Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Posada 3
A la mañana siguiente, Ellie regresó a la posada.
Esta vez, sin embargo, descubrió que había alguien más esperándola.
Una mujer de rostro alegre, cabello cuidadosamente recogido y una sonrisa contagiosa salió del salón principal para recibirla.
—¡Buenos días! Usted debe de ser la señorita Viceroy.
Ellie hizo una reverencia.
—Así es. Buenos días.
—Soy Gemma Müller, la esposa de Stefan. Bienvenida a nuestra posada.
Ellie sonrió inmediatamente.
—Es un placer conocerla, señora Müller.
Gemma soltó una pequeña carcajada.
—¡Oh, por favor! Llámeme Gemma. Si me llama señora Müller todo el tiempo, terminaré sintiéndome una anciana.
Ellie rio.
[¡Me cae bien!].
Gemma la condujo hacia una habitación tranquila situada en una de las zonas más reservadas del establecimiento.
Mientras caminaban, le explicó que la posada era suya y que se encargaba de la cocina, de la organización de las habitaciones y de atender a los clientes.
—Mi esposo ayuda cuando puede, aunque con los niños siempre hay algo que hacer.
—¿Tiene más hijos además de Scarlet?
—¡Sí! Tenemos gemelos.
Ellie se detuvo un instante.
—¿Gemelos?
Gemma asintió con orgullo.
—Un niño y una niña. Scarlet es la que ya conoce, y su hermano se llama Scott.
En ese momento, un pequeño apareció detrás de una puerta, acompañado por una mujer que parecía estar vigilándolo.
El niño observó a Ellie con curiosidad.
Gemma sonrió.
—Y ahí está el caballero del que le hablaba.
Scott se escondió parcialmente detrás de las piernas de su madre.
Ellie se inclinó un poco para saludarlo.
—Hola, Scott.
El niño la observó unos segundos.
Después levantó una mano y agitó los dedos tímidamente.
Ellie sintió que su corazón se derretía por segunda vez en menos de veinticuatro horas.
[¡¿Cómo es posible que haya tantos niños adorables en este mundo?!].
Gemma la invitó a sentarse mientras Stefan terminaba de preparar la sesión.
La joven descubrió que conversar con ella resultaba sorprendentemente sencillo.
Gemma era alegre, espontánea y tenía la habilidad de hacer que cualquier persona se sintiera bienvenida.
Le preguntó por su familia, por los preparativos de su mayoría de edad y por sus gustos personales.
Ellie respondió con naturalidad, procurando no revelar demasiado sobre los cambios que había experimentado.
—Así que le gustan los libros
Los ojos de Ellie se iluminaron.
—¡Muchísimo!
—Entonces quizá pueda recomendarle algunas historias. A veces vienen viajeros que venden libros usados. No siempre encuentro títulos interesantes, pero de vez en cuando aparece alguna joya.
Ellie la miró como si acabara de revelarle un secreto extraordinario.
—¿De verdad?
Gemma se echó a reír.
—¡Por supuesto!
[¡Esta mujer es un tesoro!].
La joven estaba a punto de preguntarle por todos los libros que habían pasado por la posada cuando Stefan apareció en la puerta.
—Señorita Viceroy, podemos comenzar.
Ellie se levantó inmediatamente.
Gemma la acompañó hasta el lugar preparado para la sesión.
Era una habitación sencilla, con una silla cómoda junto a una ventana y una pequeña mesa donde había varios recipientes de cristal.
Stefan le pidió que se sentara y que mantuviera el rostro relajado.
—Voy a colocar las manos cerca de su rostro. No necesita hacer nada, solo permanecer tranquila.
Ellie asintió.
[Tranquila. Es magia. Una magia real. Una persona va a utilizar magia en mi cara. ¡Qué maravilla!].
Stefan levantó ambas manos.
Al principio, no ocurrió nada.
Después, una luz suave apareció entre sus dedos.
Era cálida, de un tono dorado muy delicado, que iluminó su rostro sin resultar molesta.
Ellie sintió un calor agradable sobre la piel.
No era como el calor del sol ni como el de una compresa tibia.
Era una sensación ligera, casi como si una corriente de agua templada recorriera sus mejillas.
Stefan movió lentamente las manos, sin llegar a tocarla.
La luz se extendió alrededor de su rostro.
Ellie permaneció quieta, observando lo que sucedía a través del reflejo de un pequeño espejo colocado sobre la mesa.
Al cabo de unos minutos, el resplandor comenzó a desvanecerse.
El mago bajó las manos.
—Eso es todo por hoy.
Ellie parpadeó.
—¿Ya terminó?
—Por ahora. Necesito comprobar cómo responde su piel después de la sesión.
La joven tomó el espejo.
Y se quedó inmóvil.
Las pequeñas manchas que había notado antes parecían menos visibles.
Algunos granitos habían disminuido y el tono de su piel se veía más uniforme.
No era una transformación milagrosa que la hubiera convertido en una persona completamente diferente, pero la diferencia era perceptible.
Ellie acercó el espejo.
Después lo alejó.
Volvió a acercarlo.
—¡Ha funcionado!
Gemma, que estaba a su lado, sonrió.
—Parece que sí.
Ellie se tocó suavemente una mejilla.
Su piel se sentía agradable, aunque sabía que todavía necesitaba observar cómo evolucionaba.
Miró al mago con una gratitud inmensa.
—¡Muchas gracias! De verdad.
Stefan sonrió con modestia.
—Me alegra que haya notado una diferencia. Sin embargo, no debemos apresurarnos. Para saber cuánto podemos mejorar, será necesario continuar durante algunos días y comprobar cómo responde su piel.
Ellie asintió enérgicamente.
—Por supuesto. Vendré todas las veces que sea necesario.
[¡Todas! ¡Puedo venir todos los días si hace falta!].
Gemma rio al escucharla.
—Entonces nos veremos pronto.
Ellie le devolvió la sonrisa.
—¡Así será!
Y, mientras guardaba el espejo en su bolso, pensó que aquella visita había sido una de las mejores decisiones que había tomado desde su reencarnación.
Había encontrado a un mago competente.
Una mujer encantadora.
Dos niños adorables.
Y una posada que olía a comida deliciosa.
¿Qué más podía pedir?
Bueno, una biblioteca más grande.
Pero eso era otro asunto.
Menos mal que no saben lo que pasó entre ellos, aunque mientras más restringidos se pongan su padre y Erick, siempre buscarán la manera de encontrarse a solas🤣