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Mi hijo es del tío de mi ex

Mi hijo es del tío de mi ex

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Madre soltera / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:55
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24. No me faltan mujeres

El rostro de Augusto se ensombreció.

—Ya pasó mi evaluación. Considero que está perfectamente capacitada para ser tu secretaria.

Adrián entrecerró los ojos.

—No necesito otra secretaria. Si insiste en que trabaje aquí, Recursos Humanos le buscará un puesto adecuado.

—No hace falta. Está bien como tu secretaria.

Adrián dejó de dar rodeos.

—Señor presidente, ¿me está asignando una secretaria o una mujer?

Augusto tampoco quería seguir hablando de aquella forma.

—A Valeria prácticamente la vi crecer. Es una buena muchacha, educada, sensata y dulce. Sería una buena esposa para ti.

—Papá, no me faltan mujeres.

Lo que quería decir era que no le interesaban las que lo rodeaban.

Augusto soltó un resoplido.

—¿Ah, sí? ¿Entonces tienes a alguien? ¿Y por qué no lo sé?

A Adrián le vino a la mente el rostro de Lucía. Hasta el tono le cambió.

—Uno de estos días la llevo a casa para que la conozca.

Colgó sin esperar respuesta.

Augusto dejó el celular a un lado con un gesto sombrío.

¿Desde cuándo le ocultaba una mujer?

Al terminar la llamada, Adrián se volvió hacia Valeria. Apenas la miró, ella bajó la cabeza y se tragó su disgusto.

—Yo… voy a presentarme en Recursos Humanos.

Se cubrió la cara y salió corriendo.

Adrián alzó una ceja y volvió a sentarse. Sin poder evitarlo, pensó de nuevo en Lucía y los mellizos.

¿Ya estaría mejor del pie?

Él era su jefe y ella se había lastimado por salvarlo. Lo correcto era ir a verla, ¿no?

Una sonrisa se le escapó al pensarlo.

Iría después del trabajo.

Pero todavía no era hora de salir cuando empezó a impacientarse.

Le pidió a Iván que lo esperara con el auto frente al edificio. Después de subir, le indicó que pasaran por una florería y compró un ramo. Luego fueron por fruta.

No iba a presentarse de visita con las manos vacías.

Por último, lo hizo detenerse en una juguetería y compró un juego de autos de carreras para que los mellizos jugaran juntos. Solo entonces quedó satisfecho.

Iván lo había observado todo con extrañeza.

¿Era la primera vez que su jefe compraba flores para una mujer?

Cuando llegaron al edificio de Lucía, Adrián estaba por subir cuando se encontró con Mateo, Sofía y Camila, que acababa de recogerlos de la escuela.

—Señor, ¿vino a ver a mi mami?

Mateo había visto al asistente detrás de él, cargando el ramo y una canasta de fruta. Aquello parecía una visita para alguien que se estaba recuperando.

Adrián miró a Mateo, con su mochila de patito amarillo, y a Sofía, que caminaba a su lado. Al pensar que los dos eran sus hijos, lo invadió una mezcla de emociones imposible de explicar.

Quiso tratarlos con más suavidad. Sin embargo, la cara se le quedó seria.

—Sí.

Camila lo saludó, sonriente.

—Señor Valdés, no tenía que haberse molestado tanto. ¡Cuántas cosas trajo!

Mateo miró el ramo en los brazos de Iván y alzó las cejas.

—Mami es alérgica al polen. No hace falta que le regale flores.

Adrián frunció el ceño. Era la primera vez que le llevaba flores a una mujer.

Se aclaró la garganta.

—Iván, devuélvelas.

—¿Qué? ¿Las devuelvo?

La expresión del asistente se volvió lastimera. ¿Desde cuándo era el encargado de los mandados?

—Sí, devuélvelas. Luci de verdad no puede tener flores cerca. Pero la fruta y el juguete están muy bien. Démelos, yo se los llevo.

Camila empezó a recoger las cosas de las manos de Iván.

Mateo intervino de pronto.

—Ese juguete es para bebés. Yo no juego con eso.

Sofía miró los carritos y también negó con la cabeza.

Iván se quedó mirándolo.

¿También tendría que devolverlo?

Le dieron ganas de reír. ¿Cómo podía fracasar tanto su jefe la primera vez que llevaba regalos?

Adrián se quedó con el rostro impasible. Estaba claro que se contenía.

—Iván, devuélvelo —ordenó en voz baja.

—Sí. Ahora mismo.

El asistente notó lo frustrado que estaba. No se atrevió a reírse y se marchó deprisa con las cosas.

Llegó el ascensor. Los otros cuatro subieron juntos.

Lucía abrió al oír el timbre. Sin mirar todavía quién estaba afuera, preguntó:

—¿No llevabas llave?

Sabía que Camila había ido por los mellizos. No esperaba a Adrián.

Al verlo, se sorprendió.

—¿Señor Valdés? ¿Qué hace aquí?

—Vino a ver si ya estás mejor del pie —respondió Mateo por él.

Lucía no había imaginado que se preocupara tanto.

—Ya casi estoy bien. Pensaba volver mañana. No tenía que venir hasta aquí.

—No es ninguna molestia. Al fin y al cabo, te lastimaste por mí.

Su voz fue tranquila.

Camila intervino.

—Luci, ¿no vas a invitarlo a pasar?

Ella reaccionó y se apartó enseguida.

—Claro. Pase, señor Valdés.

Adrián entró sin hacerse de rogar.

Lucía lo invitó a sentarse en la sala y le sirvió agua.

Camila había aprovechado la salida para comprar lo necesario para la cena. Lo dejó en la cocina y volvió.

—Luci, se me olvidó comprar salsa de tomate. Voy a bajar. Tú atiende al señor Valdés.

Lucía frunció el ceño.

¿No había comprado salsa el día anterior?

Antes de que pudiera decir nada, su amiga ya había salido.

Solo quedaban los cuatro.

Lucía miró a Adrián, sentado en el sofá. El ambiente le resultaba extraño.

—Gracias por venir a verme, señor Valdés.

De pronto recordó algo.

—Ah, espere un momento.

Entró en la habitación y salió poco después con el saco de él entre las manos.

—Ya está limpio.

Lo había ensuciado y había prometido devolvérselo lavado.

Adrián miró la prenda.

—Déjalo aquí por ahora.

—¿Cómo?

Lucía lo observó sin comprender.

Un pequeño brillo apareció en los ojos de él, aunque su expresión no cambió.

—No lo necesito todavía. Guárdamelo.

Ella no respondió.

¿Desde cuándo necesitaba que le guardara la ropa?

Mientras dudaba, Mateo salió del cuarto con su celular.

—Mami, mi madrina quiere hablar contigo.

Lucía tuvo que dejar el asunto del saco y atender.

—¿Camila?

—Luci, abajo me encontré con un antiguo compañero. Insistió en invitarme a cenar, así que no voy a comer en casa. No olvides invitar al señor Valdés. Bueno, eso era todo. ¡Adiós!

Colgó enseguida.

A Lucía le tembló un párpado.

Lo de comprar salsa y encontrarse con alguien tenía toda la pinta de ser mentira.

Con el celular en la mano, miró a Adrián. Sentado allí con aquella elegancia, no parecía tener intención de marcharse pronto.

Se atrevió a proponer:

—Señor Valdés, ¿quiere quedarse a cenar?

—Sí.

Seguía pareciendo distante, pero respondió sin la menor vacilación.

Ahora la sorprendida era ella. ¡Solo había querido ser amable!

—Bueno… póngase cómodo. Voy a cocinar.

Ya lo había invitado. Ahora tendría que preparar la cena.

—Mami, yo te ayudo.

Mateo se acercó corriendo.

Lucía le acarició la cabeza.

—No hace falta. Ayúdame a atender a nuestro invitado. La cena estará enseguida.

—Bueno. Si necesitas algo, me llamas.

Hablaba como un pequeño adulto.

Adrián los observó desde el sofá.

De pronto quiso saber cómo habían vivido durante esos años. Cuánto habrían sufrido.

Lucía no tardó en preparar la comida: tres platos y una sopa. Normalmente, entre ella, los mellizos y Camila no comían demasiado.

No había contado con aquella visita.

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