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Estoy De Vuelta

Estoy De Vuelta

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencarnación
Popularitas:953
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.

Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: La Deuda de los Tacos.

Tras el vertiginoso despliegue de abogados y la huida de los inspectores corruptos, la calma volvió a la acera. El bullicio del centro histórico retomó su pulso habitual, pero en el pequeño perímetro de "La Sazón de Jimena" el aire se sentía distinto, cargado de una gratitud tibia y de una cercanía que ninguno de los dos intentaba disimular.

Julián se quitó el saco azul marino y lo dobló con cuidado sobre el respaldo de una de las banquetas plásticas. Se remangó la camisa hasta los codos, tomó una escoba e intentó barrer las hojas secas y los restos de papel que los inspectores habían desparramado durante la trifulca.

Jimena, que reencendía los fogones con la destreza de siempre, se detuvo un momento para observarlo de reojo. Aún le costaba asimilar que el presidente de una corporación multimillonaria estuviera ahí, con la mirada atenta y las manos dispuestas a trabajar en la banqueta, solo por protegerla a ella y a su negocio.

—A ver, trajeado... dame eso antes de que causes un desastre —dijo Jimena, acercándose para quitarle la escoba con una sonrisa juguetona—. Si mis clientes te ven barriendo con esa postura de ejecutivo, van a pensar que subí los precios por contratar personal de lujo.

Julián soltó una risa suave y entregó la escoba, apoyando las manos en la barra de acero.

—Considerando que te acabo de ahorrar una multa municipal y el decomiso del remolque, creo que merezco al menos el título de subgerente del puesto —bromeó él, mirándola fijamente a los ojos.

Jimena bajó la mirada por un segundo, sintiendo que un leve rubor le iluminaba las mejillas. Tomó un trapo seco y comenzó a limpiar la barra con una parsimonia estudiada, buscando las palabras precisas. La intervención de Julián había sido heroica, pero en el fondo de su corazón independiente y orgulloso, una pequeña punzada de inquietud aún aleteaba. No quería convertirse en la causa de caridad de un magnate.

—Julián... hablando en serio —comenzó ella, cambiando el tono a uno más suave y sincero—.

Lo que hiciste hoy con los inspectores y lo que dijiste ayer en la rueda de prensa... nadie me había defendido así en toda mi vida. Pero tus abogados deben costar una fortuna. La firma legal, el amparo, el tiempo de esa gente... No quiero que pienses que voy a dejar que pagues todo eso por mí.

Julián borró la sonrisa burlona y adoptó una expresión de profunda seriedad. Dio un paso hacia ella, acortando la distancia entre ambos sobre la barra.

—Jimena, no gasté un solo centavo que no fuera mío y lo volvería a hacer mil veces. Esos tipos venían mandados por la familia Loredan; vinieron a atacarte a ti para intentar dañarme a mí. Era mi deber protegerte.

—No es solo por deber, y lo sabes —respondió Jimena, clavando sus ojos oscuros en los de él—.

Yo no estoy acostumbrada a deberle nada a nadie. Mi mamá y yo siempre salimos adelante con nuestro propio trabajo, sin pedir favores ni aceptar limosnas de gente con dinero.

Julián la escuchó con un respeto infinito. Sabía que la dignidad de Jimena era su tesoro más valioso y que cualquier intento de patronazgo arruinaría la confianza pura que estaban construyendo.

—Está bien —dijo Julián, alzando las manos en señal de rendición con un gesto dramático pero tierno—. No aceptes regalos. Hagamos un contrato.

Jimena arrugó la frente, divertida.

—¿Un contrato? ¿A poco los millonarios hacen contratos hasta para dar las gracias?

—Para todo —afirmó él con solemnidad—. Mis abogados cobraron sus honorarios de la cuenta corporativa porque el ataque estaba vinculado a la empresa. Pero la gestión personal que hice hoy para salvar tu remolque tiene un costo aparte.

—¿Y de cuánto estamos hablando, Don Dinero? —preguntó ella, apoyando los puños en la cintura.

Julián se inclinó un poco sobre la barra, bajando la voz a un susurro confidencial que hizo que a Jimena se le acelerara el pulso.

—La deuda de los honorarios legales se salda con cenas de por vida. Un plato de guisado caliente, agua fresca de horchata y una conversación contigo cada vez que el trabajo en la oficina me supere. Sin límite de tiempo y sin fecha de vencimiento.

Jimena lo miró sorprendida, sintiendo que el pecho se le llenaba de una calidez dulce y reconfortante. La desconfianza terminó de disolverse por completo, reemplazada por la certeza de que Julián la valoraba por lo que era y no por lo que tenía.

—Cenas de por vida... —repitió ella en un murmullo, dejando escapar una sonrisa radiante que iluminó todo su rostro—. Eso es un pago muy caro, trajeado. Te vas a empachar de tanto chicharrón y salsa verde.

—Es el mejor negocio que he cerrado en toda mi vida, Jimena —aseguró Julián con convicción, extendiendo su mano sobre la barra.

Jimena no dudó. Estiró la suya y estrechó la mano de Julián en un pacto firme y cálido. Sin embargo, en lugar de soltarla de inmediato, él entrelazó sus dedos con delicadeza, dando un paso más cerca.

—Acepto el trato —dijo ella en voz baja, sintiendo el calor de la mano de Julián recorrerle todo el cuerpo—. Pero la primera cuota de la deuda se paga right ahora. Siéntate en la banqueta azul, que te voy a preparar unos tacos de suadero que te van a hacer olvidar cualquier problema legal.

Julián obedeció entre risas, tomando su lugar habitual en la banqueta plástica. Mientras la observaba picar la carne con agilidad bajo la luz dorada de la tarde, comprendió que el destino no solo le había dado una segunda oportunidad para destruir a sus enemigos, sino algo infinitamente más valioso: la oportunidad de amar y ser amado con una verdad que jamás pudo comprar con todo el dinero de su primera vida.

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Maria Cristina Roldan Rodam
aparenta ser muy interesante
Isa Yguaro: Espero que sea de su agrado. Si tiene alguna sugerencia, la recibiré con gusto.
total 1 replies
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