Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Amarillo y Negro 1
El rey Draco Sunderland no era un hombre que se quedara con las dudas.
Mucho menos cuando esas dudas involucraban la seguridad de su reino.
Mucho menos cuando involucraban a una persona con una marca de alma.
Y definitivamente mucho menos cuando esa persona había cambiado las flores de su jardín real.
Así que aquella misma noche, mientras el palacio comenzaba a quedar en silencio, Draco llamó a uno de sus consejeros.
—¿Dónde está la habitación de Alana Norton?
El consejero, que ya esperaba aquella pregunta, respondió inmediatamente.
—En el ala destinada a los invitados nobles, Majestad.
—¿Cuál habitación?
El consejero se la indicó.
Draco asintió.
No necesitaba levantarse de su habitación.
No necesitaba enviar guardias.
No necesitaba entrar físicamente.
Porque Draco Sunderland poseía magia que pocos en el reino podían igualar.
Dos tipos de magia.
Oscuridad.
Y rayo.
Por eso los colores de la casa Sunderland eran el negro y el dorado.
El negro representaba la oscuridad.
El amarillo, el rayo.
La magia de oscuridad de Draco era particularmente poderosa.
Podía materializar sombras.
Podía manipularlas.
Podía desplazarse a través de ellas en determinadas circunstancias.
Pero una de las habilidades que más utilizaba era la percepción.
A través de las sombras podía observar.
Escuchar.
Ver reflejos.
Incluso proyectar su poder a distancia.
Y, si era necesario...
Atacar.
El rayo era todavía más directo.
Draco podía concentrar enormes cantidades de energía y hacer caer rayos sobre un objetivo.
En un reino donde existían duques con poderes extraordinarios, algunos de ellos capaces de controlar grandes cantidades de maná, Draco seguía siendo una excepción.
Dos elementos.
Dos tipos de magia completamente diferentes.
Y una cantidad de poder que había hecho que su nombre fuera conocido incluso fuera de Sunderland.
El consejero sabía perfectamente lo que significaba que Draco hubiera preguntado por la habitación de Alana.
[La señorita Norton no va a tener una noche normal.]
Draco se sentó frente a una de las ventanas de su habitación.
Cerró los ojos.
Una sombra comenzó a extenderse lentamente desde sus pies.
No era una sombra normal.
Parecía moverse por voluntad propia.
Se deslizó por el suelo.
Después subió por una pared.
Y desapareció.
Draco abrió los ojos.
Su mirada cambió.
Ahora podía ver.
A través de la oscuridad.
A través de las sombras.
A varios corredores de distancia...
La habitación de Alana Norton apareció ante él.
Draco esperaba encontrar algo.
Un documento.
Un mensaje oculto.
Algún objeto extraño.
Tal vez a la joven conversando secretamente con alguien.
Tal vez preparando algún hechizo.
Tal vez...
Cualquier cosa.
Pero lo que vio lo dejó en silencio.
Una joven rubia estaba dormida.
Profundamente dormida.
Alana estaba atravesada sobre la enorme cama.
Una pierna estaba casi fuera de las sábanas.
Uno de sus brazos estaba estirado hacia un lado.
Su cabello rubio estaba completamente desordenado.
Tenía la boca ligeramente abierta.
Y su expresión era de absoluta tranquilidad.
En el suelo estaba un vestido rosado.
Arrugado.
Abandonado.
Como si alguien lo hubiera lanzado allí sin la menor preocupación.
Draco parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
No podía creerlo.
[¿Está durmiendo?]
La observó durante varios segundos.
Nada.
Alana no se movía.
Salvo por la respiración tranquila de alguien que estaba teniendo un sueño completamente normal.
Draco frunció el ceño.
[¿Cómo puede dormir así?]
Esperó.
Quizás despertaría.
Quizás recibiría alguna señal.
Quizás alguien entraría en la habitación.
Nada.
Alana simplemente siguió durmiendo.
Draco apretó ligeramente la mandíbula.
Aquello lo irritaba.
Mucho.
No porque la joven estuviera haciendo algo malo.
Sino porque no estaba haciendo absolutamente nada.
Y eso no tenía sentido.
—No...
El rey habló en voz baja.
—Esto no tiene sentido.
Una persona había entrado en su jardín.
Había utilizado magia.
Había alterado las flores reales.
Poseía una marca de alma.
Y después...
Dormía como un bebé.
Draco volvió a observarla.
Alana se giró lentamente.
Abrazó una almohada.
Y siguió durmiendo.
Draco sintió que una pequeña vena comenzaba a marcarse en su frente.
[¿Quién hace eso?]
La respuesta era evidente.
Alana.
Pero el problema era otro.
Draco necesitaba saber por qué.
No podía aceptar que simplemente hubiera sido un accidente.
No podía aceptar que una persona con una marca de alma hubiera entrado al jardín real y alterado las flores sin ningún motivo.
Había demasiadas variables.
Demasiadas cosas que no comprendía.
Y aquello era precisamente lo que más le molestaba.
No saber.
El rey Sunderland podía tolerar muchas cosas.
Pero no podía tolerar errores.
Pero no podía tolerar problemas.
Pero no podía tolerar enemigos.
Y sobretodo no soportaba aquello que no podía controlar.
Y aquella joven...
Aquella joven era una incógnita.
Draco volvió a observarla.
Alana respiró profundamente.
Después murmuró algo entre sueños.
—Mmm...
El rey agudizó el oído.
Tal vez estaba hablando de algún plan secreto.
Tal vez estaba revelando información de su vida anterior.
Tal vez...
—...pastel...
Draco se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Alana volvió a murmurar.
—Pastel...
Silencio.
Draco cerró los ojos.
Respiró profundamente.
[¿Está soñando con comida?]
Volvió a mirar.
Sí.
Definitivamente estaba dormida.
No fingía.
No estaba actuando.
No estaba esperando que alguien la vigilara.
Simplemente dormía.
Profundamente.
Sin preocupaciones.
Draco apretó los puños.
Pequeñas sombras comenzaron a moverse alrededor de sus dedos.
—Esta mujer...
El rey se detuvo.
No sabía qué pensar.
Y eso lo enfurecía todavía más.
Porque si Alana realmente estaba tramando algo...
Entonces era extremadamente buena ocultándolo.
Y si no estaba tramando nada...
Entonces él estaba frente a una situación todavía más desconcertante.
Una mujer con una marca de alma que había cambiado las flores de su jardín por diversión...
Y que ahora dormía como si el mundo entero fuera completamente seguro.
Draco observó una última vez la habitación.
Alana se dio vuelta nuevamente.
Su cabello cubrió parte de su rostro.
Después abrazó la almohada con más fuerza.
El rey retiró su magia.
La conexión con las sombras desapareció.
La habitación volvió a quedar fuera de su alcance.
Draco se quedó sentado en silencio.
—No entiendo a esa mujer.
Y para Draco Sunderland...
Aquello era un problema.
Porque el rey había construido su vida alrededor del orden.
Del control.
De saber qué ocurría en su reino.
De anticiparse a las amenazas.
Y ahora había una joven desconocida que, sin siquiera proponérselo, había conseguido algo que muy pocas personas podían lograr.
Había hecho que el rey de Sunderland no tuviera idea de qué pensar.
Draco se levantó.
—Mañana la conoceré.
Miró hacia la ventana.
—Y descubriré qué está tramando.
Mientras tanto, en la habitación de invitados...
Alana se acomodó mejor entre las sábanas.
Y sonrió mientras dormía.
Porque en sus sueños había vuelto a aparecer aquel pastel de chocolate del banquete.
Y, aparentemente, era mucho más importante que cualquier conspiración.
Y A MÍ PARECER ESA TERAPEUTA ES UNA COMPLETA INÚTIL, QUÉ NO ESTÁ ATACANDO SU PROBLEMA EMOCIONAL🙄
Indudablemente! ese Rey no dejoʻ a nadie sin formarle su lío
y Draco vigilando🤣🤣🤣medio en shock😎🤣🤣
Ahora que Alana estaba esperando por ti 🥰
Que buena imitación