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YO SOY ANA KARENINA

YO SOY ANA KARENINA

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mujer poderosa / Época
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Ana Karénina murió bajo las ruedas de un tren, destruida por un amor que nunca estuvo dispuesto a luchar por ella.

Pero el destino le concede una segunda oportunidad.

Ana despierta en el pasado con todos sus recuerdos intactos. Esta vez no será la esposa obediente de Karénin ni la mujer que cae rendida ante Vronsky. Conoce el final de su historia y está decidida a cambiarlo.

También conoce un secreto.

Alejandro II, el poderoso Zar de Rusia, algún día se enamorará perdidamente de Ekaterina Dolgorúkova.

Ana no piensa permitir que esa historia se repita.

Ella no busca un amante. Busca un hombre capaz de amarla con la misma intensidad con la que ella sabe entregarse.

Así comienza su juego más peligroso: conquistar al Zar, proteger a su hijo Seriozha y arrebatarle al destino el lugar que considera suyo.

Esta vez, Ana no morirá por amor. Será ella quien escriba el final.

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El Tablero de Hielo

El crujido del metal al machacar las vías resonó en su mente como una explosión de dolor.

El viento helado de Moscú, el olor penetrante a carbón quemado y la sensación de la nieve golpeándole el rostro se desvanecieron en un parpadeo desgarrador. En su lugar, el calor sofocante de cientos de velas de cristal, el perfume dulce y pesado de las damas de la aristocracia y los acordes de un vals impecable la envolvieron de golpe.

Ana quedó paralizada a mitad de la pista de baile.

—¿Señora Karénina? ¿Se encuentra usted bien, señora Karénina?

La voz masculina, llena de una preocupación calculada y seductora, la trajo bruscamente de vuelta a la realidad. Ana pestañeó lentamente, sintiendo que los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos, y levantó la mirada.

Frente a ella, al sostenerla del brazo con una firmeza caballerosa, estuvo Alexéi Vronsky. Se vio notablemente más joven, vestido con su uniforme militar de gala completamente reluciente y luciendo esa mirada penetrante de galán acostumbrado a salirse siempre con la suya en cada salón de San Petersburgo y Moscú.

En ese preciso segundo, el choque de realidad la atravesó como una descarga eléctrica. Miró sus propias manos suaves, la piel lisa sin las marcas del abandono, el pulido suelo de madera reflejando las arañas de cristal y la marea de vestidos de seda a su alrededor. Lo comprendió de inmediato: regresó.

Nada de lo que sufrió ocurrió aún. Ni la ruina social que la devoró por completo, ni el desprecio cruel de la aristocracia, ni la separación desgarradora de su pequeño hijo Seriozha, ni la fría soledad bajo las ruedas de aquel maldito tren de vapor.

—¿Señora Karénina? —insistió Vronsky, al fruncir el ceño con fingida devoción mientras apretaba suavemente su brazo.

Ana no sintió pánico ni piedad ante la presencia del hombre que en su vida pasada destruyó su reputación con promesas vacías; sintió cómo el dolor desgarrador de su trágico final se petrificó en un hielo puro, lúcido y ejecutor. Con una actuación impecable, llevó una mano delicada a su pecho y fingió un leve mareo, al inclinar la cabeza con extrema fragilidad.

—Me siento un poco indispuesta, conde... —susurró con voz suave y entrecortada—. ¿Sería tan amable de traerme algo de beber?

Vronsky, en pleno juego de cacería y ansioso por demostrar sus modales caballerescos para ganarse el favor de la mujer más admirada de la noche, no dudó un solo segundo.

—Por supuesto. Quédese aquí, regreso de inmediato con algo para usted.

En cuanto el oficial se dio la vuelta para abrirse paso entre la multitud de nobles, la debilidad en el rostro de Ana desapareció por completo. Su postura cambió; sus hombros se erguieron con una elegancia soberana. Escaneó con la vista todo el ambiente, al ignorar las joyas relucientes, las abanicos inquietos y las falsas sonrisas de la aristocracia, buscando a una sola persona hasta que lo encontró en la zona de honor.

Ahí estuvo. El Zar.

Estuvo sentado en una mesa imperial ligeramente elevada, rodeado por un enjambre de damas de la nobleza y oficiales que competían desesperadamente por llamar su atención mientras él reía y coqueteaba descaradamente con una de ellas. Él era su verdadero objetivo. Ana recordó en ese instante los murmullos de su vida pasada sobre la pasión desbordante que el monarca sintió años después por Ekaterina Dolgorúkova, una mujer por la que desafió las leyes, a la Iglesia y a la corte entera. Pero en esta vida, Ana no dejó que ninguna otra ocupara ese lugar de poder.

Ajustó la postura de su vestido carmesí y caminó hacia la zona imperial. No avanzó de forma erguida ni victoriosa, sino como una mujer confundida, vulnerable y aturdida, que aparentó no saber exactamente en qué parte del salón se encontraba.

Avanzó entre los invitados que se abrían a su paso hasta quedar a escasos pasos de la mesa de honor. En el momento justo en que el Zar soltó una carcajada complaciente ante el comentario de una condesa, Ana fingió perder el equilibrio.

Con una gracia calculada hasta en el más mínimo detalle, tropezó y cayó de rodillas justo frente a la mesa del monarca.

El Zar se sobresaltó e interrumpió su coqueteo de golpe. Las mujeres a su alrededor soltaron pequeños ahogos de susto y se apartaron apresuradamente para no manchar sus faldas. El salón alrededor de la mesa imperial quedó en un silencio tenso y repentino.

Ahí estuvo Ana, sobre la alfombra de terciopelo, hermosa, indefensa y completamente desprotegida a los pies del hombre más poderoso de todo el Imperio Ruso.

El Zar la miró, completamente sorprendido por la inesperada interrupción. Fue entonces cuando el accidente planificado por Ana surtió su efecto más peligroso: la tela fina de la parte superior de su vestido carmesí se rasgó levemente durante la caída, dejando al descubierto la curva acentuada y la piel blanca de sus prominentes pechos.

La mirada del Zar cambió drásticamente en un segundo. La sorpresa inicial dio paso a una chispa instantánea de lujuria, sorpresa y fascinación absoluta.

Ana se levantó suavemente, despacio, con una mirada donde se mezclaron la confusión, el apuro y una inocencia desarmante. Se puso de pie con cierta torpeza actuada, al ajustar sutilmente la tela de su vestido para intentar ocultar su pecho, aunque supo perfectamente que el impacto visual ya estuvo hecho de manera irreversible.

—Majestad... por favor, disculpe mi torpeza —murmuró con la voz temblorosa, al pedirle disculpas por haber interrumpido su velada.

El Zar, aún impactado por la visión de su piel y la elegancia de sus rasgos, entreabrió los labios para decirle algo, para detenerla o para preguntarle su nombre, pero Ana no le dio espacio alguno para reaccionar. Al hacer una rápida e imperfecta reverencia que acentuó su fragilidad, se dio la vuelta y se retiró a toda prisa entre la multitud que la observaba atónita.

Supo exactamente lo que hizo: romper la escena antes de tiempo fue la única forma efectiva de no romper el interés del Zar. Tuvo que dejarlo con hambre de saber más.

El monarca quedó profundamente contrariado, al seguir con la mirada fija el destello carmesí que se alejó rápidamente hacia los pasillos exteriores. Desechó con un gesto impaciente de la mano a las damas que intentaron retomar su atención y le hizo una seña imperiosa a su asistente personal, quien se acercó de inmediato inclinando la cabeza con reverencia.

—Majestad —dijo el asistente en un susurro atento.

—Quiero que averigües quién era esa mujer —ordenó el Zar con una voz grave, baja y en la que aún resonó el deseo contenido.

El asistente parpadeó, al mirar hacia la multitud confusa que intentaba retomar el ritmo del baile.

—¿Quién, Majestad?

El Zar sonrió con picardía y arrogancia, al saborear por primera vez en mucho tiempo el veneno excitante de la intriga.

—La hermosa mujer del vestido carmesí.

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Gleirys Carolina
😅😅
Vaya decisión de la prota, siempre fue un lobo al acecho vestida con piel de oveja calculando todo y saliéndose con la suya, haciendole ver al Zar que era el cazador y a la final siempre fue la presa
EspirituCreativo: 🤭 Nuestra ana vivió mucho algo tuvo que aprender
total 1 replies
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