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VALLA DON PANCRACIO

VALLA DON PANCRACIO

Status: Terminada
Genre:Comedia / Completas
Popularitas:127
Nilai: 5
nombre de autor: Lohendy G

Divierte

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El concurso de cosina

El pueblo estaba emocionado. Se anunciaba el Gran Concurso de Cocina Tradicional, y todos hablaban de ello en la plaza, en la tienda y hasta en el templo. Doña Candelaria, que era una cocinera de primera, no dudó en inscribirse. Su especialidad eran los pasteles de elote y los tamales de cerdo, que hacían agua la boca a cualquiera.

—¡Voy a ganar ese concurso, Pancracio! —le dijo a su esposo mientras amasaba la masa en la cocina—. Nadie hace un pastel de elote como yo. ¡Ni Doña Filomena, que presume tanto de sus recetas!

Don Pancracio, que estaba sentado en el patio acariciando a Doña Cleotilde, soltó una carcajada.

—¡Ya lo creo, mujer! Tú cocinas mejor que nadie. Y si ganas, me compras una buena silla para descansar, ¿eh? Que esta ya me duelen las piernas.

Pero había un problema: Doña Loli también se había inscrito, y no sola, sino acompañada de Don Basilio, que se había ofrecido a ser su "ayudante especial". El pueblo murmuraba: ¿qué sabría un hombre tan elegante y refinado de cocina campesina? Pero Doña Loli estaba radiante.

—Basilio me va a ayudar a preparar el mejor arroz con leche que hayan probado —decía con orgullo—. ¡Y vamos a ganar!

El día del concurso llegó. El patio de la casa comunal estaba lleno de mesas, ingredientes y gente emocionada. Los jueces eran el Padre Juan, el Alcalde Don Ramiro y la maestra Doña Rosa.

Estaban todos los personajes:

• Doña Candelaria, concentrada, con su delantal limpio y sus utensilios listos.

• Don Pancracio, sentado en primera fila, animando a su esposa como si fuera un partido de fútbol.

• Doña Loli y Don Basilio, juntos en su mesa, él con su bigote perfecto y ella con una sonrisa de enamorada.

• Don Filemón y Doña Filomena, que también participaban con sus famosos tamales.

• Doña Carmen y Don Marcelo, que iban como espectadores, tomados de la mano y muy enamorados.

El concurso comenzó. Doña Candelaria trabajaba con rapidez y precisión, como siempre. Su masa quedaba suave y esponjosa, y el olor que salía de su horno era delicioso.

—¡Eso es, Candelaria! —gritaba Don Pancracio—. ¡Dales una lección!

Pero en la mesa de al lado, las cosas no iban tan bien. Don Basilio, queriendo ayudar a Doña Loli, decidió "mejorar" la receta.

—Mira, Loli —dijo con su tono elegante—, en mis viajes probé un arroz con leche que llevaba un toque de canela y un poquito de vino. ¿Por qué no lo intentamos?

—¿Vino? —preguntó Doña Loli, dudosa—. Pero Basilio, el arroz con leche no lleva vino...

—Confía en mí —dijo él, guiñándole un ojo—. Soy un experto.

Y así, Don Basilio vertió un chorrito de vino en la mezcla. Luego, queriendo ser más creativo, añadió un puñado de pasas y un poco de miel. Doña Loli miraba todo con preocupación, pero no se atrevió a decirle nada, estaba demasiado enamorada.

Mientras tanto, en la mesa de Don Filemón y Doña Filomena, el caos era total. Doña Filomena había olvidado ponerle sal a los tamales y ahora intentaba arreglarlo echándole sal a mano, mientras Don Filemón se le metía en todo.

—¡Más despacio, mujer! —decía él—. ¡Que vas a salar demasiado!

—¡Tú cállate, Filemón! —le respondía ella, molesta—. ¡Tú lo que hiciste fue quemar la hoja de maíz la última vez!

Y así, entre gritos y risas, el concurso seguía.

Llegó el momento de presentar los platos a los jueces. El Padre Juan, el Alcalde y la maestra Doña Rosa probaron uno por uno.

Los tamales de Doña Filomena estaban un poco salados, pero comestibles. El arroz con leche de Doña Loli y Don Basilio... bueno, era una experiencia única. El sabor del vino chocaba con la canela, y las pasas estaban duras como piedras. Los jueces hicieron unas caras muy graciosas al probarlo, intentando no hacer una mueca de desagrado.

Pero el pastel de elote de Doña Candelaria fue un éxito total. Estaba esponjoso, dulce en su punto, y se derretía en la boca. Los jueces asintieron con aprobación y sonrieron.

—¡Esta es la ganadora! —anunció el Padre Juan, levantando la mano de Doña Candelaria.

El pueblo aplaudió. Don Pancracio saltó de su silla y fue a abrazar a su esposa.

—¡Sabía que ganarías, mi amor! —decía, emocionado—. ¡Nadie te gana!

Doña Loli y Don Basilio se miraron, un poco avergonzados, pero riendo.

—Bueno —dijo Doña Loli—, tal vez el arroz con leche con vino no fue la mejor idea...

—¡Pero lo intentamos juntos! —añadió Don Basilio, dándole un beso en la mejilla.

Al final del día, todos se reunieron en casa de Doña Candelaria para celebrar. Comieron el pastel ganador, los tamales salados y hasta un poquito del arroz con leche "especial" de Doña Loli.

Don Pancracio, que al principio no quería ni ver a Don Basilio, terminó compartiendo un pedazo de pastel con él.

—Sabes, Basilio —dijo Don Pancracio, con la boca llena—, tu arroz con leche era horrible, pero tienes buen gusto para elegir mujer.

Don Basilio soltó una carcajada y se ajustó el bigote.

—Y tú, Pancracio, tienes una esposa que cocina como los ángeles. ¡Tienes suerte!

El Padre Juan, que estaba en una esquina viendo todo, sonrió y dijo:

—La verdadera victoria no está en ganar concursos, sino en saber reírse de los errores y compartir con los amigos.

Y así, entre risas, comida y buenos deseos, el pueblo aprendió que lo importante no es ser perfecto, sino estar juntos.

Esa noche, Doña Cleotilde, que había estado en el patio todo el día, puso un huevo extra, como si también celebrara que, aunque el pastel de elote era el mejor, la verdadera delicia era la amistad y el amor que reinaba entre todos. 🐔🍰

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