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PACTO DE PIEL Y SANGRE

PACTO DE PIEL Y SANGRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Venganza
Popularitas:812
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

Empezó como una partida silenciosa de ajedrez, un juego peligroso de miradas calculadas, provocaciones sutiles y movimientos estudiados para ver quién caía primero. Cada palabra era un peón avanzado con premeditación; cada roce, una jugada de distracción en un tablero invisible donde ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder el primer jaque mate.

Pero se descuidaron. En el juego de adivinar las intenciones del otro, el orgullo se fracturó y el tablero terminó por romperse. Ya no quedaban estrategias ni tácticas de defensa, solo la certeza desesperada de que, de tanto jugar a lastimarse, habían terminado enredados en un amor tan intenso y ciego que quemaba, incapaces de rendirse aunque perder significara entregarlo todo.

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Operación distracción

El eco de la promesa de Noah aún flotaba en el aire cargado de la sala de estar, pero la tensión en mis hombros no disminuyó ni un ápice. Que los Prescott cerraran filas significaba que dejaría de actuar a espaldas de mis hermanos, pero también implicaba que el peligro que había dejado al otro lado del océano ahora tenía una línea directa con nuestra propia casa.

Noah extendió los documentos sobre la mesa de caoba, examinando cada sello y cifra con la precisión de un director ejecutivo que de repente comprende que su imperio está construido sobre arenas movedizas.

—Si estas rutas financieras son reales y están conectadas con la junta directiva de la constructora, significa que tenemos una fuga de información interna —analizó en voz baja, pasándose una mano por el rostro con evidente agotamiento—. Alguien dentro de la empresa facilitó los accesos que permitieron a esos tipos seguirte el rastro hasta Corea.

—Damián estuvo en Seúl al mismo tiempo —recordé, sintiendo una punzada de desconfianza al pronunciar su nombre—. Aunque lo nuestro fue una coincidencia, su presencia allí... y su cercanía con los contratos clave de la familia... no me deja dormir tranquila, Noah. ¿Y si él sabe más de lo que aparenta?

—Tendremos que averiguarlo, pero con suma cautela. No podemos revelar nuestras cartas todavía —respondió, guardando los papeles en el cajón de seguridad del escritorio antes de girarse hacia mí con absoluta firmeza—. Por ahora, te quedas aquí. Estás prohibida de salir sola, de moverte sin escolta y, sobre todo, de jugar a la heroína por tu cuenta.

Asentí en silencio, consciente de que esta vez no tenía margen para discutir. Sin embargo, mientras Noah salía de la habitación para coordinar las primeras medidas de seguridad con el equipo de confianza, mi mente volvió a viajar por un instante a aquel muelle oscuro en Incheon: a la sangre fría del tirador, al estruendo del disparo y, sobre todo, a esos penetrantes y familiares ojos azules que me habían ordenado escapar.

Aquel hombre que me había salvado la vida no era un extra aleatorio; él sabía quién era yo, conocía los riesgos y, de alguna manera, operaba en las sombras protegiéndome. Si creía que al regresar a Nueva York iba a librarme de ese misterio, estaba profundamente equivocada. El peligro me había seguido a casa, pero las respuestas apenas comenzaban a asomarse.

El timbre del teléfono fijo seguía resonando en la biblioteca con una insistencia desesperante, cortando el silencio espeso de la mansión. Me encontraba sentada en el suelo, rodeada de los documentos que había logrado rescatar en Incheon, intentando descifrar las conexiones financieras que nos habían arruinado la vida. Ninguno de los guardias de la entrada había respondido al aparato todavía, así que, con el corazón latiendo desbocado, me puse de pie y alcé el auricular.

—Diga —contesté con la voz seca y contenida, esperando lo peor.

Del otro lado de la línea no hubo un saludo formal, sino una exhalación pesada y un susurro ronco que me recorrió la columna vertebral como un chorro de agua helada:

—Demoraste demasiado en regresar a casa, Natalia. O tal vez es que tus nuevos guardaespaldas son tan inútiles como imaginaba.

El aliento se me atragantó en la garganta. Esa voz... arrogante, burlona y cargada de una tensa familiaridad que me ponía los pelos de punta. Era la misma persona que me había estado acosando con advertencias crípticas a través de mensajes de texto en mi celular.

—No te pedí que me vigilaras —espeté, apretando el auricular con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos—. ¡Déjame en paz de una vez!

—No te estoy vigilando, te estoy recordando que estás jugando con fuego —me interrumpió de golpe, volviéndose más severo—. Los documentos que trajiste del almacén 4B no son solo un par de facturas viejas, Natalia. Es la lista de las personas que limpiaron el camino de tus padres. Y si sigues moviendo fichas sin mirar a quién tienes al lado, la próxima vez que esos tipos te encuentren, ni la suerte te va a salvar.

Un silencio pesado se instaló en la línea. El estómago se me encogió al comprender la magnitud de sus palabras. Él sabía demasiado, pero claramente no formaba parte del comando que me había cazado en el puerto; él solo era un observador molesto que tiraba de los hilos desde la distancia.

—Espera... —fruncí el ceño, intentando conectar las piezas—. Si tú estabas al tanto de todo esto desde afuera, ¿quién fue el que me sacó del almacén? ¿Quién disparó en la oscuridad?

Del otro lado se escuchó una pausa corta, seguida de una risa seca y desconcertante por parte de mi acosador.

—¿De qué hablas? Yo no mandé a nadie a rescatarte, princesa. Si alguien te sacó de ese agujero con vida, fue otro fantasma. Averigua quién pisa tus mismas huellas antes de que sea tarde.

Y con un clic seco, la llamada se cortó.

Me quedé con el auricular en la mano, respirando con dificultad mientras el eco de sus palabras se disipaba en la habitación. Si el sujeto de los mensajes no me había salvado, entonces significaba que había alguien más operando en las sombras. Alguien silencioso, letal, de quien lo único que había logrado retener en mi memoria, bajo el destello fugaz de la linterna, era la intensidad fría de unos profundos y penetrantes ojos azules.

El eco de la llamada aún zumbaba en mis oídos cuando el timbre principal de la mansión volvió a sonar, esta vez acompañado por el golpe firme de unos nudillos contra la madera pesada de la puerta. Los guardias que Noah había desplegado no tardaron en abrir, y un segundo después, una figura conocida cruzaba el umbral con la confianza de quien pisa su propia casa.

Era Axel.

Traía el abrigo abierto, el cabello ligeramente revuelto por el viento de la tarde y esa expresión indescifrable que siempre lograba sacarme de quicio. Antes de que pudiera dar dos pasos hacia la sala, una sombra imponente se interpuso en su camino.

Noah venía bajando las escaleras con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho, adoptando de inmediato esa postura protectora y territorial que solía reservar para cualquier hombre que se acercara demasiado a mí.

—¿Se puede saber qué haces aquí, Axel? —preguntó Noah con voz fría y cortante, plantándose frente a él como un muro infranqueable—. Te recuerdo que la mansión no es una feria libre y mi hermana no está recibiendo visitas. Menos aún de amigos que aparecen de la nada tras semanas de supuesta desaparición.

Axel esbozó una media sonrisa torcida, sin inmutarse lo más mínimo ante la hostilidad evidente de mi hermano.

—Tranquilo, viejo, bájale dos rayitas a la paranoia —respondió con total soltura, esquivando la mirada de fuego de Noah para buscarme con los ojos al fondo del pasillo—. Solo vine a ver cómo seguía la princesa después de su pequeño «viaje de turismo» por Asia. Me enteré de que el aire de Seúl no le sentó muy bien.

—No te metas en lo que no te importa, Axel —espetó Noah, dando un paso al frente, claramente exasperado por el tono socarrón de su amigo y por la facilidad con la que parecía alterar mi rutina—. Natalia tiene asuntos de los cuales ocuparse, y te aseguro que ninguno de ellos te incluye a ti.

Rodé los ojos, aunque una pequeña parte de mí agradecía la distracción en medio de tanta tensión acumulada.

—Déjalo en paz, Noah. No soy una niña de cristal —intervine, caminando hacia la entrada mientras me cruzaba de brazos—. Y tú —miré fijamente a Axel—, deja de provocarlo si no quieres que te saquen a patadas de aquí antes de que digas otra palabra.

Axel soltó una risita baja y divertida, levantando las manos en son de paz, aunque sus ojos brillaban con esa chispa cómplice que delataba que lo hacía a propósito solo para sacar de quicio a mi hermano.

A pesar de las miradas asesinas que Noah le lanzaba y de los celos evidentes que destilaba con cada segundo que pasaba cerca de mí, en el fondo sabía que la amistad entre ellos seguía intacta. Pero Noah no iba a ceder ni un milímetro: con o sin confianza de por medio, mi hermano estaba dispuesto a vigilar cada uno de mis movimientos, y Axel acababa de meterse en la boca del lobo.

Noah se quedó en el umbral unos segundos más, midiendo a Axel con la mirada y evaluando si debía echarlo de inmediato o aguantar su presencia. Al final, apretó la mandíbula, dio un paso a un lado y le hizo un gesto cortante para que pasara.

—Puedes entrar, Axel. Pero te advierto que no te voy a quitar los ojos de encima —sentenció con voz firme, dejando claro que no pensaba dejarnos a solas ni un solo segundo—. Natalia se queda en la planta baja, y cualquier conversación que tengan será con audiencia.

Rodé los ojos con disimulo, maldiciendo para mis adentros la manía de mi hermano mayor de actuar como un sargento en nuestra propia casa. Noah se cruzó de brazos, plantándose como una estatua en la entrada de la sala de estar dispuesto a cumplir su amenaza.

Necesitaba un plan, y lo necesitaba ya.

Miré hacia el recibidor en el preciso instante en que Laila aparecía bajando las escaleras con unos apuntes en la mano. Al ver la tensión en el ambiente, detuvo el paso con una sonrisa sutil.

Aprovechando que Noah se distrajo al verla, me acerqué disimuladamente a ella y la tomé del brazo con urgencia.

—Laila, por favor, sálvame la vida —le susurré al oído con desesperación—. Noah está insoportable con los celos y no nos deja respirar a Axel y a mí. Necesito que lo distraigas. Sácalo de aquí, llévalo a tu habitación o al estudio, habla de lo que sea... tú sabes perfectamente cómo hacerlo.

Laila parpadeó un par de veces, sorprendida al principio, pero una chispa de diversión cruzó rápidamente por sus ojos. Ella conocía demasiado bien el punto débil de mi hermano, ya que yo se lo había confesado días atrás. Era un secreto a voces que Noah estaba completamente enamorado de ella desde hacía meses, aunque su orgullo le impidiera admitirlo abiertamente.

—Déjamelo a mí —me devolvió el susurro con una sonrisa cómplice, acomodándose el cabello.

Sin perder tiempo, Laila dio un paso al frente y se dirigió directamente hacia la sala con una voz dulce y magnética que captó la atención de Noah de inmediato.

—¡Hola, chicos! Vaya, se ve que el ambiente está tenso hoy —dijo Laila con su inocencia encantadora, girándose hacia mi hermano—. Noah, qué bueno que te encuentro. Justo necesito que me ayudes con unos apuntes de la universidad y son urgentes, ¿me podrías ayudar en mi habitación? Por favor...

El rostro severo de Noah se desarmó en cuestión de milisegundos. La rigidez de sus hombros cedió, y aunque intentó mantener una fachada de chico ocupado, el brillo en sus ojos al mirar a Laila lo delataba por completo. Quedó totalmente a merced de ella.

—Eh... claro, Laila. Si es urgente, vamos a tu habitación —balbució Noah, olvidándose por completo de su rol de vigilante estricto y lanzándome una última mirada de advertencia antes de dejarse guiar obedientemente por ella hacia el pasillo opuesto.

En cuanto los vi desaparecer doblando la esquina, tiré de la manga de Axel con una sonrisa triunfante.

—Ven conmigo a la cocina antes de que se arrepienta —le solté en voz baja.

Axel dejó escapar una carcajada silenciosa y divertida, siguiendo mis pasos mientras cruzábamos el comedor hacia la cocina privada de la mansión. Al fin solos, lejos de los ojos inquisitivos de mi hermano, el aire se sintió un poco más ligero, aunque las verdaderas preguntas seguían esperando sobre la mesa.

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me encanta esta historia 🦆✨
Paula Nuñez: ¡Muchísimas gracias por tu apoyo! Me alegra un montón que te esté gustando la historia. Si te atrapó, te invito a pasar por mi perfil para que le eches un vistazo a mis otras novelas. ¡Seguro que también te van a encantar! ❤️✨
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