A los diecinueve años, Aline creía que su mayor problema era llegar a fin de mes. Hasta que la enfermedad de su madre le puso un precio imposible a la esperanza… y un solo hombre en todo el morro podía pagarlo.
Él es Cobra: dueño de la Rocinha, temido, intocable, acostumbrado a que nadie le diga que no. La propuesta es tan fría como sencilla: ella será su visita íntima tras las rejas, y a cambio el tratamiento de su madre estará cubierto. Sin sentimientos. Sin promesas. Solo un trato.
Pero nadie le avisó a Aline que el hombre más peligroso de Río podía mirarla como si fuera lo único puro que le queda al mundo. Ni que, detrás del arma y la fama, Cobra carga heridas capaces de igualar a las suyas.
Entre balas, celos, secretos de la facción y un deseo que ninguno de los dos supo ver venir, lo que empezó como una transacción amenaza con volverse la historia de amor que ambos juraron no merecer. Porque en el morro, entregar el corazón cuesta más caro que cualquier deuda… y siempre hay alguien dispuesto a cobrarla.
Pasión intensa, drama que aprieta el pecho y un romance prohibido que no vas a poder soltar. Bienvenida al mundo de Cobra. Bienvenida a ser La mujer del jefe.
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Capítulo 3
...Aline 🦢...
Sentí un leve cosquilleo en la panza mientras me miraba en el espejo.
El sábado por fin llegó, y acepté la invitación de Karla.
Pasamos el día entero en el salón; nos hicimos el paquete completo.
Y hacía tiempo que no me veía tan guapa.
Soy linda a más no poder, saqué la buena genética de mi papá. Pero hoy…
Terminé de pasarme el aceite en el pelo, echándomelo todo hacia atrás. Karla me convenció de usar un vestido rojo suyo y unas sandalias blancas con brillos. No me gusta mucho el rojo, pero combina muchísimo con el negro de mi pelo y con mi piel.
Lamentablemente mi mamá sigue internada; va a pasar la Navidad y el Año Nuevo en el hospital…
Mi tía la está cuidando, así que no tengo de qué preocuparme; ella misma insistió en que saliera un rato con Karla.
Kleber está festejando con los amigos en un barcito, subió varios videos a los estados, disfrutando y tomando.
—¿Aline? —me llamó—. ¿Estás lista? —Se detuvo en la puerta del baño—. Carajo… Estás bien buena. —Me miró de pies a cabeza.
Llevaba un vestido corto y ceñido, del mismo color que el mío. El pelo rubio echado hacia un lado y unos taconcitos negros.
—Estamos; tú estás maravillosa. —Sonrió, presumida.
—¿Te parece? —Se puso el dedo en la boca, coqueta.
—Presumida —bromeé.
—Conseguí que un amigo nos lleve, pero primero vamos a pasar por un churrasco y de ahí subimos al baile. —Asentí, salí del baño y apagué la luz.
Aproveché mientras él no llegaba para armar mi bolso; agarré lo necesario y, apenas escuchamos el bocinazo, bajamos.
Dejé todo cerrado con llave y me subí al asiento de atrás del carro, saludando al amigo de ella. Karla se sentó adelante y él arrancó.
Los dos fueron todo el camino conversando; a veces Karla intentaba sacarme charla, pero yo no la seguía.
Detuvo el carro frente a una casa enorme, repleta de gente, adentro y afuera.
Bajamos siguiendo al tipo hacia adentro, pasando entre varias personas por el camino. Algunos hombres estaban armados, con tatuajes del CV…
Eran involucrados, sin duda.
Nos miraban como si fuéramos un pedazo de carne; algunos hasta soltaban comentarios.
Nunca más salgo con esta loca de Karla.
Fuimos al fondo, donde había gente asando carne.
—¿Suave? —Un hombre todo tatuado nos saludó apenas llegamos a la ronda.
Le pasó el brazo por los hombros a Karla y le dijo algo al oído que la hizo soltar una risita.
—¿No vas a presentar a la chica? —Otro me miró, tomando de su vaso.
—Este que está babeando por ti es PH. PH, ella es Aline. —Todos se rieron—. Xamã. —Señaló al hombre que tenía al lado—. Y aquellos son André, Eduarda, Luiza y Karine.
Nos saludamos y nos quedamos conversando, hasta que los muchachos salieron de la ronda a buscar más carne y bebida.
Todavía eran las diez, y subiríamos al baile a la medianoche, todos juntos.
—¿Qué tienes con ese tal Xamã? —Le di un codazo en la panza, hablando bajito.
—Es un amante —sonrió—. Premium.
—¿Y no me contaste?
—¿Para que te pusieras como loca?
—¿Loca?
—Es el brazo derecho del Cobra, pensé que lo conocías. —Bloqueó el celular y me miró.
—¿Cobra?
—¿No lo conoces? —Negué—. Mujer, vives dentro de una burbuja.
—Ya escuché hablar de él, pero no sé quién es.
—Es el dueño de la Rocinha; estuvo en una misión durante un año y nueve meses, volvió hace poco. —Miró al frente, como recordando algo—. En la época del colegio, yo anduve con el hermano de él. Pero fue por poco tiempo; lo asesinaron en una invasión…
Antes de que dijera algo, los muchachos volvieron con las carnes y las bebidas.
Nos quedamos conversando, tomando…
Hasta que dio la hora de subir al baile.