupo de chicos del pueblo, mayores que Luca, corrió entre los puestos. Uno chocó contra el arpa y casi la tira al suelo.

—¡Cuidado! —exclamó Luca, sujetándola a tiempo.

—No es nuestro problema —dijo uno, riendo.

Luca se irguió.

—Sí lo es. No se empuja a la gente.

Los chicos se rieron más.

Alessandro dio un paso adelante.

—Discúlpense —dijo, con una calma peligrosa.

—¿Y tú quién eres? —replicó uno.

—Alguien que no quiere problemas —respondió Alessandro—. Pero sabe tenerlos.

Los chicos se miraron… y se fueron murmurando.

Luca respiró aliviado.

—Gracias.

—No provoques —dijo Alessandro—. No todos escuchan razones.

—Yo sí te escucho —respondió Luca—. A veces.

Eso fue lo más honesto que había dicho en días.

Siguieron caminando hasta un pequeño claro al borde del camino. El viento movía la hierba alta. Luca se sentó y apoyó el arpa contra su pecho.

—¿Puedo tocar aquí? —preguntó.

—Si no atrae a nadie raro —respondió Alessandro.

La melodía fue ligera, como si la hierba también quisiera moverse al ritmo. Un par de niños se detuvieron a escuchar desde lejos. Una mujer dejó una moneda junto al estuche del arpa.

—No toco por monedas —dijo Luca, devolviéndola.

—Entonces tocas porque quieres —observó Alessandro.

—Sí —respondió Luca—. Porque así el ruido del mundo se ordena un poco.

Eso… tenía sentido.

El regreso fue más tranquilo.

—¿Te gustó salir? —preguntó Luca.

—No —respondió Alessandro.

—¿Mentira?

—Un poco.

Luca sonrió, satisfecho.

—Mañana salimos otra vez.

—No.

—La próxima semana, entonces.

—No prometí eso.

—Prometiste no dejarme solo.

Alessandro suspiró.

—Eso no fue una promesa.

—Para mí sí.

Al llegar al castillo, los esperaba el mayordomo Giovanni con una ceja levantada.

—¿Fue un buen paseo, mi señor?

—Productivo —respondió Alessandro, sin convicción.

—Me alegra ver que regresaron juntos —añadió Giovanni—. Evita rumores.

—No los evita —murmuró Alessandro.

—Los cambia —sonrió el mayordomo.

Luca alzó el arpa como saludo.

—Gracias por cuidarlo —dijo Giovanni al niño.

—Siempre —respondió Luca, muy serio.

Alessandro se detuvo.

—No es tu trabajo cuidarme.

—No —asintió Luca—. Es mi elección.

Esa noche, la música sonó con el eco del viento del campo.

Alessandro escuchó desde su habitación y, por primera vez, no quiso que se detuviera.

Había regresado al pasado para cambiar su destino.

No sabía aún cómo hacerlo.

Pero empezar por no caminar solo

ya no le parecía un mal plan.

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