NovelToon NovelToon
Demasiado tarde, Alfa, tu exesposa regresó

Demasiado tarde, Alfa, tu exesposa regresó

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Hombre lobo / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Aria Winters

Tres años de matrimonio. Un Alfa que nunca dijo «te amo». Y un divorcio firmado el mismo día en que ella descubre que está embarazada.

Aurora Bennett lo había dado todo por Alexander Sterling: su carrera, su juventud, su lugar como Luna de la manada Crescent Ridge. Pero cuando él la deja sin nada para volver con su primer amor, Aurora toma una decisión: desaparecer y criar a su hijo lejos de él, donde nadie pueda volver a usarlos.

Cinco años después, la doctora Bennett es una cirujana respetada que lo ha reconstruido todo desde cero. Hasta que el destino la devuelve al lugar que juró no pisar jamás, y frente a frente con el hombre que la abandonó.

Alexander no es el mismo. Ahora la mira como si no pudiera respirar sin ella, y quiere recuperar lo que perdió. Pero hay un niño de ojos azules que todavía no sabe quién es su padre, una esposa que no piensa soltarlo y un vínculo de pareja destinada que arde más fuerte que nunca.

¿Se puede perdonar a quien te rompió el corazón? ¿Y qué pasa cuando el Alfa que te dejó ir descubre que ya es demasiado tarde?

NovelToon tiene autorización de Aria Winters para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21

—Matteo, el cambio que haya tenido Alexander no es asunto mío, porque no borra el pasado.

»No puedes cambiar el pasado, por mucho que quieras. Además, nada de lo que pueda decir o hacer va a excusar lo que hizo. No es asunto mío, y ya no logro que me importe.

—Bueno, está bien. Como tú quieras. La doctora eres tú. Pero el día que descubras que Vivian es una manipuladora y que controla al Alfa, creo que vas a pensar distinto.

—Matteo, no es tan fácil. Nada del pasado se puede borrar. Aunque quisiera. Ya no soy la misma persona y lo superé.

—¿En serio? El miedo en tus ojos era evidente cuando entré y te vi atendiéndolo. Se te oía el corazón a un kilómetro, latiendo como loco. Tenías la cara pálida y se notaba que estabas asustada.

—Sí, porque se estaba muriendo. Soy doctora. Salvo vidas. Eso es lo que hago.

—Fue más que eso. Pero no vine a obligarte a nada. Por más que quiera que veas la verdad, la decisión es tuya. Pero si quieres, siempre puedes preguntarme.

—Gracias, pero no. No puedo. En cuanto lo deje volver a mi vida, todo va a ser igual que antes, y no quiero eso.

—Bueno, tienes mi número, así que llámame cuando despierte. Y por favor, come algo más que un sándwich. No quiero que te enfermes.

Asentí y me despedí con la mano.

Le di una mordida al sándwich, cerré los ojos y traté de concentrarme.

Había algo en las palabras de Matteo que me molestaba. Algo que había dicho.

Alexander era distinto.

¿De verdad, o era algo que la gente me decía para que me sintiera mejor?

¿Por qué me afectaba tanto la idea de su muerte? ¿Por qué me hacía algo verlo débil, y no el cabrón engreído al que estaba acostumbrada?

¿Por qué, cuando lo toqué, todo mi cuerpo ardió y sentí mil agujas clavándose en el pecho?

No debía importarme. No me importaba. Era profesional, y sentía lo mismo por todos mis pacientes en condiciones así, nada más.

Era un paciente. No era nadie.

En cuanto despertara, me aseguraría de que lo atendiera alguien más para no cruzarnos.

Tenía que mantenerme lo más lejos posible de él y no volver a estar cerca nunca.

No podía arriesgar mi corazón ni mi cordura por el mismo hombre que me destrozó hace cinco años.

Subí a revisarlo y me dio gusto ver que sus signos vitales estaban fuertes y las heridas iban sanando poco a poco.

Pronto tendría que sacarlo de la UCI.

Las enfermeras le cambiaban los vendajes y le limpiaban las suturas.

Tendrían que revisarlo una vez más antes de pasarlo a un cuarto privado. Estaba pálido como un fantasma y con ojeras profundas.

No pude evitar notar lo tranquilo que se veía dormido. Cuando no estaba siendo un patán, veía al hombre del que me enamoré a primera vista. No al que nunca se acordaba de nuestros aniversarios, no al que nunca me decía que me amaba, no al que me dejaba sola durante horas, días y semanas sin decir una palabra, no al que me engañaba y ni lo pensaba dos veces para decírmelo.

Se veía inocente.

Como si nada en el mundo le preocupara.

Pero los dos sabíamos la verdad.

Era un monstruo.

Un monstruo que fingía ser buena persona, escondido tras una fachada. Necesitaba una doctora, y yo, por desgracia, tenía que ser quien diera un paso al frente y salvara a ese infiel.

Me sacudí de la cabeza esos pensamientos poco profesionales y, cuando las enfermeras se fueron, decidí tomar notas sobre su estado.

Caminé hacia él y me quedé helada.

Su olor me golpeó como una cachetada, y mi loba gruñó.

Pareja.

Mi pareja.

Carajo.

Esto era malo.

Era como si su olor hubiera traído de vuelta todos los recuerdos, y los sentimientos me golpearan con toda su fuerza.

Lo deseaba.

Su lobo estaba bajo la superficie. Lo sentía. Por primera vez en años sentía a su lobo, y vaya que mi loba lo había extrañado. Se acercaron, peleando por el dominio, queriendo reclamar a su pareja, queriendo transformarse en ese mismo momento y devorarme literalmente.

Rápidamente puse distancia entre los dos, porque mi loba trataba de salir a arañones y marcarlo.

No.

Ya no era mi pareja.

Mi loba había perdido la cabeza.

Respiré hondo y conté hasta diez para calmar el corazón desbocado. Me di la vuelta para irme cuando lo oí gemir.

—Aurora —murmuró.

Giré la cabeza de golpe hacia él, que tenía los ojos cerrados. El monitor cardíaco se disparó y su rostro se contrajo en una mueca.

Se le movió un dedo y el cuerpo empezó a temblarle.

Tenía una pesadilla.

—Oye, tranquilo. Shhh, Alexander, tranquilo. Todo va a estar bien —dije, acercándome.

Se agitaba en la cama y trataba de arrancarse los vendajes y el suero.

Tenía que detenerlo antes de que lo hiciera.

Se iba a matar, y aunque se suponía que no me importaba, no podía dejar que su muerte quedara en mis manos cuando podía evitarlo.

—Alexander, escúchame. Tienes que calmarte. Todo va a estar bien, te lo prometo. Estás a salvo y no te vas a morir.

Seguí diciéndole cosas para tranquilizarlo.

Respiraba entrecortado y le puse la mano en la mejilla.

Se quedó inmóvil de inmediato y se calmó. Por instinto, restregó la cara contra mi mano, y sentir su piel contra la mía me recorrió la espalda con un escalofrío.

—Estás bien, Alexander. Vas a estar bien.

—No me dejes, por favor. No puedo perderte, Aurora.

Suspiré y cerré los ojos.

¿Qué demonios estaba soñando, y por qué me rogaba que me quedara? ¿Por qué su voz sonaba tan rota y desesperada?

No tenía idea, y no sabía qué más decir.

—Todo va a estar bien. Vuelve a dormir, Alexander. Vuelve a dormir.

Y como por arte de magia, volvió a dormirse.

Por fin estaba tranquilo.

Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo. El monitor se fue desacelerando y su respiración se estabilizó.

Estaba a salvo.

Retiré la mano con suavidad y me aparté.

¿Qué demonios fue eso?

Estaba soñando.

Seguramente deliraba y creía que yo era otra persona.

Sí, eso era.

Seguro quería llamar a Vivian y confundió nuestros nombres.

Hablando de Vivian, me volví hacia la puerta y la encontré mirándome con puro odio.

Tenía los puños apretados y el cuerpo temblando. Parecía a punto de perder los estribos.

—Tú. Aléjate de él, zorra. No sé qué clase de hechizo le hiciste, pero créeme, no vas a ganar. ¿Crees que puedes entrar aquí como si nada y hacer que se enamore de ti? Pues estás muy equivocada. Es mío, y ni de chiste voy a dejar que te le acerques. ¿Me oyes? Nunca lo voy a permitir, y si sigues tratando de quitarme a mi hombre, te voy a matar, Aurora.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play