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El Capo y la Enfermera

El Capo y la Enfermera

Status: Terminada
Genre:Acción / Romance / CEO / Mafia / Completas
Popularitas:833
Nilai: 5
nombre de autor: Paula menezes

Lucca Meirelles Hernandes es frío, letal y no le teme a nada. Como nuevo Capo de la Cosa Nostra en Seattle, tiene el poder, el dinero y una sola regla inquebrantable: el amor es una debilidad que jamás se permitirá.

Hasta que una enfermera de metro y medio, brava y sin un centavo, le suelta una cachetada delante de todos sus hombres.

Ana Beatriz Olivares aprendió a sobrevivir sola. Cuida vidas de día, duerme con un cuchillo bajo la almohada de noche y no le baja la mirada a nadie… ni siquiera al hombre más peligroso de la ciudad. Lo que empieza como un choque de fuego cruzado termina arrastrándola a un mundo de casinos, secretos y balas, donde ser la mujer del Capo la convierte al mismo tiempo en la más protegida y en el blanco más codiciado.

Él juró no amar jamás. Ella juró no volver a ser de nadie. Pero cuando los enemigos empiezan a cerrar el círculo, ninguno de los dos podrá negar por cuánto sería capaz de matar… y de morir… por el otro.

Pasión ardiente, lealtad de sangre, venganza y una historia de amor que nace entre las balas. El Capo y la Enfermera: cuando el hombre que no debía sentir nada se enamora de la única mujer que se atrevió a plantarle cara.

NovelToon tiene autorización de Paula menezes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

Lucca

Estaba en el cuarto con Gustavo contándole cómo habían pasado las cosas y cómo llegamos a este punto, y él dice.

—Lucca, es la primera vez que veo a una ovejita cazando a un león —dice Gustavo.

—De oveja esta muchacha no tiene nada. Nuestra madre quiere entrenarla y tengo miedo de que se ponga peor que ella —le digo.

—Tú y papá están fregados. Menos mal que yo estoy tranquilo y solterito —responde.

Nos reímos, y entra Ana nerviosa diciendo que alguien quiere matar a Gustavo.

Le pido que me explique bien, y entonces me cuenta con detalle. Después de escucharla, mando a mis hombres a ir por el tipo, pero la muchacha me sorprende una vez más.

—LUCCA, NOOO… —me grita ella—. Espera, podemos fingir que nos fuimos y dejar a dos de tus guardias aquí adentro, escondidos; cuando él entre, tú vuelves y lo sorprendes aquí dentro, lo agarramos con las manos en la masa y evitamos un alboroto con un montón de hombres corriendo y agarrando a alguien en el pasillo, eso llamaría mucho la atención; aparte de que él podría darse cuenta y lograr escapar. Voy a dejar una jeringa aquí con un medicamento que va a apagar a nuestro amiguito, pero no quiero involucrarme.

Mis hombres me miran para saber cómo proceder, y les digo que esperen. Entonces Gustavo comenta lo que ella dijo.

—Perdón, cuñadita, pero más involucrada que eso, imposible —comenta Gustavo.

Ella solo escucha y no responde nada, lo cual para mí es una sorpresa, porque ella siempre tiene una respuesta en la punta de la lengua.

Agarra una jeringa y la llena con un medicamento que estaba en una ampolla dentro de un mueble del cuarto, va hasta el suero de Gustavo y cierra la entrada del suero al brazo.

Al salir del cuarto, a lo lejos veo al hombre que Ana mencionó; veo que nos observa. Salimos afuera, dejo a Ana en el auto con el chofer y vuelvo al pasillo con cinco hombres más, y nos quedamos escondidos.

Desde la distancia alcanzamos a ver al desgraciado mirando a su alrededor y yendo hacia el cuarto de Gustavo; está vestido de enfermero, así que está por encima de cualquier sospecha.

Apenas entra al cuarto, vamos para allá.

Al entrar, el desgraciado está en el suelo, apagado, con los dos hombres que dejamos en el cuarto.

—El desgraciado vino directo e inyectó el veneno en el suero —dice Gustavo.

—Te vas a casa, Gustavo. No te vas a quedar aquí corriendo riesgos —le digo.

Con ayuda de mis hombres llevan a la basura humana a uno de los autos, y con una silla de ruedas llevo a mi hermano discretamente a mi auto, donde está Ana.

Él se sienta en el asiento de adelante con el chofer, y yo me voy atrás con Ana.

—Cuñadita, se te está volviendo costumbre salvarme —dice Gustavo.

—No hice nada del otro mundo, cualquiera en mi lugar haría lo mismo… —responde ella.

—Pero tener la percepción y la atención que tú tuviste, no cualquiera la tiene —le digo.

Ella me mira y no dice nada, voltea la cara hacia un lado y hace todo el camino callada.

Les aviso a mis papás que vamos para casa.

Al llegar a casa mando llevar al gusano al galpón de tortura; hoy vamos a jugar.

Mando llevar a mi hermano a su cuarto, y Ana sube al cuarto y yo voy detrás de ella.

Entro y ella está parada mirando por la ventana, entonces le pregunto qué pasa.

—Dilo de una vez, Ana, ¿qué está pasando? —le pregunto.

Ella se voltea hacia mí, parece pensarlo, y entonces dice.

—Lucca, tu hermano dijo hoy que yo ya estaba involucrada… —dice ella.

—Ana, no le des importancia a lo que… —empiezo.

—Espera, Lucca… Creo que me gustó la adrenalina, yo… me gustó el riesgo, me gustó ver cómo manejan las situaciones. Lucca, enséñame a ser como ustedes —me interrumpe.

—Ana, debes de estar confundida y no sabes lo que dices. Ana, nuestra vida tiene riesgos —le digo.

—Lucca, sé muy bien lo que digo y sé bien de los riesgos; es más, uno de esos riesgos te está obligando a casarte conmigo —insiste.

—En realidad no es porque estés en riesgo. Me voy a casar contigo porque me gustaste, muchacha; no te me sales de la cabeza, tu olor, todo en ti, no consigo olvidar ni por un segundo el sabor de tu beso; hasta la bofetada que me diste cuando nos conocimos me dejó loco por ti —le confieso.

Al decir esto la jalo hacia un beso, y ella me lo devuelve; después de unos segundos suelto sus labios y voy besándole el cuello, ella se estremece, sigo con el beso y la voy conduciendo hacia la cama, me voy acostando encima de ella, estoy completamente duro y lleno de deseo por esta mujer, me quito la playera, y entonces ella me mira y dice.

—Lucca, podemos ir con calma, todavía es todo nuevo para mí —dice.

Respiro hondo; a fin de cuentas, mi amiguito se va a quedar con las ganas. Le doy un beso en la frente y le digo.

—Está bien, Ana, tendrás tu tiempo —le digo.

Me pongo la playera y la dejo en el cuarto. Cuando voy bajando las escaleras, me suena el celular y veo que es Amanda.

Ya no puedo seguir aplazándolo, tengo que resolver este problema de una vez por todas…

Después me encargo de ese desgraciado.

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