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Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Él Villano Que Organizaba Demasiado Bien

Status: Terminada
Genre:Acción / Comedia / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Comedia fantástica, romance improbable y un dragón con problemas de aterrizaje

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9. El Reflejo que No Debía Volver

La fuente del Patio de las Lunas siempre había sido considerada una de las más hermosas del palacio.

Después de los últimos acontecimientos, Damián la consideraba sospechosa.

—Las fuentes nunca traen buenas noticias.

—Eso no tiene sentido —dijo Celeste.

—¿Recuerdas la criatura ancestral?

—Sí.

—Apareció después de una reunión.

—Eso tampoco tiene relación.

—Estoy desarrollando una teoría.

—Es una teoría terrible.

Aquella mañana el grupo se había reunido en el patio para estudiar el mapa de las anclas lejos de cualquier objeto que pudiera explotar, poseerse o comunicarse mágicamente.

Por desgracia, el universo no parecía interesado en colaborar.

La reina había regresado a sus obligaciones.

Basilio revisaba informes.

Fulgor dormía bajo una pérgola.

Y Damián intentaba ignorar la sensación constante de que algo estaba observándolo.

No estaba funcionando.

—¿Llevas diez minutos mirando la fuente? —preguntó Celeste.

—Doce.

—Eso es peor.

—Lo sé.

La superficie del agua permanecía inmóvil.

Silenciosa.

Perfectamente normal.

Hasta que dejó de estarlo.

Las ondas aparecieron sin motivo.

El agua comenzó a girar lentamente.

Luego más rápido.

Y más rápido aún.

Celeste se puso de pie inmediatamente.

—Damián.

—Lo veo.

—¿Es peligroso?

—Con mi suerte, sí.

La fuente se volvió completamente blanca.

Como un espejo líquido.

Y entonces apareció una figura.

El mismo rostro de Damián.

Los mismos rasgos.

La misma altura.

Pero con piel pálida como porcelana y ojos de plata.

Su reflejo robado.

El auténtico.

El que había entregado años atrás.

Fulgor levantó la cabeza de golpe.

Basilio cerró su libreta.

Y por primera vez en varios minutos nadie hizo una broma.

—Hola, Damián.

—Odio cuando hablas.

—Lo sé.

—¿Qué quieres?

—Advertirte.

Silencio.

—Eso es nuevo —dijo Celeste.

—Las malas noticias siguen siendo malas noticias.

El reflejo sonrió ligeramente.

—La Corte está dividida.

—¿Dividida?

—No todos desean lo mismo.

Damián cruzó los brazos.

—¿Y por qué debería creerte?

—Porque no tengo tiempo suficiente para mentirte.

—Eso tampoco me tranquiliza.

El reflejo ignoró el comentario.

El agua de la fuente comenzó a mostrar imágenes.

Bosques.

Árboles.

Niebla.

Y una figura atrapada entre raíces blancas.

El corazón de Damián pareció detenerse.

—No.

Celeste observó la imagen.

—¿Quién es?

Durante unos segundos nadie respondió.

El reflejo fue quien habló.

—Elena Umbra.

Silencio.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Basilio bajó la mirada.

Fulgor emitió un sonido bajo.

Y Celeste observó a Damián.

Por primera vez desde que lo conocía, parecía incapaz de encontrar una respuesta rápida.

—Está viva.

El reflejo asintió.

—Sí.

La imagen cambió.

Mostró el rostro de una joven de cabello oscuro atrapada entre raíces luminosas.

Una marca plateada rodeaba su garganta.

Como una cadena hecha de luz.

Damián dio un paso hacia la fuente.

—¿Dónde está?

—Virelia.

—¿Qué le hicieron?

—La Corte la convirtió en guardiana.

El silencio regresó.

Celeste notó algo extraño.

Las manos de Damián estaban temblando.

Era apenas perceptible.

Pero estaba ocurriendo.

Aquello resultaba más inquietante que cualquier criatura ancestral.

Porque significaba que esto era personal.

Muy personal.

—¿Por qué me muestras esto? —preguntó finalmente.

El reflejo observó su versión original durante varios segundos.

—Porque alguien debía hacerlo.

—Eso suena sospechosamente noble.

—No te acostumbres.

—No pienso hacerlo.

La imagen volvió a cambiar.

Esta vez mostró el bosque de Virelia desde las alturas.

Luego un sendero.

Después una piedra cubierta de símbolos.

Y finalmente otra visión.

Soldados.

Sombras.

Fuego.

El palacio.

—¿Qué es eso?

—Lo que ocurrirá.

Celeste frunció el ceño.

—¿Una visión?

—Una posibilidad.

—No me gustan las posibilidades.

—Nadie te obliga a mirarlas.

—Eso tampoco ayuda.

El reflejo respiró profundamente.

O al menos pareció hacerlo.

—La Corte atacará mientras ustedes estén lejos.

—¿Y qué se supone que hagamos con esa información? —preguntó Basilio.

—Elegir.

Aquella palabra cayó como una piedra.

Damián ya sabía lo que significaba.

Salvar a Elena.

Proteger el palacio.

No había forma sencilla de hacer ambas cosas.

Y la Corte lo sabía.

—Malditos manipuladores.

—Sí.

—Detesto cuando tienen planes.

—Lo sé.

El reflejo comenzó a desvanecerse.

Celeste dio un paso adelante.

—¡Espera!

La figura se volvió hacia ella.

—¿Qué?

—¿Cómo sabemos que esto es verdad?

Hubo una pequeña pausa.

Entonces el reflejo sonrió.

Pero esta vez no parecía burlón.

Parecía cansado.

—No lo saben.

Y desapareció.

La fuente recuperó su forma normal.

El agua volvió a moverse suavemente.

Como si nada hubiera ocurrido.

Nadie habló durante varios segundos.

Finalmente Basilio carraspeó.

—Bueno.

—No.

—Bueno.

—No.

—Bueno.

Damián se pasó una mano por el rostro.

—¿Por qué siempre empiezas así?

—Porque suele funcionar.

—No funciona.

—Un poco sí.

Celeste observó a Damián.

—¿En qué estás pensando?

—Que es una trampa.

—Correcto.

—Una trampa obvia.

—También correcto.

—Y aun así voy a ir.

—Lo sé.

—¿Eso es todo?

—¿Qué más quieres que diga?

Damián la miró.

Celeste cruzó los brazos.

—No pienso dejar que vayas solo.

—Celeste...

—No.

—Esto es asunto mío.

—También es asunto de la Corte.

—Sigue siendo peligroso.

—Precisamente.

Durante unos segundos sostuvieron la mirada.

Basilio decidió intervenir antes de que comenzaran otra discusión interminable.

—He preparado provisiones.

—¿Cuándo? —preguntó Celeste.

—Mientras discutían.

—Todavía no habíamos empezado.

—Tengo experiencia anticipándome.

Fulgor se levantó de repente.

Todos giraron hacia él.

El dragón llevaba una manta enorme entre los dientes.

—Oh no —murmuró Damián.

—¿Qué ocurre? —preguntó Celeste.

—Eligió una manta.

—¿Y?

—Siempre elige una manta antes de un viaje.

—No puede ser tan grave.

—La última vez intentó llevar siete.

Fulgor avanzó orgullosamente.

Arrastrando la manta como si transportara un tesoro legendario.

—No necesitamos eso.

Fulgor siguió caminando.

—Definitivamente no necesitamos eso.

Más caminata.

—¿Me está ignorando?

—Sí —respondió Basilio.

—Perfecto.

El dragón finalmente dejó la manta a los pies de Damián.

Luego se sentó.

Y esperó.

—Quiere venir.

—Lo sé.

—No parece dispuesto a negociar.

—Lo sé.

—¿Alguna vez negocia?

—No realmente.

Celeste observó al dragón.

Luego a Damián.

Y finalmente sonrió.

—Al menos tendremos transporte.

—Eso no es transporte.

—Tiene alas.

—Eso lo empeora.

—Tiene razón —dijo Basilio.

—¿Sobre qué?

—Sobre que tiene alas.

Damián decidió ignorarlos.

Miró una última vez la fuente.

El agua parecía completamente normal.

Pero las imágenes seguían grabadas en su mente.

Elena.

La marca plateada.

El bosque.

La advertencia.

Era una trampa.

Lo sabía.

Celeste lo sabía.

Basilio lo sabía.

Probablemente hasta Fulgor lo sabía.

Y aun así, antes del amanecer partirían hacia Virelia.

Porque algunas trampas podían evitarse.

Y otras simplemente contenían cosas demasiado importantes para ignorarlas.

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