Dos años pasaron y finalmente los Guardianes se volvieron a reunir luego de todo este tiempo.
*Segunda parte de Guardianes de la Luna: Reliquias de Selene
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Capítulo 1: Bienvenido, idiota
AERYN
No me había dado cuenta de que en dos años las cosas serían tan diferentes y no solo por los acontecimientos pasados, sino que muchos de nosotros habíamos madurado y evolucionado en más de una forma.
Miraba las veinticuatro rosas que de forma misteriosa he recibido por dos años. Y siempre que recibía una mi mente inmediatamente pensaba en Dmitri y sinceramente no tenía ni idea de sí realmente era él. Y no quería hacer suposiciones de las cuales luego me arrepentiría.
Pronto las escondí donde siempre. Detrás de esos libros antiguos que Selene no tocaría ni en broma. En ese momento ella entró y se dejó caer en su cama. Soltó un largo suspiro.
Su cabello era más largo y lo llevaba sujeto en una coleta sobre su hombro. Era más ágil y eficiente en combate y su velocidad era mejor. Al verla nadie pensaría que antes era un desastre en muchos sentidos, pero ahora era diferente. Era más madura y astuta.
—¿Por qué esa cara larga?—Pregunté sentándome con las piernas cruzadas sobre mi cama.
—Fui a ver a Dante.
—¿Qué pasó?—Se incorporó de la cama y me miró muy seria.
—Me dijo que durante su misión en Colombia, vio a un joven que se parecía a Dmitri, pero cuando llegaron no había nadie. Solo las pisadas en la nieve.
—¿Reportaron el hallazgo?—Asintió.
—Sí, pero hasta no saber más no podremos hacer nada. Además, el Subdirector no quiere formar otro escuadrón de rescate como el de hace dos años. Hasta tener una pista sólida y contundente.
Asentí entendiendo la situación. Nadie quería actuar de forma impulsiva. Y aunque una vez se arriesgaron ahora querían ser precavidos y tomar ventaja en cuanto la oportunidad se presentara.
—¿Estás bien?—Me preguntó Selene evidentemente preocupada por mí.
—Estoy bien, desde hace tiempo que he tenido que aprender a no esperar un milagro. Solo la diosa sabe cuándo daremos con él.
Estuvo de acuerdo. Pero veía que no estaba conforme porque ella sabía lo que era querer a alguien, aunque en su caso su pareja estaba con ella y en el mío... simplemente no sabía el paradero de mi Mate.
Selene me miró para nada convencida.
—Me sorprende que luego de dos años sigas en total calma—Me encogí de hombros.
—No puedo llorar toda la vida por él. Debo continuar con mi vida y entender que posiblemente no volverá nunca o tal vez algún día. No lo sé.
Selene volvió a suspirar. No dijo nada más. Solo se volvió acostar en la cama y se quedó mirando el techo un rato y pocos minutos después de durmió mientras yo leía un libro sobre curación mágica avanzada.
Luego de un rato o más, oí unos ronquidos. Era ella. Típico. Algunas cosas nunca iban a cambiar en ella. Sonreí y seguí leyendo.
Mientras leía recibí un mensaje por parte de Tinasha. Necesitaba que le trajera la lista de suministros encargados para el Hospital de Luna Sangrienta.
Salí de la habitación dejando a Selene dormida. Caminaba por los pasillos que una vez caminé con Dmitri y Jayden a mi lado. Ambos discutiendo por una tontería, mientras Jayden se quejaba de alguna materia o cosas por el estilo. Sonreí recordando aquellos momentos en los que simplemente éramos tres estudiantes, tres amigos ajenos a todo el horror que vivimos en carne propia.
Me detuve un segundo. Solo uno miré hacia el alfeice. Luego seguí mi camino por el pasillo escuchando las risas y las conversaciones de otros estudiantes.
Me recordaba mis días como aspirante a Guardiana. Y ahora era Guardiana de tercer grado. Era raro, pero era una sensación bastante confortante. Al menos tenía buenos recuerdos a los cuales aferrarme para recordarme que alguna vez tuve dos personas en las que confié sin dudar y, sin embargo, los dos estaban lejos.
Mientras caminaba en dirección al hospital de Luna Sangrienta, me detuve al oír la voz de mi hermana Catrina.
—¡Aeryn!—La oí gritar.
—Catrina. ¿Qué pasa?—Pregunté al verla correr tan agitada.
Mi hermana pese a que tenía ya dieciséis años. Aun así ella no dejaba de comportarse como si tuviera doce años. De nuevo.
—¡Adivina qué!—Me encogí de hombros.
—¿Qué cosa?—Le pregunté. Sabiendo que lo diría sin importarle que lo que fuera no iba a interesarme mucho.
—¡Ven, te tenemos una sorpresa!—Arqueé una ceja y luego me jaló del brazo para que fuera rápidamente a la entrada de la Academia.
—¿Sorpresa?—Dije desconcertada—¿Qué estás tramando Catrina? Tengo cosas que hacer.
—No te preocupes, las harás sin falta. Además, el hospital no está lejos de la entrada de la Academia—Suspiré. Mi hermana no tenía remedio alguno.
Llegamos a la entrada de la Academia. Y sonreí al ver a la figura que estaba pie junto a la entrada.
—No puede ser...—Murmuré aun sonriendo—¡Jayden!—Exclamé corriendo hacia él.
Al verme sonrió.
—Hola pelirroja, ya llegó por quien llorabas—Me reí y luego lo golpeé en el brazo. Hizo una mueca—¡Eso dolió!
—Veo que sigues siendo el mismo inmaduro de siempre.
Protestó y mientras discutíamos la maldita de mi hermana se largó.
—¡Catrina!—Le grité. Huyó la desgraciada.—Lo que me faltaba...—Murmuré.
—No la culpes, se emocionó cuando me vio.
Suspiré. No tenía sentido enojarme. En ese momento apareció Adam. Su cabello estaba más canoso y sus ojos tenían esa agudeza que ya le conocía, pero en ellos había respeto.
—Es bueno verte, niña Volakis. Has crecido mucho.
—Gracias, ahora sí me disculpan tengo que llevarle a Tinasha una lista que me pidió—Me fui. Pero antes de irme mi giré hacia Jayden y dije:
—Bienvenido, idiota.
Él sonrió.
—Nos vemos después—Sonreí y me fui.