Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7
El resto del día, Madeline permaneció en la carpa junto a su madre.
Varias damas nobles se acercaron a conversar con ellas y, como era de esperarse, más de una terminó preguntando por su compromiso con el duque Ashford.
—¿Y cuándo será la boda?
—¿El duque sigue tan atento con usted?
—Escuché que regresó hace poco a la capital.
Madeline sonreía con elegancia mientras respondía.
—Todo marcha bien.
—El duque ha estado muy ocupado últimamente.
—Ya saben cómo son los asuntos de la nobleza.
Mentiras piadosas.
Pero mentiras al fin y al cabo.
Por suerte, años de experiencia social de la antigua Madeline le permitían responder sin levantar sospechas.
Cuando el sol comenzó a descender, los participantes empezaron a regresar del bosque.
Las conversaciones se detuvieron poco a poco mientras todas las miradas se dirigían hacia la entrada principal.
Caballeros cubiertos de polvo aparecían montando sus caballos.
Algunos llevaban venados.
Otros jabalíes.
Conejos.
Faisanes.
Todo tipo de presas.
Después de un rato, Madeline se retiró a descansar.
El segundo día transcurrió todavía más rápido.
Quizá porque todos estaban ansiosos por conocer al ganador.
La tarde llegó en un abrir y cerrar de ojos.
Los participantes comenzaron a regresar una vez más.
Y entonces ocurrieron los inevitables suspiros.
Madeline alzó la vista.
Elías acababa de llegar.
El duque descendió de su caballo con la misma expresión seria de siempre, como si cargar medio bosque a cuestas fuera algo completamente normal.
Varias presas colgaban de los caballos de sus hombres.
Pero lo que realmente llamaba la atención era el enorme oso que transportaban detrás.
La criatura era tan grande que incluso algunos caballeros se acercaron para observarla.
Manchas de sangre ensuciaban parte de la armadura de Elías y algunas gotas habían alcanzado su rostro.
La escena era, sinceramente, bastante intimidante.
Y también impresionantemente atractiva.
Madeline se quedó observándolo más tiempo del que pretendía.
Como si hubiera sentido aquella mirada, Elías levantó la vista.
Sus ojos se encontraron durante apenas un segundo.
Luego continuó caminando como si nada hubiera ocurrido.
Horas después se anunciaron los resultados.
El ganador había sido el segundo príncipe, quien logró capturar una de las bestias más raras permitidas dentro de la competición, obteniendo así una enorme cantidad de puntos.
Elías quedó en segundo lugar.
Algo que, considerando el tamaño del oso, sorprendió a muchos.
Siguiendo la tradición, el príncipe ofreció sus presas a una dama.
Para sorpresa de algunos y diversión de otros, eligió a la reina.
Aquello provocó varias risas entre los presentes.
La celebración tendría lugar esa misma noche.
Por ello, Madeline regresó a su habitación para prepararse.
Las doncellas trabajaron durante casi una hora.
Cuando terminaron, un elegante vestido azul oscuro envolvía su figura.
El color resaltaba el tono claro de su piel y hacía que sus ojos parecieran aún más brillantes.
Incluso Madeline tuvo que admitir que su madre había hecho una buena elección.
Al llegar al gran salón, encontró a sus padres cerca de la entrada.
La condesa Celia lucía radiante con un vestido verde esmeralda que resaltaba sus ojos.
El conde Julián, por su parte, mantenía la elegancia y severidad habituales.
—Iré a buscar una copa —anunció Celia antes de alejarse.
Y, por desgracia, aquello dejó a Madeline a solas con su padre.
No tardó en llegar la pregunta que ya esperaba.
—¿Has hecho algún avance?
Madeline contuvo un suspiro.
—Aún no, padre.
El ceño del conde se frunció inmediatamente.
—Madeline...
La advertencia implícita en aquella única palabra fue suficiente.
No necesitaba escuchar el resto.
—Disculpe, padre. Necesito tomar un poco de aire.
Sin esperar respuesta, se alejó antes de que la conversación pudiera empeorar.
Cruzó el salón y salió al balcón.
Tan concentrada estaba en sus pensamientos que no notó que ya había alguien allí.
Hasta que casi chocó contra él.
—¡Oh!
Madeline se detuvo de golpe.
—Duque, disculpe mi torpeza. No vi que estaba aquí.
Realizó una rápida reverencia.
—Está bien.
La voz grave de Elías sonó tranquila mientras continuaba observando los jardines iluminados por las luces de la fiesta.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Luego Madeline apoyó las manos sobre la barandilla.
—Hoy estuvo impresionante.
Elías giró ligeramente la cabeza.
—¿Impresionante?
—El oso que cazó.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Madeline.
—Francamente, creo que me habría desmayado si esa cosa hubiera corrido hacia mí.
Por primera vez, creyó ver un ligero destello de diversión en los ojos del duque.
Tan pequeño que casi pensó haberlo imaginado.
—No habría corrido hacia usted.
—¿Cómo puede estar tan seguro?
—Porque yo estaba allí.
Madeline parpadeó.
Aquella respuesta había salido tan naturalmente de él que incluso pareció sorprenderlo.
La joven soltó una pequeña risa.
—Entonces supongo que debo agradecerle por protegerme de osos imaginarios.
Los ojos grises de Elías permanecieron sobre ella durante unos segundos.
Por alguna razón, aquella conversación había resultado extrañamente sencilla.
Mucho más de lo habitual.
Madeline incluso había logrado hacerlo hablar más de lo que probablemente había hablado durante toda la semana.
La joven sonrió levemente.
El aire fresco de la noche movía algunos mechones de su cabello mientras las luces de la fiesta iluminaban los jardines a la distancia.
Durante un instante, todo pareció tranquilo.
Hasta que Elías volvió a recordar dónde estaban.
Y quién era ella.
Sus ojos se endurecieron casi imperceptiblemente.
Madeline notó el cambio de inmediato.
La calidez que había creído ver desapareció tan rápido que llegó a preguntarse si realmente había existido.
—¿Duque?
Elías la observó fijamente.
Su expresión volvió a ser la misma de siempre.
Fría.
Impenetrable.
Difícil de descifrar.
—Lady Madeline.
Ella parpadeó.
—¿Sí?
El silencio se prolongó apenas unos segundos.
Entonces él habló.
—Deje de intentarlo.
La sonrisa de Madeline desapareció lentamente.
—¿Perdón?
—Sea lo que sea que usted y el conde estén tramando.
Las palabras la golpearon como agua helada.
—¿Qué...?
—No me interesa.
La confusión apareció inmediatamente en el rostro de la joven.
No entendía nada.
¿Tramando?
¿Ella?
Elías sostuvo su mirada unos instantes más.
Como si estuviera buscando algo.
Una mentira.
Una reacción.
Cualquier cosa.
Finalmente apartó la vista.
—Buenas noches, lady Madeline.
Y sin esperar respuesta, se dio media vuelta.
Madeline permaneció inmóvil mientras observaba cómo se alejaba.
Su mente tardó varios segundos en procesar lo que acababa de ocurrir.
Cuando finalmente reaccionó, Elías ya había desaparecido dentro del salón.
El viento nocturno agitó suavemente su vestido.
—¿Qué demonios fue eso...?
Murmuró.
Había esperado muchas cosas de Elías Ashford.
Que fuera frío.
Que fuera distante.
Que fuera difícil de tratar.
Pero definitivamente no esperaba que la acusara de participar en algún misterioso plan que ni siquiera entendía.
Madeline frunció el ceño mientras miraba la puerta por la que había desaparecido.
—Está loco.
Fue la única conclusión lógica a la que logró llegar.
•
•
•
•
es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada